"Cada torero debe ir a la plaza a decir su misterio." Rafael el Gallo.

sábado 6 de febrero de 2010

LOS AFICIONADOS DE ENTONCES

A estas alturas del invierno, donde los días se desperezan y se alargan descaradamente, es cuando suelo despertar de mi letargo y, junto a los recuerdos que el calor de los primeros rayos de sol avivan en mi memoria, surge la impaciencia por saber qué nuevos acontecimientos y emociones nos traerá el nuevo curso taurino. La temporada sigue todos los años las mismas pautas y los ritmos se repiten con machaconería. Cuando, por San Blas, el día alarga una hora y más, la cuenta atrás hacia un nuevo año taurino empieza para todos. Dando por zanjada la pasada temporada, se establecen las conversaciones con la mirada puesta en el futuro, pues se anuncian los carteles de las primeras ferias del año y entre los aficionados empieza el run-run… Aquí, en Zaragoza, todavía no se sabe nada de los festejos que piensan programar para este año y algunos aficionados se impacientan por ello, los oigo rumiar por mis alrededores sus razones y argumentos… También he oído comentar que este año dos viejos conocidos, Rodolfo Cruz Pando y José Manuel de la Cruz Velasco, abonados desde hace muchos años y aficionados a carta cabal, no volverán a venir más a los toros… pero no por falta de afición… Ha Rodolfo ya lo eché en falta durante la pasada Feria del Pilar… Del “Doctor”, que había fallado durante todo el primer ciclo, lo volví a ver durante la Feria, me alegré y pensaba que la cosa iba bien, pero… Os tendré presentes en mi memoria por vuestra fidelidad y demostrada afición. Ojala que vuestra ausencia se vea recompensada con una temporada como la que hubierais querido presenciar y por lo cual luchasteis, sería la mejor muestra de la salud de la Fiesta y de que vuestra partida se viese recompensada con la llegada de muchos otros más para comprobar y ser participes de la emoción de los festejos que se celebran en edificios como el que me alberga.

Pero como decía anteriormente, mi memoria se aviva con la luz del día que se alarga perezosamente y el calor de los primeros rayos solares que anuncian el final del invierno. Soy proclive en esta época a rememorar sucesos y acontecimientos que por unas u otras razones se grabaron en mi memoria con mayor fuerza y nitidez. Hoy, quizás influenciado por la calidad de los aficionados que me abandonan para siempre y preocupada por el futuro que nos espera -a la Fiesta y a mí- si no ocupan su sitio muchos otros aficionados con el mismo grado de compromiso y exigencia, me han venido a la memoria algunos acontecimientos que sucedieron hace más de 100 años y que nos muestra como eran, y como se tomaban las cosas, los aficionados de entonces.

Era en el año 1906, a finales de septiembre, o si lo queremos mirar de otra forma, pocos días antes de la tradicional Feria del Pilar, que se celebraba en honor de la Virgen que le da nombre, y Nicanor Villa “Villita”, que era el gestor de la plaza en aquellos momentos, todavía no había concretado los carteles de la Feria. La afición exigía la presencia de “Bombita” y “Machaquito”, los máximos figuras del momento, pero por unas u otras causas, la empresa no contaba con ellos, en su lugar contrató a “Quinito” y “Cocherito de Bilbao”. Lo del “Bomba” era lógico porque, a causa de haber recibido una grave cornada en el pecho recientemente en la plaza de Madrid, declinó su compromiso, en el que iba a cobrar nada menos que 5.000 reales. “Machaquito” debió de tener su tira y afloja con la empresa y también declinó su presencia. La afición se calmó algo cuando se anunció a “Pepete” como sustituto del de Tomares, pero sufrió un percance en la plaza de Lisboa, y aunque mandó un telegrama confirmando su presencia cuatro días antes de su compromiso, al final tampoco estuvo presente. “Mazantinito” es otro de los diestro que se caen del cartel por un percance de consideración sufrido en la plaza de Madrid. Entre la afición reina la incertidumbre. Por fin se anuncian los carteles que quedaron compuestos de la siguiente forma: Día 13, ante toros de Carriquiri, Fuentes y “Cocherito de Bilbao”; día 14, toros del Marqués de Guadalest (antes de Cámara) para “Quinito” y Fuentes; y el día 15, para cerrar la Feria, toros de Miura para “Quinito”, Fuentes y “Pepete”. Las aguas se van calmando, llegan los toros a los corrales con la antelación necesaria y todo discurre en orden. La primera corrida, la de Carriquiri, se desarrolló en la más absoluta normalidad, e incluso la empresa regaló un toro que se encargo de lidiar “Calerito”.

Pero las cosas se iban a torcer al día siguiente… ¡¡¡Y de que manera!!!. El día se presentó nublado y amenazando lluvia. Si a eso unimos que por la mañana no había mucha demandas de entradas y la corrida también amenazaba pedregada en las taquillas, el empresario, ni corto ni perezoso, tiró por la calle del medio y se dirigió hasta la sede del Gobierno Civil para proponerle al Gobernador la suspensión de la corrida. Así fue acordado en el despacho del Usía. Pero en esos momentos, en el exterior hacía un sol radiante, cosa que ellos, encerrados como estaban en un despacho, no podían ver. Mientras esto sucedía en el Gobierno Civil, las puertas de mis dependencias, siguiendo la costumbre y los horarios habituales, ya se habían abierto y numerosos aficionados estaban acomodados en tendidos y graderías esperando el comienzo de la corrida. No vean ustedes, queridos lectores, la reacción del Presidente del festejo, y Teniente de Alcalde del consistorio municipal, Sr. Vilella, cuando se enteró de la noticia. ¡Como podía ser que se tomase una decisión como esa sin consultarle a él! Salió disparado de la plaza a entrevistarse con el Sr. Llamas, que era el Gobernador y quién había tomado aquella decisión. Se cuenta que tuvieron más que palabras en la sede gubernamental.

Mientras los dos políticos dirimían sus razones encerrados en el despacho del Gobernador, el público, los damnificados de semejante decisión, se había ido agrupando en la plaza de la Constitución hasta tomarla por completo y proferían gritos ensordecedores pidiendo que se celebrase la corrida. La situación empezó a ponerse preocupante y, ante la insistente presión de los aficionados, el Gobernador aceptó recibir una comisión de los espectadores para aclarar las cosas. Acabada la reunión con la inevitable suspensión del festejo, se dispuso, a petición de los delegados de los aficionados, que se procediera a la devolución del importe de las entradas desde ese mismo momento, a lo que accedió la autoridad haciendo público un aviso y disponiendo que empezase el trámite de devolución de las entradas inmediatamente en las taquillas de la plaza,. Pensando que tras esa disposición ya se abrían calmado los ánimos de los aficionados que se habían desplazado hasta allí, el presidente de la corrida, Sr. Vilella, decidió lavase las manos, abandonar el Gobierno Civil y dejarle la tostada al Gobernador. No se le ocurrió otra cosa que hacerlo por la puerta principal y cuando salia encaminándose hacia su carruaje, los que allí estaban, desconocedores en su mayoría de lo acordado, la emprendieron contra el Teniente de Alcalde que tuvo que volver a refugiarse a toda prisa en el Gobierno Civil. En esos momentos una sección de la Guardia Civil a caballo hacía su aparición en las puertas de la Diputación.

La confusión aumentaba en el despacho de Llamas. A eso de las tres menos cuarto alguien le sugirió al Gobernador que revocara la orden de suspensión y ordenara la celebración de la corrida. Más confusión. Se mando buscar, y acudieron, a empresario y gerente de la plaza, Crespo y “Villita” respectivamente. Se mandó buscar a “Quinito”,  pero ha "Quinito” no lo encontraron ni debajo de las piedras… Se dio la orden de buscar a Fuentes, del que se rumoreaba que estaba aquejado de un golpe y se ponía en entredicho su participación en la corrida… Mientras tanto los aficionados reunidos en la plaza de la Constitución ponían rumbo de nuevo hacia la plaza continuando su protesta. Pero a su llegada se encontraron con una desagradable sorpresa. Una fuerte dotación de la Guardia Civil con cara de pocos amigos, custodiaba las taquillas en previsión de cualquier alboroto. Los sables desenfundados brillaban radiantes en sus manos con ademán amenazador… De esta forma, ante mis muros custodiados por las fuerzas del orden, se calmaron por fin los ánimos de los aficionados… Se había decidido aplazar la corrida para el próximo día. Llegó la mañana siguiente y la Empresa había colgado un aviso en las taquillas que decía: “La corrida del Marqués de Guadalest (antes de Cámara) suspendida ayer por causa del mal tiempo, se celebrará hoy a las tres de la tarde, con los mismos espadas “Quinito” y Fuentes. Los que no estén conformes, pueden devolver las entradas en casa de Rivera, de nueve a doce de hoy. Zaragoza 15 de octubre 1906. La empresa.” La corrida se celebro con normalidad y Fuentes cortó una oreja. La Feria, a causa de este asunto, se cerró un día más tarde de lo previsto, el 16 de octubre con la corrida de Miura.

En esta época, un siglo después, una reacción de los aficionados como esta es impensable que pueda darse, para empezar porque cada día, y por desgracia, son menos. Vienen muchos que solo les interesa dejarse ver. Las cosas han cambiado desde entonces e imperan otros modos de comportamiento, pero aquellos que se manifestaron ante el Gobierno Civil en aquél lejano 1906, disconformes con la suspensión de la corrida de manera arbitraria o por razones oscuras, lo hacían por defender una Fiesta de la que eran clientes asiduos... aficionados... cosa que para mi -como plaza de toros que soy- es indispensable para seguir existiendo. Ya no se montan esa broncas monumentales de entonces, ni las de hace no muchos años, broncas que rebasaba mi recinto y se oían desde la plaza del Portillo y la Estación. Será cosa de la educación moderna y de las normas de urbanidad actuales. Aunque, como escucho de los que además de los toros son aficionados al deporte rey actual, el fútbol, cuando las cosas ruedan mal para el equipo -y en Zaragoza no es que vayamos muy bien esta temporada- los aficionados se manifiestan en los estadios pidiendo cabezas, o se reúnen en los alrededores de los campos en actitud agresiva contra jugadores, entrenadores y directivos. Y, al igual que los guardias civiles que me acordonaron en aquel 14 de octubre para evitar una trifulca, las actuales fuerzas del orden tienen que proteger, escoltar y cuidar de la integridad de los equipos. O sea… que las cosas no han cambiado tanto. Lo que si a cambiado, y eso me pone muy triste, es la afluencia de público a mis asientos, quitando los tres o cuatro días grandes de las Fiestas mis tendidos se quedan a medio llenar o semivacíos. Será cosa de los tiempos. Con más de doscientos años de historia, emociones y hazañas en mi ruedo… quizás ya no me quede tanto de vida… Bueno, bueno… Miremos hacia delante… Comienza una nueva temporada... Que sea como la que soñaban esos viejos conocidos y buenos aficionados, José Manuel y Rodolfo, que ya nunca volverán a su localidad y a los que tanto echaré en falta.

martes 26 de enero de 2010

ANTOÑITA PEÑUELA - TARDE DE TOROS

Antoñita Peñuela nació tarde para la copla y murió demasiado pronto. Tan sólo contaba 28 años cuando un desgraciado accidente de coche acabó con su vida pero, a pesar de ello, dejó grabadas un puñado de canciones que dan muestra de su talla y proyección como cantante de la canción española. Entre ellas un par de ambiente taurino, que es de lo que se ocupa este blog, pues aunque en su familia no había antecedentes en el mundillo del toro, era aficionada y se casó con un novillero valenciano con el cual tuvo un hijo que contaba poco más de un año cuando falleció y una hija que había nacido 14 días antes del fatal accidente. Por este motivo no es muy extensa su biografía, ni demasiado conocida entre las intérpretes de la copla, por lo que es de justicia dedicarle esta entrada contando lo que sé de su vida y su trayectoria artística.

Antonia Peñuela Castañeda nació, en Lorca, el 19 de abril de 1947. Su padre, Antonio, era carnicero de profesión y se le conocía popularmente como “El Mataor” y a su madre, Emilia, a la que llamaban “La Castañeda”. En la ciudad murciana, a la que habían emigrado sus padres en busca de trabajo, vivió hasta los 3 años. En 1950 volvieron al pueblo jienense de donde procedía su familia, Torreperogil, en donde pasó su niñez y adolescencia. En el ambiente del pueblo, heredando el mote de su padre, se la conocía como “La mataora” y desde muy joven, y aunque en su familia no había antecedentes musicales, se aficionó al cante. Conocida esta afición y sus buenas cualidades para ello, la clientela de la carnicería de su familia, si Antoñita andaba por la tienda, le pedían que les cantase algo y ella, ni corta ni perezosa, salía del mostrador y los complacía cantando alguna que otra canción. Como si de un espontáneo que se lanza al ruedo para torear se tratara, la primera vez que actuó en público fue colándose en el tablao en el que actuaba en el pueblo “Juanito Maravillas”. Un año después, durante una actuación de la “Niña de Antequera” en el cercano pueblo de Sabiote, volvió a repetir la misma operación y dejó sorprendidos a los presentes. Cuando contaba 18 años, allá por el año 1965, la familia volvió a emigrar y esta vez fueron a instalarse en Torrente, provincia de Valencia.

