“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

martes, 27 de abril de 2010

EN LA CONCURSO, NO ES OBLIGATORIO DAR LOS PREMIOS

Una opción totalmente válida en las Corridas Concurso de Ganaderías es declarar los premios desiertos. No es necesario premiar obligatoriamente a uno de los toros concursantes, ni a un picador o lidiador de los que participen, si no se lo merecen. Es más, cuando se premian toros o toreros como mal menor para no dejar los premios desiertos, lo que se está haciendo es restar importancia a los que en ediciones anteriores sí se lo merecieron. No se puede comparar la categoría del premio que se llevó “Farolero”, de Prieto de la Cal, hace dos años, o incluso el que ganó “Cacerolito”, de Ana Romero, en la pasada edición, con los merecimientos de “Corbeta”, ganador este año, también procedente de la ganadería de Ana Romero.

La Corrida Concurso de Zaragoza de este año no ha alcanzado las cotas de las celebradas en las pasadas ediciones -2008 y 2009- en donde hubo dura pugna entre dos toros para adjudicarse el premio y polémica entre los aficionados que se extendió durante mucho tiempo más que las propias corridas. Sí hubo detalles destacables en algunos de los toros pero ninguno, según mi opinión, se hizo merecedor al triunfo. Personalmente, el que más me gustó fue el de “Partido de Resina”, de nombre “Quesero”, un toro que se llevó un fuerte ovación a su salida al ruedo por su presentación y que, para no perder la costumbre de años anteriores, también se partió un cuerno al derrotar en un burladero. En varas cumplió en cuatro encuentros y se vino arriba en la faena de muleta pero, en conjunto, no merecía llevarse el premio. El ganador, “Corbeta”, de Ana Romero, también recibido con aplausos, tomó tres varas sin emplearse, fue noble y repetidor en la muleta, sobre todo por la izquierda, pero su matador, “Serranito”, no acabó de entender al santacolomeño y cuando, a mitad de la faena, se percató de la calidad del toro ya era demasiado tarde. El de Cuadri, “Misterioso”, fuera del tipo de la casa, empujó con fijeza en varas y fue duramente castigado por su picador, sangrando abundantemente, lo que mermó sus facultades para la lidia. El de Prieto de la Cal, “Dormilón”, no estuvo a la altura del comportamiento de sus hermanos lidiados en las dos ediciones anteriores, que habían dejado el pabellón muy alto y difícil de igualar. El de Adolfo Martín, “Tomatillo”, mostró falta de fuerzas, tomo tres picotazos y desarrolló sentido en la muleta. El de Palha, “Saltillo”, que sólo tomó dos varas reglamentarias, ofreció poco juego y cogió de gravedad al subalterno Francisco Javier Rodríguez. En resumidas cuentas, corrida interesante en donde hubo cosas dignas de destacar pero que no llegó a la altura de las celebradas en las ediciones de 2008 y 2009.

El asunto de los toreros y subalternos es otro cantar. Su forma de actuar en este tipo de corridas es el mayor enemigo de las mismas. El colmo de la tarde fue la forma de colocar al 4º toro en el tercio de varas. Le correspondió a Juan José Padilla que -para su costumbre y teniendo en cuento lo visto en otras corridas concurso en las que ha tomado parte- anduvo comedido, pero en este toro hizo las cosas totalmente al revés. En la primera vara colocó al toro más allá del centro del ruedo, en la segunda lo acercó un poco y lo dejó, poco más o menos, en el tercio, y en la tercera lo casi lo metió debajo del peto del caballo. Totalmente al revés de lo aconsejable para medir la bravura del toro que es el objeto de este tipo de festejos. Quizás le pasaron los apuntes y se le traspapeló el orden de las páginas leyéndolas al revés. Un despropósito. Durante toda la tarde se fueron sucediendo detalles que mostraban la poca disposición de los diestros actuantes para hacer las cosas bien. Lo grave es que, si los que tienen que poner orden no tienen ningún interés en hacerlo, nunca pueden funcionar y el concurso está abocado al fracaso.

Pero esta actitud viene sostenida por el escaso interés que tienen los taurinos ante este tipo de festejos. Las corridas concurso es un modelo contrario al que ellos controlan y hacia el que quieren encaminar la Fiesta en donde el toro, en vez de protagonista principal, es mero comparsa del espectáculo. Y no digamos en la actualidad que, como hemos podido ver en esta temporada, pretenden imponer un tipo de corrida en donde los propios matadores llevan los toros que quieren torear. Ha pasado en Olivenza al comienzo de la temporada; en Valencia, en plena feria de Fallas, con la corrida de los siete toros para siete toreros; y está previsto que pase en la que es considerada primera plaza del mundo, en “Las Ventas” de Madrid, en la corrida de la “Asociación de la Prensa”. Es el modelo de la “autorregulación” que plantearon hace una quincena de años llevado a la práctica de la forma más descarada. Pero este es un tema de más largo recorrido en el que no voy a entrar ahora, seguro que en otro momento tendrá el espacio adecuado. Lo que está claro es que a la totalidad de los taurinos -salvo a un escaso número de ganaderos que muestran cierto interés por este tipo de corridas- no sólo les importan un rábano este tipo de festejos, sino que los torpedean porque son contrarios a sus intereses pues no les gusta que se puede ver la otra cara de la fiesta, la del toro bravo y la emoción que impone en el ruedo.

La Corrida Concurso de Zaragoza de este año no ha resultado buena, no ha sido como la de los dos años anteriores pero, a pesar de ello, ha habido cosas interesantes, la primera y principal, que el toro ha sido el protagonista y se han visto cosas que no suelen verse en las corridas normales. Es una obligación de la empresa, puesto que figura en el pliego como de obligado cumplimiento, que se corrijan los errores, se organice con el mimo necesarios, se comprometan ganaderos, toreros y subalternos, y se potencie su difusión entre los aficionados de uno y otro lado de la frontera. Todo esto no ha ocurrido este año y es causa importante de su peor funcionamiento. Ya para finalizar, y como reza el título de esta entrada, no es obligatorio repartir todos los premios que se convocan, declarar los premios desiertos si no hay merecimientos suficientes para otorgarlos da más prestigio y seriedad al festejo que si se otorgan arbitrariamente para cubrir el expediente.

jueves, 22 de abril de 2010

LOS TOROS DE PONCE

- Hola don Pepe.
- Hola don José.
- ¿A dónde va usted tan rápido? 
- ¿Donde quiere que vaya? Pues a cenar que ya va siendo hora.
- Frene un poco y tomemos un vinito. Hace tiempo que no coincidimos y me gustaría pulsar su opinión sobre algunos de los últimos sucesos del panorama taurino. 
- Pocos sucesos dignos de comentar hay... pero sea, no creo que se impaciente la parienta si me retraso un poco más de lo normal pero… es que no son horas de acabar una corrida… un poco más y nos dan las uvas…
- No sea usted exagerado, don Pepe, muchas tardes se devuelven toros de forma injustificada y los festejos se alargan más de lo debido. 
- ¿No me querrá decir usted, don José, que los toros que ha escogido Ponce han sido devueltos de forma injustificada? Daba vergüenza ajena ver esos toretes que sus “veedores” han seleccionado, para su única tarde en la Feria de Sevilla, rodar por el albero de la Maestranza.
- No se pase don Pepe, además el cuarto del “Puerto de San Lorenzo” se podía haber mantenido en el ruedo y podríamos haber visto una buena faena del maestro de Chiva, el mismo lo ha dicho cuando lo han entrevistado después de matar el sobrero que, no me lo negará usted, ha sido un auténtico mulo de carga imposible. 
- Ya habla usted como los taurinos… ¡No se deje comer el coco por los de la tele, don José!... Esa *** de toros que le consienten presentar a Ponce por ser quién es nunca deberían saltar a un ruedo de prestigio como la plaza sevillana... Luego viene lo que viene y a quejarse.
- Pero es que como decía el propio torero, esta temporada está teniendo muy mala suerte con los toros. 
- No tiene derecho a quejarse el maestro de Chiva -como usted lo llama- porque… ¿Quién tiene la culpa de eso?... El propio Ponce, que impone un ganado impresentable para anunciarse en las corridas, ese es el gran problema. En plazas tan poco exigentes con el ganado como Valencia y Sevilla le ha pasado lo mismo y no escarmienta. No se puede llevar a plazas de primera, por más complacientes que sean, toros de pueblo… Un poco de vergüenza torera, por favor.
- Pero tiene razón… 
- No tiene ninguna razón, en todo caso tendría que entonar el “mea culpa” por la elección del ganado y no quejarse de las consecuencias de sus propios actos. Que lleve toros bien presentados y con fuerza y no intente colar gato por liebre. Y mejor todavía, déjense Ponce y el resto de los denominados “figuras” de imponer los torillos que acostumbran y toreen lo que les pongan. Esa es la forma de demostrar la condición de “figura” de verdad y, además, de engrandecer y proyectar la Fiesta hacia el futuro.
- Usted sueña, con Pepe. Desde siempre los “figuras” han elegido el ganado que quieren torear y eso no va a cambiar. 
- Pues al menos que los lleven con el trapío requerido para ferias y plazas de categoría, ganado que no tenga problemas para pasar el reconocimiento y que tenga fuerza suficiente para aguantar la lidia. En eso deben ser exigentes veterinarios y autoridad, don José, porque se trata de un espectáculo público y tienen la responsabilidad de atajar el fraude y poner las cosas en su sitio.
- Pero los que llevan público a los tendidos son las “figuras”, don Pepe, y el público no se preocupa mucho de los toros, por eso la autoridad debe calibrar sus decisiones de acuerdo con quién torea y, si hace falta, transigir un poco. 
- ¿Y que más?.. Aquí lo que hace falta es justamente lo contrario para devolver a la Fiesta su autenticidad y, en vez de transigir con las exigencias de los “figuras”, como usted plantea, se debería actuar de forma más severa, como hizo hace no muchas fechas el presidente en la plaza de Jaén, en donde precisamente, mire que casualidad, también estaba anunciado el maestro de Chiva -como usted lo llama- que, ante la insignificancia del lote que presentó para ser toreado por el mismo, y en cumplimiento con las obligaciones de su cargo, suspendió la corrida.
- …Y dejó en la estacada a un novillero que iba a cumplir el sueño de su vida y ha un buen puñado de aficionados que se quedaron sin corrida después de un largo viaje… 
- De ese desaguisado tienen la culpa los “figuras” por la desfachatez de imponer -aún a costa de llegar hasta la suspensión del festejo con los consiguientes perjuicios para todos- un ganado indigno, incluso, para una plaza de segunda. ¿Cómo serían esos toros, madre mía?... Más decisiones como la que tomó en su día el presidente de Jaén hacen falta antes que consentir la lidia de toros inválidos y carentes del trapío y la casta mínima para hacer honor a su nombre de toros de lidia. Esa es la mejor manera de defender la Fiesta. Ponce, el maestro de Chiva -como usted lo llama-, no tiene derecho a quejarse de lo que le toca porque él elige los toros que torea. Si los sobreros que sustituyen a los inválidos que impone salen como salen es su problema, que presente toros con el trapío y la fuerza exigibles para la lidia o que se calle.

