martes 30 de junio de 2009

NICANOR VILLALTA EN "JUGUETES ROTOS"

Nicanor Villalta fue uno de los “Juguetes rotos” que retrató Manolo Summers en la película del mismo nombre que dirigió y que se estrenó el 1 de enero de 1966. Con guión del periodista Tico Medina refleja la situación en la que se encuentran algunos personajes que en otras épocas fueron centro de la máxima popularidad y que en ese momento han caido en el olvido. Es el caso de nuestro protagonista, que ha día de hoy, y en medio del triunfalismo en el que se desarrolla la Fiesta de los Toros en la actualidad, todavía sigue siendo el torero al que más orejas le han sido concedidas en la plaza de Madrid.

Nicanor, a sus 68 años -como el mismo dice en el brindis que hace en la película- mata el último toro de su vida en una plaza, la de “Las Ventas” de Madrid, escenario antaño de sus grandes triunfos, completamente vacía. Antes, en los poco más de siete minutos que dura la secuencia en la que aparece, y mientras se viste por última vez con el traje de luces, cuenta sucintamente como la vida y los negocios no le han sido del todo favorables y vive modestamente. Aún transcurrirían 15 años más hasta el momento de su muerte que le sobrevino, en Madrid, en 1980. Pero con la vida de nuestro protagonista podría hacerse no una película sino toda una serie por la cantidad de situaciones, no sólo taurinas, y momentos de cambios históricos de gran trascendencia por los que pasó. No es que vayamos a extendernos en un relato prolijo de su existencia en este artículo, pero si dejar constancia de algunas situaciones que vivió.

Nicanor Villalta Serres nació un 20 de noviembre de 1897 en Cretas, un pequeño pueblo del Maestrazgo turolense. A los pocos años marchó con su familia, en busca de mejores horizontes, a Méjico. Fue aquí en donde le picó el gusanillo de los toros y donde hizo sus primeras escapadas para torear. No les iban mal las cosas cuando estalló la revolución y, lo que fue más doloroso, murió su madre. Cuando las cosas se fueron complicando con la nueva situación que vivía la nación mejicana, y tuvieron una oportunidad, lo dejaron todo y marcharon hacia Cuba. En la isla caribeña trabajaron hasta la extenuación en la zafra del azúcar durante un par de años y, cuando se calmaron un poco las aguas revolucionarias, volvieron a Distrito Federal, en donde se había quedado una hermana que allí se había casado, y se había levantado la prohibición de la corridas de toros que había impuesto el gobierno de Carranza. Fue entonces cuando empezó a tomarse más en serio la posibilidad de ser torero e intervino en algunos festejos.

Con su vuelta a España, y después de unos difíciles comienzos, tomó la alternativa en el año 1922, en San Sebastián, y logró ganarse, y mantener, un puesto entre los matadores de primera fila en esa época en la que competían un buen puñado de toreros y a la que se conoce como edad de plata del toreo, que va desde la muerte de Joselito hasta el comienzo de la Guerra Civil. Villalta, según cuentan los cronistas de la época, era un torero pundonoroso y honrado a carta cabal que nunca dejaba ganarse la pelea en el ruedo y un gran, si no el mejor, estoqueador. Esto le llevó a ser uno de los diestros imprescindibles en todas las plazas de toros, sobre todo en las de Madrid y Barcelona, -llegó ha ser conocido como el expreso Madrid-Barcelona por la multitud de viajes que realizaba entre las dos ciudades para torear- y ha ser querido en todas las plazas en las que toreaba. Quizás por eso mismo fue objeto del veto por parte de algunas figuras del momento que, por la entrega del diestro aragonés, rehusaban anunciarse con él en los carteles. No obstante consiguió el reconocimiento de la afición y una buena situación económica que le auguraba un buen futuro, tanto que pensaba en la retirada en el año 1936, pues ese año se había casado y estaba esperando el nacimiento de su primer y único hijo.

Pero una nueva fatalidad, la guerra civil española, cambio el rumbo de la vida de Nicanor. Acusado de fascista por el portero de una finca de su propiedad, en la glorieta de Álvarez de Castro de Madrid, fue perseguido por las milicias armadas y tuvo que huir de su hogar y permanecer escondido en un zulo, en condiciones miserables, durante los tres años que duró la contienda y el asedio de Madrid. En esas circunstancias nació su único hijo, al que apenas vio durante todo ese tiempo y cuando terminó la guerra se encontraba en la miseria, por lo que tuvo que volver a los ruedos en el año 1939. Durante cuatro años, en los que volvió a situarse lo más alto del escalafón, siguió en los ruedos, hasta su definitiva retirada, el 17 de octubre de 1943, en la plaza de “La Misericordia” de Zaragoza.

Saneada su situación económica estableció un negocio de hostelería que en principio le fue bien pero que, por diversas circunstancias en las que no nos vamos a extender, tuvo que traspasar. Apoderó a varios novilleros que no pasaron de eso y fue empresario de la plaza de Toledo durante más de 30 años. A esto se unió la delicada salud de su hijo Niqui-Luis que le hizo gastar gran parte de sus ahorros en médicos y operaciones que lograron, al menos, que su hijo pudiera salir adelante. Esto le llevó, de nuevo, a una difícil situación económica. Fue durante muchos años asesor taurino de la presidencia en la plaza de Madrid y mató su último toro en la película que nos ocupa y que recogen las imágenes que mostramos al final de este artículo. En la década de los setenta vivió en casa de sus hermanas Delfina y Marina, en la calle Hermanos Miralles, 36 (hoy General Díez Porlier) y en casa de su hijo, en Comandante Fortea, 35, ya que dejó de vivir los últimos años de su vida en Alonso Cano -en cuyo portal hay una placa que le recuerda- porque Josefina, su mujer, muy deteriorada psíquicamente, le hacía blanco de todos sus desengaños en los postreros años de su matrimonio.

Nicanor Villalta Serres, uno de los “juguetes rotos” que retrata Manolo Summers en su película, golpeado varias veces por el infortunio, supo reponerse de los diferentes contratiempos que le produjo la vida y mantuvo su nobleza y su franqueza, cosa que le reportó numerosos sinsabores a lo largo de toda sus existencia, hasta el día de su muerte cuando contaba 83 años de edad.


martes 16 de junio de 2009

EL MAYOR PROBLEMA SON LOS TOREROS

Muchas veces, cuando vemos una de esas corridas de toros habituales en las ferias, pensamos que el mayor problema de la Fiesta son los toros. Esos toros podridos y bobalicones que no tienen nada de lo que caracteriza a los toros lidia: ni casta, ni poder, ni movilidad, ni cuernos, ni nada de nada. Esos toros que no admiten ni un pequeño picotazo y necesitan cuidados de enfermero para que no se derrumben durante la faena de muleta. Esos toros que, por paradójico que parezca, son los más demandados por los toreros para sus actuaciones y que, por su falta de condiciones, en vez de emoción, solo generan aburrimiento en los espectadores y desesperación -fingida o no- en los matadores. Ese tipo de toro -comercial, le llaman- es el dominante en la Fiesta actual, es el que quieren torear todos y, por lo tanto, aunque de toro tenga tan solo la apariencia y su concurso aburra al respetable, es el que más se vende -será por eso lo de comercial- y en el que se centran las críticas de lo taurinos cuando, una tarde si y otra también, es la excusa ideal para excusar el fracaso de los toreros.

Esta evolución del negocio ganadero está llevando a la desaparición, por falta de mercado, de ganaderías emblemáticas y cargadas de historia que todavía conservan encastes legendarios. Esta pérdida, que puede ser irreversible en muchos casos, significa un empobrecimiento general de la Fiesta al verse reducida a un mismo tipo de toro colaborador al que se han limado las asperezas y, como si fueran clonados, todos tienen un comportamiento parecido y previsible. Esta situación de comodidad que buscan los profesionales lleva en sí misma el germen de la destrucción de su profesión, pues si al toro se le quita lo que se debería potenciar para ganar en diversidad y darle importancia, si en vez de protagonista pasa a ser un actor secundario, le quitamos su razón de ser a la Fiesta que lleva su nombre. Si en vez de generar la emoción entre los espectadores, que es lo que mueve los resortes de la afición, se sirve aburrimiento, la cosa no puede ir peor. Pero, como se puede deducir por el título, no era este el tema del que se quería ocupar esta entrada, porque, aún en esas corridas que se denominan comerciales, casi siempre suele sobrar toro. Y no digamos en las que llevan colgada la etiqueta de duras, que no quiere decir que lo sean, y que ninguno de los que figuran en los puestos altos del escalafón, se supone que los más preparados para los toros más exigentes, no quieren ni ver.

Todos los que lean este artículo, si han asistido últimamente a festejos taurinos, tendrán recuerdos recientes que podrán refrendar mis palabras. Cuantas veces, y cuantas tardes, vemos toros que se van al desolladero sin torear, que han estado por encima de sus matadores, que estos, cada vez más carentes de técnica y toreria, se ven desbordados en el momento que un toro saca un poquito de casta o se mueve algo más de lo normal, que suele ser bien poco o nada. Esto ocurre con los toros tan solicitados de esas ganaderías llamadas comerciales pues, como la genética todavía no es una ciencia exacta, algunos todavía conservan alguna gota de sangre encastada que se ha escapado a la selección de la bobez que buscan los ganaderos para complacer las demandas de los toreros si quieren seguir sacando rentabilidad a su negocio. Ejemplos de esto hemos tenido en el recién acabado ciclo madrileño repleto de ganaderías comerciales en donde, salvo la apoteosis de Esplá -por torear- y los detalles de Morante, nadie se acuerda ya de nada. Sin embargo, como cuentan los que han seguido con asiduidad el serial madrileño, toros para torear y sacarles partido ha habido muchas tardes y con ellos se han conseguido triunfos menores o han pasado desapercibidos.

Esa es mayor enfermedad aún -la falta de toreros que dominen el arte de torear- que la lamentable situación por la que atraviesa el ganado de lidia en la actualidad. Al amparo de las facilidades que ofrece el toro moderno se ha relajado la enseñanza de los fundamentos de la profesión y se ha centrado en lo accesorio. En vez de profundizar en el conocimiento de las reglas de la lidia y el arte de torear reses bravas, que les daría solvencia para superar cualquier dificultad que les presentara el toro-borrego actual y suficiencia ante el toro encastado, y triunfar con ambos, se les enseña a ponerse bonitos y ha ejecutar, a todo tipo de toros, sean de la condición que sean, los pases de rigor que dicta la tauromaquia moderna de la forma descargada y deslavazada como se ejecutan ahora. Esa supuesta cumbre de la torería que nos pretender vender, con la etiqueta de que "hoy se torea mejor que nunca", es mentira. En los años sesenta, con el toro tan afeitado como ahora, o más, y el fraude de la edad campando por sus respetos, se toreaba mucho mejor y se cosechaban muchos más triunfos que ahora. ¿No sería porqué los profesionales de aquella época estaban más preparados y tenían mayores conocimientos que los de ahora? Los pocos que todavía torean de verdad hoy en día -como Esplá el 5 de junio en “Las Ventas”- aprendieron de los maestros de aquella época en que para triunfar había que torear de verdad. Los jóvenes matadores del momento, en cambio, tienen como más lejana referencia el toreo descargado que le sirvió a “Espartaco”, en la mitad de la década de los ochenta, para triunfar durante varias temporadas seguidas. Ahí está la diferencia.

Pero el problema se agranda cuando esos toros que embisten y que, como vulgarmente se dice, tienen faena, salen de alguna de las pocas ganaderías que todavía, a capa y espada, siguen fieles a las características y cualidades de sus encastes históricos, o de las de ganaderos que buscan afilar y potenciar las condiciones ideales de sus toros para la lidia, porque si en una ganadería que lidia decenas de toros alguno de los buenos se va sin torear, es una pena, pero si ocurre en las que están comprometidas con la crianza del toro íntegro, es una desgracia. Es por eso que los mayores enemigos que tienen estos toros y sus criadores, por acción o por omisión, son los toreros, unos por su negativa a enfrentarse con toros de estas ganaderías, y otros, los que se hacen cargo de su lidia y que, al tratarse de diestros con pocas actuaciones y experiencia, se ven incapaces de sacarles todo el jugo. Esto es malo para el torero, fatal para el ganadero y un desastre para la Fiesta y sus aficionados.