A partir de ese momento comienza su carrera artística. En 1966 se presentó en el programa “Tertulia de Artistas” que se emitía en Radio Popular y ganó el primer premio. Paco Vila, que dirigía el programa, apostó por ella y se convirtió en su manager pagándole la nada despreciable cifra, para aquellos tiempos, de 500 pesetas por actuación, y eso sin tener carné de artista que era obligatorio entonces para poder actuar en público de manera profesional. Al año siguiente ya era conocida por los pueblos de Valencia y entró en el estudio para grabar su primer disco. Mientras estuvo con Paco Vila grabó este y otro más para la casa “Sesión”. Con el que sería su manager para el resto de su carrera, Emilio Lamany, firmó con una discográfica más importante y establecida a nivel nacional, la casa “Belter” y, hasta que la muerte se cruzó en su camino, grabó seis.

Antoñita era una cantante muy completa y dominaba todos los estilos de la copla y el flamenco: pasodobles, rumbas, fandangos, tanguillos, alegrías, tientos, saetas… Su éxito más grande fue “La espalibá”, un tanguillo de J. Girbés en donde se presentaba como una mujer moderna, de su tiempo, ye-yé y que tenía que interpretar en todas sus actuaciones. Otra canción emblemática de su repertorio era “El ganadero”, un pasodoble de Segovia y Sanjulián que cuenta la historia del hijo de un ganadero que, por falta de valor, no quería seguir los consejos de su padre para convertirse en torero hasta que un día se decide a serlo y en una corrida muere de una cornada llenando al padre de remordimiento. En su repertorio, junto a canciones más personales y compuestas para ella figuraban otras del repertorio clásico coplero y las interpretaba con su sello personal. Sus guitarrista habituales eran Juan Andujar y Paco Arias, aunque a veces también fue acompañada por la guitarrista Palmira.

Compartió escenario con los grandes artistas de su género del momento como: Antonio Molina, Angelillo, Antonio Machín, “Marifé de Triana”, “El Príncipe Gitano”, Rafael Conde “El Titi”, Manolo Escobar, Paco Reyes “Paquiro”… Con “La Chunga” hizo una gira por diversos países del extranjero. Pero a pesar de sus obligaciones artísticas y su creciente fama no olvidaba sus orígenes y cada año volvía por Semana Santa a cantar una saeta al titular de la cofradía de Jesús del Nazareno desde el balcón del Ayuntamiento de Torrente, pues en el año 1966 había solicitado permiso al alcalde para ello y, desde entonces, se había convertido en una tradición que cada año repetía.

El 26 de mayo de 1973 contrajo matrimonio con el novillero Manuel Ladrón de Guevara Dávila, cumpliéndose de esta forma, una vez más, la unión entre una coplera y un torero. En ese acto Antoñita vestía de negro por acudir a la ceremonia embarazada y fue el padrino de su boda su representante Emilio Lamany. De ese matrimonio nacería, en Lorca, su primer hijo, Víctor Manuel, y en Valencia, el 8 de mayo de 1975, Eva María. De la actividad taurina de su marido pocas noticias hay. Según el diccionario “Tauromaquia” de Espasa, tuvo pocos contratos como novillero y poco nombre entre los aficionados pero, por sorpresa, decidió tomar la alternativa en la plaza de Valencia. Eso ocurrió el 27 de abril de 1987 en el coso de la calle de Játiva en una corrida en la que intervinieron seis espadas. Ejerció de padrino Julián García y de testigo Sebastián Rodríguez, completaban el cartel Manuel Sales, José Hernández “El Melenas” y Curro Valencia. El toro de la alternativa pertenecía al hierro de doña Concha Navarro y respondía al nombre de “Granjero”. Hasta 1991, fecha de edición de la fuente consultada, solo se vistió de luces una vez más, en 1989, y todavía no había confirmado la alternativa en Madrid.

Pero cuando la vida y la carrera artística de Antoñita empezaba a dar sus frutos llegó el desgraciado accidente que truncó su vida y su carrera. El 22 de mayo, cuando regresaba de Madrid acompañada de su marido en un “Renault 8”, sufrió un terrible accidente que le ocasionó la muerte a los pocos días, el 5 de junio de 1975, cuando acababa de cumplir 28 años de edad.Su representante acababa de cerrar un contrato para ella de seis meses, por el que cobraría 15.000 pesetas diarias, para actuar como artista principal en el “Teatro Portátil”. Dejaba un niño de 16 meses y una niña con 14 días. La misa corpore insepulto tuvo lugar en la misma parroquia en la que se había casado dos años antes. Fue enterrada en el cementerio de Torrente el 8 de junio de 1975.

El tema que enlazo a continuación como homenaje a esta malograda cantante de copla es un pasodoble titulado “Tarde de Toros”, original de A. Cintas y F. Lapardi, grabado para la casa "Belter" en el año 1974. Lo que más me ha llamado la atención al escuchar su letra es que refleja en sus estrofas, en corto y por derecho, lo fundamental del arte del toreo, tan sólo hay que leer su letra y, por supuesto, escucharla en la voz de Antoñita Peñuela, para entenderlo.

Tarde de toros 
A. Cintas - F. Lapardi

Se anuncia una corría en los carteles,
un hombre solamente va a torear,
huele en las esquinas como laureles,
al nombre del torero van de verdad.

Los que saben de toros no quieren perderse
una tarde segura que no han de olvidar,
pues torea quien sabe parar y crecerse
y pisar el terreno, templar y mandar

ESTRIBILLO:
Tarde de toros en cualquier plaza de España,
tarde de toros y clamores en el alma.
Donde vaya ese torero ha de verse algún detalle
de maestro de verdad,
no es lo mismo ser el genio
que tener cosas geniales
sin saber de lo que va.
Tarde de toros en cualquier plaza de España,
tarde de toros y clamores en el alma

Vestio va el torero, tabaco y oro,
y aumenta la belleza de que es rubí,
y frena la embestida que tiene el toro,
abriendo su capote na más salir.

Siete lances lo doblan clavao en la arena
con el pecho adelante y abierto el compás,
y después su muleta peinando la arena
se levanta y recibe entrando a matar.

(ESTRIBILLO)

       

sábado 23 de enero de 2010

HA MUERTO JOSÉ MANUEL DE LA CRUZ, AFICIONADO A LOS TOROS

Un gran aficionado a la fiesta de los toros y estudioso de todo lo relacionado con ella, José Manuel de la Cruz Velasco, falleció en el día de ayer. Sin duda, por toda la labor que realizaba relacionada con el mundo de los toros, es una gran pérdida para la afición de Zaragoza. Asiduo del tendido 2 de la plaza de “La Misericordia” zaragozana, desde donde tomaba notas en una pequeña libreta de todo lo que sucedía en la plaza, tanto en el ruedo como en sus aledaños, y que luego reflejaba en sus completos informes de la temporada zaragozana.

Pero su compromiso de aficionado con la Fiesta no se no se limitaba a su labor de prolijo notario de cuantos festejos que se celebraban en la plaza de “La Misericordia” a lo largo de todo el año. También era el organizador de la “Tertulia Martincho”, reunión de aficionados que, una vez al mes, se reunía en el “Ateneo de Zaragoza”; miembro y portavoz, durante el último año, de la “Plataforma de Aficionados de Zaragoza”; miembro de la “Unión de Abonados de Zaragoza” desde su fundación; colaborador habitual e imprescindible de las tertulias que, en los últimos años, tanto después del reconocimiento mañanero, como al finalizar los festejos, se realizaban en los alrededores de la plaza; representante de la afición en los reconocimientos del ganado antes de su enchiqueramiento y colaborador habitual del fanzine “El Aficionado”.

Conocí a José Manuel, el “doctor”, como familiarmente le llamábamos, en las tertulias que por entonces se realizaban todos los viernes en el “Museo Taurino” de Enrique Asín. De esto hará ya más de 15 años. Era una fuente inagotable de conocimientos en todo lo relacionado con la Fiesta de los Toros. A partir de ese momento era de obligado cumplimiento, antes y después de los festejos, hablar con él. Pero la gran aportación de este buen aficionado a la historia de nuestra plaza son los minuciosos informes que realizaba cada temporada y que abarcan desde el año 2000 hasta el 2008 -puesto que este año, aquejado de la enfermedad que ha terminado con él, no ha podido realizarlos- y que merecerían ser publicados por parte de la Diputación Provincial de Zaragoza, institución propietaria de la plaza de “La Misericordia”, porque son la memoria de nuestra plaza durante este periodo de tiempo. Esto, sin duda, sería el mejor homenaje que se le de podría hacer. Para los que estén interesados en conocerlos, informar que pueden ser descargados, en formato PDF, desde la página web de “La Cabaña Brava”.

Desde este Blog, a modo de modesto homenaje y en su memoria, quiero traer el primer artículo suyo que fue publicado en el nº 4 del fanzine “El Aficionado”, en junio de 1997, y que da una idea de su manera de ver la Fiesta que tanto amó y a la que dedicó todo el tiempo que le dejaba libre su profesión.

Público, espectador, aficionado
José Manuel de la Cruz Velasco

"La presencia de las personas que concurren a una plaza de toros es tan fundamental que nada sería posible sin ellas. Por un lado crean un ambiente indispensable y apropiado para la celebración del festejo, y por otro, muy importante, lo sufragan adquiriendo y pagando las localidades.

La totalidad de personas que acuden a este lugar se pueden dividir en tres grupos, bien definidos desde el punto de vista de los conocimientos que poseen del festejo: público, espectador y aficionado.

Público.- Integrado por el conjunto de personas que asisten a un determinado lugar, en este caso a la fiesta de los toros. Se incluye a todo aquel que asiste a un espectáculo taurino, a una plaza de toros. Grupo variado, heterogéneo, dispar, que acude a la plaza de toros en una determinada fecha, día del patrón o de la patrona de su ciudad o pueblo. Representado por los habitantes de ese lugar y forasteros, gente llana toda ella, con escasos conocimientos, en general, de lo que van a presenciar. También se incluyen a esas personas “snobs” que por imperativo político, social, comercial u otros intereses se ven en la “obligación” de acudir a la plaza de toros.

El público, suele ser benevolente, bullicioso, sin criterio. Acude por inercia, por costumbre, junto con los “obligados por sus circunstancias”, no importándole lo que sale por chiqueros, le da igual, “apechuga” con todo, observa lo que ocurre en el ruedo con especial “dulzura”, siente predilección por aquellos toreros de “cuello muy largo”, de sonrisa permanente, gestudos, que ponen banderillas, se colocan de hinojos, que prodigan los adornos, es decir; de los que practican un toreo muy superficial que causa una histeria colectiva llevando a la petición de trofeos sin “oste ni moste”. Con gran frecuencia, el paso de estas personas por una plaza de toros es efímero, de año en año, cuando es la feria lugareña. La única huella que les deja aquello que han presenciado, si es que les deja alguna, son los “trofeos” cortados. Público que tendría que ser respetado y hacerse respetar, pero, por desgracia, es “víctima” de su propio “jolgorio”. Es el preferido de algunos “profesionales taurinos”.

Espectador.- Persona que asiste a un espectáculo, a una diversión o función celebrada en un lugar, en este caso a una plaza de toros, donde se congrega para presenciar la Fiesta, causándole deleite, asombro, etc.; es decir, un impacto a favor o en contra. En el caso de la fiesta de los toros es un grado más de público, generalmente asiste a los toros por el poder de la atracción que estos le han causado en funciones anteriores. Suele tener algún conocimiento, aunque no profundo de la Fiesta, distingue la forma de actuación de los toreros, es más exigente con el ganado, con los diestros y a la hora de sancionar la labor de estos. Los espectadores pueden acudir de vez en cuando, ser asiduos e incluso los hay que se abonan a una temporada o a una parte de ella, profundizando en las facetas que definen la Tauromaquia. Algunos espectadores pueden pasar a la condición de aficionados.