miércoles, 24 de marzo de 2010

MÚSICA PARA UN TORO BRAVO: CARTUJANO

"Cartujano" empujaba con fijeza en la 3ª vara que tomaba y el público, puesto en pie, ovacionaba al toro y su bravo comportamiento en el caballo. En ese momento, la "Banda del Maestro Tejera", a una orden de su director, don José Tristán Martín, rompió a tocar. Era en honor de un toro bravo. Un toro con poder de doña María Luisa Domínguez Pérez de Vargas. Un toro cuajado con 526 kilos de peso. Un toro que se lidió en la "Real Maestranza" de Sevilla, durante la corrida del “lunes de resaca”, el 25 de abril de1983. Era el último toro de la Feria: "Cartujano".

El toro había tomado una primera vara demoledora e interminable. Empujando con fijeza, llevó a caballo y caballero hasta las tablas, desmontó al piquero y siguió fijo con el jamelgo, empujando con los riñones. Volvió a encaramarse el picador en lo alto de su montura, metió de nuevo las cuerdas -ante las protestas del público- y siguió dándole fuerte durante un tiempo interminable…un minuto… dos…. El toro, encelado con el caballo, seguía empujando con fijeza, al final, al relance de un capote, deshizo la reunión con el penco y salió de su jurisdicción. Para la segunda vara fue puesto de largo, bastante más lejos de las dos rayas que delimitan los terrenos, tras una breve vacilación se arrancó de nuevo al cite del picador con clase y la cara abajo, empujando, derrochando bravura. El público, expectante ya, reclama a los lidiadores que lo dejen largo para la tercera vara, largo queda, a una distancia similar o mayor que la del anterior encuentro. El toro se arrancó esta vez sin dudarlo, jaleado por los espectadores de la “Maestranza” puestos en pie, raudo y con alegría, y volvió a meter la cara en el peto y, con las mermadas fuerzas que le quedaban después de emplearse a fondo en las dos varas anteriores, volvió a empujar con codicia y fijeza mientras el público rompía en una unánime ovación para el bravo toro. Ese fue el momento en que empezó a sonar la Banda de Música dirigida por el Maestro Tristán: Música para un toro bravo: “Cartujano”. ¡¡¡Ole!!!

La suerte de varas en todo su esplendor. Un toro bravo y con poder entregándose en el caballo; el público, puesto en pie por el resorte de la emoción, jaleando ese derroche de bravura; la Banda de Música subrayando con sus notas esos momentos de excepción… ¿Quién puede negar la grandeza de la suerte de varas? ¿Cómo puede ser que una suerte de la belleza de ésta esté en proceso de desaparición? ¿Por qué no poner todo el empeño en su recuperación como parte fundamental de la lidia que es?...

Pero dejemos a un lado las palabras y las lamentaciones (están sordos los oídos de los que podrían arreglarlo) y pasemos a las imágenes que, a fin de cuentas, eran el objeto de esta entrada. Al final de este párrafo enlazo el vídeo subido por el Canal de “DailyMotion” de LcbTV, en donde se puede ver la lidia completa de este toro, “Cartujano”, el último de la última corrida de la feria sevillana de 1983. El toro puso a prueba a Pepe Luís Vargas y su cuadrilla y salieron airosos, que no es poco. Julio Burgos Expósito, a pesar de un primer puyazo demoledor acogido con pitos del respetable, mantuvo el tipo y midió el castigo en el segundo y tercer encuentro; José Castilla cumplió con dos grandes pares; el malogrado Ramón Soto Vargas lidió con conocimiento; y el matador, Pepe Luís Vargas, no se arredró en ningún momento ante el poder, la exigencia y complicaciones de su oponente que se lo quería comer durante la faena de muleta. A destacar la gran estocada, tras un primer pinchazo en lo alto, con la que el matador ecijano puso colofón a la lidia de este bravo toro. Le fue concedida, con todo merecimiento, una oreja. Pero el protagonista indiscutible de ese último acto de la Feria sevillana de ese año fue “Cartujano”, un toro bravo de la ganadería de María Luisa Domínguez Pérez de Vargas, premiado con la vuelta al ruedo y música en su honor. ¡¡¡Casi nada!!!

lunes, 22 de marzo de 2010

EL PROBLEMA DE LOS TOREROS COMO COMENTARISTAS TAURINOS EN LAS CORRIDAS TELEVISADAS

Hace un tiempo, cuando algunas cadenas de televisión se decidieron ha programar las principales feria taurinas en sus canales de pago, se empezó a contratar a toreros retirados para, junto a los presentadores habituales de las cadenas, comentar las corridas de toros. Desde entonces esto viene ocurriendo tanto en los canales de pago como en los de que no lo son. En todas las cadenas de televisión, cuando se programa una corrida de toros, no puede faltar el torero retirado que comenta lo que sucede en el ruedo. Esto que, en un principio, pudiera parecer una buena idea, con el paso del tiempo, creo que se ha convertido, desde mi punto de vista, en una grave equivocación.

Pero vayamos por partes. La función de un comentarista debe ser la de enriquecer con su experiencia y conocimientos las imágenes y el relato de los presentadores de oficio. Ejemplo de ello son las aportaciones de deportistas retirados que ejercen esa función en las retransmisiones deportivas. Para los espectadores, y los propios profesionales del medio, es una aportación interesante que ayuda a ver, y entender, con mayor profundidad y claridad lo que acontecen en el espectáculo en cuestión. Deberíamos pensar que así tendría que ocurrir en las retransmisiones taurinas pero, por las propias características del espectáculo, y después de bastantes años escuchando las opiniones de estos toreros en dichos medios, pienso que no es así y que, además, es perjudicial para la propia salud de la Fiesta de los Toros.

Una constante de los profesionales del toro es abogar por lo que ellos llaman, “humanización de la fiesta”, que no es otra cosa que dulcificar las condiciones de las reses que tienen que lidiar, tanto en la integridad de las defensas de los toros, como en la presencia, la edad y el trapío que presentan a su salida al ruedo. Algo lógico si lo vemos desde la óptica del torero que tiene que ponerse delante de ellos, pero contrario a lo que debe darse al espectador que paga por un espectáculo íntegro y auténtico. Una vez retirados de la profesión, los que han ejercido y ejercen actualmente las labores de comentaristas, no son capaces de separar una y otra época de su trayectoria y se dedican a justificar -a veces de la manera más descarada- lo que acontece en el ruedo, tanto la presencia del ganado que se lidia, como las prácticas de los toreros que deben lidiarlos. Lo que debería ser explicación y ayuda para que los telespectadores comprendan, entiendan y adquieran mayor capacidad para juzgar lo que sucede en el ruedo se convierte en una alegato en defensa de las malas prácticas de los toreros y la escasa presencia de los toros a los que, sobre todo, se enfrentan los denominados “figuras” del momento.

Todos los toreros retirados que hacen funciones de comentaristas, la mayoría de los cuales han sido grandes profesionales y se han ganado en el ruedo el respeto de los aficionados, caen en la misma práctica, justificar los injustificable. Esta incapacidad para deslindar su etapa de profesional en los ruedos con la actual de comentaristas televisivos los incapacita, en mi opinión, para ejercer esta labor. Y no sólo esto, algunos no muestran ningún respeto por los aficionados que religiosamente pagan su entrada y que, por lo tanto, tienen derecho a manifestar su conformidad o disconformidad ante lo que sucede en el ruedo de la manera que crean conveniente, y se dedican desde esos medios con amplia difusión a descalificar las protestas, a veces de manera insultante, de los que exigen verdad e integridad en lo que sucede en el ruedo. Mantener estas opiniones ante los telespectadores, que tienen que soportar sus comentarios ante el televisor, no puede hacer sino daño a una Fiesta que, por su predisposición al fraude, desde siempre -aunque pueda parecer un contrasentido- ha sido controlada y regulada por la policía y las fuerzas del orden.

