“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

viernes, 27 de julio de 2007

Los Mimbrales - El Príncipe Gitano

El pasodoble "Los Mimbrales" fue estrenado en el año 1949 por El Príncipe Gitano. Ese año, ya al frente de su propia compañía, estrenó el espectáculo Pinceladas, y este pasodoble, que formaba parte de su repertorio, se convirtió en su mayor éxito. En ese mismo espectáculo, curiosa circunstancia, se produjo el debut como cantante de Carmen Sevilla, hija del letrista Antonio García Padilla Kola.

A partir de ese momento, El Príncipe Gitano, que había debutado como palmero en el año 1942 en la compañia de la bailarina y cantante Mary Paz, donde también actuaba Lola Flores con su famoso Lerele, -composición original del maestro Genaro Monreal, natural de Ricla (Zaragoza)- ocupo un lugar destacado en el mundo de la canción española encabezando su propia compañia.

También hizo sus pinitos en el cine, en donde rodó seis películas, todas ellas de temática taurina. Quizás fuera para calmar el agrio sabor que le había dejado su paso por el toreo, porque El Píncipe Gitano quiso ser torero.

Hoy no voy a extenderme en más cuestiones de su carrera artística, ya habrá ocasión de hacerlo en otra entrada pues el cancionero de este intérprete es extenso en temática taurina. Hoy quiero centrarme en un sucedido que ocurrió el 6 de abril de 1947 en la plaza de toros de Zamora, contaba 18 años de edad y se le presentaba el sueño de su vida, debutar como novillero.

Enrique Castellón Vargas, hijo de una familia calé, nació el 10 de septiembre de 1928 en el barrio de Ruzafa, en Valencia. Desde niño sintió la afición por los toros, y su gran oportunidad se le presentó aquella tarde abrileña en la que debutaba como novillero con picadores. Ese día, cuatro reses de Manuel Arranz se encontraban en los chiqueros de la Plaza de Zamora para ser lidiados y muertos a estoque por El Príncipe Gitano y Gutiérrez Somoza. Las cosas fueron mal, ninguno de los dos novilleros pudieron salvar las dificultades que les presentaron los novillos y no pudieron matar a ninguno, “se armó la mundial” en los tendidos y, tras de su desastrosa actuación, fueron detenidos, llevados a la cárcel y multados, cada uno, con tres mil pesetas de las de entonces.

Al día siguiente, lunes 7 de abril, en El Correo de Zamora, apareció la crónica de la novillada firmada por Mantazos de la que recogemos los siguientes párrafos: “De El Príncipe Gitano sólo diremos que no le conocía nadie como torero hasta que ayer se vistió por vez primera, para torear con caballos, el traje de luces. Suponemos que haya sido este arresto una humorada del famoso cantaor. Su debut como torero -no podemos decir que como matador ya que no mató él a ninguno de sus dos enemigos-, su presentación en público no ha podido ser más desafortunada. Estas humoradas, genialidades si se quieren llamar, que tienen a veces los artistas, son muy peligrosas. Tanto que pueden terminar trágicamente. Que siga cosechando gloria y aplausos en el cante para el que Dios le ha concedido excepcionales facultades. Pues no creemos que pretenda trocar la sólida popularidad que ha logrado en su arte por estas genialidades que ofrecen el ruido tenebroso y los comentarios de los fracasos. ¡Lástima de tarde, y pobres toretes! Posteriormente nos dicen que tanto Somoza como El Príncipe se han retirado de los toros. Bien hecho”. Después de este fracaso buscó otras oportunidades, asistió a numerosos tentaderos, hasta que se convenció que lo suyo era la canción y desistió de la pretensión de querer ser torero. “Yo era medroso. Lo reconozco”, llego a confesar, pero la afición a los toros nunca la perdió, incluso de sexagenario podía vérsele en alguna tienta intentando realizar la faena soñada. Quizá este "Cortijo de los Mimbrales" formaba parte de los sueños forjados por su afición.


Los Mimbrales
(Kola - Palomar - Quiroga)

Brilla en toa la marisma como un lucero
el famoso Cortijo de los Mimbrales,
donde en medio de toros y de vaqueros
se quisieron de niños los dos chavales.
Cuando pasa la luna por el cerrao
y en el campo se abren las campanillas,
canta así el vaquerillo desde el cercao
A la chiquilla...
-
Cortijo de los Mimbrales
en la llana Andalucía,
entre breñas y jarales
guarda una perla escondía.
En la marisma huelvana,
cuna de bravos vaqueros
al despuntar la mañana
me dejo...ay...ay
la que más quiero.
-
Pa la fiesta campera to el señorío
se ha juntao en el Cortijo de los Mimbrales,
y lució el vaquerillo su poderío
derribando a los toros y a los erales.
Y pa hablarle de amores fue un ganaero
a la niña bonita del vaquerillo,
que cegá por el brillo de su dinero
dejó al chiquillo...
-
Cortijo de los Mimbrales
en la llana Andalucía,
entre breñas y jarales
guarda una perla escondía.
En la marisma huelvana,
cuna de bravos vaqueros
al despuntar la mañana
me dejó... ay... ay
la que más quiero.


Nota: De esta canción, además de la creación original de El Pincipe Gitano, sólo he encontrado la versión que grabó Carlos Cano, en el año 1999, en su disco "La Copla, memoria sentimental". La letra que he copiado es la de ésta versión. Las dos me gustan, la de Carlos Cano más sobria y elaborada, la de El Pincipe Gitano con más chispa y un estilo más aflamencado. En la actualidad el famoso "Cortijo de Los Mimbrales" es un establecimiento hotelero.

1 comentario:

Mentolado dijo...

Exclarecedor artículo;aporta elementos que desconocía, algo que siempre se agradece.