Aficionado.- Es el entusiasta de la fiesta de los toros, que conoce, comprende, valora y profundiza la técnica de la lidia, o que la practica, así como la riqueza cultural, histórica, científica, sociológica y demás facetas a que da lugar la fiesta de los toros. Es responsabilidad del aficionado consciente proteger la pureza, tradición, acerbo cultural e histórico de esta Fiesta tan singular, tan única. El aficionado, en la actualidad, intenta abrirse camino entre una maraña de apariencias e intereses contrapuestos, expone o intenta exponer sus ideas, sus experiencias que luego la “realidad”, el “mundillo”, se encarga tenaz e inexplicablemente de desbaratar, convirtiéndolo o intentando convertirlo en un ser ciego, mudo y sordo. De forma general sabe, en mayor o menor grado, los “secretos” que conoce el “profesional” del toreo. Error de estos “profesionales” es el despreciarlo, orillarlo, no dándose cuenta que el aficionado mantiene encendido el fuego de la Fiesta y que es el mejor propagandista de la misma, a través de sus comentarios allá donde se encuentre.

No todos los aficionados están cortados por el mismo patrón a la hora de enjuiciar un espectáculo taurino:


- Algunos son estudiosos, objetivos, ven la Fiesta con un interés casi científico, van a la plaza sin tomar partido, ni por el toro ni por el torero, reparten sus gustos entre los dos, les gusta el toreo, la conjunción, el acoplamiento que emana del encuentro entre el toro y el torero, se pueden llamar toreístas.

- Otros tienen sus pasiones a flor de piel, algo consustancial con la Fiesta, orientando su comportamiento de distinta manera:
Tomando partido por el toro, serían los toristas.
Tomando partido por el torero, todo lo que hace el torero está bien hecho, serían los toreristas.

- Otro grupo quiere una Fiesta perfecta, quieren un toro-toro, (huyo de un término tan subjetivo como es el trapío), armónico en su morfología, íntegro, con poder, sin debilidades ni otras “circunstancias”, con comportamiento de bravo, aspecto de la conducta expresada por una fiereza contrarrestada por la nobleza. Desean el cumplimiento del reglamento y un torero que vaya siempre de “frente”, sin una sola concesión al ventajismo, seria el aficionado exigente, lo cual no significa intransigente.

- Grupo mas radical es aquel que busca siempre el fraude, el que persigue y denuncia las “trampas”, el que aplica la máxima de “todo es estafa”, es el grupo de los acusadores permanentes. Si bien hay que estar alerta, sobre todo en los tiempos actuales, no es menos cierto que hay que manifestarse, actuar cuando se debe, no cuando se quiere por capricho; es de sentido común el manifestarse a tiempo y con argumentos.

Considero que el aficionado debe participar de las ideas de cada grupo y así manifestarse con pasión, rigor y criterio ante una Fiesta caracterizada de siempre por la autenticidad, el riesgo, el valor y la emoción."

miércoles 20 de enero de 2010

"BASTONITO", LA CRUZ DE "BALTASAR IBÁN"

Sin duda alguna “Bastonito” fue un gran toro. Digno ejemplar que engrandece el nombre de su especie por su comportamiento en el ruedo. Para eso se crían los toros de lidia, para que peleen en el ruedo hasta su muerte creciéndose al castigo y vendiendo cara su derrota. Esa es su razón de ser. Este ejemplar de la ganadería de “Baltasar Ibán”, lidiado en Madrid en la Feria de San Isidro de 1994, cumplió con creces su cometido derrochando casta y llevando la emoción a los tendidos y, como tal, recibió la recompensa del reconocimiento del respetable en una vuelta al ruedo apoteósica con la totalidad del público, que abarrotaba ese día la plaza de “Las Ventas”, puesto en pie y ovacionando unánimemente su arrastre. Tal fue la impresión que causó en la totalidad de los espectadores que, todavía hoy, más de quince años después, los aficionados que lo presenciaron siguen recordándolo con emoción, y los que no lo vieron en su día - a pesar de la frialdad del vídeo y del tiempo transcurrido- se emocionan ahora con su contemplación.

Lógicamente, como ocurre en todas las disciplinas y campos del espectáculo y las artes, el éxito cosechado por este toro, el buen sabor de boca que dejó en aficionados y espectadores en general, debiera de haber colmado de satisfacción a los propietarios de la ganadería y situado a la misma en lo más alto de la cotización ganadera. Pero, y aunque parezca un disparate, no ocurrió así. Al finalizar el festejo, la representante de la ganadería declaró que en la suya nunca volvería a salir un toro como ese. Y así fue. Era consciente de que un toro como "Bastonito" situaba a su ganadería en la lista negra de los toreros y que, a partir de ese momento, los mandamases del escalafón iban a poner todo tipo de trabas para lidiar sus toros, como así fue, aún ha pesar del cuidado de la propietaria para eliminar las reatas que pudieran ser conflictivas y declararlo públicamente. A partir de ese momento la ganadería de “Baltasar Ibán” empezó una cuesta abajo de la que, a día de hoy, todavía no se ha recuperado.

Estas cosas sólo ocurren en este particular mundo de los toros. Si los ganaderos, guiados tan sólo por la óptica del negocio, se someten a las exigencias de los toreros, en vez de mantener su propia personalidad y demostrarlo en la selección de su ganado, mal vamos, y eso, por desgracia, viene ocurriendo desde hace demasiados años en este extraño planeta de los toros que parece girar al revés que todos los demás. De nada vale que los toros sean del agrado de los consumidores de los espectáculos taurinos y cumplan con la obligación de llevar la emoción a las plazas, como hizo este gran toro, si todos los que mandan en este negocio, y los que publicitan y justifican sus intereses, imponen sus criterios tendentes a la comodidad y lo fácil. La grandeza de esta fiesta de los toros esta precisamente en lo contrario, porque los que han visto, y se han emocionado, con peleas como la que tuvo lugar entre “Bastonito” y César Rincón ese día en la plaza de “Las Ventas”, nunca lo olvidaran y si, además, se produce el arte del toreo, pues… ni te digo.

Últimamente se habla mucho de crisis de la fiesta, de la escasa asistencia del público -salvo contadas excepciones en determinadas ferias y días festivos- a los toros. O de las amenazas que se ciernen por parte de los que son contrarios a la fiesta y pretenden su abolición, que siempre han existido. No nos engañemos, la auténtica enfermad está en su propio interior, en los que viven y se benefician de ella y pretenden darnos gato por liebre, falsear la auténtica grandeza que encierra en sí misma y que no está muy alejada del espectáculo que tuvo lugar ese ya lejano 7 de junio de 1994 en la plaza de Madrid. Si en vez de potenciar lo bueno nos dedicamos a erradicarlo y sustituirlo por una pantomima sin ninguna emotividad, estamos tirando piedras contra nuestro propio tejado, porque la fuerza de la fiesta de los toros está, precisamente, en lo que se pretende sustituir por una pantomima repetitiva y absurda. Si un gran toro como “Bastonito” significa la decadencia de su ganadería, apañados vamos, y esto no es un hecho aislado, es práctica común a los largo de los últimos años en todas las ganaderías en las que, de vez en cuando, sale un toro encastado, salvo honrosas y cada vez menos excepciones.

martes 1 de diciembre de 2009

NOVILLADAS

El número de novilladas ha descendido en los dos últimos años de forma drástica, tanto es así que el número de festejos acumulados este año por quién ha encabezado el escalafón novilleril no ha pasado de las cuarenta tardes, y el que lo hizo el año pasado no pasó de las cincuenta novilladas, muy poco comparándolo con los números de este tipo de festejos hace no muchos años. Se puede aducir que hay que tener en cuenta la crisis económica y como ha afectado a la Fiesta y, sobre todo, a los festejos menores; se puede argumentar que lo que han desaparecido, fundamentalmente, han sido los montajes de ponedores y que eso no es malo; se puede apuntar que no hay novilleros que interesen como en otras épocas; se puede decir lo que se quiera, pero lo cierto es que el número de novilladas ha caído en picado y esa caída puede conducir a la Fiesta de los Toros a su mayor y más profunda crisis.

Pero no es algo que se ha producido de pronto en estos dos últimos años. Es una tendencia que viene de lejos y que se ha visto agravada por la actitud de todos los estamentos de los taurinos, incluidos los medios de comunicación que se ocupan de los toros, con respecto a este tipo de festejos menores. Podría extenderme en los porqués de esta situación y como se ha llegado hasta la crítica situación actual, y quizás en otro momento lo haga, pero prefiero dedicar estas reflexiones a las consecuencias negativas que puede acarrear esta situación al futuro de la Fiesta. Al contrario de lo que sucede en todas las profesiones artísticas, deportivas o culturales, en los toros son muchos más los que están arriba, en el escalafón de matadores, y muy pocos los que están abajo, en la base de la pirámide. Tomando el ejemplo del fútbol, el espectáculo de masas más seguido en esta época en donde, para que vayan surgiendo futuros fenómenos que tomen el relevo de las actuales figuras, hay que mantener una amplísima red de equipos de base en donde aprender el oficio, desarrollar la personalidad y ganar la experiencia necesaria para, en su momento, cuajar como uno de los elegidos y seguir alimentado las plantillas de los mejores equipos. La del fútbol es una pirámide normal, con una base muy amplia y una élite muy selecta; la de los toros, en cambio, es una pirámide invertida en donde el peso de los que están arriba, que son muchos y en su inmensa mayoría vulgares, puede aplastar el futuro.

No nos falta razón a los aficionados cuando decimos que el protagonista principal de la Fiesta es el toro: el toro íntegro, con edad, trapío y poder. Pero cuando este toro sale al ruedo, el torero de turno, normalmente, no está a la altura de las circunstancia. ¡Cuantas tardes hemos visto repetirse esta historia! Por desconocimiento de los fundamentos de la lidia, por la falta de experiencia, por que se sale del guión de lo aprendido en la escuela, o por lo que sea… cuando sale un toro que pide el carné de torero, casi ninguno de los que pueblan el escalafón de maestros lo puede presentar. El toro se va sin torear y los aficionados y espectadores, una vez más, perdemos la oportunidad de contemplar en toda su dimensión la emoción del toreo. Los toreros de hoy en día llegan al escalafón de matadores crudos y, si no tienen padrinos, antecedentes o repercusión social, los pocos que lo consiguen, tienen que cuajarse en toreros y aprender el oficio a sangre y fuego. Este es un déficit que arrastra la Fiesta desde hace tiempo y sería preciso subsanarlo con el consentimiento y la colaboración de todos los estamentos que se benefician de ella, es algo que ellos mismos deberían contemplar, pero por lo visto no es así. Como siempre, el mundo de los toros gira al revés que el resto de los mundos… y así nos va.

Lo lógico seria que los que accedieran a la élite lo hicieran con la lección bien aprendida, la experiencia de muchos festejos toreados y como consecuencia de una selección estricta y rigurosa. Las corridas de toros deberían salir de la vulgaridad actual en base al conocimiento de las técnicas de la lidia y la calidad artística de los toreros y eso solo se consigue si hay mucho material para seleccionar. En la actualidad sobran corridas de toros y faltan novilladas, de la misma forma que sobran matadores y faltan novilleros. Es preciso que los novilleros se forjen toreando novilladas, ante la realidad que significa verse en un ruedo encerrado con un animal al que debes dominar y matar con solvencia. Lo aprendido en las Escuelas Taurinas debe ponerse en practica delante de toro y allí, en ese preciso momento, solventar los problemas y sacarle el máximo partido, y eso no se aprende con teoría sino con practica. Solo toreando muchos festejos pueden los aspirantes desarrollar su personalidad en base a los conocimientos adquiridos y conocer el cambiante comportamiento de las reses durante la lidia. Solo enfrentándose, in situ, a los diferentes encastes de la cabaña brava se puede conocer sus características y la técnica adecuada para hacerles frente. Solo toreando se puede adquirir la experiencia necesaria para poder circular con solvencia por el escalafón de los elegidos, y cuando salga un toro con poder, plantarle cara y, como mínimo, estar a su altura.

Y lo mismo que ocurre con los novilleros pasa con las ganaderías. Muchos de los toros que se lidian como tales no deberían pasar de novillos. Igual que la vulgaridad invade el escalafón de matadores, los ganaderos ofrecen una mercancía vulgar que poca emoción puede brindar al espectador. De la misma forma que los toreros deberían pasar por un estricto control de calidad, las ganaderías deberían ganarse su derecho a lidiar corridas de toros según los méritos conseguidos en novilladas. Esto mismo debería servir a los ganaderos para ser más exigentes con su ganadería y extremar los criterios de selección. ¿Qué mejor tienta para un ganadero que las novilladas? Es la mejor forma de afinar su ganadería y saber lo que se lleva entre manos, viendo el resultado de sus astados en una lidia de verdad y con tiempo para corregir o acentuar lo malo o lo bueno.