Pero los culpables últimos de esta situación son los responsables de las cadenas de televisión que contratan a estos antiguos toreros para desempeñar esa labor. Esto abre la puerta a otro asunto de largo recorrido en el que no quiero entrar ahora -aunque en este blog ya se ha tratado este tema en otras ocasiones y no faltará en el futuro la oportunidad de hacerlo de nuevo- como es el de la integridad de los periodistas y comunicadores que se encargan de la información taurina. En mi opinión, esta es una de las mayores lacras que debe soportar la Fiesta de los Toros pues la labor de estos informadores y creadores de opinión es vital para su defensa y, sobre todo, para la formación de nuevos aficionados. Una cosa es incuestionable y hay datos para afirmarlo, la salud de la Fiesta ha sido mucho mejor cuando mayor número de profesionales de la información y medios de comunicación se han comprometido con la verdad y la integridad del espectáculo. Por desgracia, la época que está atravesando la Fiesta de los Toros en la actualidad no es, ni mucho menos, la mejor, lo que da idea de la carencia de periodistas taurinos compremetidos con la ética de su profesión, y el fututo, tal y como están las cosas, pinta muy negro.

domingo, 14 de marzo de 2010

VALDEFRESNO, POR MOSTRAR INDICIOS DE RECUPERACIÓN, EN LA PICOTA

En la pasada Feria del Pilar de Zaragoza hubo serios problemas con una corrida de Valdefresno que venía a sustituir a otra rechazada de Domingo Hernández, de los 29 toros que pasaron por los corrales para completar la corrida, 9 eran de los ganaderos salmantinos, al final de tan ajetreada mañana, con un incesante ir y venir de camiones en los corrales de “La Misericordia”, tan sólo uno de Valdefresno se lidió, otro de los Hermanos Fraile Mazas y cuatro de Salvador Domecq completaron la corrida. El problema era que no les gustaban a los toreros -tres de las denominadas figuras del momento, El Juli, El Fandi y Manzanares- el material presentado por la ganadería salmantina. Llovía sobre mojado porque ya la pasada temporada los mandones del escalafón nada querían saber de los toros de Valdefresno. El problema era que se movían, que una ganadería pastueña en años anteriores había empezado a recuperar la casta y eso crea problemas porque para imponerse ante un toro encastado hace falta exponerse y torear, algo que parece que no encaja con la “comodidad” que buscan y exigen, los que pueden exigir, para anunciarse en los distintos festejos que se dan en los pueblos y ciudades de nuestro país.

La corrida celebrada el pasado sábado13 de marzo, en la Feria de Fallas valenciana, no es que fuera para tirar cohetes pero alguno de los toros, como el primero, fue bravo y se vino arriba en el transcurso de la lidia, y otros fueron encastados y tuvieron movilidad, cosa a la que no están acostumbrados la mayoría de los toreros del escalafón actual acostumbrados al toro "colaborador", como le llaman ahora, por lo que ese problema se agrava considerablemente al ir dos de los toreros que hicieron el paseíllo al “hule”. Según informan los partes facultativos -gracias a Dios- nada grave para lo que podía haber sido tal y como fueron las cogidas y el ensañamiento de los toros con sus víctimas. Si la ganadería de Valdefresno tuvo problemas el pasado año para colocar sus toros en los carteles importantes, cosa que había venido sucediendo desde hace años en donde los denominados “figuras” se la disputaban, a partir de ahora va ha ser mucho más difícil, de hecho su comparecencia en las Fallas valencianas ha sido en un cartel menor y fuero de la semana de fiestas propiamente dichas.

En resumidas cuentas, lo interesante de este festejo valenciano ha sido ver como los toros de Valdefresno han recuperado algo de movilidad y casta, lo que es una evolución positiva que agradecemos los aficionados. Lo malo para los ganaderos -y para la fiesta y la afición en general- son las dificultades cada vez mayores que encontraran los ganaderos salmantinos para colocar sus toros en los festejos de postín con las “figuras” en liza, lo que redundara, por una parte, en su menor cotización, y por otra, en que muchos de sus toros se los tendrán que comer con patatas, pendiente esta que, si los ganaderos no rectifican y no transigen en su intención de recuperar la casta, los llevará, más pronto que tarde, a que su ganadería quede relegada, como tantas otras, en el olvido. Son tantos los ejemplos que ilustran esta apreciación que sobran las palabras.

viernes, 12 de marzo de 2010

EN CUESTION DE TOROS: FRANCIA SUBE Y ESPAÑA BAJA

Una de las formas de medir la repercusión social de un espectáculo es por las publicaciones y manifestaciones culturales que sobre él se producen. El caso de la Fiesta de los Toros no se diferencia del resto. Los libros publicados, las revistas especializadas, la presencia en la prensa diaria, las películas o documentales videográficos que se producen, la música que inspira… todos ellos son datos para medir la salud de dicho espectáculo. Ha día de hoy, y según la cantidad de productos se ofrecen sobre el tema taurino en uno y otro sitio: Francia sube y España baja.

En lo que llevamos de siglo XXI, y atendiendo a los datos de libros y revistas publicados, la Fiesta de los Toros goza de mucha mejor salud al norte de los Pirineos que al sur. Muestra de ello es que en los últimos años la mayoría de las publicaciones que se ocupan del “planeta de los toros” vienen de tierras francesas, tanto en cuanto a los libros, como a las revistas taurinas, una de las cuales, “Terres Taurines”, ha empezado a publicase esta misma semana en nuestro país traducida a nuestro idioma, algo absolutamente novedoso en el territorio taurino español. Esta proliferación de publicaciones es una muestra del interés que despiertan entre los aficionados del país vecino el tema de los toros, las ganas de saber, aprender, de entender la fiesta y dar importancia al principal protagonista de la misma que no es otro que el toro. Un ejemplo es la gran cantidad de plazas en las que se asiste a las corridas con a un rito: Se estudia el toro, la lidia que se le da, la capacidad de los toreros para desarrollarla de forma correcta, la forma de ejecutar la suerte de varas por parte de los picadores, el trabajo de los subalternos y los defectos o virtudes de las faenas de muleta. Muchos aficionados franceses acuden a los toros con la intención de entender lo que ocurre en el ruedo antes que ha divertirse. Este interés por la Fiesta de los Toros en Francia se refuerza con la cantidad de actos que se organizan alrededor de los festejos taurinos y con la disposición de las autoridades y los aficionados para involucrarse en el montaje y desarrollo de los festejos y todo lo que los rodean.

En España, en la década de los ochenta, ocurrió algo parecido. Después de los estragos producidos por “El Cordobés” y sus formas, que dejaron el mundo del toro -y al toro mismo- por los suelos, y que fueron la causa por la que muchos aficionados dejasen de ir a las plazas de toros, hubo un resurgir de la afición: Se recuperó algo el trapío y la presencia del toro en las plazas; viejos maestros volvieron y dictaron lecciones de torería que no pasaron desapercibidas ni para los críticos, ni para los viejos o nuevos aficionados; una nueva generación de toreros trajeron interés y clasicismo a un escalafón viciado y amanerado; y algo muy importante y que ahora no ocurre, una serie de críticos taurinos de influyentes diarios ejercieron su profesión con independencia y compromiso. Esta leve recuperación del espectáculo taurino ilusionó a los aficionados que resistieron la debacle de las dos décadas anteriores y atrajo la atención de nuevas hornadas de aficionados que se acercaban a la Fiesta con ganas de aprender, de conocer, de entender el significado de la lidia y disfrutar con la emoción y el arte, si se da, en una tarde de toros. Esto dinamizó el mercado editorial, nuevas colecciones de libros taurinos aparecieron y otras remozaron su contenido, a la vez se produjeron obras en otras disciplinas artísticas y el alicaído mundo de los toros tomo aire.

Pero la situación de esos años ochenta, por desgracia, está muy lejana de la que se da hoy en nuestro país, en donde se aprecia una creciente falta de interés por la Fiesta de los Toros en todas las esferas sociales que amenaza seriamente su futuro. Salvo días contados relacionados con las fiestas patronales, el público no acude a las plazas, no interesan los toros ni siquiera a los aficionados aburridos por el “camelo” que pretenden vendernos nuestros taurinos de cabecera. Esta falta de afición y el desinterés del publico en general, que solo acude a los toros a divertirse y pavonearse en los tendidos en periodos feriales y fechas señaladas de su localidad, hace que no sea rentable las publicaciones taurinas, en consecuencia, la oferta editorial desaparece y la cultura taurina adelgaza. El ejemplo más claro en los años que llevamos de siglo XXI en nuestro país lo tenemos con José Tomás. El único torero que ha merecido la atención de los escritores, articulistas o músicos españoles en estos años es el diestro de Galapagar. Dicho sea de paso: es el único torero que despierta interés entre los aficionados y público en general, prueba de ello es que es el único que agota las entradas en todas las plazas en donde actúa. El resto de los toreros del escalafón, salvo alguna excepción puntual, no interesan ni a los aficionados, ni al público, ni al mundo de la cultura.

Ojala que este auge de la Fiesta de los Toros en Francia se sepa aprovechar para fortalecer la Fiesta y no se despilfarre, como ocurrió en España en los años ochenta -con nuevos aficionados en los tendidos y el interés por los toros de una buena parte de la sociedad española- por no saber, o no querer, utilizar el auge de los Toros para revitalizar la Fiesta seriamente dentro de los cauces de la integridad y poner freno a las pretensiones “humanizadoras” y fraudulentas de los taurinos que, apoyados por gran parte de la crítica taurina -escrita, hablada o televisada- y con el consentimiento, en contra de sus obligaciones, de las autoridades encargadas de controlar y velar por la pureza de la Fiesta, dieron al traste con esa oportunidad. El momento de vitalidad por el que parece atravesar la Fiesta de los Toros en Francia quizás sea una de las últimas esperanzas que nos quedan a los aficionados de hoy en día, que no se malgaste la oportunidad y que sirva de ejemplo.

domingo, 7 de marzo de 2010

LOS POLÍTICOS Y LA FIESTA DE LOS TOROS

A raíz de iniciarse en el Parlamento catalán los debates sobre la Fiesta de los Toros la clase política se ha lanzado al ruedo. A la iniciativa catalana para erradicar en su territorio las corridas de toros se opone la de la Comunidad de Madrid, anunciando su intención de declararla “Bien de Interés Cultural”, y las de otras Comunidades Autónomas que anuncian propuestas en esa misma dirección. De esta forma el debate de los toros se convierte en un territorio más de confrontación política que, más que beneficiar a la Fiesta, le puede dar su estocada definitiva si sólo se plantea desde la óptica electoralista y no con el objetivo de tomar, de una vez por todas, el toro por los cuernos y analizar en profundidad los motivos de la deteriorada situación por la que atraviesa la Fiesta y la iniciativa para devolverle la integridad y la verdad que nunca debió perder.