Esto es lo que ha ocurrido en todos los festejos del primer ciclo zaragozano, en todos hubo toros y novillos que embistieron y en ninguno hubo toreros o novilleros que les sacaran partido. No es hora de enumerar ahora cada caso -quién tenga interés en las opiniones vertidas en este Blog puede leer las entradas anteriores referentes a cada festejo- pero ha sido una auténtica pena ver como un domingo si, y otro también, toros y novillos boyantes se iban al desolladero con las orejas puestas. Consecuencia de esto ha sido; por un lado, la desesperación de los aficionados por ver como buenos toros se iba sin torear por la incapacidad manifiesta de los diferentes diestros; y por otro, el aburrimiento de los espectadores que, más que las cualidades del ganado aprecia el lucimiento de los torero, porque ninguno logró triunfar con rotundidad. Como decía anteriormente, esto es malo para el torero porque deja ver su incapacidad y pone al descubierto sus carencias y, lo que es más grave, con su torpeza y falta de conocimientos arruina las expectativas de todos los sectores que formamos parte de esta Fiesta. Para el ganadero porque ve derrumbarse el trabajo de tres o cuatro años y, cuando puede ver el resultado, y más si el toro responde a sus expectativas, ve frustradas sus esperanzas por una mala lidia o una desafortunada actuación del matador. Para los aficionados porque la ilusión que nos lleva a la plaza, que no es otra que contemplar in situ el milagro del toreo, se rompe en mil pedazos cuando vemos como se desaprovecha un buen toro por la incompetencia del torero que le ha tocado en turno. Pero la que más pierde es la Fiesta en sí porque, al desaprovechar las oportunidades que brindan esos buenos toros para realizar el toreo, con toda su carga de emoción y belleza, se pierde la posibilidad de hacer proselitismo entre los espectadores ocasionales, pues no hay mejor propaganda para esta Fiesta que una buena labor ante un buen toro.

Es por eso que, teniendo en cuenta la gravedad del problema del toro, me atrevo ha afirmar que es mayor el de los toreros que, salvo muy contadas excepciones, no tienen ni los conocimientos de la lidia, ni la capacidad para desarrollar el arte del toreo, y si no se pone remedio pronto a esta situación, la Fiesta de los Toros está abocada a una muerte lenta por aburrimiento.

miércoles 10 de junio de 2009

UN DESPROPÓSITO

La novillada que el pasado domingo, 7 de junio, cerraba el ciclo “Los orígenes de la bravura”, y la primera parte de la temporada zaragozana, fue un auténtico despropósito. No se pudieron juntar más fatalidades en tan poco tiempo, y el peor parado en el reparto de mala suerte fue el último invitado a la fiesta, el ganadero Tomás Prieto de la Cal, que de tres novillos que trajo para remendar la novillada titular de “Martín Peñato”, ninguno pudo ser lidiado en condiciones normales. Pero vayamos por partes y, si es posible no liarse con tanto baile, pasemos a enumerar los sucedidos:

- Al llegar a la plaza me entero que de la ganadería titular sólo han pasado el reconocimiento tres novillos. Los otros tres serán de “Prieto de la Cal”, y me dicen que dos están mejor presentados que los del domingo pasado. (En principio, y después de lo visto hace siete días... no está mal).

- Sale el primer novillo, “Botinero”, jabonero, de 10/05 y 471 kilos de peso, de “Prieto de la Cal”. Bien presentado, va raudo y veloz de un lado a otro en persecución de cualquier señuelo, de pronto se oye un golpe tremendo y seco contra el burladero del cuatro y el novillo aparece con el cuerno derecho partido por su base. Se devuelve a los corrales. (Vaya por Dios).

- Le sustituye un utrero de la ganadería de “Javier Molina”, de nombre “Bomboncito”, negro bragado, de 10/05 y 484 kilos de peso. Muy bien presentado, encastado y noble. Cumple en caballo y en banderillas y, ante la desesperación de los aficionados, el utrero, que por su condición hacía honor a su nombre, no se cruzó con quién pudiera torearlo y se fue con las orejas puestas al desolladero. Primera oportunidad perdida por Juan Manuel Jiménez. (Maldita sea).

- Sale el primero de los de “Martín Peñato”, cuyo nombre, por su mal juego, merece ser omitido. Resulta el colmo de la mansedumbre y el descastamiento, huyendo de todo y de todos, después de cinco intentos se cambió el tercio sin picarlo. El novillero, Alejandro Lalana, pierde el tiempo intentando sacar algún pase al mulo, pincha varias veces, toma el descabello, falla repetidas veces y el cuadrúpedo empieza un viaje sin fin al hilo de las tablas que concluyó en los corrales después de sonar el tercer aviso. (¿Pero hombre...?).

- En tercer lugar salió otro jabonero de “Prieto de la Cal”, que respondía al nombre de “Rompedor”, de 12/05 y 413 kilos de nervios. Acordándose de su nombre, en una embestida contra el mismo burladero que su hermano, se parte un pitón por mitad de la pala. Este novillo no fue devuelto, aunque fuera lamentable verle con el cuerno roto. Desarrolló sentido en banderillas y en la primera tanda que intentó Pablo Belando lo cogió de mala manera por el muslo derecho y lo volteó, cayendo al suelo en muy mala posición, se quedó inmóvil, lo llevaron a la enfermería y ya no salió. Juan Manuel Jiménez bastante hizo con quitárselo de encima sin tener que seguir el mismo camino que su compañero. (Lo que nos faltaba... esperemos que no sea mucho y que se recupere pronto el novillero murciano).

- Eran las ocho de la tarde cuando salió el cuarto, que fue el quinto, porque se corrió turno entre los novilleros para no tener que matar el mismo dos seguidos. Así pues, el tercero de “Prieto de la Cal”, que tenía que salir el quinto, salió el cuarto. “Lucero”, melocotón, de 10/05 y 506 kilos. A primera vista, gran novillo, bien armado, fuerte, acudiendo a todos los cites, metiendo la cara en los capotazos de saludo (otro “Castañero”, como en Lodosa el pasado verano)... Pero a la salida de un capotazo, cuando era llevado hacie el caballo (¡¡¡mecachís!!!) se rompió una mano, la derecha. Aún así entró al caballo dos veces con clase y empujó, pero fue devuelto a los corrales. (Vaya mala suerte la de Tomás Prieto de la Cal, de los tres novillos presentados, dos de nota, los tres lesionados). Fue sustituido por otro de “Javier Molina” que no merece ni ser nombrado.

- El quinto fue un novillo excelente de “Martín Peñato”. Su nombre era “Cazador”, negro bragado meano, de 11/05 y 492 kilos de peso. Bien presentado de todo y bravo en el caballo, al que fue de largo en la segunda vara. En la muleta resultó noble y tuvo embestidas largas por los dos pitones, pero... nada de nada. Mala suerte la de este gran novillo porque le tocó a un novillero que ni supo, ni pudo con él. Si el primero que le correspondió a Juan Manuel Jiménez fue bueno, este segundo aún fue mejor... y ambos se fueron sin torear. (Si este novillero hubiera visto a Esplá, y entendido algo de la magistral lección practica que explicó en “Las Ventas” el pasado 5 de junio, quizás no se le hubieran ido ninguno de los dos novillos y estaríamos hablando de un gran triunfo).

- Ya era muy tarde cuando salio el de la jota, el tercero de “Martín Peñato”, un novillo que más parecía un toro. “Chulo” de nombre, negro, de 11/05 y 535 kilos. Aparte de ser grande y aparentar más de lo que era, no tuvo mucho más que destacar. Aún con todo, y a pesar de su flojedad y mansedumbre, se le pudo sacar más partido del que le saco el novillero de turno, pero a esas horas, casi las nueve de la tarde, y después de tres horas de novillada, ya todo daba igual. (Se acabó).

Las desgracias nunca se sabe cuando vienen, ni si vienen juntas pero, como dice el refrán, “lo que mal empieza, mal acaba”, y esta novillada nunca se tenía que haber dado en este ciclo, pues su ausencia era de justicia, ya que el pasado año, que también estaba anunciada, fueron rechazados todos los novillos presentados. Este año han sido tres, el 50%, y ahí comenzó el carrusel de despropósitos que se sucedieron a lo largo de día y culminaron, como suele ser habitual, en el ruedo. (No es de recibo. Si el año pasado no cumplió y este año, por las razones que sean, vuelve, tenga la vergüenza de venir con una novillada como debe de ser, o no venga).

Antes de poner fin a este relato de los acontecimientos que se sucedieron el pasado domingo, de 6 a 9 de la tarde, sobre el ruedo de “La Misericordia”, solidarizarme con Tomás Prieto de la Cal y familia que, además del novillero cogido por un utrero suyo, vieron como dos novillos de nota, y que apuntaron muy buenas maneras en su salida, se fueron a los corrales por las desgracias comentadas. Si les sirve como consuelo la humilde opinión de este aficionado, decirles que el balance de lo visto en lo que va de este año 2009 en la plaza de Zaragoza, nueve novillos y un toro, es positivo y esperanzador. (Suerte).

sábado 6 de junio de 2009

ESPLÁ EXPLICÓ EL TOREO

Eso es torear, lo que hizo Luis Francisco Esplá en la tarde de su despedida de Madrid, un 5 de junio de 2009, día que quedará grabado en los anales de la plaza de “Las Ventas” y de la historia del toreo. Eso es, ni más ni menos, torear. Un toro con toda la barba frente a un torero con el valor, el saber y los recursos suficientes para torearlo. Hay radica la fuerza y la grandeza del toreo, la que es capaz de poner de acuerdo, en un santiamén, a toda la gente que abarrotaba el coso madrileño y a los miles de espectadores que vimos la corrida por los diferentes medios de difusión que la ofrecieron. Ese es el poder y la magia del toreo que volvió loca a la concurrencia, público y aficionados sin distinción, y lo llevó, como antiguamente, ha saltar al ruedo -¿cuantos años hacia?- para izar en hombros al torero transmutado en héroe y sacarlo de la plaza por la puerta grande.

Luis Francisco Esplá se despedía de la plaza en donde mejor ha toreado y mayor reconocimiento ha tenido a lo largo de su carrera y, por suerte, le tocó un toro, "Beato", de la ganadería de Victoriano del Rio, su último toro en la plaza madrileña, que le permitió explicar, en una breve pero intensa y magistral lección, su torería. No voy a entrar en glosar su actuación porque, además de que muchos ya lo han hecho de forma pormenorizada, para quién lo vio no hace falta explicación alguna. En lo que hizo Esplá con ese cuarto toro, desde que salió al ruedo hasta que fue arrastrado por las mulillas, se resume el arte del toreo. Que gran lección para sus compañeros de escalafón, sobre todo para los más jóvenes, y para los miles de espectadores que, en la plaza o por la televisión, lo pudimos contemplar. Eso es, ni más ni menos, el arte del toreo.

Para los unos, sus compañeros de profesión, porque explicó en pocos minutos como se conquista la voluntad del público: toreando sin trampa ni cartón a un toro de verdad. Porque si no hay un toro íntegro y con poder que inspire respeto no es posible emoción alguna que, en definitiva, es el resorte que mueve la voluntad de la colectividad. En someter a la fiera con las armas del toreo está la razón y la fuerza de este juego sangriento, pero para eso debe de haber fiera que de miedo, el toro, y un torero capaz de dominarlo y torearlo como mandan los cánones, y si además ese día se tiene la gracia y se está tocado de la inspiración, hacer arte, o como decía Pepe Luis, hacer dibujos en el aire. Esplá lo hizo, y con su labor reivindicó el toro necesario para hacerlo, el toro íntegro y con poder que es el ingrediente fundamental de esta fiesta. De nada valen arrimones imposibles ni cientos de pases deslavazados ante toros moribundos, eso no genera emoción alguna, esa es la cruz del toreo moderno: que aburre. A Esplá le bastaron cuatro pases para poner la plaza boca abajo y encender la mecha de la pasión en los tendidos. Esa es la fuerza del toreo verdadero, ese su poder: que arrebata.