Lo lógico sería poner las cosas en su sitio, que de una vez por todas el planeta de los toros girara en el mismo sentido que todos los planetas y hacer las cosas con cabeza, lo primera, darle la vuelta a la pirámide y colocarla en su posición normal. En este cometido tendrían que comprometerse todos los estamentos que viven de la Fiesta de los Toros, desde la administración que legisla y reglamenta, pasando por los empresarios a los que habría que exigir visión de futuro, continuando por los ganaderos que deben criar el toro de lidia encastado y con poder, siguiendo por los toreros que deberian llegar a la élite con los fundamentos de la lidia bien aprendidos en base a la experiencia que da torear y, como no, los periodistas y medios de comunicación taurinos que deberían velar, como en otros campos deportivos y artísticos, por la verdad, la pureza y la difusión de la Fiesta auténtica y en todas sus esferas. Si esto fuera así, sin duda, habría muchas más novilladas que corridas de toros, pero estas -el espectáculo rey para los aficionados y espectadores- serían de mucha más calidad y, lo que es más importante, ante la Fiesta de los Toros se abriría un horizonte de esperanza.

martes 17 de noviembre de 2009

LA HEMEROTECA DE "ABC" EN LA RED

Un buen ejercicio para los aficionados internautas amantes de las crónicas antiguas, y más de cara al inviernos que se avecina, sea bucear por la "Hemeroteca de ABC" que ya está disponible en la web del periódico. Para los aficionados a los toros puede ser de interés leer -en su medio y con su propia tipografía- las crónicas taurinas de los más prestigiosos crónistas que se han ocupado de los toros en este periodico desde su aparición el primer día del año 1903. Pura historia del toreo. Más de un siglo de crónicas e información de primera mano, y en su momento, por parte de grandes periodistas entre los que destacan Gregorio Corrochano y Antonio Díaz-Cañabate. Para buscar, entretenerse y aprender.

sábado 31 de octubre de 2009

¡¡¡VIVA LAS VEGAS!!!

Sí, han acertado ustedes. El título de este artículo es el mismo que el de aquel rock&roll que popularizó, hace unos 50 años, el gran Elvis Presley, “Viva Las Vegas”. Este mismo título era el de una película protagonizada por el “rey del rock&roll”, en el año1963, una de las más exitosas de su carrera, y de cuya banda sonora forma parte este tema dedicado a la capital del estado de Nevada, la que es considerada capital del juego, de los matrimonios rápidos y de los súper espectáculos musicales. A mi, este ritmo que venía de Norteamérica y que supondría un cambio absoluto en los gustos musicales del mundo occidental, me cogió en la flor de la juventud y, abierto como he sido siempre con todo tipo de aportaciones e innovaciones que enriquecieran mi bagaje cultural, lo acogí con entusiasmo y, por momentos, con demasiada dedicación. En particular este tema, con su estribillo repetitivo y pegadizo -un compañero de universidad había conseguido el disco por medio de un oficial de la base militar de Zaragoza que era vecino suyo- sonaba sin parar en el tocadiscos de su casa cuando, en ausencia de sus padres, organizábamos algún guateque… Han pasado tantos años y tantas cosas desde entonces… Pero hoy, deambulando por uno de los numerosos Blog que se ocupan en Internet de la fiesta de los toros, me he dado de bruces con unos vídeos de corridas de toros grabados en esa ciudad norteamericana y me han devuelto a la memoria ese viejo rock&roll y una época muy lejana de mi vida a él asociada. Pero no piensen los lectores de este espacio dedicado al mundo de los toros -y que tan gentilmente ponen a mi disposición don José y don Pepe-, que voy a seguir por estos derroteros musicales a lo largo de todo el artículo pues, como no podría ser de otra forma, después de este comienzo traído por la coincidencia entre el nombre de "Las Vegas" y aquel legendario rock&roll que hablaba de ella, quiero escribir de toros.

Centrémonos, pues, en el tema y en pocas palabras, como acostumbro en mis exposiciones, dejar claras las bases y razones en las que se asienta mi tesis. En el Blog “VideoNoticiasTaurinas de LcbTV”, he podido visionar dos pequeños reportajes de las “corridas sin sangre” celebradas en Las Vegas, los pasados 24 y 25 de octubre, con la participación de destacados toreros españoles, lo que supone un buen espaldarazo para este tipo de festejos incruentos que han empezado a realizarse en tierras norteamericanas. Quedó demostrado que la fiesta tiene la misma emoción y el mismo peligro, e incluso más, pues no olvidemos que los toros no se pican y las banderillas son un simple simulacro que no causa herida alguna, de esa forma los animales conservan mayor energía a lo largo de toda la lidia y, como todo toro de lidia que se precie, tiene peligro. Esto se puede comprobar viendo los serios revolcones que toreros tan avezados como Juan José Padilla y Javier Conde sufrieron en sus intervenciones. Pero lo más importante es que algo que se veía, desde los sectores más integristas y conservadores de los aficionados, como un disparate, se ha convertido en una realidad: Se puede ejercer el arte del toreo sin necesidad de hacer sangre a los toros. Para los aficionados anclados en el pasado quizás sea una aberración, pero para los nuevos espectadores del siglo XXI, mucho más sensibles ante el maltrato de los animales y la visión de la sangre, que parten de cero y no saben de cánones ni de reglas eternas, puede ser el comienzo de una nueva y duradera afición.

A lo largo de la historia del toreo muchas han sido las veces que se ha pronosticado, por parte de los aficionados de la época anterior, que de no cambiar las cosas la fiesta estaba abocada a su desaparición, y hasta se apostaba y se hacían cálculos sobre los años que le quedan de vida. Pero las predicciones siempre han fallado y la fiesta siempre ha resurgido. Y esto sucede porque hay un factor que no valoran los aficionados viejos y que es fundamental en el constante resurgir de la fiesta de los toros. Ese factor es la permanente renovación del público que asiste a los espectáculos taurinos. El tiempo pasa y no perdona y, conforme vamos haciéndonos viejos, defendemos como clásica la tauromaquia que nos ha tocado vivir en nuestro tiempo que, nunca sabremos, si ha sido mejor o peor que la de épocas anteriores porque no lo hemos visto. La iniciativa de “corridas sin sangre” que se ha puesto en marcha en “Las Vegas”, por mucho que les duela a los aficionados más intransigentes de ahora, es una apuesta de futuro adaptada a la sensibilidad social del siglo XXI. Dentro de cincuenta años, o ha comienzos del siglo XXII, los conservadores más intransigentes quizás sean los que se aficionaron a este modelo de fiesta incruenta y, como ahora ocurre con los aficionados actuales, la defiendan contra lo que consideren nuevos peligros que pueden acabar con ella y que vienen de la mano de las generaciones de aficionados nuevas. Es ley de vida, el público pasa y con él también se van los gustos, las costumbres, las normas y los cánones. Siempre ocurre lo mismo, antes de que la fiesta se muera desaparecen todos los aficionados que habían pronosticado su muerte.

Pero dejémonos de generalidades y centrémonos un poco más en las diferencias y los detalles de lo acontecido en “Las Vegas” con respecto a una corrida normal española. La mayor diferencia es la desaparición de la suerte de picar. No hay caballo ni picador. Si nos fijamos en lo que sucede en casi todas las corridas que se celebran en España, en donde la mayoría de las veces tan sólo se simula la suerte ante la manifiesta invalidez y falta de fuerza del toro tras las primeras carreras por el ruedo, es muy poca la diferencia. Una suerte violenta que no es del agrado de la mayoría del público que asiste a los toros en la actualidad y que, además, ya no cumple la función que tenía encomendada porque los toros no lo necesitan y encima encarece el espectáculo, es un sin sentido y lo mejor que se puede hacer es suprimirla. Las banderillas, que es una suerte vistosa y que gusta al público, no tienen porque clavarse en la anatomía del animal, lo bonito de la suerte es cuadrar en la cara del toro y poner un par de palos en un sitio determinado. El velcro es la solución, no se nota mucho en el lomo y permite una mayor precisión, con lo que la suerte, a la larga, puede salir ganando. La suerte de matar, que antiguamente era la razón de ser de este espectáculo, ha perdido todo su protagonismo y su importancia en la actualidad. A las nuevas generaciones de aficionados les da igual donde caiga el estoque con tal de que el toro muera rápidamente y, a ser posible, de forma espectacular. Antes era requisito imprescindible para la concesión de un trofeo y ahora es una rutina no muy agradable y que, además, puede dar al traste con los méritos artísticos de la faena de muleta. Se puede simular con una banderilla e incluso, siendo algo más exigentes, puntuar por la ejecución de la suerte y la puntería en dejar los más cerca de la diana el estoque simulado. Por lo tanto, y siendo realistas, la estocada también se puede eliminar del ritual taurino. Quitadas o modificadas estas tres cosas, que cada vez tienen menos importancia en las corridas españolas actuales, la fiesta sale igual o incluso mejor parada, pues toda la atención se puede poner en lo auténticamente importante y artístico de la tauromaquia actual: la faena de muleta.

Como verán ustedes, no son tantas las diferencias. Es lógico que los amantes de esta fiesta observemos con reticencias cambios que afectan al ritual de un espectáculo que tan bien conocemos, pero en vez de cerrarnos en la defensa numantina de formas decimonónicas, mantengamos los ojos abiertos y examinemos con amplitud de miras los cambios y nuevas formas que empiezan a abrirse paso, quizás a nosotros nos parezcan exageradas, pero a los aficionados que nos sustituyan en las plazas de toros en el futuro quizás no les parezcan tanto. La fiesta, para seguir viva, tiene que modernizarse y ponerse a la altura de las circunstancias de cada época y, quizás, con estos festejos de “Las Vegas” estamos asistiendo al principio de un cambio que sirva para que la fiesta de los toros se mantenga en candelero un par de siglos más. Yo, valorando lo poco visto en los reportajes que he comentado, y que sugiero a don Pepe y don José que adjunten con esta entrada para conocimiento de todos sus lectores, considero la iniciativa acertada y, aunque debe cuidarse al máximo su presentación, y más teniendo lugar en el centro mundial del espectáculo, como es la ciudad de “Las Vegas”, y dada la relativa buena acogida por parte de un público novato, creo que puede tener futuro. Un futuro que los que ya somos viejos, atrapados por los recuerdos del pasado, quizás no podemos vislumbrar.

Antes de acabar, dejar constancia de los nombres de los pioneros que, aún a riesgo de jugarse su prestigio entre los aficionados españoles de esta época, han participado en esta valiente incursión hacia la fiesta del siglo XXI: José Ortega Cano, Juan José Padilla, Javier Conde, Antonio Barrera, “El Niño de la Capea” y el mexicano Federico Pizarro. Es interesante escuchar en el vídeo a un artista tan veterano y bregado como el cartagenero rectificar su opinión contraria al evento después de haber participado en él. El siguiente paso anunciado en este novedoso ciclo taurino de “Las Vegas”, y que sin duda redundará en su consolidación, es la presencia de una de las más grandes figuras, si no la que más, de la torería actual, el valenciano Enrique Ponce que esta anunciado para las dos próximas corridas que tendrán lugar los días 20 y 21 de noviembre, en la primera acompañado por los mexicanos Federico Pizarro y Alejandro Amaya, y en la segunda por el portugués “Pedrito de Portugal” y el colombiano Luís Bolivar. Y ya en la recta final, agradecer a mi amigo don José y a su compadre don Pepe, el espacio que me brindan para poder exponer mis razones. Sé que muchas de mis ideas chocan frontalmente con las de don Pepe, aunque don José, de mente más abierta, hace un esfuerzo para comprenderme, por eso es doble mi agradecimiento, aunque también estoy convencido que con mis aportaciones este blog se hace más completo. Y por último, volver sobre esa canción que ocupó un espacio en mi vida -y en la de muchos de mis contemporáneos- y me abrió las puertas del entendimiento hacia un nuevo estilo musical que venía de Estados Unidos y que, con el tiempo, ha llegado ha ser el más importante cambio musical del siglo, esa canción que habla de la misma ciudad que puede, actualmente, ser el origen de un nuevo recorrido de la fiesta de los toros hacia el futuro, hacia el siglo XXII… así que: ¡¡¡Viva Las Vegas!!!

Leandro Gado. Científico jubilado y futurólogo taurino.