Los políticos -ya que controlan la inmensa mayoría de las plazas de toros y la reglamentación de los espectáculos taurinos- tienen la obligación, derivada de su responsabilidad pública, de velar por la pureza de los espectáculos que se organizan en los cosos que están bajo su responsabilidad y de que en ellos se cumpla el reglamento al pie de la letra. Su primer objetivo es garantizar a los consumidores la integridad de un espectáculo por el que pagan en taquilla una considerable cantidad de euros. Si mantuvieran esa actitud con rigidez muchos de los males que aquejan hoy en día a la Fiesta se habrían atajado a su tiempo. Pero si entran en el debate, puesto que de un "Bien de Interés Cultural" se trata, deben de hacerlo desde una perspectiva distinta a la de la confrontación partidista y territorial. Se deben analizar en profundidad las causas del deterioro que traspasa una Fiesta legendaria y que amenaza ruina, más que por el debate entre contrarios y partidarios, por el uso y abuso de los que viven de ella. Atajar esa sensación de fraude generalizado que existe y ser valientes a la hora de poner las cosas y a los profesionales en su sitio. Una Fiesta que se ha mantenido en candelero durante cientos de años sustentada en la emoción y el riesgo se ve ahora amenazada por su mayor enemigo, el aburrimiento. Los mayores culpables de que la situación haya llegado a extremos tan preocupantes son los que han controlado, manejado, manipulado, maniobrado, extorsionado y maniobrado con la profesión de la que viven en aras de la comodidad: los taurinos que han hecho del abuso uso.

Pero, como en otras ocasiones, pongamos un símil deportivo, ya que ahora el papel de héroe social que antiguamente tenían los toreros los ocupan deportistas de élite y, sobre todo, futbolistas. Para ser el número uno en una especialidad deportiva hay que hacer mil sacrificios, dedicar horas sin cuento al entrenamiento, pasar miles de pruebas antidoping y de selección, esforzarse al máximo durante años y jugarse el tipo las veces que haga falta. El héroe suele ser el campeón, el primero, el número uno, puesto ganado en feroz competencia con el resto de participantes, pero además debe ser limpio y legal porque en caso contrario pierde el favor del público y se le sanciona severamente. La Fiesta de los Toros, cuando era la preferida del público, compartía muchos de estos valores, en los tendidos prendía la pasión y los toreros competían entre sí por ser los mejores cada tarde, intentando la suerte más arriesgada, el mayor arrojo, o la mayor perfección en su labor ante el toro. Pero es que también competían lo ganaderos, en cada corrida y en cada toro iba, más que sus ganancias, su orgullo. Eso era lo que hacía grande la Fiesta, lo que la situaba en el primer puesto de los espectáculos preferidos por el público. Esos valores son los que le han servido para mantenerse durante tantos años en candelero y los que, en aras de la comodidad y el negocio, se están perdiendo si no se han perdido del todo todavía.

La gente sigue llenando los tendidos cuando presiente o intuye que hay emoción en el espectáculo que se le ofrece. Lo estamos viendo estos últimos años con el fenómeno de José Tomás. Sin entrar en la mayor o menor pureza de su toreo, la propuesta que ha sabido transmitir el torero de Galapagar de entrega, verdad, peligro y compromiso en todas sus actuaciones hace que se llenen las plazas de toros incluso en festejos fuera del abono ferial, cosa que no consiguen ninguno de los considerados figuras del momento. Es un dato claro y reciente que habla por sí solo de que el público, al margen de la crisis y el precio de las localidades, va a las plazas si cree que va a presenciar un espectáculo verdadero y único. A pesar de esta evidencia, los taurinos, como los avestruces, prefieren seguir con la cabeza metida en un agujero mientras sigan llevándoselo calentito y con el menor esfuerzo. Ese fraude es el que hay que atajar y ese debería ser el centro del debate en el que se deben embarcar los políticos para que la Fiesta recupere el esplendor de otras épocas. Si la plaza de Barcelona se llenara cada día de corrida, como ocurría hace unos cuantos años dos veces por semana, y los toreros despertasen la expectación del héroe, como los futbolistas de élite de ahora, nadie se atrevería a proponer la prohibición de las corridas de toros en Cataluña, como no se oponen los que apoyan la prohibición a los festejos populares, más cruentos si cabe que las corridas, en los territorios del Bajo Ebro.

Si de verdad quieren los políticos que la Fiesta de los Toros sea “Bien de Interés Cultural”, que sin duda lo es, y siga siendo Patrimonio Cultural y Artístico de la Humanidad, que también lo es, deben entrar a fondo en el debate, contando con todos los sectores del negocio, incluidos los consumidores, y poner el dedo en las llagas de corrupción y fraude que la están llevando de forma acelerada a una muerte cierta, no por las prohibiciones que le puedan caer encima, que a lo largo de la historia han sido muchas y todas las ido superando, sino por la propia acción de los que, en vez de engrandecerla y reforzarla de cara al futuro, se aprovechan de ella sin escrúpulos.

domingo, 28 de febrero de 2010

LUÍS FRANCISCO ESPLÁ, EL TORERO

El torero Luís Francisco Esplá ha sido condecorado con una de las Medallas de Oro de las Bellas Artes del pasado año 2009. El torero alicantino, que está en proceso de retirada de la profesión en la que lleva en activo desde el año 1974, cuando debutó como novillero en la ya desaparecida plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife, y que se supone que cerrará de forma definitiva con el doctorado como matador de toros de su primogénito Alejandro, bien se merece esta condecoración por todo lo aportado a lo largo de su dilatada carrera al arte de lidiar toros bravos.

Es de destacar que las Medallas que se han concedido hasta el momento han recaído en su totalidad en los que podríamos denominar como “toreros artistas” (dejando a un lado la que en 2008 se le regaló a Rivera Ordóñez y que provocó, además de una gran polémica entre los aficionados, la devolución del galardón por parte de Paco Camino y José Tomás, dos de los anteriormente premiados) y Luís Francisco Esplá nunca ha sido catalogado como tal ni por la crítica, ni por gran parte de los aficionados. Se le reconocían conocimiento de los fundamentos de la lidia, clasicismo en las formas, conocimiento de los terrenos, capacidad para entender a sus toros, variedad y gusto en la interpretación de las suertes, recursos sobrados para andar desahogado ante todo tipo de encastes, un portentoso tercio de banderillas que levantaba a la gente de sus asientos o la reinterpretación de viejas suertes en desuso. Nunca su capacidad artística, ese “ángel” que han tenido otros toreros y que, en condiciones favorables, eran capaces de destapar “el tarro de las esencias”. Por eso esta Medalla concedida al torero alicantino es diferente de las otras, con ella se premia el dominio y el conocimiento, en otras palabras, se condecora el arte de lidiar toros.

En esta época por la que atraviesa la Fiesta, repleta de consumados “pegapases” a unos animalejos parecidos en la forma a los toros de lidia pero que en el contenido nada tienen que ver con ellos, que no tienen ni idea de lo que es “el arte de la lidia” porque no necesitan saber sus reglas para andar con estos sucedáneos de toros que imponen en sus actuaciones, donde de nada valen los méritos conseguidos en el ruedo y ante el toro, que nos está llevando aun espectáculo monótono, previsible, aburrido y carente de emoción que, no lo olvidemos, es el principal fundamento de la Fiesta de los Toros, la Medalla concedida a Luís Francisco Esplá tiene doble valor. Porque, además, los méritos acumulados han sido cosechados ante toros con toda la barba, los que no querían ver ninguna de las figuras que a lo largo de los años han compartido escalafón, que no corridas, con el diestro alicantino. Lo que para unos, muy de vez en cuando, era una gesta para Esplá era lo cotidiano. Esto le hizo ganarse el favor de los aficionados poco a poco, a fuego lento, pero al final de su carrera ha obtenido el reconocimiento de todos.

Quizás el éxito más rotundo y bonito de su carrera, que no el único, tuvo lugar el pasado año en su plaza de Madrid, el 5 de junio de 2009. En su actuación ante el toro “Beato” -un señor toro- consiguió volver locos y poner de acuerdo a los más de 24.000 espectadores que abarrotaban la Plaza de “Las Ventas”. Al finalizar la corrida ocurrió algo que no es habitual en estos tiempos que corren, los aficionados se arrojaron al ruedo y pasearon y sacaron sobre sus hombros a Luís Francisco por la Puerta Grande. ¿Qué había pasado? ¿A qué venía esa locura colectiva? Pues que habían visto “torear” de verdad a un toro “de verdad”. Una vez más había producido el milagro del “arte del toreo”, eso tan escaso y difícil de que se produzca hoy en día porque, ni salen toros por los chiqueros, ni los “pegapases” que copan los carteles saben torear y mucho menos lidiar. Muchos de los que ese día se volvieron locos en “Las Ventas” nunca habían visto una cosa así, y los aficionados que todavía quedan en la plaza madrileña ni se acordaban de otra como esa. Eso explica esa reacción enfervorizada del público. Hubo un toro y un torero que lo toreó y, dejándose de detalles y exquisiteces, esa es la auténtica fuerza de la Fiesta de los Toros y por ahí debería seguir su curso si quiere recuperar su esplendor. Fue la última gran lección del maestro alicantino.

Pero antes de terminar esta entrada, y para escarnio de los “plumillas” del taurineo, quiero hacer referencia a lo que cuenta Carlos Abella en el apartado referido a Esplá, en su libro “De Manolete a José Tomás”, en cuanto a las reticencias de los jóvenes críticos y revisteros taurinos con el diestro alicantino al que reprochaban que “todo lo hace bien menos torear”. Sobre esta opinión que, en un principio, el propio autor catalán dice compartir, escribe: “Creo que detrás de tan negativo juicio, late el hecho de que Joaquín Vidal, el desaparecido crítico de El País, hiciera de él el torero que por excelencia encarnaba la torería y la maestría”. Sin comentario.