Para el público en general, que no olvide de cuando, como y porque se emocionaron de esa manera, que recuerden como se levantaron de los asientos, como impulsados por un resorte fuera de su control, y se desgañitaron gritando “olé” al unísono con otras veinticuatro mil personas, y se rompieron las manos aplaudiendo y vociferando como locos en aclamación del héroe, del triunfador, del torero que les había robado la voluntad, e incluso -hacía tantos años- muchos fueron los que se lanzaron al ruedo para llevarse en hombros al hombre que los había sacado de sus casillas. Fue una salida en hombros apoteósica, y más cuando, una vez traspasada la puerta grande, la masa enfervorizada se lanzaba hacia Luis Francisco para tocarlo, para quitarle los alamares de su chaquetilla, o para, como lo intentaron algunos insensatos, robarle el capote de paseo y la montera. ¿Cuanto tiempo hacía que no se producía una salida en hombros de la plaza de “Las Ventas” tan apoteósica? La locura desatada al finalizar la corrida es una prueba más de la fuerza intrínseca de esta fiesta, de la capacidad que tiene, si las cosas se hacen como tienen que hacerse, para autoregenerarse a sí misma, bastan un toro de verdad y con poder, y un torero con valor, saber y querer.

Luis Francisco Esplá, después de más de 30 años de alternativa y de no haber rehusado en ningún momento, hasta este año, las corridas más duras, se lo merecía, pero es que además de merecérselo se lo ganó. Se lo ganó dominando en todo momento a un señor toro que imponía respeto y tuvo poder. Simplemente toreo, pero eso, en estos tiempos de escasez que atravesamos, es casi un milagro. De ahí la locura colectiva que se desató y que, ojala, sirva de precedente y punto de partida para volver a valorar la diferencia entre lo que es torear y pegar pases.

Fue un éxito tan rotundo y definitivo que hubiera sido bonito pone punto y final a su carrera en ese mismo momento. Quedarse para siempre con el regusto y el recuerdo de Esplá saliendo de la plaza bamboleándose por encima de las cabezas de una muchedumbre apelotonada tratando de tocar al héroe para ser participes de su gloria. Imagino que no debe de haber un final más redondo para un torero. Por eso, desde el punto de vista de aficionado romántico, me atrevo a plantear esta sugerencia. No es que quiera jubilarlo antes de lo que él mismo tiene previsto y dejarle sin cobrar los emolumentos de los contratos que aún le quedan por cubrir. Lo hago por egoísmo, por no empañar la imagen que ha quedado grabada en mi memoria y porque, hace poco más de un mes, cuando estuvo toreando en “La Misericordia”, plaza en la que le vi tomar la alternativa un 26 de mayo de 1976 y que le ha querido como la que más desde su etapa novilleril, y teniendo material apropiado para el triunfo, pasó con más pena que gloria y dejó algo empañado su buen nombre. Por eso, porque es un torero que admiro y respeto, me atrevo a plantear, en esta hora del triunfo, mi humilde sugerencia: siga usted hasta el final si allá donde va explica su lección, como hizo en su último toro de su última corrida de Madrid, pero no se permita caer en la tentación de pasar por las plazas como lo hizo por la de Zaragoza el 26 de abril de este mismo año, sería en detrimento de su buen nombre.

Pero no es hora de reproches, lo que cuenta ahora es lo que ocurrió el pasado viernes, 5 de junio, en el madrileño coso de la calle de Alcalá, lo que quedará en la memoria de miles de aficionados y espectadores que lo vivieron en la plaza o lo vieron por la televisión, lo que se gravó en soportes digitales que podrán ser reproducidos cuantas veces se quiera, o la constatación de que todavía es posible enloquecer viendo a un torero cabal frenta un toro de verdad en el ruedo de una plaza. Todas esas cosas, y muchas más difuminadas en multitud de pequeños detalles, quedaron de manifiesto ese día, pero lo realmente importante, lo que generó esa locura colectiva e irrefrenable que se desató, fue la clarividencia de la última lección práctica y magistral sobre el arte del toreo que dictó, en el toro con el que se despedía de la plaza de “Las Ventas”, un catedrático del torero : Luis Francisco Esplá... ¡Torero!

Para ilustrar y complementar este artículo enlazo el video publicado por Rosa Jiménez Cano, en su Blog "Toros" de la comunidad de "El Pais", que recoge toda la faena.

miércoles 3 de junio de 2009

ASÍ SÍ

Así es como debe venir presentada una novillada a una plaza de primera, como vino la de Tomás Prieto de Cal, el pasado domingo, a la plaza de “La Misericordia” de Zaragoza. Es preciso dejarlo claro antes que nada -y más después del chasco de la semana pasada- porque en estos tiempos que corren no es lo habitual. Y no es que fuera una presentación fuera de lo normal la de los novillos, fue como debe ser una novillada en una plaza importante: pareja, en tipo y con defensas acordes a su condición de utreros. Además salió brava, noble, encastada y embistiendo en la muleta. Por contra, y ese fue su gran defecto, resultó floja, sin poder, por lo que hubo que cuidarla en los caballos y no se les pudo bajar la mano en el último tercio.

Después de la novillada del mismo hierro que presenciamos el pasado año en este mismo ciclo, que tuvo escasez en todo y fue decepcionante, resultó una agradable sorpresa contemplar el comportamiento del lote de utreros que Tomás Prieto de la Cal ha presentado este año. Todos embistieron al caballo con alegría y desde lejos -cuando los pusieron- y repitieron sin dudarlo en una segunda vara que, la mayoría de las veces, fue testimonial debido a su ya comentada escasez de fuerzas. Incluso hubo uno, el tercero, que lo pusieron para una tercera vara en el centro del ruedo, con un remate que lo dejó enfocado hacia el caballo que hacía la puerta, lo vio y se fue hacia él, el subalterno situado junto al picador, en vez de darle un capotazo para afuera, lo metió debajo del caballo y así, de esta manera tan poco agradecida, tomo el novillo la tercera vara. Un ejemplo de como se desarrolló la lidia a lo largo de toda la tarde. En banderillas todos se vinieron arriba, apretando pero sin malicia. Y para la muleta, algo novedoso en este hierro con respecto a los últimos tiempos, tuvieron recorrido y duración. Todos metieron la cara y embistieron con nobleza. El problema es que todos, por desgracia, se fueron sin torear... y nos quedamos con las ganas. Este es el mayor problema de la Fiesta en estos momentos, que a pesar de los toros bobalicones que salen por los chiqueros, siempre sobra toro, no hay toreros ni novilleros capaces de torear como mandan los cánones, aplicar las reglas del toreo y, por supuesto, emocionar. En la misma medida en que se disminuye al toro, los toreros, al no necesitar su uso, van olvidando las distintas suertes que se forjaron a través del tiempo para enfrentarse a toros bravos. Pero por este camino nos adentramos por derroteros que se alejan del propósito inicial de este escrito.

Centrémonos pues en la novillada de Tomás Prieto de la Cal. La cosa empezó fenomenal y, nada más comenzar el festejo, pudimos contemplar lo que luego resultaría lo más torero de toda la tarde, el recibo de Pepe Mayor a su primer novillo, cuatro verónicas y una media en el tercio del tendido 3 que arrancó la ovación unánime del respetable. Luego poco más, los novillos estuvieron siempre por encima de los novilleros y de sus cuadrillas, les vinieron grandes porque tenían movilidad y, ya se sabe, cuando el toro se mueve... ¡a correr! En su descargo decir que el tercero de la terna, Javier Antón, debutaba como novillero con picadores esa tarde; el segundo, Joao Augusto Moura, que no hace ni un año que debutó en este escalafón; y el primero, Pepe Mayor, un novillero con 45 años que no ha toreado ni media docena de novilladas picadas y que, con más afición que oficio y facultades, se vio desbordado en sus dos novillos. Con este escaso bagaje lo más normal es naufragar ante una novillada, aunque noble, exigente por presencia, casta y bravura de los seis ejemplares. ¿Qué hubiera pasado con una lidia ordenada y los mejores novilleros para torearla? Esto ya entra en la categoría de los sueños y las elucubraciones, a las que somos tan dados los aficionados, pero es posible que hubiera sido una tarde triunfal para los novilleros, para el ganadero, para los que allí estábamos y para la Fiesta en general. Los novillos ofrecieron condiciones para ello y los novilleros no supieron aprovecharlas.

Pero este problema no es nuevo, es algo que viene sucediendo desde hace mucho tiempo y es un mal que se va agravando conforme pasa el tiempo. Se ha dado recientemente en la Feria de San Isidro con la corrida de Palha, la mejor corrida y la más exigente de todo el ciclo con los toreros menos apropiados para torearla, los desahuciados del escalafón. Una corrida para hacer grande a la Fiesta que se convierte en una losa. Y no solo por la desgracia de la cogida de Israel Lancho, sino por ver, una vez más, esfumarse la posibilidad de ver el toreo grande ante toros con poder. Paulita tuvo un cuarto toro, que embestía con nobleza y metiendo la cara, para salir por la puerta grande y quedar como triunfador indiscutible de la Feria y, “como el agua que entre las manos se me va”... se le escapó. Es una pena, pero los toros y los toreros que harían grande esta Fiesta de nuevo no se ven las caras en los ruedos. Los que tendrían que demostrar su poder ante los toros buenos, en aras de la “comodidad” que les permite su condición de figuras, se dedican a matar animalejos domesticados impropios de una fiesta que lleva su nombre. Pero esta es la mayor contradicción del sistema taurino actual, cuando en este mundo competitivo en el que vivimos se pelea a muerte por ser el número uno en su disciplina, en el toreo, los mejores, los figuras, que debieran ser los que generaran mayor emoción y maestría, compiten por la menor dificultad, por la mayor comodidad, por un alivio mayor. Mal va la cosa, y este artículo también, por esa senda, en su momento, este y algún otro de los temas apuntados líneas arriba, tendrán cabida en este Blog. Ahora es hora de ir enfilando hacia el punto final.

El mejor recuerdo de la tarde del pasado domingo, 31 de mayo de 2009, y lo más esperanzador, es la favorable evolución que ha experimentado la ganadería de Tomás Prieto de la Cal durante este año. En abril del pasado año participó en la Corrida Concurso de nuestra plaza y quedó ganador don el toro “Farolero”, después de que entrara siete veces al caballo, las dos últimas de punta a punta de la plaza, el toro, quizás por el castigo recibido, se apagó muy pronto en la muleta. Al día siguiente lidió una novillada que resultó decepcionante en todos los sentidos, lo más preocupante era ver como los novillos se quedaban parados en el último tercio. En verano presencié la novillada que se lidió en Lodosa en donde destacó un magnífico novillo, “Castañero”, encastado, bravo, noble y que embistió sin parar. En la Corrida Concurso de este año presentó un gran toro, “Pajarraco”, que para parte de la afición hizo más méritos para ganar el premio que el vencedor. Después de recibir cinco varas tuvo fuerza y clase para embestir con nobleza durante cuatro o cinco series. La novillada del pasado domingo confirmó esta evolución, salvo el quinto que fue más exigente, fueron nobles y embistieron. Solo una última cuestión con respecto a la fuerza y la nobleza que fue una constante a lo largo de toda la tarde; los novillos más nobles y que más humillaban -1º, 2º y 6º- resultaron los más flojos; el más dificultoso y que exigía mayor dominio, el 5º, el que más poder tuvo. Esperemos que la evolución apuntada se confirme en el futuro y, como soñar es gratis, que los figuras se peleen por torear los toros de Tomás Prieto de la Cal.

martes 26 de mayo de 2009

IMPRESENTABLE

La novillada que lidió la ganadería de “Rehuelga” en Zaragoza el pasado domingo fue impresentable, al menos en tres ejemplares de los que saltaron al ruedo de “La Misericordia” (3º, 4º y 5º) que lucían unas defensas corneas, como se puede observar en las fotografías, impropias de una plaza de primera. De los otros tres, tampoco muy descarados de cuerna: el 2º fue un inválido total y fue sustituido tras derrumbarse al salir de la segunda entrada al caballo; el 1º demasiado bizco del cuerno izquierdo y muy escaso de todo; y el 6º que fue el único novillo que, en mi opinión, tuvo la presencia exigida para una plaza como la de Zaragoza. Todos resultaron, unos más que otros, escasos de fuerza, escasos de bravura, escasos de casta y muy nobles.