Nota de don Pepe: Quede claro que las opiniones vertidas en este artículo nada tienen que ver con mi opinión sobre este asunto. Don Leandro Gado, amigo de don José, y al que no tengo el gusto de conocer porque vive a caballo entre Alemania y Las Canarias, como ha dejado escrito en otros artículos en este Blog, tiene unas ideas muy raritas sobre los toros. Ahí quedan expuestas.

miércoles 21 de octubre de 2009

REBAJAR EL TORO Y EL RIGOR PRESIDENCIAL

Este es el planteamiento que defendía Romito, entre las 2 y las 3 de la madrugada del pasado lunes, en la tertulia radiofónica del programa taurino El Albero que dirige, en la cadena COPE, Rafael Cabrera. Era tema del debate, en ese momento, el balance de la recién terminada Feria del Pilar 2009, y el tertuliano zaragozano estaba convencido, y defendía con ardor y reiteración, que lo que necesitaba la plaza de Zaragoza era ponerse a la altura de otras de primera, como las de Málaga o Valencia, tanto en el toro más terciado que debe lidiarse, como en la actitud más benevolente de los presidentes en la concesión de orejas. Según su opinión, la plaza de Zaragoza no es una plaza torista, como pretenden unos cuantos “iluminados” -palabra utilizada textualmente por el tertuliano- de esta ciudad que así lo pretenden. El sitio de Zaragoza, según Romito, no es el de plaza de primerísima, como las de Madrid, Bilbao o Pamplona, sino en un escalón más bajo, el de las más complacientes en cuanto a la presencia del toro y el rigor presidencial, como la malagueña o la valenciana.

La opinión vertida por José Luís Gran Romito -a quién he aplaudido muchas tardes en La Misericordia cuando actuaba como subalterno y que, desde que empezó por las capeas por los pueblos, y hasta su retirada, ha ejercido en casi todos los campos del negocio taurino- es representativa de la que mantienen buena parte del colectivo de “taurinos” zaragozanos. No es de ahora, ni surge a raíz del fracaso de esta Feria. Ni de cuando, en los últimos años, se programaron corridas de mayor seriedad, sus quejas fueron entonces mucho mayores ya que, para este colectivo, esa sobredosis de “torismo” tenía la culpa de todo lo malo que ocurría en nuestra plaza pues, por la exigencia del ganado, hacía que se retrajesen de acudir las “figuras”, perdiendo atractivo e interés los carteles para los espectadores, esos que van a los toros para ver a los toreros y ha divertirse. Aunque la opinión defendida por Romito es representativa del colectivo del que forma parte, los profesionales en activo o retirados que, lógicamente, apuestan por una dulcificación de la fiesta -“humanización” lo llaman- y con lo que, también lógicamente, nunca han coincidido con los aficionados.

Pero dejando de lado este último punto que entra en el terreno de lo profesional y que ahora no viene al caso, quiero centrarme en la propuesta sobre el modelo de feria que defienden los taurinos zaragozanos. Pocas cosas pero muy claritas. En primer lugar, rebajar el trapío del toro, excesivo para Zaragoza, y asimilarlo al de otras plazas menos exigentes, como las ya mencionadas de Málaga o Valencia. En segundo, y mucho más preocupante, poner en consonancia el nivel de la autoridad, rebajando el listón, tanto en cuanto al ganado, como en la concesión de trofeos, para complacer, por un lado a los “figuras” con sus toritos de pitiminí, y por otro a los espectadores que van a la plaza a divertirse y todo lo valoran según el número de trofeos otorgados por el presidente. Esta es la fórmula que, puesta en boca de Romito, defiende el colectivo de taurinos zaragozanos y con la que pretenden que se solucione los problemas y sea la panacea que vuelva a llenar de público los tendidos de La Misericordia. En términos futbolísticos -tan presente en el lenguaje coloquial actual como hace cien años el lenguaje taurino-, en vez de estar en primera división y defender la categoría con uñas y dientes, es preferible bajar a segunda pues, aunque el espectáculo sea de menor calidad, nos lo pasaremos mucho mejor. Yo, por supuesto, y posiblemente muchos más aficionados de Zaragoza no estarán de acuerdo con esta teoría porque, como queda demostrado cuando se baja a segunda división, no sólo baja la calidad, sino también, y mucho, la afluencia de público.

Defender esta teoría después del fracaso que ha significado la feria de este año en la que, precisamente, ha habido muchos más toros con trapío para “figura” que en las de años anteriores es, cuando menos, desafortunado. Incluso el propio director del programa, Rafael Cabrera, interviene en la tertulia aseverando que el nivel del toro había bajado este año en Zaragoza. El problema para que las “figuras” no vengan a la Feria del Pilar es otro que tiene que ver, mucho más, con la forma en que se gestiona actualmente el negocio taurino. Con el sistema actual que, no lo olvidemos, ya lleva muchos años de vigencia, la última feria importante del año no tiene importancia para nadie y, por lo tanto, no merece la pena hacer un esfuerzo para la poca resonancia que tiene. Cuando lleguen las primeras ferias del próximo año nadie se acordará de lo ocurrido en el ya lejano octubre zaragozano, y aunque alguien se acuerde, da lo mismo, porque los carteles de todo el año ya se habrán confeccionado según los intereses de los que controlan el negocio durante el invierno. Para que lo que suceda en nuestra plaza tenga importancia deben buscarse otros alicientes y los que vengan a torear, sean quién sean, que lo hagan con todas las de la ley, no ha justificarse -muchos, ni eso- y llevárselo calentito. ¿Qué alicientes buscar para revitalizar una plaza como La Misericordia? Yo no lo sé, pero entre los profesionales que se dedican al negocio taurino y los políticos que gestionan la plaza, después de analizar los pros y los contras, deberían buscar una alternativa atractiva y el compromiso de ponerla en practica, aún a riesgo de chocar con algunos intereses establecidos. El modelo actual, como ha quedado demostrado en esta feria, no ha funcionado, es más, nos ha hecho perder categoría.

Aunque el tema que ha generado mayor polémica ha sido la racanería de los presidentes en la concesión de trofeos. Por mantener una postura de seriedad en el palco, en cuanto a la concesión de trofeos, han sido atacados a diestro y siniestro, y de muy mala forma, por periodistas locales y nacionales, de la radio y de la televisión. La cota más alta de la polémica se alcanzó el día de Manzanares, al denegar la segunda oreja al torero alicantino, por considerar, como el mismo diestro reconoció después, que había caído baja la estocada. La polémica se agravó por el hecho de que a El Fandi, esa misma tarde, se le había concedido una oreja, con la espada más baja todavía, en un toro anterior que, comparada con la de Manzanares, era una baratija. Es cierto, el peso de una y otra, según los méritos y lo visto, es muy distinto. La oreja de Manzanares es justa y no consiguió la segunda por caer baja la espada, y la de El Fandi, quizás fuera excesiva. Pero es que las orejas son la vara de medir en el sistema taurino actual, y por su mayor o menor recolección se valora el éxito o el fracaso de un evento. La televisión, para vender, necesita orejas. Los portales taurinos, para ser visitados, necesitan orejas. Los periódicos, para ser leídos, necesitan orejas. Los empresarios, para corroborar el éxito de la feria, necesitan orejas. Cualquier cosa se premia con una oreja… Por más triste que parezca, la oreja se ha convertido en el componente fundamental de la actual fiesta de los toros. ¿Por qué no mantener, entonces, el rigor en el cumplimiento del reglamento para dar verdadero valor a lo que se hace? ¿Por qué pedir, entonces, que se rebajen las exigencias sino es para colaborar con los que mendigan, cada uno en su campo, el apéndice auricular del toro para ir manteniendo sus respectivos negocios? No creo que por este camino encontremos ninguna solución. Además contamos con los resultados de todas las ferias que se han basado en el mismo patrón que la de Zaragoza, en todas se ha repetido el mismo fracaso. Si además contamos con la dificultad añadida de que somos la última feria taurina del año… o buscamos otra cosa… o lo tenemos fatal.

La única solución para Zaragoza, que es como una isla solitaria al final de la temporada, es buscar nuevos alicientes, algo distinto y novedoso con respecto al modelo taurino imperante, algo que ilusione tanto a los aficionados, como a los profesionales, algo que incite la competencia entre los toreros y resulten atractivos para los espectadores. (En el mundo del deporte, por ejemplo en el tenis, se organiza al final del año un torneo donde se ven las caras -y se juegan un importante premio en metálico- los mejores de la temporada.) Pero todo lo que se haga que sea desde el respeto a la Fiesta auténtica y que, como ocurre en el tenis, se cumpla el reglamento a rajatabla. Yo no se cual será la solución, ni la dirección que debe tomar la plaza de toros de Zaragoza en el futuro para salir de la vulgaridad, pero creo que por el camino que apuntaba Romito, en la tertulia del programa El Albero, de la cadena COPE, la madrugada del pasado lunes, no vamos en buena dirección… Más bien pienso que si seguimos por esa senda, antes que tarde, nos encontraremos una autopista hacia Las Vegas.

sábado 17 de octubre de 2009

¿POR QUÉ SIGO ACUDIENDO A LOS TOROS?

Esta es una pregunta que se me pasa por la cabeza muchas veces. Es una pregunta que tiene que ver con la con la propia coherencia personal y que exige explicaciones sobre la arbitrariedad que supone acudir a un espectáculo que nada, o muy poco, tiene que ver con la idea que tengo de él. La Fiesta a la que me aficioné leyendo y viendo las fotos de las revista taurinas de mi abuelo, o escuchando de su boca las historias y proezas de Bombita o Machaquito; la Fiesta que empecé a comprender con mi padre y sus amigos en remotas novilladas y becerradas nocturnas; la Fiesta que me emocionó y levantó pasiones enfrentadas con otros aficionados por toros o toreros; esa Fiesta que motivo mi afición ya no se parece en nada a la de ahora. Es más, es casi su antítesis. Pero a pesar de esta palpable realidad sigo acudiendo a los toros. ¿Por qué?

Quizás sea por causa de la feria tan horrorosa que estamos padeciendo este año. Cuando ya estamos al final de la misma, a falta solamente de la corrida de Miura, ya podemos decir claramente que ha sido un mayúsculo tostón. Pero ya habrá momento de entrar sobre ello con más detenimiento, porque aún influyendo, y mucho, esta desastrosa feria en la necesidad de encontrar una respuesta, la pregunta se remonta a otros momentos, a otras situaciones, a otras actitudes y a una percepción global de las nuevas formas que pretender consolidarse en todo el tinglado mercantil que se asienta en la Fiesta misma y en sus alrededores. Tienen que existir otros motivos que me hagan mantener un hilo de ilusión, una remota esperanza, una lejana posibilidad de volver a sentir por mi cuerpo la maravillosa emoción del toreo que alguna vez, y en distintas circunstancias, he sentido.

Ya prácticamente no creo en la regeneración de la Fiesta hacia lo que yo entiendo como Fiesta. Lo considero una batalla prácticamente perdida porque de este simulacro que ahora nos proponen no se puede ir hacia ninguna regeneración. La consecución de los objetivos de los taurinos del momento pasan por borrar la imagen del pasado, la memoria histórica de la Fiesta y velar por mantener sus valores eternos. Es preciso enterrar el pasado para poder construir un nuevo presente a la medida de esta época, porque ahora, ni el toro, ni los toreros son como deberían de ser. Si hace 20 años había un buen puñado de ganaderías que conservaban una identidad propia, y un número considerable de toreros que estaban formados en el toreo clásico y trataban de ser fieles a esa concepción, ahora no quedan ni lo uno ni lo otro. Acaso un par de ganaderías y otros tantos toreros que, por lo general, nunca suelen coincidir en los carteles. Para que la cosa cambiase radicalmente tendría que haber un cataclismo y volver a empezar casi desde cero. Algo quimérico o, cuando menos, a largísimo plazo.

Pocas razones van quedando para justificar la presencia en un espectáculo tan alejado y distinto del que me aficioné. Tan solo pequeñas pinceladas que, en determinados y escasos momentos, recuerdan y traen a la memoria viejos recuerdos, o te hacen sentir la emoción perdida, o la belleza de un lance: un toro… un torero… una tanda… una vara… Demasiado poco para seguir alimentando una afición como esta y, a pesar de las reiteradas desilusiones una tarde tras otra, sigo acudiendo a la plaza con una chispa de ilusión que se agarra desesperadamente a una última posibilidad, a un nuevo milagro. ¿Qué tendrá esta maldita afición que todavía me lleva a las corridas de toros?

La última razón que me queda para justificar este sin sentido de asistir a un espectáculo tan diferente del que a mi me gusta, aunque de otra índole que las anteriores, y que quizás sea la que más influya en mi decisión de seguir acudiendo a la plaza, sean las personas con las que comparto afición. Porque las personas que asistimos a los toros somos la razón de ser fundamental de esta Fiesta, no en balde somos para quién se organiza y los que pagamos por ello. A pesar de la ínfima calidad del espectáculo actual, acudir a la plaza significa encontrarte con los amigos con los que compartes afición, pasar la tarde, charlar un rato, hacer unas risas y si, por casualidad, en un momento determinado ocurre algo en el ruedo, cosa más rara y difícil cada día, hacer un mismo ejercicio de comprensión, analizar desde la subjetividad de cada uno lo visto, coincidir o discrepar... y poco más. Porque según y como esta hoy en día esta Fiesta, casi nada se puede esperar. Aunque no sea una respuesta convincente, porque con lo amigos puedes estar en la plaza o fuera de ella, es la que más peso tiene.