Para complementar este artículo, copio íntegramente una crónica de Joaquín Vidal, la que apareció en “El País” el 1 de junio de 1984, referida a la corrida del día anterior en la que toreó Luís Francisco Esplá junto a “El Niño de la Capea” y José Cubero “Yiyo” ante toros de Dionisio Rodríguez. Al final de la misma enlazo un vídeo cargado por “LcbTV” en su canal de “DailyMotion” con la faena al último toro de esta corrida, un sobrero de nombre “Tabacoso”, en donde el diestro alicantino perdió los trofeos por el mal uso de la espada, aunque dio un triunfal vuelta al ruedo.

El torero
Joaquín Vidal

"Saber estar en el ruedo, lidiar; este es Luís Francisco Esplá, este es el torero. El momento torerista es de penuria, pero aquí hay un alicantino de escuela, vocacional y valiente, que invita a renacer la propia mística de la torería. Suya fue la tarde. Con él estoconazo del Niño de la Capea -que resultó cogido-, cuanto hizo ayer Esplá alcanzó el protagonismo de la corrida. Tuvo tres toros completamente distintos entre sí, ninguno fácil, y a los tres dio lidias distintas, lidias de maestro, adecuadas a las características de las reses. La faena que instrumentó a su primero tuvo un mérito enorme. Faena de análisis y estudio, para aficionados, en la que el torero pisaba terrenos comprometidos, con el fin de dar la exacta distancia que requería el toro reservón; consentía, aguantaba la embestida áspera, obligaba, se ceñía en la suerte, mandaba.

Ya dominado el toro, reposó su toreo, instrumentó una serie de ayudados por alto y, en ligazón, el afarolado y el pase de pecho. Así quiere la tauromaquia pura que sea una faena clásica, de torero enterado y valiente: exponer, hacerse con el toro, adornarse. Para aquellos espectadores que tienen por iguales todos los toros, debió ser una más. La afición, en cambio, sabía que había sido una labor importante, la cual muy pocos diestros serían capaces de repetir.

El cuarto era un torazo alto de agujas, largo y muy serio, pero principalmente era bronco, de los que desarrollan sentido. No cabía más que aliñar, y es lo que intentó Esplá. Pero este muleteo de recurso también tenía peligro. Doblaba por bajo el torero y cuando iba a tomar su terreno para el siguiente ayudado, ya lo ocupaba el toro, que lo defendía engallado, en alto y desafiantes las astas. Fue un trasteo de poder a poder, complicado, pues siempre es complicado y conlleva muchos riesgos pretender el dominio sobre un toro que desparrama la vista, es tan ágil de cuello como siniestro de intenciones y derrota al bulto. Cuando consiguió cuadrarlo, lo mató con habilidad.

El sobrero, lidiado en sexto lugar, resultó ser un pavo impresionante, cuajado y hondo, cornalón aparatoso y astifino, de llamativa capa cárdena. El respeto que imponía el toro dio mayor mérito a la actuación del torero, que fue completísima y brillante en todos los tercios. El de banderillas encendió el entusiasmo del público, pues Esplá lo hizo espectacular y emocionante. Y aún prendió un cuarto par de propina, arriesgadísimo, por los terrenos de dentro. Sombreros y flores caían a su alrededor, mientras correspondía a la ovación clamorosa del público puesto en pie.

La faena se presumía de apoteosis cuando Esplá brindaba al público, pero nadie había contado con la casta del cárdeno apabullante, que estaba crecido. El animal punteaba en los muletazos iniciales, no se entregaba, y el torero hubo de consentir otra vez, hasta que logró centrar la embestida, y entonces la embarcó por ambas manos, con naturalidad y temple. Los pases de pecho, exquisitamente ligados, aún mejoraban la calidad de su toreo, e incrustó un precioso molinete girando entre las astas. Citó a recibir. La ejecución de la suerte, con técnica precisa y arrebatadora decisión, puso al público de nuevo en pie, aunque la espada quedó baja. El desacierto con el descabello le privó de la oreja, que ten ía ganada. Pero poco importan orejas. Esplá revalorizó ayer su cartel en Madrid, donde la afición sabe que es torero; el torero.

Hubo en la tarde dos toros de extraordinaria boyantía, que fueron primero y tercero. Al primero, le hizo el Niño de la Capea su faena acostumbrada, bullidora, desigual, a trompicones, valiente y honesta. Se volcó en el volapié y salió enganchado malamente por la pechera. La estocada valió la oreja y luego se retiró a la enfermería.

Al tercero le hizo Yiyo una faena muy ligada y ahí estuvo su mayor mérito. Naturales y derechazos, en ajustadas series de tres, cargando la suerte y abrochados con los de pecho, se sucedían bien interpretados, dentro de un trasteo uniforme y correctamente concebido. Con la espada deslució Yiyo su labor. El quinto era un inválido y le dio pases incoloros. Continúa este torero en su andadura ascendente, que inició el año anterior, y así lo reconoció el público.

Pero en la tarde estaba Esplá, y luego todos los demás. Hizo oportunos quites, por su impecable colocación; manejó el capote con eficacia, variedad y gusto; lidió toros de casta, serios y difíciles; los dominó con la muleta. Este es el torero. Tiene maestría y quizá vaya a ser torero de época."

martes, 16 de febrero de 2010

COMPETENCIA Y VERDAD

- Hola don Pepe.
- Hola don José.
- ¡Qué sorpresa! ¿Cuánto tiempo hace que no nos veíamos?
- Pues bastante… al menos desde el año pasado…
- Tiene usted razón, por lo menos desde la Feria de Pilar.
- Pues ya han pasado días… ¿eh?... Y hablando de la feria… ¡vaya petardo!
- Pues tampoco es para ponerse tan negativo… Se vieron cosas, detalles… ya sabe usted, don Pepe, el toreo y los toros de ahora.
- Pero eso es muy poco para una feria que tendría que ser de las cuatro o cinco más rematadas de España, don José… demasiado poco.
- La gente se divirtió, que es lo importante ahora, y los días señalados hubo llenazo. Ahora hay otras diversiones y el publico se dispersa más. El que va a las plazas de toros va con la idea de distraerse y pasar el rato.
- No puede usted justificarme el desastre que soportamos durante toda la feria con esos argumentos tan estúpidos. A los espectadores que acuden a los toros, sea el día que sea del ferial, tengan más o menos conocimiento de la fiesta, o vayan con más o menos ganas de divertirse, hay que ofrecerles el espectáculo íntegro y la autoridad debe mantenerse en su sitio, manteniendo un pulso al populismo para defender la categoría de la plaza.
- ¡Pues no viene usted fuerte este año, don Pepe! Menudo mitin me ha soltado, como si no supiera yo de lo que estamos hablando. Un poco de tranquilidad y no tergiverses mis palabras.
- ¡Como que no tergiverse!... Usted, como aficionado que es, nunca puede decir eso ni justificar el fraude…
- No confunda las cosas porque yo nunca pronuncié esa palabra y le tengo que reconocer que la Feria del pasado año no fue brillante, como las de tantos otros años, pero algunas cosas quedaron para el recuerdo, como esa faena del hijo del fino torero alicantino ya retirado que, sin duda, fue una de las mejores de la temporada.
- Menos lobos, don José… que no fue para tanto… además mató mal y el propio torero lo reconoció
- Los que realmente fracasaron fueron esos hierros duros con los que se le llena la boca, eso si que fue un petardo.
- ¡Y gordo, don José! Venir con un pedigrí y pisotearlo de esa manera… Eso ya fue, como dicen en mi pueblo, la rematadera.
- Que le vamos ha hacer, don Pepe, otro año será… esperemos que sea este.
- Ojala, aunque por las trazas y las prisas que se están dando…
- Pues se oyen rumores, en cuanto al primer ciclo, que igual no le desagradan a usted…
- A mi déjeme de rumores, que no me creo nada ni quiero crearme falsas expectativas, pronto o tarde harán públicos los carteles y entonces ya hablaremos…
- Pues cambiemos de tema porque además le quiero trasladar una pregunta para sondear su opinión sobre un asunto que considero de interés.
- Usted dirá, don José.
- Pues… partiendo de que el momento por el que atraviesa la fiesta en la actualidad no es el mejor de los últimos años, creo que sería un gesto importante que los máximos figuras del escalafón tomaran cartas en el asunto y se comprometieran con su presente y con su futuro. Es preciso crear afición en los espectadores ocasionales de las ferias y los que en el futuro puedan sentirse atraídos por esta fiesta y para ello que mejor que organizar varias corridas en las que…
- … Toreen mano a mano Tomás y Ponce.
- En efecto, esa era la cuestión que le quería plantear, pero ¿cómo lo…?
- Se le venia venir, don José.. que ya son muchos años y lo voy conociendo a usted.
- Yo pienso, don Pepe, que sería muy bueno para la fiesta si dejaran a un lado sus propias estrategias taurino-económicas y arrimasen el hombro para darle un empujón hacia el futuro. El compromiso de su posición en el escalafón y las preferencias de los públicos, a los que se deben, se lo demanda.
- Sin tanto rollo, don José, que siempre se han enfrentado, cuando han coincidido en la época, los figuras de la tauromaquia en el ruedo y la fiesta es, precisamente en esos momentos de competencia, cuando mejor salud ha tenido. Si no lo hacen es porque tienen más de negociantes que de toreros.
- Yo no quiero llegar tan lejos como usted, don Pepe. Como toreros los respeto y admiro a los dos, porque ambos han dejado su impronta en el ruedo y han firmado faenas inolvidables. Pero como dos de los más importantes diestros que son, si no los que más en estos momentos, y puesto que se deben a su profesión y al público que los mantiene, deberían llevar aparejado el compromiso de poner lo mejor de sí mismos para favorecer y engrandecer este espectáculo del que viven.
- Le entiendo y estoy con usted, don José. Debería de ser así pero, por lo que parece en base a lo que dice uno y otro, no creo que llegue a serlo, priman más sus propias estrategias particulares que la fiesta en sí… y están en el derecho de hacerlo… pero con la profesión que les ha dado todo lo que tienen y lo que son deberían tener un mayor compromiso, algo mas de torería.
- Bien dicho, don Pepe.
- Pero también le digo que, más importante aún que el mano a mano por el que usted me preguntaba, es conseguir que las corridas de toros, sean en la plaza que sean, se den como deben de darse, con toros en plenitud de facultades, toreros dispuestos a torearlos y la autoridad vigilante del cumplimiento del reglamento. Es el mayor gancho de la fiesta de los toros, la emoción que se genera cuando eso ocurre en el ruedo, y si además se produce algún pasaje artístico pues miel sobre hojuelas… La única manera de que se aficionen de verdad los que van ocasionalmente a los toros en los periodos feriales de sus localidades es que tuvieran la posibilidad de contemplar la fiesta, con su grandezas y sus miserias, en toda su dimensión siempre que acudieran a una corrida. Para eso se necesitaría el compromiso de todos los sectores: toreros, empresarios, ganaderos, medios de comuni…
- ¡Usted sueña…! Eso es imposible. Yo me conformo con ver…
- …¡Muerte al conformismo, don José!... Debemos exigir que…
- … Hoy, mire por donde, voy a ser yo el que le proponga tomar un vinito.
- Pues por mi parte no va ha quedar.
- Ok, don Pepe…
- ¡Toma que palabreja!
- ¿Por donde ha estado usted para no verlo en tanto tiempo?
- ¿Y usted?
- Pregunte yo primero.
- ¡Venga ya…!