La novillada venía precedida de gran expectación entre la afición zaragozana por el excelente juego de la que, esta misma ganadería, presentó el año pasado, con dos novillos excelentes de los que aún recuerdo su nombre -“Caralegre” y “Olivero”- y que dieron un juego excepcional. Pero además de estos dos novillos, toda la novillada estuvo muy bien presentada, tanto de cara como de tipo, y encastada. Por eso duele más que la de este año haya salido al revés en todo, del comportamiento de los novillos podemos achacarlo a ese dicho famoso de que “los toros son como los melones...”, pero de la presentación no, porque eso se ve antes de salir al ruedo y tres de los que salieron el pasado domingo en “La Misericordia” nunca debieron de haber salido.

El juego de la novillada, presentación aparte, también fue decepcionante. Los cornigachos resultaron muy flojos, de escasa bravura y demasiada bobez en la embestida, siempre con la cara alta y sin entregarse en ningún momento. El único que se salvó de la quema fue el 6º, “Fabricante”, de octubre de 2005 y 502 kilos de peso. Este novillo se fue hacia el montado en cuanto lo divisó y empujó hacia las afueras, metiendo los riñones, en una vara larga, en la segunda se abrió de naja en cuanto sintió el palo. No humilló en ningún momento pero fue noble y obediente en la muleta y sirvió para que al tercero de la terna, José Manuel Más, después de un pinchazo y una estocada baja, le concedieran otra oreja, pues en el tercero, ante la petición de la mitad del público, ya le habían concedido una.

Este novillero demostró que sabe lo quiere y supo aprovechar las oportunidades que se le presentaron. Practica el destoreo moderno: pases despegados y hacia afuera que sabe vender bien a la concurrencia. Al finalizar cada serie de vulgares muletazos se alejaba de la cara del novillo en plan triunfal y con cara de satisfacción y los espectadores le correspondían con grandes ovaciones. Así es el toreo moderno, como la vida misma en esta época que estamos viviendo, mucho envoltorio y poco contenido. Al menos demostró ser el más placeado de los tres y que, de momento, tiene claras las ideas y obedece las consignas. De sus compañeros de terna, Mario Aguilar y Juan Luis Rodríguez, poco que decir. Ambos resultaron cogidos, más por su impericia que por otra cosa, a pesar de la nobleza de los novillos que les tocaron en suerte. No se puede uno quedar destapado y descolocado en la cara del novillo porque te cogen, al menos estos que, a pesar de su escasez, aún conservaban un puntito de casta santacolomeña en su sangre.

En resumen, decepcionante novillada de la ganadería que más destacó el pasado año en nuestra plaza de “La Misericordia”, y lo que es más grave, impresentable para una plaza de primera como pretende ser la de Zaragoza, porque la mitad de los novillos que saltaron al ruedo nunca debieron de haberlo hecho. De la otra mitad, en mi opinión, sólo se salva uno.

miércoles 20 de mayo de 2009

NOVILLEROS

A diferencia de la pasada semana en donde la terna de novilleros parecían imitar a la torería andante en el escalafón superior, al que están próximos a ascender, y durante toda la tarde no pudimos ver ni un solo quite, en la de este domingo los hubo en todos los toros. Presenciar algo que anda tan escaso en los tiempos que corren es digno de agradecer. No vamos a entrar en si fueron mejores o peores los que realizaron unos y con los que les contestaron otros, lo importante, lo relevante del caso, en primer lugar, es su abundancia en tiempos de tanta escasez. Es lo menos que se les puede pedir a los novilleros, que estén en “novilleros”, que se "piquen" entre ellos y que vengan con la disposición de aprender, de poner en práctica todas las cosas que les han enseñado, las que se han inventado, o las que han soñado, y que arriesguen hasta la temeridad con la finalidad de poner en juego -de verdad y ante el toro- su técnica y su concepción del toreo.

De los tres que actuaron el pasado domingo el que más se comprometió con su papel de novillero fue Javier Cortés. Lo intentó todo: toreo con el capote en abundancia y con variedad, hizo quites en los novillos de sus compañeros, replicó en los suyos, trató de hacer las cosas bien con la muleta, ensayó todos los pases que sabía, puso toda su voluntad y dejó algún detalle y la impresión de que quiere ser torero, eso, para un novillero ya es un buen aval. En cambio “Josete” estuvo más desangelado, o es que es así su toreo, porque parecía estar a gusto toreando de la forma en que lo hacía: despegado y hacía afuera. Pablo Lechuga fue el agraciado con la “perita en dulce” que fue su segundo novillo, el quinto de la tarde, noble y colaborador en la muleta que sirvió para comprobar la solvencia técnica y el arte que atesora este aspirante a matador. Lo intentó, en algunas tandas con la derecha logró ligar los pases y llevar al toro largo, porfío con la zurda y consiguió algún buen natural, preparó al novillo con mando y torería para la muerte pero... falló estrepitosamente con la espada: tres pinchazos en los bajos sin soltar, un meti-saca en las profundidades, que hirió de muerte al novillo, y media estocada caída, trasera y perpendicular que hizo doblar a su oponente. Lo que menos me gustó de su actitud es que, ante los aplausos del respetable en reconocimiento por su faena de muleta, después del recital ofrecido con la espada, hiciera un amago de dar la vuelta al ruedo.

También fueron destacables, y en estos tiempos de escasez tampoco suele ser lo habitual, los buenos tercios de banderillas que pudimos presenciar, hasta siete banderilleros se desmonteraron por su buena labor con los garapullos. En general, la lidia de los novillos se llevó con cierto orden y eso permitió el lucimiento de los novilleros en los sucesivos quites que se produjeron. Esa debería ser la tónica general en las novillas, la disposición de los subalternos que, y con más razón en esta categoría, además de ayudar a su torero en el curso de la lidia, deberían ser maestros de la técnica de lidiar que todo el que pretenda ser torero debe conocer y dominar a la perfección. No es que ejercieran esa maestría el pasado domingo en “La Misericordia” zaragozana, pero sí es de justicia decir que, en determinados pasajes de la lidia, los subalternos hicieron las cosas bien, también es preciso denunciar los abusos habituales a los que someten a los novillos y que, muchas veces, les provocan lesiones irreparables. Es el caso, por tomar un ejemplo de la novillada del domingo, de la costumbre de sacar la punta del capote por la bocana del burladero y hacer que los novillos se estrellen contra las tablas. El pasado domingo, a un solo novillo, el tercero, se lo hicieron media docena de veces.

De los novillos de “La Quinta” destacaron los de pelo cárdeno, primero, tercero y quinto, que ofrecieron condiciones de lucimiento, y de entre estos tres el último, “Florecio”, de tres años y medio y 520 kilos de peso, feo de cuerna, bizco y cubeto, en tipo, bien rematado y con culata. Empujó en el primer encuentro con el caballo, pero hizo amagos de huir en la segunda vara, aunque se dejó pegar. En la muleta fue noble hasta decir basta, un “bombón” para hartarse de torear, con prontitud, recorrido y docilidad en la embestida... ¡Vamos! Nada que envidiar a los más afamados “toros artistas” de las ganaderías más selectas. No lo hizo mal Pablo Lechuga que, en varios pasajes de la faena de muleta, consiguió llevar al novillo dominado, pero luego vino el desastre con la espada ya relatado. De los negros, segundo, cuarto y quinto, dos fueron devueltos por inválidos -y sustituidos por dos no mucho más válidos de “Jaralta”- y el otro resultó de la especie del toro soso y bobo tan en boga. En general, a la novillada le faltó picante -con otras palabras, casta- y le sobró nobleza -o dicho de otra forma, bobez-. Dependiendo de lo que busque el ganadero tendrá razones para estar contento o disgustado, él lo sabrá y el tiempo nos lo dirá. Yo, como aficionado, y visto lo visto, quedé más decepcionado que satisfecho.

sábado 16 de mayo de 2009

JOSELITO: "SILENCIO POR UN TORERO", POR JUANITA REINA

Cuando sucedió la desgracia de Talavera se decía que Joselito se quería retirar de los toros. Cansado de sostener sobre sus hombros la pasión taurina de media España, hastiado de tantos viajes, tantas plaza, tantas tardes de responsabilidad, harto de las exigencias y la incomprensión de los aficionados madrileños, su plaza preferida y en donde había entregado lo mejor de sí mismo, empezaba ha abrirse paso en su cabeza un sueño que venía acariciado desde niño para el momento en el que le faltasen las ganas, como declaró en una entrevista concedida a El Caballero Audaz, seudónimo con el que firmaba sus trabajos el periodista José María Carretero: “... Dentro de unos pocos años, si he perdido facultades y vienen detrás empujando, entonces sí... A pesar de mis pocos años, yo siento dentro de mí la emoción de la vida del hogar... Una vida en el campo..., labrando una dehesa, de ganado manso, por supuesto, y sin perder una corrida de toros como espectador... Ésa es la idea que, como suprema dicha de mi vida, acaricio para lo por venir.”

Cuando sucedió la tragedia de Talavera eran noticias habituales en periódicos y revistas, y tema de conversación popular, la vida privada de Joselito. Corrían como la pólvora algunos de los escarceos amorosos que, como personaje público y famoso que era en la sociedad de la época, se le atribuyeron con algunas de las más famosas cupletistas. Se decía que si Consuelito Hidalgo, si Adelita Lulú, que si la actriz Irene López Heredia... Y también era sabido que al menor de los Gallos le gustaban las mujeres, como le confesó en alguna ocasión: “Las mujeres me gustan más que nada: eso por sabido se calla; como que si yo no torease más que para hombres, ya me habría cortado la coleta... Algunas veces, en esas tardes fatales que tiene uno, cuando casi con las lágrimas saltadas se dejan los trastos de matar y se refugia uno en la barrera..., al volver la cara al tendido, en medio de la hostilidad de los que gritan, se tropiezan nuestros ojos con los ojos bonitos de una gachí que, con la caricia de su mirada compasiva, quiere consolarnos... A mí me ha ocurrido algunas veces esto, y entonces me he ido al toro, como un jabato, con el capote, y animado por el calor de los ojos de la desconocida y he levantado al público haciendo todo lo que sabía y algo más. Mandan mucho fluido unos ojos gitanos.” Pero, por propia experiencia, tenía muy claro el peligro que encerraba distraerse pensando en una mujer estando delante del toro, por eso decía: “En cuanto empiezo la temporada, ni acercarme a unas faldas... La cosa es mortal... La cogida que tuve en Barcelona, que me partí la clavícula, fue por causa de unos ojos negros... había pasado toda la noche anterior mirándome en ellos... Hay veces que se prefiere una cornada ha desperdiciar ciertas cosas...”.