Aunque siempre puede darse el caso extraordinario. El milagro cada vez más difícil de producirse. A veces un retazo, una imagen en la retina... De las corridas de la Feria de este año que yo he presenciado me quedo, hasta el momento, con dos series ligadas, templadas y profundas Manzanares, aunque el toro era del tipo comercial al uso y dejaba bastante que desear. Pero el fenómeno más importante de la temporada, quizás porque hacía mucho que no se veía una cosa así, fue la faena de Luís Francisco Esplá, en Madrid, al toro “Beato” de Victoriano del Río. Me alegro, y siento envidia, de los que lo presenciaron en directo. Yo, desde la frialdad de la tele, sentí una emoción que hace mucho que no siento en ninguna plaza. La medida de lo excepcional del triunfo fue la novedad de lo clásico, del toreo eterno, y la comprobación del triunfo arrollador estuvo en que, en una plaza tan dispar con “Las Ventas”, todos los espectadores, aficionados y legos, se pusieron de acuerdo y, todos a la vez, se volvieron locos. Aunque sea remota la esperanza, y como última razón, aún queda la chispa de la Fiesta que a mí me gusta en acontecimientos como éste y en pequeños detalles aislados que pueden surgir cualquier tarde en cualquier corrida.

En estas pocas razones se afirma todavía mi afición. Quizás no sean muy convincentes y la pregunta que titula este artículo se me presente cada vez con más frecuencia e insistencia entre mis pensamientos, quizás mi ya débil esperanza adelgace todavía más con la cruda realidad de la Fiesta actual, quizás sea una forma de cerrar los ojos y justificar lo injustificable pero, de momento, estas débiles razones siguen conduciendome a las plazas de toros.

sábado 10 de octubre de 2009

VERGONZOSO

Vergonzoso ha sido el ganado de “La Campana” que ha deambulado por el Coso de “La Misericordia” en la primera corrida de ¿toros? de la Feria del Pilar 2009. Anovillados y con la edad en el límite de lo permitido (casi todos los lidiados en la novillada que abría feria tenían más cuajo, mucho más poder y una edad similar, pues tan solo existía una diferencia de un par de meses entre los novillos de ayer y los toros de hoy); inválidos hasta el punto de querer embestir y no poder mover el escaso esqueleto que lucían, a pesar de que a cuatro de los titulares no les han hecho sangre los picadores, como vulgarmente se dice, ni para una análisis, cosa de la que hablaremos más adelante; y bobalicones en las pocas arrancadas que han tenido, y más si tenemos en cuenta que a ninguno se le ha obligado en la lidia por parte de los matadores de turno, pues esa es otra de las características de esta nueva tauromaquia del toreo hacia fuera y por alto que, según algunos críticos del momento, es el nuevo clasicismo. De los toros poco más se puede decir, acaso que tal era su invalidez y falta de fuerzas que no han “servido” -abonimable palabra del taurinismo andante- ni para realizar el nuevo toreo de acompañamiento que pretenden imponernos como norma clásica en este principio del siglo XXI. Tan sólo decir que, cuando ya la paciencia del público estaba a punto de terminarse, y uno de los febles toros ha rodado por los suelos después de tropezarse con el caballo -el 5º- y el presidente, del que hablaremos más adelante, ha considerado oportuno su devolución, ha salido como sobrero un TORO (lo pongo con mayúsculas para diferenciarlo de los otros) de Abilio Hernández y… lo han matado en el caballo.

Vergonzoso es el papel que juegan los picadores en esta nueva tauromaquia, porque hoy en Zaragoza hemos podido comprobar la inutilidad y la utilidad de los picadores en las corridas modernas. Inutilidad en cuatro de los cinco del hierro titular pues, como apuntábamos anteriormente, no han sido picados. Han entrado al caballo pero no han sido castigados, incluso ha habido dos -y eso que tenían capas claras en donde resalta más la sangre- que no les han atravesado ni la piel y han sangrado más con las banderillas que con la pica. Lo normal ha sido un ligero picotazo en el primer encuentro levantando rápidamente la puya y dejando al toro romanear en el peto del caballo, y un segundo inexistente, simulando la suerte pero sin apretar nada. Para esto más valdría eliminar definitivamente la suerte de picar, se ahorraría tiempo y dinero. Los toros salen tan débiles e inválidos de los chiqueros que esta suerte es algo superfluo y sin sentido. Pero también hablábamos al comienzo de este párrafo de utilidad, y eso ha quedado demostrado en el sobrero que se ha corrido como 5º bis. Un toro con cara de toro y cinco años y medio que no ha querido ni ver su matador, Matías Tejela, que ha consentido que su picador lo dejara para el arrastre en una primera vara demoledora, barrenando e interminable, en la paletilla izquierda. Por si fuera poco, en la segunda, con el toro ya renqueante, ha vuelto a machacar en el mismo lugar. El toro, que ha empujado con fijeza y metiendola cara, ha quedado para el arrastre. Por si eso fuera poco, el torero -pues en este caso el matador ha sido el picador- ha obligado al animal por bajo y lo ha tirado unas cuantas veces antes de finiquitarlo del todo. Este es el triste y doble cometido de la suerte de varas en la actualidad: fingirla cuando el toro no puede, o aplicarla en toda su brutalidad cuando el toro tiene poder. Pero no debemos olvidar que los picadores son unos simples empleados a las ordenes de sus matadores y, por tanto, la responsabilidad del vergonzoso trabajo que desempeñan debe recaer sobre ellos... pues para ellos trabajan.

Vergonzoso es también, -y mucho, pues su obligación es evitar el fraude y garantizar la autenticidad del espectáculo- el papel que han jugado en el día de hoy el presidente, Sr. Bentué, y los veterinarios antes y durante toda corrida. Para empezar porque al menos cuatro toros de los que han saltado al ruedo de “La Misericordia” nunca debieron haberlo hecho. Es más, cuando he llegado a la plaza me han comentado aficionados -acreditados con la autorización que posibilita el reglamento aragonés- que han estado presentes en el reconocimiento de la mañana, que cuatro de los toros presentados han sido rechazados y luego, por esas cosas de los taurinos y bajo responsabilidad del presidente, repescados. Pero es que luego, en el ruedo, al menos tres debieron de ser devueltos pues, aunque de cabezas pudieron pasar, quedó demostrado que eran totalmente inválidos y, aún sin picar y sin obligarles los matadores a lo largo del simulacro de lidia, se pararon por falta de fuerzas para mover su escuálido esqueleto a las primeras de cambio, quedándose la faena en un aburrido e interminable “quiero y no puedo”. Si la vergonzosa actitud que han demostrado hoy los veterinarios y, fundamentalmente, el presidente sigue a lo largo de toda la feria... apañados vamos.

martes 6 de octubre de 2009

LA JOTICA

"Antes de que empiece el ajetreo de la Feria de este año, para lo que ya no falta nada, quiero traer a colación un suceso musical que se repite sistemáticamente en cada festejo que se da en mis dependencias desde hace más de un siglo. Es la “Jota de los toros”, a la que yo, como muchos de los asiduos a mis localidades, llamamos familiarmente “la jotica”. La interpretación de esta pieza suele acompañarse con la participación de los espectadores haciendo sonar sus palmas rítmicamente. Pero como todas las tradiciones, tiene un principio y un desarrollo hasta llegar ha adquirir la categoría de tradición y, por lo tanto, ¿quién mejor que yo para contarlo y ponerlo en conocimiento de los que tengan interés en saberlo? Pues vayamos al grano.

La historia se remonta a una lejana tarde de la Feria del Pilar de 1881, concretamente la del 13 de octubre, en la que alternaban en mi ruedo los dos más grandes toreros de aquella época: “Lagartijo” y “Frascuelo”. Era la primera corrida del ciclo, pues en aquello años, y durante muchos más, las corridas de toros empezaban al día siguiente de la fiesta de la patrona, nuestra Virgen del Pilar, que se celebra el 12 de octubre. La corrida discurría de forma monótona y sin interés. A la muerte del 5º toro, quizás aburridos con el espectáculo, una pareja de baturros -se comentó en los tendidos que de las Cinco Villas- se pusieron a bailar una jota en la meseta de toriles. El maestro Frago, que en aquél día dirigía una Banda que amenizaba el festejo, siguió la ocurrencia y ordenó a sus músicos arrancarse con una jota. A partir de ese momento, lo que comenzó como una simple anécdota se fue convirtiendo en costumbre y de ahí hasta nuestros días. Para que quede constancia, el suceso está conmemorado, en una plaza de cerámica de Muel, en las paredes del patio de mayorales de mis dependencias.

Pero para que esa costumbre se convirtiese en tradición hay que detenerse en otro hito de mi historia, que tuvo lugar, justamente, un cuarto de siglo después. Fue en 1906 cuando la dirección de la "Banda de la Diputación" pasó al maestro Ramón Borobia Cetina. Este destacado músico zaragozano, que estuvo al frente de la Banda de la corporación provincial durante cuarenta años, hasta 1946, fue el que le dio cuerpo y consistencia a “la jotica” al hacer el arreglo para banda que se viene interpretando desde entonces a la salida del 6º toro de cada festejo. El motivo tradicional es una jota del repertorio popular de la música aragonesa, que normalmente se interpreta con instrumentos de cuerda. Con el arreglo del maestro Borobia, este pequeño motivo popular, encontró su razón de ser y se convirtió en una pieza imprescindible para todos los músicos que amenizan los festejos taurinos en mis dependencias.

Antes de continuar con la historia de esta pieza, sería oportuno dedicar unas palabras a este insigne músico y compositor zaragozano que tanto tiempo estuvo deambulando por mis pasillos y palcos. A lo largo de este tiempo fui recogiendo algunos datos de su vida, bien por sus propias palabras, como por las de sus compañeros, amigos y ciudadanos que lo tenían en gran estima. Ramón Borobia Cetina había nacido en Zaragoza el 15 de febrero de 1875. A los ocho años entró en el Colegio de los Infanticos del Pilar, lugar que durante muchos años, y hasta no hace tantos, fue el auténtico conservatorio de música de la ciudad para las familias que no podían sufragar estudios musicales a sus hijos. Curso sus primeros estudios de solfeo con Félix Blasco, piano y órgano con Valentín Faura, y armonía y composición con Antonio Lozano. Se le puede considerar discípulo de éste y de Tomás Bretón, con quien amplió estudios. A los dieciocho años obtuvo el numero uno en las oposiciones de director de la Banda de Música de Logroño. En 1900 fue nombrado director del “Orfeón Zaragozano”, y en la etapa que estuvo ostentando ese cargo, hasta 1912, consiguió la estabilización y el éxito de esta formación coral. En los "Juegos Florales" celebrados en 1900 en Zaragoza, fue premiada su obra “Colección de cantos y tonadas populares de Aragón”. Asimismo, en los "Juegos Florales" de Calatayud de 1901, obtuvo un accésit por su Estudio crítico de las causas que han impedido e impiden la creación de la ópera española. En 1902 es nombrado organista del templo del Pilar. En 1906 consigue la plaza de director de la “Banda de Música” y profesor de solfeo y canto en el “Hospicio de la Diputación Provincial de Zaragoza”, popularmente conocido, en honor a su fundador, como “Hogar Pignatelli”, que fue la persona -don Ramón Pignatelli- que también ordenó mi construcción allá por los finales del siglo XIX, no en vano a mi también se me conoce, entre otros, con su nombre, “Coso de Pignatelli”. Sin duda este prohombre aragonés, mi creador, mi padre, por llamarlo de una forma familiar, se merece que lo recuerde algún día y así lo haré cuando se tercie, pero ahora sigamos con lo que estábamos, con algunos datos más del popularmente conocido maestro Borobia. En 1914, la “Escuela de Música de Zaragoza”, le encomienda las clases de armonía y composición, estuvo ejerciendo como profesor hasta 1956. En 1921 obtiene, por oposición, la plaza de organista en la iglesia de San Pablo, muy cerquita de donde yo me encuentro, en el céntrico barrio de “El Gancho”. En 1934, hasta 1946, fue director del “Conservatorio de Música de Zaragoza”.

