“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

miércoles, 25 de julio de 2007

El brazo derecho de "Carvajal"

En estos días de verano, apartado del frenesí de noticias y opiniones que circulan por la red, que te fijan en el debate de lo cotidiano, y merced, entre otras cosas, a la avería en mi línea ADSL, y por lo tanto, alejado de la rabiosa actualidad, dedico parte mi tiempo a la lectura.
Una de los libros que tengo entre manos en estos momentos es “La crítica taurina”, una antología, seleccionada y prologada por Javier Villán, de las crónicas de toros y sus autores más representativos desde sus orígenes, hacía finales del siglo XVIII, hasta nuestros días.
Pero el objeto de esta entrada no es hablar de este libro, que sin duda es recomendable para cualquier aficionado, sino resaltar una secuencia histórica en base a algunos de los datos que nos aporta el autor en las páginas de introducción que anteceden a la antología, en la que, curiosamente, uno de los personajes secundarios que aparecen en aquella secuencia, es en la actualidad uno de los actores principales, si no el que más, en el campo de la información taurina.
Hacía finales de la década de los sesenta, cuando Fraga Iribarne era Ministro de “Información y Turismo”, unas declaraciones de Paco Camino denunciando que “tenía que torear una parte de la temporada para los periodistas” originaron un verdadero seísmo en “el planeta de los toros”.
“Este tuvo su epicentro en el diario Pueblo. A raíz de esta denuncia, en un acto público al que asistían algunos de los periodistas directamente implicados, Carvajal sería tomado como cabeza de turco de la corrupción generalizada y destituido”, escribe Javier Villán en la introducción del mencionado libro.
¿Quién era éste Carvajal?
Vayamos a los datos.
Gonzalo Carvajal era el seudónimo que utilizaba Gonzalo Bethencourt, y en aquellos años era el jefe de las páginas taurinas de Pueblo, “buen escritor pero menos preocupado del rigor crítico que de agradar al taurinismo”, nos dice Villán. Cuando, a raíz del escándalo que originaron las declaraciones de Paco Camino, el Ministerio sugirió una intervención para rectificar la situación creada, Emilio Romero, director entonces del diario Pueblo, tomó la decisión de destituir a Carvajal. Para cubrir su puesto fue nombrado Alfonso Navalón, que procedía de Informaciones y El Ruedo, y que en las páginas de Pueblo dejaría algunas de sus mejores crónicas; como segunda de a bordo fue nombrada Mariví Romero, hija del director y, como a lo largo de su trayectoria profesional a quedado demostrado, comprometida con la integridad de la Fiesta; completaba la terna Manolo Molés.
Y aquí viene lo curioso, lo gracioso del caso, porque Manolo Molés, según nos cuenta Villán, “era el brazo derecho de Carvajal.

Corolario: el que había sido el “brazo derecho” del destituido -por corrupto- Carvajal, seguía formando parte del equipo regenerador de la crítica taurina en el diario Pueblo limpio de polvo y paja.
Sin comentarios.
Saquen ustedes sus propias conclusiones.

4 comentarios:

Mentolado dijo...

Interesante artículo. Muy apropiado su recordatorio.

don justo dijo...

Ha este personaje ya se le veía venir desde el principio. Al lado del que manda, sin importarle los principios ni nada de nada, sólo su promoción personal y los beneficios. Es listo... y sin escrúpulos... si no ¡de qué podía llegar a donde ha llegado!
Aún recuerdo aquellos programas de TVE (no recuerdo el nombre), al comienzo de la década de los setenta, en que era segundo -el reportero- de Mariví Romero, y mantenían una linea editorial comprometida con la integridad y regeneración de la Fiesta.
En la radio encontro el medio ideal para su palabrería y a partir de ese momento dejó de ser segundo de nadie y pusó su voz -como siempre- a disposición del mejor postor.
"Fenicio", que buena palabra para definirle.

Rafael Roldán dijo...

Y digo yo, ¿por qué ustedes, si son tan leidos, tienen faltas de ortografía? A saber:
"...Mariví Romero, hija del director y, como a lo largo de su trayectoria profesional a quedado demostrado, comprometida con la integridad de la Fiesta..."
"Ha este personaje ya se le veía venir desde el principio. Al lado del que manda, sin importarle los principios ni nada de nada, sólo su promoción personal y los beneficios. Es listo... y sin escrúpulos... "

Pablo del Valle

Gonzalo dijo...

Quizá deberían informarse del trabajo personal de cada periodista antes de atreverse a emitir jucios de valor gratuitos.

Gonzalo Condés de Bethencourt