“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

miércoles, 20 de junio de 2007

Qué bonita es Barcelona

- Hola don Pepe.
- Hola don José ¿Qué viene canturreando usted?
- “Qué bonita es Barcelona / perla del Mediterráneo / qué bonito es el color / de su cielo tan azul / en invierno y en verano” ¿Se acuerda usted?
- Claro que me acuerdo. Viene usted rebosante… hasta parece más joven.
- Y no es para menos… lo que se perdió usted don Pepe… ¡¡¡lo que se perdió usted!!!
- Yo me enteré por la tele y por lo que decían los papeles… pero cuente usted… cuente, cuente.
- ¡¡¡Lloré!!!... Si, si, si… se lo digo como lo siento…¡¡¡Lloré!!!
- No será para tanto…
- Como que no será para tanto… ha vuelto como se fue… o mejor… qué empaque, qué sitio, qué entrega, qué templanza, qué quietud, qué silencio…
- Pero ¿qué pasó?
- La gloria pasó don Pepe, pasó la gloria… que se vayan apretando los machos las figuras porque ha vuelto el toreo reencarnado en la muleta, poderosa y sutil a la vez, del monstruo de Galapagar.
- Pero es que se ha reencarnado Manolete, o qué…
- Con qué empaque se llevó el toro a los medios, qué suavidad, qué elegancia… derechazos largos y ligados, quieto como una vela, esperando la embestida con la tranquilidad de los dioses, conduciéndola con la templanza de los elegidos…
- Al grano don José… al grano.
- Es que me parece que lo estoy viendo don Pepe… naturales de cartel, majestuosos, ligados, con las zapatillas atornilladas al piso… y de pronto el ¡¡¡aaaaaaayyyy!!! en miles de gargantas al unísono… el ídolo poderoso cae, trata de zafarse del peligro rodando sobre sí mismo por el albero… segundos interminables que parecen horas de angustia… pero el ídolo, como un Hércules renacido vuelve a incorporarse y a continuar su faena como si nada hubiese sucedido… la emoción me embarga cuando lo recuerdo… maravilloso… las monoletinas, los ayudados por bajo... luego se cuadró y…
- Un bajonazo… un bajonazo infame, don José… que lo he visto por la tele y no hay duda…
- Ni me di cuenta… además, después de lo visto eso no tenia mucha importancia… como si una nevada hubiera caído repentinamente sobre la Monumental, los tendidos se cubrieron de blanco. La apoteosis, don Pepe… la apoteosis… Cuando salio el quinto la plaza estaba bocabajo, entregada a la magia del celebrante, en comunión perfecta con el sumo sacerdote del toreo que había vuelto para traer la auténtica verdad a los ruedos, como un Mesías de la ligazón, el temple, la quietud, y…
- Y de los novillos que me dice.
- De que novillos me habla… ah, sí… de los novillos… ¡¡¡qué novillos!!!... de los toros querrá usted decir.
- Pues parecían novillos.
- Qué socarrón, don Pepe… siempre lanzando pullitas… Los toros sirvieron, se dejaron, incluso el segundo le dio un revolcón… en la muleta fueron pastueños, nobles, iban y venían… se podía estar a gusto delante de ellos… pero es que ya sabe usted que estos toreros de arte y pellizco necesitan el toro colaborador.
- Ya, ya... ya me sé yo eso del toro colaborador… Y del ambiente ¿qué me dice?… cuentan y no acaban…
- Personalidades, políticos, artistas, intelectuales… un ambientazo… y aficionados de todos el mundo y de toda condición. Y la plaza llena, que hacia más de veinte años que algo así no sucedía. Barcelona fue una fiesta, la fiesta de la Fiesta.
- ¿Si al menos sirve para que los toros cojan de nuevo fuerza en Barcelona?
- No le quepa duda, don Pepe.
- No sé, no sé… pero ¿aprovechando la ocasión se habrá dado algún paseito por las Ramblas?
- Por supuesto, me he quedado unos días con mi sobrino que tiene una casa muy céntrica, en la calle Universidad, al lado de la Plaza de Cataluña, justo al lado de las Ramblas.
- Pues vive en buena zona su sobrino, don José.
- Ya lo creo… comparte el piso con unos compañeros de trabajo, cerca del banco, y como son tan grandes eso pisos hay sitio para todos, hasta para usted si hubiera venido.
- Se lo agradezco don José… y me alegro de que se haya emocionado usted en los toros, eso no se paga con nada.
- Y que lo diga, don Pepe… y que lo diga.
- Y lo contento que ha vuelto usted, canturreando y bailoteando por la calle… da gusto verlo... si hasta parece haber rejuvenecido y...
- Y que mujeres por la Rambla don Pepe, ¡¡¡que mujeres!!!…. llevo varios días sin poder quitarme de la cabeza esta melodía: “Que bonita es Barcelona / la ciudad de mis amores / que delicia es contemplar / las mujeres paseando / por la Rambla de las Flores”. ¿Se acuerda?
- Claro que me acuerdo… bonita canción don José… bonita canción.

1 comentario:

Cárdeno dijo...

Bonita cónica y muy correcto Don José, muy bien hay que respetar a quien se lo merece.

Salud y suerte.

Cárdeno.