sábado, 6 de febrero de 2010

LOS AFICIONADOS DE ENTONCES

A estas alturas del invierno, donde los días se desperezan y se alargan descaradamente, es cuando suelo despertar de mi letargo y, junto a los recuerdos que el calor de los primeros rayos de sol avivan en mi memoria, surge la impaciencia por saber qué nuevos acontecimientos y emociones nos traerá el nuevo curso taurino. La temporada sigue todos los años las mismas pautas y los ritmos se repiten con machaconería. Cuando, por San Blas, el día alarga una hora y más, la cuenta atrás hacia un nuevo año taurino empieza para todos. Dando por zanjada la pasada temporada, se establecen las conversaciones con la mirada puesta en el futuro, pues se anuncian los carteles de las primeras ferias del año y entre los aficionados empieza el run-run… Aquí, en Zaragoza, todavía no se sabe nada de los festejos que piensan programar para este año y algunos aficionados se impacientan por ello, los oigo rumiar por mis alrededores sus razones y argumentos… También he oído comentar que este año dos viejos conocidos, Rodolfo Cruz Pando y José Manuel de la Cruz Velasco, abonados desde hace muchos años y aficionados a carta cabal, no volverán a venir más a los toros… pero no por falta de afición… Ha Rodolfo ya lo eché en falta durante la pasada Feria del Pilar… Del “Doctor”, que había fallado durante todo el primer ciclo, lo volví a ver durante la Feria, me alegré y pensaba que la cosa iba bien, pero… Os tendré presentes en mi memoria por vuestra fidelidad y demostrada afición. Ojala que vuestra ausencia se vea recompensada con una temporada como la que hubierais querido presenciar y por lo cual luchasteis, sería la mejor muestra de la salud de la Fiesta y de que vuestra partida se viese recompensada con la llegada de muchos otros más para comprobar y ser participes de la emoción de los festejos que se celebran en edificios como el que me alberga.

Pero como decía anteriormente, mi memoria se aviva con la luz del día que se alarga perezosamente y el calor de los primeros rayos solares que anuncian el final del invierno. Soy proclive en esta época a rememorar sucesos y acontecimientos que por unas u otras razones se grabaron en mi memoria con mayor fuerza y nitidez. Hoy, quizás influenciado por la calidad de los aficionados que me abandonan para siempre y preocupada por el futuro que nos espera -a la Fiesta y a mí- si no ocupan su sitio muchos otros aficionados con el mismo grado de compromiso y exigencia, me han venido a la memoria algunos acontecimientos que sucedieron hace más de 100 años y que nos muestra como eran, y como se tomaban las cosas, los aficionados de entonces.

Era en el año 1906, a finales de septiembre, o si lo queremos mirar de otra forma, pocos días antes de la tradicional Feria del Pilar, que se celebraba en honor de la Virgen que le da nombre, y Nicanor Villa “Villita”, que era el gestor de la plaza en aquellos momentos, todavía no había concretado los carteles de la Feria. La afición exigía la presencia de “Bombita” y “Machaquito”, los máximos figuras del momento, pero por unas u otras causas, la empresa no contaba con ellos, en su lugar contrató a “Quinito” y “Cocherito de Bilbao”. Lo del “Bomba” era lógico porque, a causa de haber recibido una grave cornada en el pecho recientemente en la plaza de Madrid, declinó su compromiso, en el que iba a cobrar nada menos que 5.000 reales. “Machaquito” debió de tener su tira y afloja con la empresa y también declinó su presencia. La afición se calmó algo cuando se anunció a “Pepete” como sustituto del de Tomares, pero sufrió un percance en la plaza de Lisboa, y aunque mandó un telegrama confirmando su presencia cuatro días antes de su compromiso, al final tampoco estuvo presente. “Mazantinito” es otro de los diestro que se caen del cartel por un percance de consideración sufrido en la plaza de Madrid. Entre la afición reina la incertidumbre. Por fin se anuncian los carteles que quedaron compuestos de la siguiente forma: Día 13, ante toros de Carriquiri, Fuentes y “Cocherito de Bilbao”; día 14, toros del Marqués de Guadalest (antes de Cámara) para “Quinito” y Fuentes; y el día 15, para cerrar la Feria, toros de Miura para “Quinito”, Fuentes y “Pepete”. Las aguas se van calmando, llegan los toros a los corrales con la antelación necesaria y todo discurre en orden. La primera corrida, la de Carriquiri, se desarrolló en la más absoluta normalidad, e incluso la empresa regaló un toro que se encargo de lidiar “Calerito”.

Pero las cosas se iban a torcer al día siguiente… ¡¡¡Y de que manera!!!. El día se presentó nublado y amenazando lluvia. Si a eso unimos que por la mañana no había mucha demandas de entradas y la corrida también amenazaba pedregada en las taquillas, el empresario, ni corto ni perezoso, tiró por la calle del medio y se dirigió hasta la sede del Gobierno Civil para proponerle al Gobernador la suspensión de la corrida. Así fue acordado en el despacho del Usía. Pero en esos momentos, en el exterior hacía un sol radiante, cosa que ellos, encerrados como estaban en un despacho, no podían ver. Mientras esto sucedía en el Gobierno Civil, las puertas de mis dependencias, siguiendo la costumbre y los horarios habituales, ya se habían abierto y numerosos aficionados estaban acomodados en tendidos y graderías esperando el comienzo de la corrida. No vean ustedes, queridos lectores, la reacción del Presidente del festejo, y Teniente de Alcalde del consistorio municipal, Sr. Vilella, cuando se enteró de la noticia. ¡Como podía ser que se tomase una decisión como esa sin consultarle a él! Salió disparado de la plaza a entrevistarse con el Sr. Llamas, que era el Gobernador y quién había tomado aquella decisión. Se cuenta que tuvieron más que palabras en la sede gubernamental.

Mientras los dos políticos dirimían sus razones encerrados en el despacho del Gobernador, el público, los damnificados de semejante decisión, se había ido agrupando en la plaza de la Constitución hasta tomarla por completo y proferían gritos ensordecedores pidiendo que se celebrase la corrida. La situación empezó a ponerse preocupante y, ante la insistente presión de los aficionados, el Gobernador aceptó recibir una comisión de los espectadores para aclarar las cosas. Acabada la reunión con la inevitable suspensión del festejo, se dispuso, a petición de los delegados de los aficionados, que se procediera a la devolución del importe de las entradas desde ese mismo momento, a lo que accedió la autoridad haciendo público un aviso y disponiendo que empezase el trámite de devolución de las entradas inmediatamente en las taquillas de la plaza,. Pensando que tras esa disposición ya se abrían calmado los ánimos de los aficionados que se habían desplazado hasta allí, el presidente de la corrida, Sr. Vilella, decidió lavase las manos, abandonar el Gobierno Civil y dejarle la tostada al Gobernador. No se le ocurrió otra cosa que hacerlo por la puerta principal y cuando salia encaminándose hacia su carruaje, los que allí estaban, desconocedores en su mayoría de lo acordado, la emprendieron contra el Teniente de Alcalde que tuvo que volver a refugiarse a toda prisa en el Gobierno Civil. En esos momentos una sección de la Guardia Civil a caballo hacía su aparición en las puertas de la Diputación.

La confusión aumentaba en el despacho de Llamas. A eso de las tres menos cuarto alguien le sugirió al Gobernador que revocara la orden de suspensión y ordenara la celebración de la corrida. Más confusión. Se mando buscar, y acudieron, a empresario y gerente de la plaza, Crespo y “Villita” respectivamente. Se mandó buscar a “Quinito”,  pero ha "Quinito” no lo encontraron ni debajo de las piedras… Se dio la orden de buscar a Fuentes, del que se rumoreaba que estaba aquejado de un golpe y se ponía en entredicho su participación en la corrida… Mientras tanto los aficionados reunidos en la plaza de la Constitución ponían rumbo de nuevo hacia la plaza continuando su protesta. Pero a su llegada se encontraron con una desagradable sorpresa. Una fuerte dotación de la Guardia Civil con cara de pocos amigos, custodiaba las taquillas en previsión de cualquier alboroto. Los sables desenfundados brillaban radiantes en sus manos con ademán amenazador… De esta forma, ante mis muros custodiados por las fuerzas del orden, se calmaron por fin los ánimos de los aficionados… Se había decidido aplazar la corrida para el próximo día. Llegó la mañana siguiente y la Empresa había colgado un aviso en las taquillas que decía: “La corrida del Marqués de Guadalest (antes de Cámara) suspendida ayer por causa del mal tiempo, se celebrará hoy a las tres de la tarde, con los mismos espadas “Quinito” y Fuentes. Los que no estén conformes, pueden devolver las entradas en casa de Rivera, de nueve a doce de hoy. Zaragoza 15 de octubre 1906. La empresa.” La corrida se celebro con normalidad y Fuentes cortó una oreja. La Feria, a causa de este asunto, se cerró un día más tarde de lo previsto, el 16 de octubre con la corrida de Miura.