Cuando sucedió la desgracia de Talavera se decía que una pena muy grande le reconcomía por dentro, una pena que no le dejaba vivir. Se comentaba que una muchachita sevillana algo más joven que él era el centro de su pasión y que José era correspondido en ese sentimiento. Una pared se alzaba en el camino de ambos pretendientes, los padres de la novia, familia de la alta sociedad sevillana y perteneciente a una importante dinastía ganadera, no toleraban el casamiento de su hija con un personaje que no se correspondía con su clase social. Al cabo de muchos años se pudo saber que aquella muchacha era Guadalupe, hija de Pablo Romero. Se sabe que Guadalupe Romero lloró amargamente la muerte de Joselito y siempre se negó ha contar públicamente sus penas. Murió en la década de los ochenta siendo ya octogenaria y nunca se casó ni se le conoció pretendiente. Quizás, cuando le sorprendió Bailador en la plaza de Talavera estuviera pensando en ella, en dejarlo todo y, aún en contra de la negativa paterna, casarse con su prometida en el momento en que ésta llegara a la mayoría de edad... Quizás ese sueño que lo perseguía desde niño, ese hogar alejado de mundanal ruido en el que “muchas veces quisiera pasar inadvertido”, como confesaba el propio José. Quizás ese sueño, el recuerdo de los ojos de Guadalupe, el anhelo de un hogar y una vida familiar, y más después de la desagradable situación que había tenido que soportar en Madrid el día anterior, en donde rechazaban su presencia, empezaba a tomar cuerpo en su mente y lo veía como algo cada vez más cercano y real. Quizás eso nublase su entendimiento y distrajese su atención en el preciso instante en que Bailador, quinto de la tarde, hirió de muerte a Joselito en la plaza que un día inaugurara su propio padre.

Cuando sucedió la tragedia de Talavera, aquel 16 de mayo de 1920, no se podía imaginar José Gómez Ortega Joselito, que 89 años después del triste suceso que conmocionó -aficionados o no, partidarios o contrarios- a todo el país, seguiría vigente su memoria. Desde entonces existe la costumbre de recordar este día en todas las plazas de toros en las que se dan festejos taurinos y, en señal de respeto, los matadores y sus cuadrillas lucen lazos negros en sus chaquetillas. Desde este Blog nos sumamos a este homenaje y lo hacemos aportando un pasodoble compuesto en su memoria, “Silencio para un torero”, de Quintero, León y Quiroga, e interpretado en su honor por su creadora, la gran artísta sevillana Juanita Reina. Lo estrenó el día que presentó su espectáculo “Olé con olé”, en el teatro Cervantes, de Málaga, el día11 de octubre de 1962. Completamos la entrada con un vídeo en el que la música del pasodoble, interpretado magistralmente por la cantante sevillana, sirve de soporte musical a imágenes de Joselito y de su multitudinario entierro.

Silencio por un torero
(Quintero-León-Quiroga)

Aquella tarde Sevilla
se puso toda amarilla
quebraíta de color.
Y por el aire caliente
su voz clamó de repente
hay que pena y qué dolor.
Silencio en Andalucía,
rezadle un Ave María
y quitarse los sombreros.
Silencio el patio y la fuente,
que está de cuerpo presente
el mejor de los toreros.

"¡Parece que está dormío, Dios mío,
en su capote de brega!"
Y por Gelves viene el río, teñío,
con sangre de los Ortega.
Suspira bajo su velo
la Virgen de la Esperanza
y arría en señal de duelo
banderas la Maestranza.
Y Sevilla, enloquecida,
repetía a voz en grito:
"¡Pá que quiero mi alegría!
¡Pá que quiero mi alegría,
si se ha muerto Joselito!"

Silencio por un minuto,
pintad los campos de luto
el ciprés y el olivar.
De luto las amapolas
de luto Carmen y Lola
Concha, Pepa y Soledad.
Silencio guarda el romero
silencio el torito fiero
y los bravos mayorales.
Crespones en las divisas
silencio pide la brisa
al pasar por los trigales.

"¡Parece que está dormío, Dios mío,
en su capote de brega!"
Y por Gelves viene el río, teñío,
con sangre de los Ortega.
Suspira bajo su velo
la Virgen de la Esperanza
y arría en señal de duelo
banderas la Maestranza.
Y Sevilla, enloquecida
repetía a voz en grito:
"¡Pá que quiero mi alegría!
¡Pá que quiero mi alegría,
si se ha muerto Joselito!"


martes 12 de mayo de 2009

SI ESTOS SON LOS TOREROS QUE VIENEN, APAÑADOS VAMOS

La terna de novilleros que hizo el paseíllo el pasado domingo, 10 de mayo, en “La Misericordia” zaragozana, venía con el aval de ser punteros en su escalafón y con fecha cerrada para su próximo doctorado. Para ello se había preparado una novillada de Javier Molina -Domecq por vía FuenteYmbro- que venía precedida de su éxito en la pasada Feria del “Zapato de Oro”, en la riojana localidad de Arnedo, y el buen sabor de boca que dejó a los aficionados madrileños el pasado año. Todo parecía preparado para pasar una buena tarde de toros, los novillos cumplieron con su cometido y ofrecieron posibilidades de lucimiento, al menos cuatro de los ejemplares presentados, pero los novilleros, que ya deberían de estar cuajados para dar el paso que se disponen a dar, no supieron aprovecharlos.

Después de lo visto me temo que les ocurrirá como a la inmensa mayoría de los que toman la alternativa, que se diluirán en el escalafón superior como un azucarillo en un vaso de agua, porque tuvieron material para salir triunfantes los tres, y los tres fracasaron. En especial el primero de la terna, Miguel Tendero, que venía precedido de cierta fama y al que le tocó un novillo, el cuarto, para bordar el toreo, noble, pronto, con movilidad, que metía la cara y llevaba el morro por el suelo, claro por ambos pitones y, en vez de torear como mandan los cánones, se dedicó a poner posturitas y hacer una faena deslavazada y falta de ligazón que remató con un pinchazo y una estocada contraria de efecto retardado que, por su negligencia para rematar al utrero con el descabello, que para eso está, casi le cuesta el tercer aviso.

Román Pérez, el francés afincado en Salamanca que en su día declaró que nunca iría a los toros con uno del “7” de Madrid, pudo aprovechar su dos novillos, pues ambos tenían condiciones para ello, pero demostró ser un especialista en el trapazo y el trallazo. En su segundo, que derribó en su primer encuentro con el caballo sin llegar a ser picado, y al que le administraron una vara demoledora en su segundo encuentro, lo cambio de forma precipitada y el novillo se vino arriba en banderillas poniendo en dificultades a la cuadrilla. Por el pitón derecho ofrecía algún problema y el novillero no lo quiso ni ver, pero por el izquierdo embestía con claridad y largura y, aunque lo intentó, nada de nada. Le dio un aparatoso revolcón sin consecuencias y lo mató, tónica habitual de toda la tarde, mal. En su primer oponente, un colorado pequeño, bien armado y noble, tampoco hizo nada destacable y pasó por “La Misericordia”, en donde había cortado una orejita la pasada temporada, con más pena que gloria.

Alejandro Esplá, el tercero en discordia, demostró que esta verde... muy verde. Si bien el primero de su lote fue el que más dificultades ofreció, que tampoco fueron tantas, en su segundo, el de la jota, que fue el más bravo del encierro, estuvo a merced del utrero y el miedo transcendió a los tendidos. El novillo de salida se lanzó al galope y, siguiendo el señuelo de un capote que asomo por el burladero de cuadrillas, se estrelló contra las tablas partiéndose un pitón y saliendo rebotando como si de una pelota se tratara. Pensábamos que se había matado, pero se levantó raudo y siguió galopando como un loco como si nada hubiera pasado. En varas fue el más bravo de los seis, empujó con fuerza y metió los riñones en un primer encuentro en el que le castigaron de lo lindo y estuvo a punto de derribar al montado. En la segunda vara también empujó con clase y sacó al picador más halla de la segunda raya. En banderillas no paró de embestir y puso en aprietos a los banderilleros. Llegó a la muleta con recorrido y necesitando mando, mano baja y ligazón, pero se encontró con un novillero falto de técnica y conocimientos, y algo escaso de valor, al que desbordó por completo. Como suele ocurrir cuando hay un toro bravo en el ruedo, quedaron al descubierto todas las carencias del novillero alicantino.

Si estos son los toreros que vienen, apañados vamos. Pero es que, además, esto es lo habitual, y lo grave, actualmente en el escalafón novilleril. Lo que debería ser una escuela de aprendizaje para curtirse en esta dificil profesión, se convierte en un mero trámite obligatorio que hay que salvar cuanto antes para convertirse en matador y ver si suena la flauta por casualidad. Luego ocurre lo que ocurre, que la inmensa mayoría se pierden en el anonimato en cuanto dan el paso al escalafón superior y si, por casualidad, alguna vez se les presenta una oportunidad la desaprovechan, porque ni saben los fundamentos de la lidia, ni tienen idea del arte de torear, ni nadie se ha preocupado de enseñarselo. El pasado domingo en “La Misericordia” zaragozana se les presentó una clara oportunidad para el triunfo a los tres y -“como el agua que entre las manos se nos va”, que cantaba Bambino- los tres la perdieron.

