“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

miércoles, 30 de mayo de 2007

Emoción

La emoción es el único ingrediente que puede levantar la Fiesta de los Toros. Si en vez de emoción cunde el aburrimiento entre los espectadores, la Fiesta pierde toda su grandeza y se convierte en un espectáculo plomizo.
Pero la emoción la trae el toro, si no hay un toro con poder en el ruedo, y un torero que quiera poderle y torearlo, la emoción nunca se puede dar, porque no se dan los ingredientes necesarios para que se produzca. La conjunción de un toro con poder y un torero con poderío son imprescindibles para que brote la emoción y se adueñe de la voluntad de todos los espectadores.
Ayer, en la corrida de Dolores Aguirre, ocurrió eso, se produjo esa conjunción y Rafaelillo prendió esa mecha que consiguió fijar la atención de los veintitantos mil espectadores que llenábamos la plaza de Las Ventas.
Era el quinto toro, tenía poder y tendía a mansear buscando las tablas, Rafaelillo tomó la muleta y no dudó ni un momento, en la raya del tercio citó al toro, le bajo la mano y lo llevó hasta el final, la plaza estalló en un "óle" y fijó la atención en lo que estaba empezando a suceder en el ruedo. La emoción se había adueñado de las veintitantas mil almas que llenábamos el recinto de golpe, y todas las miradas enfocaban un mismo punto, el que formaban un morlaco de "cuidao" y un TORERO de pequeño tamaño, pero de gran corazón que se estaba jugando la vida.
Fueron tres o cuatro tandas por la derecha entre el "¡uy!" y el "óle". Lo intentó por la izquierda y casi le arranca la cabeza. Falló con la espada y dio una vuelta al ruedo clamorosa con petición de otra. La emoción que inundó la plaza de Las Ventas hizo olvidar los cuatro toros anteriores y las sonrisas volvieron a la cara de los espectadores de un plumazo, el plomo de la tarde se había convertido en una ráfaga de aire fresco.

1 comentario:

Cárdeno dijo...

De la semana ¿Torista? Aparte del comportamiento de “Rabosillo”, en la mente me ha quedado grabada las faenas de Rafaelillo, ojala su esfuerzo en Las Ventas sea recompensado, espero verlo sin falta en Zaragoza.

Salud y suerte.
Cárdeno.