En esta época, un siglo después, una reacción de los aficionados como esta es impensable que pueda darse, para empezar porque cada día, y por desgracia, son menos. Vienen muchos que solo les interesa dejarse ver. Las cosas han cambiado desde entonces e imperan otros modos de comportamiento, pero aquellos que se manifestaron ante el Gobierno Civil en aquél lejano 1906, disconformes con la suspensión de la corrida de manera arbitraria o por razones oscuras, lo hacían por defender una Fiesta de la que eran clientes asiduos... aficionados... cosa que para mi -como plaza de toros que soy- es indispensable para seguir existiendo. Ya no se montan esa broncas monumentales de entonces, ni las de hace no muchos años, broncas que rebasaba mi recinto y se oían desde la plaza del Portillo y la Estación. Será cosa de la educación moderna y de las normas de urbanidad actuales. Aunque, como escucho de los que además de los toros son aficionados al deporte rey actual, el fútbol, cuando las cosas ruedan mal para el equipo -y en Zaragoza no es que vayamos muy bien esta temporada- los aficionados se manifiestan en los estadios pidiendo cabezas, o se reúnen en los alrededores de los campos en actitud agresiva contra jugadores, entrenadores y directivos. Y, al igual que los guardias civiles que me acordonaron en aquel 14 de octubre para evitar una trifulca, las actuales fuerzas del orden tienen que proteger, escoltar y cuidar de la integridad de los equipos. O sea… que las cosas no han cambiado tanto. Lo que si a cambiado, y eso me pone muy triste, es la afluencia de público a mis asientos, quitando los tres o cuatro días grandes de las Fiestas mis tendidos se quedan a medio llenar o semivacíos. Será cosa de los tiempos. Con más de doscientos años de historia, emociones y hazañas en mi ruedo… quizás ya no me quede tanto de vida… Bueno, bueno… Miremos hacia delante… Comienza una nueva temporada... Que sea como la que soñaban esos viejos conocidos y buenos aficionados, José Manuel y Rodolfo, que ya nunca volverán a su localidad y a los que tanto echaré en falta.

martes, 26 de enero de 2010

ANTOÑITA PEÑUELA - TARDE DE TOROS

Antoñita Peñuela nació tarde para la copla y murió demasiado pronto. Tan sólo contaba 28 años cuando un desgraciado accidente de coche acabó con su vida pero, a pesar de ello, dejó grabadas un puñado de canciones que dan muestra de su talla y proyección como cantante de la canción española. Entre ellas un par de ambiente taurino, que es de lo que se ocupa este blog, pues aunque en su familia no había antecedentes en el mundillo del toro, era aficionada y se casó con un novillero valenciano con el cual tuvo un hijo que contaba poco más de un año cuando falleció y una hija que había nacido 14 días antes del fatal accidente. Por este motivo no es muy extensa su biografía, ni demasiado conocida entre las intérpretes de la copla, por lo que es de justicia dedicarle esta entrada contando lo que sé de su vida y su trayectoria artística.

Antonia Peñuela Castañeda nació, en Lorca, el 19 de abril de 1947. Su padre, Antonio, era carnicero de profesión y se le conocía popularmente como “El Mataor” y a su madre, Emilia, a la que llamaban “La Castañeda”. En la ciudad murciana, a la que habían emigrado sus padres en busca de trabajo, vivió hasta los 3 años. En 1950 volvieron al pueblo jienense de donde procedía su familia, Torreperogil, en donde pasó su niñez y adolescencia. En el ambiente del pueblo, heredando el mote de su padre, se la conocía como “La mataora” y desde muy joven, y aunque en su familia no había antecedentes musicales, se aficionó al cante. Conocida esta afición y sus buenas cualidades para ello, la clientela de la carnicería de su familia, si Antoñita andaba por la tienda, le pedían que les cantase algo y ella, ni corta ni perezosa, salía del mostrador y los complacía cantando alguna que otra canción. Como si de un espontáneo que se lanza al ruedo para torear se tratara, la primera vez que actuó en público fue colándose en el tablao en el que actuaba en el pueblo “Juanito Maravillas”. Un año después, durante una actuación de la “Niña de Antequera” en el cercano pueblo de Sabiote, volvió a repetir la misma operación y dejó sorprendidos a los presentes. Cuando contaba 18 años, allá por el año 1965, la familia volvió a emigrar y esta vez fueron a instalarse en Torrente, provincia de Valencia.

A partir de ese momento comienza su carrera artística. En 1966 se presentó en el programa “Tertulia de Artistas” que se emitía en Radio Popular y ganó el primer premio. Paco Vila, que dirigía el programa, apostó por ella y se convirtió en su manager pagándole la nada despreciable cifra, para aquellos tiempos, de 500 pesetas por actuación, y eso sin tener carné de artista que era obligatorio entonces para poder actuar en público de manera profesional. Al año siguiente ya era conocida por los pueblos de Valencia y entró en el estudio para grabar su primer disco. Mientras estuvo con Paco Vila grabó este y otro más para la casa “Sesión”. Con el que sería su manager para el resto de su carrera, Emilio Lamany, firmó con una discográfica más importante y establecida a nivel nacional, la casa “Belter” y, hasta que la muerte se cruzó en su camino, grabó seis.

Antoñita era una cantante muy completa y dominaba todos los estilos de la copla y el flamenco: pasodobles, rumbas, fandangos, tanguillos, alegrías, tientos, saetas… Su éxito más grande fue “La espalibá”, un tanguillo de J. Girbés en donde se presentaba como una mujer moderna, de su tiempo, ye-yé y que tenía que interpretar en todas sus actuaciones. Otra canción emblemática de su repertorio era “El ganadero”, un pasodoble de Segovia y Sanjulián que cuenta la historia del hijo de un ganadero que, por falta de valor, no quería seguir los consejos de su padre para convertirse en torero hasta que un día se decide a serlo y en una corrida muere de una cornada llenando al padre de remordimiento. En su repertorio, junto a canciones más personales y compuestas para ella figuraban otras del repertorio clásico coplero y las interpretaba con su sello personal. Sus guitarrista habituales eran Juan Andujar y Paco Arias, aunque a veces también fue acompañada por la guitarrista Palmira.

Compartió escenario con los grandes artistas de su género del momento como: Antonio Molina, Angelillo, Antonio Machín, “Marifé de Triana”, “El Príncipe Gitano”, Rafael Conde “El Titi”, Manolo Escobar, Paco Reyes “Paquiro”… Con “La Chunga” hizo una gira por diversos países del extranjero. Pero a pesar de sus obligaciones artísticas y su creciente fama no olvidaba sus orígenes y cada año volvía por Semana Santa a cantar una saeta al titular de la cofradía de Jesús del Nazareno desde el balcón del Ayuntamiento de Torrente, pues en el año 1966 había solicitado permiso al alcalde para ello y, desde entonces, se había convertido en una tradición que cada año repetía.

El 26 de mayo de 1973 contrajo matrimonio con el novillero Manuel Ladrón de Guevara Dávila, cumpliéndose de esta forma, una vez más, la unión entre una coplera y un torero. En ese acto Antoñita vestía de negro por acudir a la ceremonia embarazada y fue el padrino de su boda su representante Emilio Lamany. De ese matrimonio nacería, en Lorca, su primer hijo, Víctor Manuel, y en Valencia, el 8 de mayo de 1975, Eva María. De la actividad taurina de su marido pocas noticias hay. Según el diccionario “Tauromaquia” de Espasa, tuvo pocos contratos como novillero y poco nombre entre los aficionados pero, por sorpresa, decidió tomar la alternativa en la plaza de Valencia. Eso ocurrió el 27 de abril de 1987 en el coso de la calle de Játiva en una corrida en la que intervinieron seis espadas. Ejerció de padrino Julián García y de testigo Sebastián Rodríguez, completaban el cartel Manuel Sales, José Hernández “El Melenas” y Curro Valencia. El toro de la alternativa pertenecía al hierro de doña Concha Navarro y respondía al nombre de “Granjero”. Hasta 1991, fecha de edición de la fuente consultada, solo se vistió de luces una vez más, en 1989, y todavía no había confirmado la alternativa en Madrid.

Pero cuando la vida y la carrera artística de Antoñita empezaba a dar sus frutos llegó el desgraciado accidente que truncó su vida y su carrera. El 22 de mayo, cuando regresaba de Madrid acompañada de su marido en un “Renault 8”, sufrió un terrible accidente que le ocasionó la muerte a los pocos días, el 5 de junio de 1975, cuando acababa de cumplir 28 años de edad.Su representante acababa de cerrar un contrato para ella de seis meses, por el que cobraría 15.000 pesetas diarias, para actuar como artista principal en el “Teatro Portátil”. Dejaba un niño de 16 meses y una niña con 14 días. La misa corpore insepulto tuvo lugar en la misma parroquia en la que se había casado dos años antes. Fue enterrada en el cementerio de Torrente el 8 de junio de 1975.

El tema que enlazo a continuación como homenaje a esta malograda cantante de copla es un pasodoble titulado “Tarde de Toros”, original de A. Cintas y F. Lapardi, grabado para la casa "Belter" en el año 1974. Lo que más me ha llamado la atención al escuchar su letra es que refleja en sus estrofas, en corto y por derecho, lo fundamental del arte del toreo, tan sólo hay que leer su letra y, por supuesto, escucharla en la voz de Antoñita Peñuela, para entenderlo.

Tarde de toros 
A. Cintas - F. Lapardi

Se anuncia una corría en los carteles,
un hombre solamente va a torear,
huele en las esquinas como laureles,
al nombre del torero van de verdad.