Y ahora digamos algo de la Banda de Música de la que, durante tantos años, el maestro Borobia fue el titular. Se creó en 1892, pues la "Diputación Provincial de Zaragoza" acordó la formación de una Banda de Música en el seno del "Hogar Pignatelli", que en parte se financiaba con los beneficios que a la institución provincial le revertían con la celebración de festejos taurinos y otros espectáculos en mis dependencias. Para eso fui creada. Su primer director fue don Jacinto Barbosa. A él se le encargó su puesta en marcha, la dirección y organización de las clases musicales que les daban a los hospicianos pues, hasta el final de la década de los sesenta, los integrantes de la Banda eran los huérfanos que allí estaban alojados hasta que se hacían mayores de edad. Eran los albores de lo que luego se conocería como “Academia Provincial de Música”. Merced al empeño y al esfuerzo de todos, nació la “Banda de la Academia Provincial de Música”, que fue su primer nombre, y progresivamente se consolidó como una importante realidad musical en Zaragoza. A don Jacinto Barbosa, le sucederían en la dirección de la Banda, don Enrique Malumbres y don Ramón Borobia. Pero la estirpe de este último seguiría dirigiendo la Banda porque le sucedieron sus propios hijos, José y Ramón. En 1968, siendo director D. Victorino Bel Castell, la Banda dejó de nutrirse de hospicianos y adquirió carácter profesional al convocarse, por vez primera, oposiciones para ingresar en la misma, con lo cual alcanzó mayor nivel artistico. A partir de entonces pasó a denominarse “Banda Provincial de Música”.

Hasta aquí algunos datos de los dos agentes que más contribuyeron en convertir aquella anécdota de dos joteros bailando y una banda que se arrancó con una jota: el arreglista y director, don Ramón Borobia Cetina, y la Banda que interpretó su arreglo y lo popularizó hasta convertirlo en tradición. Pero la vida de esta “Jota de los toros de Zaragoza”, o “Jota del maestro Borobia”, como también se la conoce, no se circunscribió solamente a mi recinto. Con el tiempo pasó a ser costumbre en todos los pueblos de Aragón y en muchos de Navarra, así como en algunas importantes plazas del norte, como en Bilbao y Logroño, en donde se interpreta con dulzaina y tamboril. Es por lo que me siento orgullosa de que algo que nació aquí, en mis dependencias, después de tanto tiempo haya llegado tan lejos. Es por eso por lo que, antes de que comience la semana más importante del año para mi, con festejos mañana, tarde y noche, me he entretenido en contar esta historia. A partir del próximo jueves, cuando dé comienzo la Feria, volverá a sonar cada día -125 años después- cuando la corrida ya esté agonizando y las palmas de los aficionados, ritmicamente tocadas, al margen de los resultados artísticos cosechados durante la tarde, haran retumbar de nuevo mis ya viejos cimientos".

Nota: El vídeo que enlazamos a continuación recoge la interpretación, por Banda de Música, de esta "Jota de los toros". Las imágenes que le dan soporte corresponden a los primeros tercios de la Corrida que José Miguel Arroyo "Joselito" lidió en solitario en la Feria del Pilar de 1994.

domingo 4 de octubre de 2009

DOMINGO DE PREFERIA

- Hola don Pepe.
- Hola don José.
- Ya tenía ganas de verle. Venía pensando en usted. No estamos juntos desde aquel día que tomamos un refresco en una terraza, era pleno agosto y hacía un calor sofocante.
- Ya lo creo… con lo fresquito que se está en el pueblo.
- Y en la playa…
- Yo no acostumbro… el agua no me va mucho y siempre me ha tirado más el monte.
- Nosotros lo combinamos, unos días los pasamos en la costa y otros tantos en la montaña, pero… dejémonos del veraneo y a lo nuestro, al toro.
- Pues tampoco hay tanto de que hablar porque…
- ¡Como que no hay nada de que hablar! Eso será usted porque yo, el fin de semana pasado, he visto torear como los dioses. Toreo de muchos kilates. Aún se me eriza el bello cuando lo recuerdo… que grande fue aquello, don Pepe…
- Y ¿dónde estuvo usted pues… si puede saberse?
- Pues con motivo de un viaje familiar a Barcelona, y aprovechando que había toros, la última corrida de la Feria de “La Merced”, acudí a la Monumental barcelonesa y aquello fue lo más grandioso que he presenciado en lo que llevamos de siglo.
- No me diga usted…
- Claro que le digo… y bien clarito que se lo digo. José Tomás, en su última corrida en España, dejó bien sentado que, hoy por hoy y sin discusión alguna, es el número uno.
- No será para tanto, toreo perfilero y la emoción de los riesgos que corre sin mucho sentido.
- ¡Que equivocado esta usted, don Pepe! El pasado año quizás tuviera usted alguna razón que esgrimir en ese sentido, pero en este las cosas han cambiado mucho. Se ha asentado, ya no lo cogen tanto los toros y los templa mucho más, y no sólo eso, sino que esta toreando más clásico y con mucha más hondura.
- Y de los toros, que me dice usted…
- De los toros… de los toros… pues toros.
- De todas formas, y se lo digo de corazón, me alegro de que disfrutara y lo pasara bien, don José.
- Bien es poco, fue como un sueño... ¡¡¡que torero!!!
- Pues yo, don José, lo eché en falta en las novilladas del pasado fin de semana, que fueron muy interesantes y, sobre todo, porque hubo un chaval que toreo de verdad, templando, dominando, pudiendo con un eralote que apretaba para los adentros y tenía sus problemas. Estuvo con las ideas claras, firme y con torería. Me gusto y hoy vengo con la ilusión de volver a verlo… ¿Como se llamaba?... Miguel Cuartero.
- Pues yo tambieén me alegro, don Pepe, no es poco que un novillero le haya despertado la ilusión, con lo exigente y estricto que es usted…
- Hizo lo que tenía que hacer, pensar en la cara del novillo y ajustarse a sus condiciones y, de esa forma, consiguió ligar un par de buenas tandas en el centro del ruedo. Eso, ni más ni menos, es torear.
- Informado estoy, lo tendré en cuenta… Pero yo quería pulsar su opinión sobre otro asunto del que no hemos tenido ocasión de hablar todavía, aunque, conociéndole a usted, supongo que no estará muy conforme con los carteles que han anunciado para la Feria que ya está a punto de comenzar.
- ¿Cómo voy a estar conforme? Son una m…
- … No hace falta que diga palabrotas, don Pepe, un poco de urbanidad y buen gusto. Yo, ya me imaginaba su reacción, pero le quiero informar que entre muchos de los aficionados que conozco han sido acogidos mucho mejor que los de años anteriores, menos toros de esos broncos e ilidiables que tanto le gustan a usted y a sus amiguitos los intransigentes, que aburren a la mayoría de los espectadores, y más figuras, con toros acordes a su estilo, en los carteles. Ponga los pies en el suelo, eso es lo que demandan los aficionados sensatos y el público en general.
- Pero si va a pasar lo que en todas las ferias, toros bobalicones, sin poder y sin cuernos, que se derrumban después de un picotazo de nada. Es lo que ha pasado en todas las plazas. Aburrimiento supino. Y luego vienen las excusas. O lo que es peor…
- No se pase usted, don Pepe, que esta archidemostrado que para torear bien, y hacerlo artísticamente, hacen falta toros que tengan la posibilidad de embestir, no esos mastodontes con cuernos que son imposibles...
- ¡Venga ya! No me salga ahora con las monsergas de los taurinos, don José, que con el toro domesticado de hoy en día ni hay emoción, ni nada de nada, en primer lugar porque la mayoría no tienen fuerza para embestir, y los que conservan un poco de energía es porque ni los han picado, ni se han empleado en ningún momento de la lidia.
- Pero para la emoción artística, para el pellizco del arte se necesitan toros…
- … Toros. Usted mismo lo ha dicho, don José, toros con poder e integridad que con su simple presencia den miedo al público y categoría a todo lo que hacen los toreros en el ruedo. No me negará que cuando eso ocurre nadie, ni aficionados ni público, se aburren, y si se consigue el triunfo, si se torea un toro de verdad y con la verdad del toreo, la gente se vuelve loca y…
- …¡Pero deje usted de soñar, don Pepe! Tenga usted en cuenta que estamos en el siglo XXI y los gustos, y los públicos, han cambiado mucho y, ahora…
- … Se consiguen los más grandes triunfos con toros tullidos y toreando de cualquier manera… y no hablemos de la suerte de matar porque eso ya es de vergüenza, como ya da igual que la espada caiga baja, pues nadie se esfuerza en ponerla en su sitio, total, da lo mismo. Aquí, en este modelo de fiesta del siglo XXI que usted preconiza, lo que importa es cortar orejas y rabos, indultar toros que hayan sido “colaboradores” en la faena, y salir a hombros de costaleros por la puerta grande. Para nada cuentan las condiciones de los toros ni las normas clásicas del toreo, eso se ha convertido en accesorio.
- No se pase ni se precipite, ni se meta en camisa de once varas... Yo le preguntaba por los carteles, no por esas teorias suyas ancladas en el siglo XIX. Ya hablaremos de los resultados cuando pase la Feria, no todo es tan negro como usted lo pinta, don Pepe, y cualquier cosa puede ocurrir. Hace un momento me decía usted que hoy venía con la ilusión de ver a un novillero que le gustó el sábado pasado. ¿Por qué no puede ocurrir lo mismo varias tardes en esta feria? No sea tan negativo. Yo, ya me conoce, este año acudo con la ilusión redoblada, y más después de lo visto en Barcelona, de ver grandes cosas a nada que los toros “colaboren”…
- Ve usted, don José, si ya se le ha pegado hasta el lenguaje de los taurinos.
- ¿Qué?...
- Nada.

martes 29 de septiembre de 2009

UNA PEQUEÑA RECOMPENSA

El pasado fin de semana, los aficionados que asistimos al coso de “La Misericordia” de Zaragoza, nos vimos recompensados con varios momentos felices, de los que te reconcilian con esta bendita afición de los toros. No fueron festejos mayores, pues se trataba de un par de novilladas sin picadores, pero aunque eran festejos de tercera categoría, para principiantes, contuvieron ingredientes suficientes para que saliéramos de la plaza satisfechos, esperanzados y hablando de toros, que no es poco.

Porque no es poco que un novillero, de nombre Miguel Cuartero, toreó. Pero toreó de verdad, dominando primero al novillo por bajo -un ejemplar encastado de la ganadería de “Torrenueva”, de nombre “Terapeuta”, que planteó dificultades porque apretaba para los adentros-, se lo sacó a los medios por bajo y con torería y consiguió ligar varias tandas, con temple, profundidad y lentitud, en el centro del ruedo. El mayor mérito, y la prueba del dominio sobre el novillo, consistió en frenar su acometividad, mantenerlo en los medios y obligarle a circular a su alrededor a la velocidad impuesta por el novillero. Cuando eso ocurre, al público, sea aficionado o simple espectador, impulsado por el resorte que dispara en nuestros sentidos el toreo auténtico, le surge de la garganta, casi sin quererlo, el óle. Así ocurrió durante la faena realizada a su primer novillo, el pasado sábado, 26 de septiembre, por Miguel Cuartero. Está todavía en tiempo de aprendizaje y debe limar muchas asperezas, pero lo que apuntó -capacidad para pensar delante del toro y temple en la ejecución de las suertes,- es bueno e ilusionante. El próximo domingo, 4 de octubre, repite y tengo ganas de volver a verlo.

Tampoco es poco, en estos tiempos de escasez, ver un novillo de bandera, bravo, encastado y noble que embistió por ambos pitones con largura y humillado. Así fue “Toledano”, de la ganadería de “Los Maños”, un ejemplar en la línea santacolomeña, bien hecho, bajito y algo escaso de pitones, que salió en la segunda novillada sin picadores que tuvo lugar el domingo, 27 de octubre. Destacó tanto el novillo que eclipsó la labor de su matador, Emilio Huertas, que tuvo el mérito de plantarle cara en los medios y salir airoso. Pero este novillero, en el quinto, “Churrerón”, un eral con menos fuerza que su hermano que se vino arriba en la faena de muleta y un pitón derecho por el que se quedaba corto, dejó constancia de sus posibilidades porque supo ver las condiciones del novillo y consiguió un par de tandas con la izquierda con lentitud y mando. Pero, por fortuna, no se quedo ahí lo bueno de la novillada de “Los Manos”, porque hubo otros erales que dieron juego y revitalizan una ganadería que el pasado año defraudó en esta misma plaza. El tercero, “Cachito”, ha sido otro gran novillo, bravo y noble. Y el sexto, “Corbeto”, que a pesar de acusar escasez de fuerza, también se creció a lo largo de la lidia y embistió hasta su muerte con nobleza. La novillada, en su conjunto, estuvo bien presentada aunque algo escasa de pitones y dio buen juego en general, pero hay que tener presente que estábamos ante erales que no pasaron la prueba de la vara y hay que ser comedidos en su juicio.