sábado 2 de mayo de 2009

CACEROLITO O PAJARRACO

- Hola don Pepe.
- Hola don José.
- Hoy, y sin que sirva de precedente, creo que vamos ha estar de acuerdo usted y yo.
- Depende, don José. Depende de lo que me diga usted.
- Ya le digo, de antemano, que vamos ha ser de la misma opinión en el asunto que le voy a plantear.
- Usted dirá, pero no le de más rodeos a la cosa y vaya al grano.
- Pues quiero hablarle del toro que resultó ganador de la Corrida Concurso celebrada el pasado domingo en nuestra querida plaza de “La Misericordia”, don Pepe, de “Cacerolito”, ese bravo ejemplar de la ganadería de Ana Romero.
- Pues mire usted, don José, me parece que va a ser que no, que esta vez tampoco vamos ha estar de acuerdo, porque yo me quedo con el toro de Prieto de Cal, con “Pajarraco”, que me pareció mejor presentado, más bravo y más completo.
- Pero ese toro llegó a la muleta con poca fuerza y se apagó antes, en cambio “Cacerolito”, al que se le dio la vuelta al ruedo por petición del público, se creció en banderillas, se vino arriba en la muleta y fue una máquina de embestir.
- Pero no debe usted de olvidar que llevó una lidia mucho más ordenada, se le dieron los capotazos justos y, por esa razón, llegó más boyante a la faena de muleta. En cambio “Pajarraco” sufrió un sin fin de capotazos deslavazados que le restaron fuerza para los tercios posteriores de la lidia. Pero vayamos por partes y empecemos por el principio, por el tercio de varas en donde, yo creo, el de Prieto de la Cal fue muy superior.
- ¡Ya estamos con el tercio de varas! No se puede centrar todo en la suerte de varas, don Pepe, porque también cuenta el juego del toro en los restantes tercios de la lidia, pero si usted lo quiere así, hablemos primeramente de eso, porque “Cacerolito” recibió cuatro varas en toda la regla arrancándose de largo y al galope.
- Pero hizo sonar los estribos, no empujó, se repuchó del caballo, no lo castigaron tan apenas y en la última, la cuarta, le costo dios y ayuda acudir al montado, haciendo amagos de no querer ir, pensándoselo mucho y saliendo suelto nada más sentir el hierro. En cambio “Pajarraco”, tomo cinco varas, la segunda al relance de un capote del subalterno que no supo sacarlo hacia los medios para volver a colocarlo en suerte, pero en las otras cuatro se arrancó de largo y empujó con fuerza, no hizo amagos de querer irse y recibió mucho más castigo, además, como le decía anteriormente, de la desastrosa lidia que tuvo que soportar en ese tercio.
- Ni exagere con el suyo, ni menoscabe el mio, don Pepe, porque “Cacerolito” en banderillas se vino arriba y fue bravo y noble en la muleta, y lo que es más importante, llegó al último tercio con más fuerza que el de Prieto de la Cal y ofreció mucho juego a su matador, lastima que...
- .... Alberto Álvarez, que en el papel de lidiador estuvo correcto toda la tarde, intentando hacer las cosas como se tienen que hacer en una Corrida Concurso, no estuvo a la altura de la bravura y la clase del toro.
- Tenga usted en cuenta que para toreros tan poco placeados como los que hicieron el paseíllo el pasado domingo es un compromiso enfrentarse a toros como los que saltaron al ruedo y si, además, salen un par de toros bravos pues...
- Pues pasa lo que pasó... Pero no desviemos la conversación hacia ese terreno porque aún me queda algo que decir sobre “Pajarraco” para completar mi argumentación sobre las razones que me llevan a afirmar que fue más bravo y completo que el que resultó agraciado con el premio.
- Siga usted con su razonamiento, don Pepe, aunque no me negara que, si bien en varas puede que fuera más completo el de Prieto de la Cal, en banderillas y en muleta mi defendido lo superó con creces y, según mi opinión, la bravura de un toro no se debe medir sólo en la suerte de varas, sino en el conjunto de la lidia.
- En mi opinión, don José, en eso también superó “Pajarraco” a “Cacerolito”, pues si bien es cierto que el primero llegó más justo de fuerzas al último tercio -no debemos olvidarnos de la desastrosa lidia a la que se le sometió que le restó muchos de los muletazos que el toro tenía, y el mayor castigo que recibió en varas-, en banderillas estuvieron a una altura similar, y en el tercio de muleta, el de Prieto de la Cal, tuvo tres o cuatro series embistiendo con largura y nobleza que su matador, Ricardo Torres, no supo conducir en ningún momento. Otro gallo hubiera cantado si en vez de encontrarse con el matador que le tocó en desgracia hubiera estado en otras manos.
- Pero la prontitud y la entrega de las embestidas de “Cacerolito” llevaron la emoción a los tendidos y, quizás por eso, el público se inclinó por este toro y solicitó la vuelta al ruedo unánimemente, y el jurado le concedió el premio.
- Y porque, no se olvide usted, veníamos de ver tres toros que defraudaron, como fueron los de Escolar, Alcurrucén y, sobre todo, el de FuenteYmbro. Y otra cosa más que debemos tener presente, después de un tercio de varas menos emocionante que el del segundo toro, cuando se vino arriba en banderillas y en la muleta el público, que estaba con ganas, quedó más impresionado y volcó sus preferencias hacia “Cacerolito”.
- Pero no me puede negar usted, don Pepe, que fue un gran toro, como también lo fue “Pajarraco”.
- De eso no caben dudas. En eso, y sin que sirva de precedente, estamos de acuerdo, ambos fueron dos buenos toros, y como ocurrió el pasado año con “Farolero” y “Lanudo”, tardaremos tiempo en olvidarlos.
- Y más con lo que está saliendo por las principales plazas, don Pepe. Yo que sigo la feria sevillana por la televisión estoy decepcionado con el juego de los toros que están saliendo al albero de la “Real Maestranza”, con esos toros inválidos no se puede torear, la cosa se está pasando de castaño oscuro, y de todas las corridas que he visto no han salido dos toros que se acerquen ni de lejos a los que pudimos ver aquí, en “La Misericordia”, el pasado domingo.
- En eso también estamos de acuerdo, don José, lo de Sevilla está siendo de vergüenza, porque además de inválidos los toros son impresentables para una plaza de primera categoría como la sevillana, y en toda la feria no han salido dos toros que se acerquen en presentación y en juego al ofrecido por “Pajarraco” y Cacerolito”. Ambos fueron dos grandes toros, bravos y nobles que, después de los fuertes tercios de varas que soportaron, sirvieron para la muleta, echando por tierra las teorías de esos periodistas modernos que descalifican las corridas de este tipo aduciendo que se sacrifica el toro en el primer tercio dejándolos inservibles para el toreo actual que, según esos nuevos profetas de la tauromaquia moderna, se basa única y exclusivamente en la faena de muleta. El pasado domingo en la Corrida Concurso de Zaragoza quedó demostrado todo lo contrario, si los toros tienen el poder que debe tener un toro de lidia aguantan perfectamente el primer tercio y llegan al último con la fuerza suficiente, y si además, como ocurrió en “La Misericordia” con nuestros dos protagonistas, resulta que son bravos y nobles, quedan aptos para el lucimiento en la faena de muleta que, entonces, ante toros íntegros y con poder, si que toma la dimensión de faena grande.

miércoles 29 de abril de 2009

APUNTES SOBRE LA CORRIDA CONCURSO Y LA "OTRA"

Este fin de semana tuvimos la oportunidad de ver en Zaragoza las dos Fiestas; el sábado 25, el festejo de las figuritas de la "prensa del corazón", con los hermanos Rivera Ordóñez acartelados con toritos de procedencia bodeguera; el domingo 26, la Corrida Concurso de Ganaderías con cinco toros muy bien presentados y otro, precisamente de la misma procedencia que los del día anterior, que no estuvo a la altura de las circunstancias, y con tres toreros modestos en el cartel.

Después de ambos festejos llama poderosamente la atención el diferente trato que se ha dado, por parte de la prensa local, a una y otra corrida. De la primera -la de Fran “el medallista” y Cayetano “el modelo”- no se ha hablado para nada del juego de los toros de Algarra que, estando bien presentados, fueron fieles a lo que se espera del toro comercial: escasez de fuerza, docilidad, nobleza borreguil, colaboracionismo... y ha pesar de eso, poco o nada se pudo ver de toreo artístico. Los toros recibieron, como reclaman los profetas de la nueva tauromaquia del muletazo, un par de picotazos y llegaron a la muleta, salvo el último que tuvo cierto poder, aptos para el torero moderno. Pues ni por esas. Cayetano se hartó de dar muletazos deslavazados y sin ninguna ligazón y le concedieron una oreja, solicitada mayoritariamente por voces femeninas poco habituales de los tendidos de las plazas de toros cuando no torea el "modelo de Armani", en su primer oponente. En el sexto, un manso grandón y con algo más de fuerza que sus hermanos, naufragó por falta de conocimientos. El toro metía la cara con clase cuando se le obligaba, pero Cayetano fue incapaz de ligar dos muletazos seguidos. A la salida de la plaza le escuché a más de un aficionado: “Si ha ese toro lo coge Ponce pone la plaza boca abajo”. Porque el toro era de esos mansos que si los obligas se entregan... o se rajan. Con este torero, que domina las posturitas pero no tienen ni idea de la técnica del toreo, no vimos ni lo uno ni lo otro. Su hermano Fran, “el medallista”, que había entrado de rondón sustituyendo a Miguel Ángel Perera, se dice que por imposición familiar, estuvo como acostumbra, como la chata y fue despedido con una bronca monumental. El tercero en discordia, Luís Francisco Esplá, estuvo pero no estuvo, se pasó la tarde sin molestar, y eso que tuvo un segundo toro para hartarse de torear.

Mientras que para alguno de los críticos locales esa tarde habíamos tenido a Juan Belmonte redivivo en el Coso de "La Misericordia", para la mayoría de aficionados había sido una tarde plúmbea y sin relieve, como la mayoría de las que se suceden en las distintas ferias en las que se anuncian figuras del momento con toritos comerciales al uso, como, por ejemplo, lo que está sucediendo tarde tras tarde en la feria sevillana, en donde, según los críticos destacados en la ciudad hispalense, después de un montón de corridas, solo se puede salvar el juego de tres o cuatro toros. En cambio de la segunda, la Corrida Concurso de Ganaderías, la crítica local ha sido unánime en su descalificación. Desde toros mal presentados, limpieza de corrales, inservibles para el lucimiento, sujetos a tercios de varas asesinos que inutilizan los toros para la faena de muleta, santo y seña del toreo moderno, que es el sambenito con el que nos machacan los profetas de la nueva tauromaquia.

Pues bien, en la Corrida Concurso de Zaragoza del día 26 hubo dos toros que echan por tierra todas estas teorías. Dos toros -la mitad de los que han salido en Sevilla hasta el momento- que, cada uno con sus matices, aguantaron un tercio de varas de concurso y luego sirvieron para la muleta. La lástima es que los toreros a los que les tocaron en suerte no estuvieron a la altura de las circunstancias, pero eso es harina de otro costal. Pero vayamos por partes.

En segundo lugar saltó al ruedo un toro cinqueño de Prieto de la Cal, “Pajarraco” que, entre un sinfín de capotazos, tomó cuatro varas arrancándose de largo, galopando y empujando, y una segunda al relance del capote de un subalterno que no supo volver a sacarlo a los medios, se creció en banderillas y tuvo tres o cuatro series embistiendo con prontitud, largura y nobleza. Al final el toro se resintió, más que del castigo recibido en varas, por la mala lidia que tuvo que soportar en los primeros tercios y la falta de oficio de su matador en la muleta pues, no en vano, Ricardo Torres hacia años que no toreaba en España y menos ganado de estas características. “Pajarraco” fue un gran toro que tomó cinco puyazos en regla y llegó a la muleta con muy buenas condiciones para el lucimiento de su matador, pero tuvo la desgracia de que éste no estuviera al nivel exigido por el toro. En sexto lugar se corrió un cuatreño de Ana Romero, “Cacerolito”, que a la postre resultó el ganador del concurso y que fue otro toro excelente. Tomó cuatro varas tardeando pero arrancándose al galope hacia el montado, tuvo menos fijeza e hizo sonar los estribos, se dio una costalada, más por empuje que por debilidad, y salió suelto en la última vara, pero luego en banderillas se vino arriba de forma espectacular y en la muleta fue una máquina de embestir. Como todos los toros bravos tenía sus dificultades y había que llevarlo sometido y toreado. Alberto Álvarez, que se había esforzado en hacer una lidia adecuada hasta el momento, aunque sacó buenos pases sueltos, se vio desbordado por la bravura de su oponente y falló estrepitosamente con la espada. Al toro se le dio la vuelta al ruedo y, a juicio del jurado, se llevó el premio al toro más bravo. En resumidas cuentas, dos toros excelentes en una misma corrida, cosa que no ha ocurrido en la presente temporada en ninguna de las ferias de pedigrí que hasta el momento se han celebrado, y que no encontraron los toreros adecuados para lucirse con ellos.

Pues esto a la crítica especializada zaragozana, de forma unánime, le ha parecido una corrida infame que no se debería volver a programar. Lo mismo dijeron, parece que las crónicas estén calcadas, en la Corrida Concurso del año pasado en la que también brillaron dos toros con luz propia: “Farolero”, de Prieto de la Cal; y “Lanudo", de FuenteYmbro. Prefieren el medio-toro bobo, dócil y, la mayoría de las veces, lisiado al que se apuntan los figuritas del momento y con el que no son capaces, como ocurrió el sábado con material apropiado, de sacarle ni una serie rematada. Como dice el refrán: “Para gustos están los colores”. Si ustedes se divirtieron el sábado, deslumbrados por los flash de las fan de los hermanos Rivera, viendo como naufragaban con una corrida a modo, yo lo pase en grande viendo el juego de dos toros -“Cacerolito” y “Pajarraco”- a pesar de los lidiadores que les tocaron en suerte que no consiguieron estar a la altura de la bravura de sus oponentes. Como digo en una entrada anterior, en esta Corrida Concurso faltaron Toreros de Concurso, ese fue el mayor problema, pero eso no es achacable a los toros que se lidiaron sino a quién la programó de esta forma.

Y para concluir una reflexión sobre la entrada registrada en “La Misericordia” en ambos festejos que, por los juicios emitidos, parece ser que es culpa de los que asistimos a ellos. El problema de los aficionados que acudimos a los festejos programados fuera de feria, en Zaragoza, en Madrid, en Sevilla y en cualquier otra plaza española, es que somos pocos, y menos que vamos a ser si periodistas y propagandistas se dedican, en vez de apoyar y publicitar los festejos taurinos, a desacreditar a los que asistimos a ellos asiduamente. Al festejo de la “prensa rosa” que tuvo lugar el sábado, contando con la presencia casi diaria de los hermanos Rivera en revistas y televisiones hablando de sus amoríos, pasarelas y actividades extra-taurinas, acudimos poco más de un tercio del aforo, a ojo de buen cubero, unas 3.500 personas. En la Corrida Concurso del domingo, con un cartel de toreros modestos, poco placeados y poco conocidos, sobre un cuarto de plaza, unas 2.500 personas. Pocas, muy pocas, es cierto. Pero comparando la entrada de un festejo con el otro, el auténtico batacazo, de público y económico, es el de la corrida del sábado. Si el cartel del primer día, con toda la campaña publicitaria de la “prensa rosa” y "programas televisivos del corazón”, sumado a la pegada de carteles de Cayetano por toda la ciudad, sólo es capaz de llevar 1.000 personas más a la plaza, el problema, y gordo, está ahí. No es de extrañar que las figuras no quieran anunciarse fuera de las ferias, y en estas tan sólo en los días señalados. Los figuras solo quieren ir a plaza llena cuando su obligación, si figuras son, sería llenar las plazas.

Considero un fracaso mucho mayor el tercio de asistentes que estuvimos en el festejo del sábado, que el cuarto de plaza que se cubrió en la Corrida Concurso del domingo que, además, fue televisada para Aragón y Castilla-La Mancha. También debemos tener presente que para desplazarse hasta Zaragoza para asistir a los toros, por motivos laborales, es mucho peor día el domingo que el sábado y muchos de los que hubieran venido no lo hicieron por ese motivo. Pero parece ser que a los críticos taurinos zaragozanos estas razones no les importan y que la culpa de todos los males que aquejan a la Fiesta en Zaragoza, como dice uno de ellos de forma ingeniosa en su crónica, la tengan “los cuatro del cuatro”. Pues esos “cuatro del cuatro”, y unos cuantos más que no nos sentamos en ese tendido, también tendremos la culpa de los dos toros bravos que pudimos ver el pasado domingo en el Coso de “La Misericordia” y que es posible que, cuando acabe la temporada tras la Feria del Pilar, ante la escasez de ejemplares semejantes, sigamos recordándolos.

miércoles 22 de abril de 2009

TOROS Y TOREROS DE CONCURSO

En la Corrida Concurso de Ganaderías celebrada el pasado domingo en Madrid se puso de manifiesto que los matadores de turno y sus cuadrillas no estaban a la altura de las circunstancias para enfrentarse a esta modalidad de corridas de toros. Lo que debería ser básico en cualquier profesional que se dedique a este trabajo, como es realizar una lidia adecuada a las condiciones de cada animal que salte al ruedo, y que tendría que ser la primera lección que aprendiera cualquier aspirante a figurar en los escalafones de toreros, subalternos y picadores, no supieron hacerlo. Con ello dieron al traste con todas las expectativas puestas en tan interesante festejo tanto por los ganaderos, como por los aficionados que estuvimos presentes en el coso venteño el pasado 19 de abril.

No voy a entrar en juzgar lo visto ni lo ocurrido en la referida tarde porque ya han sido muchos los que se han ocupado de ello, pero si quiero dejar algunas reflexiones sobre un par de puntos que de haberse planteado de otra forma podrían haber cambiado radicalmente el rumbo del festejo: la incapacidad de los lidiadores y sus cuadrillas para solventar este tipo de corridas, y la elección de los mismos por parte de la empresa encargada de contratarlos.

Empecemos por el segundo punto. Es habitual que cuando se anuncia una Corrida Concurso, en donde se supone que irán los mejores toros de las ganaderías anunciadas, el cartel de toreros sea, como vulgarmente se dice, barato. En vez de contratar a los toreros más capacitados para realizar una lidia adecuada y de acuerdo con las normas que rigen este tipo de festejos, nos encontramos con toreros poco placeados y con escasa experiencia que, antes que dejar ver las condiciones de los toros, buscan su oportunidad. Puede que esta lógica de los empresarios sea debida a dos razones: que la contratación de toreros más placeados y experimentados encarezca el cartel, o que no se encuentren toreros de categoría reconocida que estén dispuestos a participar en este tipo de festejos en el que deben dejar parte de su protagonismo al toro. Si he de tomar partido por alguna de las dos razones lo hago por la primera, porque a un profesional de reconocido prestigio si se le paga lo que se merece seguro que no pone objeciones para figurar en este tipo de carteles.

En cuanto a los profesionales que deben ponerse delante de los toros concursantes debemos destacar, salvo escasísimas excepciones, la falta de recursos para solventar la papeleta que se les presenta con suficiencia. Esto es altamente preocupante porque la labor que deben realizar en este tipo de festejos, que no es otra cosa que aplicar la técnica de la lidia, debería ser considerada lección básica y primera de todo aspirante a torero, sin cuyo conocimiento y dominio no deberían de tener el permiso para ejercer la profesión de toreros. Es como si a un conductor se le concediera el carné de conducir sin conocer el manejo del coche ni el código de circulación. Pero esto nos lleva a un problema más profundo, y que ya muchas veces hemos tratado en este blog, como es la forma en que se enseña en la actualidad la difícil profesión de torero y con qué finalidad se enseña. De esta forma lo que debería ser el “a e i o u” de la profesión, como es dominar los recursos de la lidia, se convierte en algo accesorio porque lo que se pretende no es formar toreros sino triunfadores. A esta situación se ha llegado porque el toro actual, en su abrumadora mayoría, ya sale lidiado, sometido, dominado, a la plaza. En esta premisa se basa todo el entramado de la tauromaquia moderna. Con el toro disminuido, bobo y dócil que se cría en la actualidad se puede prescindir de aprender la técnica y los recursos de la lidia y centrarse en la fabricación de toreros de salón.

Con todo ello perdemos los aficionados que nos vemos privados de un espectáculo que, por los ingredientes que lo conforman, debería ser el más cuidado de todos los festejos taurinos que se programan. Pero los empresarios actuales, guiados por el negocio rápido antes que por la conservación, difusión y engrandecimiento de la Fiesta, no se preocupan de organizar las cosas como debieran, es más, por lo visto, parecen ser que apuestan por el desprestigio de los mismos en vez de por su cuidado y relanzamiento, lo que les daría crédito y prestigio entre los aficionados. Para los toreros modestos que se anuncian en ellos, dada su incapacidad y desconocimiento de la técnica, es un compromiso, un mal trago que deben de pasar, y no se dan cuenta de que una lidia correcta y adecuada les puede hacer ganar muchos enteros en la consideración de los aficionados y abrirles nuevas puertas. Pero todo esto parece no importarles ni a unos ni a otros cegados por los cantos de sirena de los apologistas del toreo moderno que se esfuerzan en desprestigiar este tipo de festejos y todo lo que tenga que ver con la auténtica Fiesta de los Toros. Por eso no es de extrañar que estos nuevos profetas de la tauromaquia moderna carguen contra todo lo que se aparte de lo que se considera actualmente el súmmun de la toreria, como son esas faenas de muleta interminables, monótonas y calcadas las unas de las otras que nada, o muy poco, tienen que ver con los valores eternos de la Fiesta íntegra, auténtica y emocionante que reivindicamos los aficionados y que, no lo debemos olvidar, son los que han permitido su pervivencia durante más de dos siglos.

miércoles 15 de abril de 2009

LAS CHUFLILLAS Y LA ALTERNATIVA DE CAYETANO

De acontecimiento taurino extraordinario podemos calificar la alternativa de Cayetano en Sevilla pues, además del doctorado del torero de Ronda, ese día reaparecía en la Real Maestranza, tras su vuelta a los ruedos, Juan Belmonte. En la tradicional corrida del Día del Corpus, el 11 de junio de 1925, El Pasmo de Triana, haciendo realidad el sueño del toricantano que un día, siendo camarero en el “Café Cinco Minutos”, de la Línea de la Concepción, del que era propietario su padre, y mientras atendía al trianero, le comunicó su deseo de que algún día fuera el padrino de su alternativa.

Así ocurrió en el día reseñado. La corrida fue un éxito de público, en donde hicieron su agosto los reventas, y artístico. Belmonte consiguió las dos orejas y el rabo en el toro de su reaparición sevillana y, a su muerte, lo pasearon en hombros por el ruedo. Algabeño, que era el tercero en discordia, cortó una oreja en su primer oponente. Y Cayetano, que había estado discreto en el del doctorado, se la jugó en el sexto y también consiguió trofeo. Estuvo bien colocado, oportuno en el quite, templado y dominador con la muleta y certero con el estoque. Le concedieron una oreja y dejaba abierta la puerta de la esperanza. ¿Y los toros? Recogemos lo escrito por Sánchez Guerra: “¿Los toros? De Félix Suárez, salieron manejables y bravitos. Eran muy monos y muy simpáticos. Lo única lamentable es que no hubieran tenido dos o tres años y diez o doce arrobas más cada uno. Lo cual, dadas las circunstancias, es sin duda un buen punto de referencia. Se nota, sin duda, el retorno de Juan”.

Cayetano irrumpió en el planeta de los toros como un ciclón, pasó de becerrista a matador de toros en poco más de seis meses y se doctoró con un bagaje escaso de novilladas en su haber, veinticinco. Mucha culpa de ese rápido encumbramiento la tuvo la célebre frase con que tituló don Gregorio Corrochano, en ABC, la crónica de su presentación en Madrid: “Es de Ronda y se llama Cayetano”. Muchos fueron los aficionados que vieron en El Niño de la Palma a Joselito redivivo, quizás el propio Corrochano, joselitista hasta la medula, escribió esta crónica con esa esperanza, y muchos fueron los que se alistaron en el partido del nuevo fenómeno que, aún antes de demostrarlo en el ruedo, confiaban ciegamente en el torero rondeño. Pero no era el objeto de este artículo extenderme en demasía en el día de la alternativa, ni mucho menos en la trayectoria taurina de Cayetano, sino complementar la entrada precedente dedicada a la intérprete de "Las Chuflillas", la cantante trianera Mikaela, y en cuanto al origen del poema y el título del mismo.

Entre sus admiradores declarados se encontraba Rafael Alberti, joven poeta gaditano, gran aficionado a los toros y que, según sus propias palabras, también cobijo alguna vez el sueño de ser torero y hasta, a instancias de Ignacio Sánchez Mejías, hizo el paseíllo vestido de luces en la cuadrilla de éste, en la plaza de Pontevedra, en junio de 1927, el día que el diestro sevillano se retiró de los toros por primera vez, pero esa es otra historia y en su momento, si se tercia, tendrá su espacio. Ahora centrémonos en el título de los versos dedicados a Cayetano, que en aquellos momentos era el ídolo taurino de Rafael. Esa admiración se concretó en un poema. Con sus versos recién escritos pero aún sin título, fue a visitar a El Niño de la Palma en compañía de José María de Cossío y le explicó a su admirado torero el significado de su poesía:

- Como ve usted, le dijo Rafael, se trata de unos versos ligeros, juguetones, donde el torero le toma el pelo al toro...

- Vamos, le contestó Cayetano, que son unas chuflillas...

Desde aquel momento Alberti adoptó la palabreja utilizada por el protagonista de sus versos y la utilizó como título del poema a él dedicado. Las “Chuflillas de El Niño de la Palma” fueron incluidas en el libro “El Alba del Alhelí”, publicado en 1927. Años más tarde, en el transcurso de una conferencia pronunciada en Berlín, en noviembre de 1932, Rafael dirá: “Este jugar con fuego, este burlarse de la muerte, esquivándola y provocándola a un mismo tiempo, este arriesgar el cuerpo bailando, esta fiesta española del gana y pierde, yo la he visto encarnada en el toreo”.

miércoles 8 de abril de 2009

MIKAELA - CHUFLILLAS DEL NIÑO DE LA PALMA

Mikaela, “con k de kilo”, como ella misma recalcaba en sus primeros tiempos, era el nombre artístico de Micaela Rodríguez Cuesta. Nació en el sevillano barrio de Triana en 1936, en la calle Castilla, en “Chapina”, cerca de donde vivían toreros como Belmonte o Gitanillo de Triana, y artistas de la canción como Gracia de Triana y, como demuestra su amplio repertorio de coplas taurinas, era muy aficionada a los toros.