Es de aplaudir el formato de este pequeño ciclo de novilladas sin picadores, pues al tratarse de dos semifinales con el premio de la final para los que mejor quedaron -que se celebrará el día 4, como aperitivo a la Feria del Pilar-, hubo competencia, que en estos tiempos es mucho, entre los novilleros participantes. Porque esa es una de las mayores lacras del mundo del toro actual, la falta de competencia, lo poco que importan los méritos cosechados ante el toro, de poco los triunfos, de nada el jugarse la vida, pues ya están confeccionados los carteles desde antes de comenzar la temporada, lo que acomoda a los agraciados que se anuncia en todas las ferias y desespera a los que hagan lo que hagan de poco les sirve. En este caso, quizás como excepción a la regla, no fue así y los que estuvimos presentes en el coso de “La Misericordia” el pasado fin de semana salimos contentos y con las ganas de ver la final. El tercero en discordia será Juan Cervera, que actuó el sábado ante erales de “Torrenueva” y se mostró como un novillero con empaque y plasticidad pero muy encorsetado en una idea preconcebida de la faena.

Al menos, y no es poco, el próximo domingo, 4 de octubre, acudiré a la plaza con la ilusión de volver a ver a Miguel Cuartero, que tan grata impresión me dejó con su labor, esperando que Emilio Huertas concrete los detalles que dejó apuntados, y deseando que Juan Cervera se ajuste más a los novillos que le toquen en suerte y se olvide un poco de su faena preconcebida. Esperar que los novillos que salten al ruedo, de la ganadería que luce el hierro más antiguo de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, que se anuncia con el nombre de “José Vázquez”, estén a la altura de las circunstancias y no nos defrauden.

domingo 20 de septiembre de 2009

RODOLFO CRUZ PANDO "PANDILLO"

A la hora en que Rodolfo Cruz Pando partía hacia su último viaje camino de Arnedo, yo lo hacía en dirección contraria y con objeto muy diferente. No pude acompañarle en ese tránsito, pero su recuerdo me acompañó durante toda la jornada, y ahora, dos días después, todavía me sigue golpeando, como necesitando expresar de alguna forma mi sentimiento. Vayan pues estas líneas en su memoria.

Rodolfo era un aficionado de los de verdad, de los que acudían a cada festejo con la ilusión de contemplar, ese día, el milagro del arte del toreo, pero era un aficionado cabal y sabía que, para que eso ocurriera, era imprescindible la presencia del protagonista principal de esta Fiesta en plenitud de facultades: el toro. Por eso, y consciente del rumbo negativo de la Fiesta, era un aficionado comprometido y, como tal, aportaba su granito de arena, allá en donde estuviese, para reivindicar el espectáculo taurino en su total integridad, sabedor de que sólo así se pueden dar las circunstancias para que se pueda producir “el arte del toreo” y, de esa forma, poder saciar la sed que produce la afición a la Fiesta de los Toros.

En Internet, en donde fue uno de los pioneros, Rodolfo era “Pandillo”. Era miembro, desde sus comienzos, de la Asociación “El Toreo en Red-Hondo”. Defendía la utilidad de este medio para la defensa de la Fiesta auténtica y la unidad de los aficionados en pos de esta reivindicación. Pero la auténtica dimensión, como persona y aficionado, de Rodolfo, sólo se podía conocer estando personalmente con él. En “La Cabaña Brava” pudimos disfrutar de su compañía desde el principio de nuestra andadura. Aún lo recuerdo cuando estaba en la plenitud de sus facultades. La misma entereza y disposición en defensa de la Fiesta objeto de su afición ha puesto en su particular lucha con la enfermedad que le tocó lidiar. Con valentía y torería, alargó la faena durante mucho tiempo pero al final, como siempre ocurre con el toro negro de la muerte, acabó perdiendo la pelea. Es ley de vida. Un buen aficionado y, lo que es mucho más importante, una buena persona, Rodolfo Cruz Pando “Pandillo”, nos ha dejado para siempre. Descanse en paz.

Como recuerdo, y en su memoria, quiero rescatar sus propias palabras que reflejan claramente su forma de entender, y defender, esta Afición. Un artículo publicado en “El Aficionado” nº 23, órgano de expresión de su Asociación, en abril de 2006, en el que expresa sus pensamientos de aficionado.

Pensamientos de un Aficionado
Rodolfo Cruz Pando

“Voy a referirme en este artículo al Aficionado, viendo en el mismo a todas aquellas personas que en la fiesta de los toros (no me refiero en este caso más que a novilladas y a corridas de toros) encuentran su mayor y principal afición.

Partiendo de la base de que nos encontramos hablando de un evento en el que se conjugan una serie de cosas tales como son la belleza, el arte, el peligro y la emoción, creo que con estos ingredientes debería salir un espectáculo tan maravilloso y digno como para que el Aficionado encontrara en él lo que busca. Lamentablemente, por culpa de ganaderos, empresarios, toreros, apoderados, etc… (léase los taurinos) este espectáculo cada vez se encuentra en peor situación. Pero vamos a analizar brevemente las claves del mismo:

Belleza: Seguramente el Aficionado identifica esta palabra pensando en un animal con unas buenas hechuras, tanto de cuerpo como de cabeza, íntegro de pitones y con una edad comprendida entre los 3 y 4 años para los novillos y de 4 a 5 años para los toros.

Arte: Puede ser aquello que realiza el torero ante un animal bravo y encastado, ayudado por sus herramientas (capote, muleta, banderillas, estoque y puya en el caso de los picadores), pases y encuentros que por su ejecución perduren en la memoria de los Aficionados.

Peligro: Es lo que, sin duda ninguna, sabe el Aficionado que existe en cada una de las novilladas-corridas.

Emoción: Dimana la misma de las tres anteriores. Cuando un buen Aficionado ve un toro como el descrito en Belleza “se emociona”, cuando en la realización de los distintos pases ve Arte “se emociona” y cuando ve a un torero que despreciando el Peligro intenta hacer bien las cosas también "se emociona”.

Si en la práctica estas cosas ocurrieran así sin duda que todas las plazas colgarían siempre el cartel de “no hay billetes”. Pero veamos ahora la parte negativa y que por desgracia para el Aficionado es de la que hoy en día “disfruta”:

Belleza: El Aficionado está viendo salir por la puerta de toriles animales sin presencia, drogados, enfermos, afeitados, etc... Y así tarde tras tarde (salvo alguna rara excepción). Los culpables de esta situación son ganaderos, empresarios, toreros y apoderados.

Arte: Para el buen Aficionado es muy difícil relacionar el Arte con novillos-toros como los citados anteriormente.

Peligro: Pues lo mismo que en el Arte. El Aficionado no lo detecta como tal aunque si sabe que la cornada o el percance pueden ocurrir también.

Emoción: Pues simplemente no existe.

CONCLUSIONES

Cada vez más, en casi todas las tertulias de Aficionados los comentarios están basados en el mal momento que está atravesando la Cabaña del ganado bravo.

Cada vez más, los comentarios son de que a los ganaderos, empresarios, toreros y apoderados lo único que les interesa es el dinero rápido y fácil, sin pensar que posiblemente estén consiguiendo “pan para hoy y hambre para mañana”, amén de hacernos pasar de un espectáculo digno a otro totalmente denigrado sin tener en cuenta para nada a los Aficionados.

Cada vez más, se oye decir que la relación calidad-precio en este espectáculo no está justificada.

Cada vez más, los comentarios se acaban antes al no tener materia prima para el diálogo (no hay buenos toros, no hay buenas faenas).

Cada vez más, en todas las tertulias se oye decir “pues yo este año no voy a coger el abono, total para lo que vamos a ver”.

En cuanto a los medios con que cuentan los Aficionados para defenderse de tanto atropello, decir que quizás el único que tenemos hoy día es INTERNET, donde existen gran cantidad de páginas web dedicadas a nuestra Fiesta. Unas son muy buenas -con un bonito y ágil diseño para recorrerlas-, agradables de ver por su contenido y otras lo son menos. Pero todas tienen algo en común: están dedicadas a nuestra Fiesta.

En este medio existen los portales taurinos, que cuentan con una sección llamada foros en los que cada día con más frecuencia dejan sus comentarios los Aficionados, en algunos de ellos “posiblemente” previa censura (estos no merecen la pena). Otros permiten a los foristas verter sus opiniones con total libertad, siendo los que escriben responsables de lo que dicen. También en estos medios existen chat’s de conversación simultánea (igual que las tertulias, sólo que escrito), en los que los Aficionados intercambian opiniones y sucesos con la ventaja de que cualquier cosa que se produzca en esa jornada es trasmitida inmediatamente.

Pues bien Aficionados, quizás deberíamos utilizar más este medio que es Internet para buscar soluciones, para denunciar lo denunciable, criticar lo criticable o alabar lo alabable, y sobre todo para estar más informados de aquello que interesa.

Como podéis imaginar los que leáis estas líneas, solo soy un Aficionado y detallo en ellas las cosas que yo siento, por lo que seguro que me dejo muchas cosas sin decir. Tampoco se trata de aburrir, aunque en esto del toro cada uno tiene su manera de pensar. Pues nada, "que cada cual piense como quiera.”

lunes 7 de septiembre de 2009

UNA FERIA COMO TODAS

Los carteles de la Feria del Pilar 2009 ya son los definitivos desde que el pasado viernes, 4 de septiembre, los anunciara la empresa “Taurodelta S.A.” con la aprobación de la entidad propietaria de la plaza, la Diputación Provincial de Zaragoza. Los que pensaban que del rumor a la realidad hay un trecho y que, como todavía no eran oficiales las combinaciones, se podrían producir cambios favorables, no preveían que si algo cambia, por muy malo que sea lo cambiable, no siempre cambia a mejor, sino que, y eso es lo que ha ocurrido, también puede cambiar a peor. Los carteles han cambiado, pero a peor.

De los rumoreados, que yo recuerde, se han caído: Encabo en la tarde de los “miuras”; Castella en su segunda tarde, la del 14 de octubre; y Hermoso de Mendoza en la de rejones que cerrará la Feria. Entre los sustitutos está Antonio Barrera -supongamos que por el torero francés-, lo cual es una injusticia ya que el pasado año, este mismo diestro, se dejó escapar el que, quizás, fuera el mejor toro de la feria, un toro de “Valdefresno” lidiado en 5º lugar, noble y repetidor, que lastimosamente se fue sin torear. Que vuelva “Joselillo” después de que el año pasado se justificó con la corrida de Dolores Aguirre es justo, pero bien podría haber sido por otro diestro con menos merecimiento que el de Alcalá de Henares que, al menos, ha demostrado muchas veces que no se arruga y sabe torear, cosa que, por ejemplo, dudo del continuador del “salto de la rana”. Con la sustitución del rejoneador de Estella supongo que -aunque no entiendo nada de rejoneo- el cartel se habrá devaluado bastante. En estos tres casos la Feria Taurina de Zaragoza sale perdiendo. Aunque el mayor problema de los carteles de este año no son los toreros -que son los mismo de todas las demás ferias y que se podrían haber anunciado, sin temor ha equivocarse mucho, al principio de temporada, porque el sistema taurino actual para nada tiene en cuenta los merecimientos adquiridos por los diferentes toreros en el transcurso de la temporada-, sino los toros.

En el tema de los toros, que es donde se podía haber producido algún cambio positivo, no ha cambiado nada. De las nueve corridas de toros tan sólo una, la de Núñez del Cuvillo, podríamos considerarla -dentro de las ganaderías denominadas comerciales- de primera categoría, las otras cinco: La Campana, Montalvo, Garcigrande, Parladé y Puerto de San Lorenzo; no creo que estén a la altura de una Feria que pretenda ser considerada de primera, tanto por sus resultados en las distintas plazas en los últimos años, como por el juego demostrado en nuestra plaza, como es el caso de la ganadería de La Campana, de la que en la Corrida Goyesca del pasado año, con la participación de Morante de la Puebla, tan solo pasaron tres el reconocimiento, y mejor hubiera sido que no lo hubiese pasado ninguno. De cuatro corridas serias -de ocho- el pasado año, hemos pasado a dos -más del 50 % menos-, este año: la de Miura y la de Dolores Aguirre. El equilibrio ganadero, que le daba seriedad a la feria taurina de Zaragoza, ha quedado roto y nos encontramos ante una feria previsible, vulgar y, como la mayoría de las ganaderías reseñadas, de segunda categoría.

Esto es lo hay. La Feria del Pilar 2009 es una feria más, muy parecida a las que se dan en el resto de plazas del territorio español, en donde los conocidos como “figuras” imponen su poder: sus toros, sus días y sus compañeros de cartel. Lo que podía ir consolidándose en Zaragoza como una alternativa a la vulgaridad común de todas las ferias, con la inclusión de un buen porcentaje de corridas serias en el serial taurino, había que cortarlo de raíz y así se ha hecho. Ahora tendremos una feria normal, vulgar, como casi todas las demás y… “que Dios nos coja confesados”.