Debutó en la compañía del Príncipe Gitano con el nombre artístico de Rocío del Carmen recorriendo toda Andalucía. Después de este periplo por tierras andaluzas dio el salto a Madrid, en donde actuó durante 32 semanas seguidas en el programa radiofónico “Cabalgata de fin de semana”, en donde alcanzo gran popularidad y cosechó sus primeros éxitos. Fue el presentador de este programa, Bobby Deglané, quién la bautizó con su nombre artístico definitivo: Mikaela. Por esa época también debutó en el teatro con el espectáculo musical: “El pleito del último cuplé”. Durante tres meses ininterrumpidos actuó, como primera figura, en el Teatro Goya de Madrid. A raíz de este éxito fue contratada para viajar a México, en donde permaneció seis semanas en el Teatro Afro. Y allí, en el país azteca, se le abrieron las puertas del cine. En 1960 fue contratada para una película sobre la vida del gran compositor Agustín Lara. En total fueron trece las películas en las que participó. Pero dejemos a un lado sus andanzas cinematográficas y centrémonos en su vertiente musical, y con más detenimiento en su repertorio taurino, que es el que nos interesa en este Blog.

A lo largo de su carrera grabó alrededor de trescientas canciones de los principales compositores de la copla española. En un disco grabado y editado en EEUU a comienzos de los años sesenta, con un exquisito acompañamiento instrumental a cargo de la Orquesta Montilla bajo la dirección del maestro Manuel García Matos, se incluyen varios cortes de ambiente taurino: Unas “Coplas a Paquiro”, de García Padilla y García Matos, dedicadas al legendario Francisco Montes; el pasodoble “¡Eh, toro!”, de Camilo Murillo y A. Segovia, que cuenta la historia de una ganadera; y “El ganadero”, pasodoble de Segovia y San Julián, que relata las peripecias del hijo de un ganadero que no quería ser torero, como su padre pretendía, y acaba muriendo en un tentadero en presencia de su arrepentido progenitor. En sucesivos trabajos siguió grabando canciones de tema taurino, como la copla dedicada a Manolete “Córdoba tuvo un torero”; el popular tema “La luna y el toro”, de Sarmiento y Castellanos, del que tantas versiones se han realizado; o el curioso “Tengo miedo torero”, original de Augusto Algueró padre, la música, y del austriaco afincado en España en los años cuarenta Arthur Kaps, la letra, y que en 1946 estrenara la gran cantante aragonesa Raquel Meller.

Pero merece la pena detenerse en dos producciones muy concretas que tienen relación con dos grandes poetas españoles olvidados por el régimen surgido de la guerra civil y que demuestran la valentía de esta cantante trianera en una época en que hablar de estos dos personajes era considerado delito. Según confesó la propia Mikaela en una entrevista en TVE en 1988, estos dos trabajos fueron los más interesantes de toda su carrera. El primero de ellos, grabado en 1966, eran las “Canciones populares españolas” recogidas por Federico García Lorca y grabadas en los primeros años treinta por Encarnación López La Argentinita y el propio Federico al piano, con la financiación del torero Ignacio Sánchez Mejías. En esta ocasión lo hace con los arreglos y la dirección de Rafael Ibarbia. El otro es al Lp publicado en 1970 bajo el título “Mikaela canta poesías de Rafael Alberti” y en donde se recoge la canción que es el objeto de esta entrada, las “Chufillas de El Niño de la Palma”.

En ese año el poeta gaditano aún se hallaba exiliado, desde el final de la guerra civil, en Roma. Hasta allí viajaron Mikaela y su representante para convencer a Rafael Alberti de que le autorizara la grabación de alguno de sus poemas. Entre la doce de poemas escogidos figuraban cuatro de temática taurina: “El toro azul de Picasso”, que abría el disco; “Joselito en su gloria”, que Alberti escribió a instancias del cuñado de José, Sánchez Mejías, cuando éste lo invitó a Sevilla y lo encerró en la habitación de un hotel hasta que el poeta terminó el trabajo requerido; “Verte y no verte”, una elegía dedicada al propio Ignacio al poco tiempo de morir en Madrid a causa de la cogida de Manzanares; y estas “Chuflillas de El Niño de la Palma” que nos ocupan. Estos y el resto de poemas incluidos en el citado Lp fueron musicados por el excelente compositor Antón García Abril y grabados con el soporte de una Orquesta Sinfónica que él mismo dirigió.

Mikaela era una mujer de gran personalidad, guapa, con unos grandes y profundos ojos negros, alta, mucho más que la media de las mujeres españolas de aquella época, y valiente. Estuvo en activo hasta finales de los años 80. La causa de su retiro se debió a que le fue diagnosticada una leucemia. Se sometió a un autotrasplante de médula ósea y hasta el final mantuvo un mano a mano con la muerte con la entereza, la valentía y la sonrisa que le caracterizaron durante toda su vida. Murió, con cincuenta y cinco años, en la mañana de Viernes Santo de 1991, en Madrid.

Chuflillas de “El Niño de la Palma”
(Rafael Alberti - Antón García Abril)

¡Qué revuelo!

¡Aire, que al toro torillo
lo pica el pájaro pillo
que no pone el pie en el suelo!

¡Qué alegría!
¡Qué revuelo!

Ángeles con cascabeles
arman la marimorena,
plumas nevando en la arena
rubí de los redondeles.
La Virgen de los Caireles
baja una palma del cielo.

¡Qué revuelo!
¡Qué alegría!
¡Qué salero!

Vengas o no en busca mía,
torillo mala persona,
dos cirios y una corona
tendrás en la enfermería.

¡Qué alegría!
¡Cógeme, torillo fiero!
¡Qué salero!

De la gloria, a tus pitones,
bajé, gorrión de oro,
a jugar contigo al toro,
no a pedirte explicaciones.
¡A ver si te las compones
y vuelves vivo al chiquero!

¡Qué alegría!
¡Cógeme, torillo fiero!
¡Qué salero!

Alas en las zapatillas,
céfiros en las hombreras,
canario de las barreras
vuelas con las banderillas.
Campanillas, campanillas
que nacen en las chorreras.

¡Qué alegría!
¡Cógeme, torillo fiero!
¡Qué salero!

Te digo y te lo repito,
para no comprometerte,
que tenga cuernos la muerte
a mí se me importa un pito.
Da, toro torillo, un grito
y ¡a la gloria en angarillas!

¡Qué salero!
¡Que te arrastran las mulillas!
¡Qué revuelo!
¡Cógeme, torillo fiero!




miércoles 1 de abril de 2009

¡VAYA CORRIDÓN!

- Hola don Pepe.
- Hola don José.
- ¡Qué! Como cada año, ha sacar el abono ¿no?
- Eso mismo. Y usted... Supongo que vendrá a lo mismo ¿no?
- Pues claro. ¡Que cosas tiene!
- Las cosas las tiene usted, don José. ¿Qué voy a hacer si no en esta fila?
- Era una forma de entablar conversación, don Pepe.
- ¡Pues eso! Entablada queda.
- ¿Y qué me dice usted del comienzo de la temporada? Apunta bien ¿No le parece?
- Sobre todo la corrida de toros. ¡Vaya corridón!
- Eso mismo digo yo. ¡Vaya corridón!
- Ya tengo ganas de que llegué el día de marras...
- Pues no vea las que tengo yo, don Pepe, es un comienzo de temporada importante.
- En eso, y sin que sirva de precedente, estamos de acuerdo, don José, un comienzo de categoría.
- Un cartel de lujo.
- En cuanto a los toros, porque los toreros dejan un poco que desear...
- ¿Cómo que los toreros, si precisamente ahí es donde radica la fuerza del cartel?
- ¿Pero es qué se ha vuelto usted regionalista, o qué?
- ¿Cómo qué regionalista? No le entiendo.
- Porque de Aragón son todos los que torean ese día, don José.
- Vamos a ver, don Pepe. ¿De qué me está hablando usted?
- Del pedazo de corrida de toros que se programa para el domingo 26 de abril, de la Concurso...
- Yo no le hablo de la Corrida Concurso, don Pepe. Me refiero a la del dia 25 de abril, día de San Marcos, el santo más taurino de los que existen en el santoral...
- Ya sabe que yo de santos entiendo poco, don José... Y ya me parecía extraño estar de acuerdo a las primeras de cambio.
- Pero no me puede negar que es un cartelón, uno de los buenos que se pueden programar esta temporada: Con el aliciente de la presencia del torero más mediático del momento, "Cayetano"; la del que causó sensación el pasado año y que por mor de no se qué desavenencias no compareció en la pasada Feria del Pilar, Miguel Ángel Perera; y la siempre agradable comparecencia de un torero como la copa de un pino, muy querido por los aficionados de Zaragoza, porque aquí tomó la alternativa, y más en esta temporada que anda de despedida, Luís Francisco Esplá.
- ¡Amén! Es que no estamos hablando de la misma corrida, don José. Usted me habla de ese montaje con los 'perritoros' de Algarra...
- ¿Cómo que perritoros? ¡Un respeto, don Pepe, qué todos los toros tienen su peligro!
- Unos más y otros menos, don José. Unos más y otros menos.
- Y para hacer el toreo artístico que a mi me gusta, como a muchos otros aficionados, se necesita el toro...
- Colaborador y convenientemente disminuido que se estila en las corridas de los figuras...
- ¡No se pase, don Pepe...! De lo que estoy seguro es que esos toros que se lidiaran en la Corrida Concurso del día siguiente podrán tener presencia pero no sirven para elaborar el toreo artístico que nos gusta a los que tenemos el paladar acostumbrado a saborear lo bueno.
- Pues le recuerdo que usted, don José, el pasado año bien que se emocionó y disfrutó como un enano en corrida semejante.
- Sí, pero no vaya usted comparar lo uno con lo otro. Me emocioné como se emociona uno contemplando una competición deportiva, pero arte, lo que se dice arte... Para eso se necesitan otros mimbres, don Pepe.
- Y seguro que esos mimbres los tienen los 'perritoros' mencionados ¿no? Pues ya lo veremos y compararemos lo visto uno y otro día después de ver ambos festejos.
- Así lo haremos, don Pepe, porque con las alimañas que suelen salir en ese tipo de corridas que a usted tanto le gustan poco se podrá hacer. Pero si tiene suerte "Cayetano", si rompe a bueno algún toro de su lote, no habrá duda, porque el chico de "Paquirri", cuando está inspirado, tiene el arte y el duende del abuelo y del bisabuelo materno juntos.
- Quisiera recordarle, don José, que tanto “El Niño de la Palma”, que era el bisabuelo; como el abuelo, el gran Antonio Ordóñez, con mucha más asiduidad y poderío, cada uno en su momento, lidiaron toros de estas o parecidas ganaderías sin hacer remilgos ni vetarlas cuando la ocasión lo requería. Vayan un par de ejemplos para ilustrar lo que le digo: El bisabuelo, cuando debutó en Zaragoza en 1925, lo hizo con toros de “Concha y Sierra”; el abuelo, después de tomar la alternativa con toros de Galache, en Madrid, en 1951, en las tres siguientes corridas que toreo, recién estrenado el doctorado, se enfrentó a dos corridas de Pablo Romero y una de Prieto de la Cal que, precisamente, ambas están anunciadas en la Concurso d este año. Y un detalle más, cuando Antonio Ordóñez se presentó en Zaragoza como matador de toros, en la Feria del Pilar de ese mismo año, lo hizo ante toros de Javier Moreno, el 14 de octubre, y de "Concha y Sierra", el 17. ¡Ahí es nada! Y con esos o parecidos toros, abuelo y bisabuelo, han escrito algunas de las páginas más sublimes del arte taurino del siglo XX. Lo mismo que el nieto que, como quién dice, está en esto desde hace dos días y está más verde que una lechuga, y ya anda imponiendo ganaderías y compañeros de cartel.
- Pero los tiempos han cambiado y las cosas no son como antes, don Pepe.
- Pues yo no quiero cambiar, don José. El arte grande se hace con toros importantes, y lo que se hace ahora con los toritos ‘a modo’ del momento, como mucho y siendo benévolo, no pasa de boceto.
- ¿Pero...?
- ¡Ni peros, ni peras...! Esa obra artística que busca sólo la puede encontrar en la Corrida Concurso de Ganaderías del día 26 si un toro embiste con clase y enfrente hay un torero con capacidad y que sepa estar a su altura. Que "Cayetano", como sus antepasados, se apunté a esta corrida y demuestre su capacidad lidiadora y artística. Si eso ocurre seguro que nos poníamos de acuerdo usted y yo.