Los que saben de toros no quieren perderse
una tarde segura que no han de olvidar,
pues torea quien sabe parar y crecerse
y pisar el terreno, templar y mandar

ESTRIBILLO:
Tarde de toros en cualquier plaza de España,
tarde de toros y clamores en el alma.
Donde vaya ese torero ha de verse algún detalle
de maestro de verdad,
no es lo mismo ser el genio
que tener cosas geniales
sin saber de lo que va.
Tarde de toros en cualquier plaza de España,
tarde de toros y clamores en el alma

Vestio va el torero, tabaco y oro,
y aumenta la belleza de que es rubí,
y frena la embestida que tiene el toro,
abriendo su capote na más salir.

Siete lances lo doblan clavao en la arena
con el pecho adelante y abierto el compás,
y después su muleta peinando la arena
se levanta y recibe entrando a matar.

(ESTRIBILLO)

       

sábado, 23 de enero de 2010

HA MUERTO JOSÉ MANUEL DE LA CRUZ, AFICIONADO A LOS TOROS

Un gran aficionado a la fiesta de los toros y estudioso de todo lo relacionado con ella, José Manuel de la Cruz Velasco, falleció en el día de ayer. Sin duda, por toda la labor que realizaba relacionada con el mundo de los toros, es una gran pérdida para la afición de Zaragoza. Asiduo del tendido 2 de la plaza de “La Misericordia” zaragozana, desde donde tomaba notas en una pequeña libreta de todo lo que sucedía en la plaza, tanto en el ruedo como en sus aledaños, y que luego reflejaba en sus completos informes de la temporada zaragozana.

Pero su compromiso de aficionado con la Fiesta no se no se limitaba a su labor de prolijo notario de cuantos festejos que se celebraban en la plaza de “La Misericordia” a lo largo de todo el año. También era el organizador de la “Tertulia Martincho”, reunión de aficionados que, una vez al mes, se reunía en el “Ateneo de Zaragoza”; miembro y portavoz, durante el último año, de la “Plataforma de Aficionados de Zaragoza”; miembro de la “Unión de Abonados de Zaragoza” desde su fundación; colaborador habitual e imprescindible de las tertulias que, en los últimos años, tanto después del reconocimiento mañanero, como al finalizar los festejos, se realizaban en los alrededores de la plaza; representante de la afición en los reconocimientos del ganado antes de su enchiqueramiento y colaborador habitual del fanzine “El Aficionado”.

Conocí a José Manuel, el “doctor”, como familiarmente le llamábamos, en las tertulias que por entonces se realizaban todos los viernes en el “Museo Taurino” de Enrique Asín. De esto hará ya más de 15 años. Era una fuente inagotable de conocimientos en todo lo relacionado con la Fiesta de los Toros. A partir de ese momento era de obligado cumplimiento, antes y después de los festejos, hablar con él. Pero la gran aportación de este buen aficionado a la historia de nuestra plaza son los minuciosos informes que realizaba cada temporada y que abarcan desde el año 2000 hasta el 2008 -puesto que este año, aquejado de la enfermedad que ha terminado con él, no ha podido realizarlos- y que merecerían ser publicados por parte de la Diputación Provincial de Zaragoza, institución propietaria de la plaza de “La Misericordia”, porque son la memoria de nuestra plaza durante este periodo de tiempo. Esto, sin duda, sería el mejor homenaje que se le de podría hacer. Para los que estén interesados en conocerlos, informar que pueden ser descargados, en formato PDF, desde la página web de “La Cabaña Brava”.

Desde este Blog, a modo de modesto homenaje y en su memoria, quiero traer el primer artículo suyo que fue publicado en el nº 4 del fanzine “El Aficionado”, en junio de 1997, y que da una idea de su manera de ver la Fiesta que tanto amó y a la que dedicó todo el tiempo que le dejaba libre su profesión.

Público, espectador, aficionado
José Manuel de la Cruz Velasco

"La presencia de las personas que concurren a una plaza de toros es tan fundamental que nada sería posible sin ellas. Por un lado crean un ambiente indispensable y apropiado para la celebración del festejo, y por otro, muy importante, lo sufragan adquiriendo y pagando las localidades.

La totalidad de personas que acuden a este lugar se pueden dividir en tres grupos, bien definidos desde el punto de vista de los conocimientos que poseen del festejo: público, espectador y aficionado.

Público.- Integrado por el conjunto de personas que asisten a un determinado lugar, en este caso a la fiesta de los toros. Se incluye a todo aquel que asiste a un espectáculo taurino, a una plaza de toros. Grupo variado, heterogéneo, dispar, que acude a la plaza de toros en una determinada fecha, día del patrón o de la patrona de su ciudad o pueblo. Representado por los habitantes de ese lugar y forasteros, gente llana toda ella, con escasos conocimientos, en general, de lo que van a presenciar. También se incluyen a esas personas “snobs” que por imperativo político, social, comercial u otros intereses se ven en la “obligación” de acudir a la plaza de toros.

El público, suele ser benevolente, bullicioso, sin criterio. Acude por inercia, por costumbre, junto con los “obligados por sus circunstancias”, no importándole lo que sale por chiqueros, le da igual, “apechuga” con todo, observa lo que ocurre en el ruedo con especial “dulzura”, siente predilección por aquellos toreros de “cuello muy largo”, de sonrisa permanente, gestudos, que ponen banderillas, se colocan de hinojos, que prodigan los adornos, es decir; de los que practican un toreo muy superficial que causa una histeria colectiva llevando a la petición de trofeos sin “oste ni moste”. Con gran frecuencia, el paso de estas personas por una plaza de toros es efímero, de año en año, cuando es la feria lugareña. La única huella que les deja aquello que han presenciado, si es que les deja alguna, son los “trofeos” cortados. Público que tendría que ser respetado y hacerse respetar, pero, por desgracia, es “víctima” de su propio “jolgorio”. Es el preferido de algunos “profesionales taurinos”.

Espectador.- Persona que asiste a un espectáculo, a una diversión o función celebrada en un lugar, en este caso a una plaza de toros, donde se congrega para presenciar la Fiesta, causándole deleite, asombro, etc.; es decir, un impacto a favor o en contra. En el caso de la fiesta de los toros es un grado más de público, generalmente asiste a los toros por el poder de la atracción que estos le han causado en funciones anteriores. Suele tener algún conocimiento, aunque no profundo de la Fiesta, distingue la forma de actuación de los toreros, es más exigente con el ganado, con los diestros y a la hora de sancionar la labor de estos. Los espectadores pueden acudir de vez en cuando, ser asiduos e incluso los hay que se abonan a una temporada o a una parte de ella, profundizando en las facetas que definen la Tauromaquia. Algunos espectadores pueden pasar a la condición de aficionados.

Aficionado.- Es el entusiasta de la fiesta de los toros, que conoce, comprende, valora y profundiza la técnica de la lidia, o que la practica, así como la riqueza cultural, histórica, científica, sociológica y demás facetas a que da lugar la fiesta de los toros. Es responsabilidad del aficionado consciente proteger la pureza, tradición, acerbo cultural e histórico de esta Fiesta tan singular, tan única. El aficionado, en la actualidad, intenta abrirse camino entre una maraña de apariencias e intereses contrapuestos, expone o intenta exponer sus ideas, sus experiencias que luego la “realidad”, el “mundillo”, se encarga tenaz e inexplicablemente de desbaratar, convirtiéndolo o intentando convertirlo en un ser ciego, mudo y sordo. De forma general sabe, en mayor o menor grado, los “secretos” que conoce el “profesional” del toreo. Error de estos “profesionales” es el despreciarlo, orillarlo, no dándose cuenta que el aficionado mantiene encendido el fuego de la Fiesta y que es el mejor propagandista de la misma, a través de sus comentarios allá donde se encuentre.

No todos los aficionados están cortados por el mismo patrón a la hora de enjuiciar un espectáculo taurino:


- Algunos son estudiosos, objetivos, ven la Fiesta con un interés casi científico, van a la plaza sin tomar partido, ni por el toro ni por el torero, reparten sus gustos entre los dos, les gusta el toreo, la conjunción, el acoplamiento que emana del encuentro entre el toro y el torero, se pueden llamar toreístas.

- Otros tienen sus pasiones a flor de piel, algo consustancial con la Fiesta, orientando su comportamiento de distinta manera:
Tomando partido por el toro, serían los toristas.
Tomando partido por el torero, todo lo que hace el torero está bien hecho, serían los toreristas.

- Otro grupo quiere una Fiesta perfecta, quieren un toro-toro, (huyo de un término tan subjetivo como es el trapío), armónico en su morfología, íntegro, con poder, sin debilidades ni otras “circunstancias”, con comportamiento de bravo, aspecto de la conducta expresada por una fiereza contrarrestada por la nobleza. Desean el cumplimiento del reglamento y un torero que vaya siempre de “frente”, sin una sola concesión al ventajismo, seria el aficionado exigente, lo cual no significa intransigente.

- Grupo mas radical es aquel que busca siempre el fraude, el que persigue y denuncia las “trampas”, el que aplica la máxima de “todo es estafa”, es el grupo de los acusadores permanentes. Si bien hay que estar alerta, sobre todo en los tiempos actuales, no es menos cierto que hay que manifestarse, actuar cuando se debe, no cuando se quiere por capricho; es de sentido común el manifestarse a tiempo y con argumentos.

Considero que el aficionado debe participar de las ideas de cada grupo y así manifestarse con pasión, rigor y criterio ante una Fiesta caracterizada de siempre por la autenticidad, el riesgo, el valor y la emoción."

miércoles, 20 de enero de 2010

"BASTONITO", LA CRUZ DE "BALTASAR IBÁN"

Sin duda alguna “Bastonito” fue un gran toro. Digno ejemplar que engrandece el nombre de su especie por su comportamiento en el ruedo. Para eso se crían los toros de lidia, para que peleen en el ruedo hasta su muerte creciéndose al castigo y vendiendo cara su derrota. Esa es su razón de ser. Este ejemplar de la ganadería de “Baltasar Ibán”, lidiado en Madrid en la Feria de San Isidro de 1994, cumplió con creces su cometido derrochando casta y llevando la emoción a los tendidos y, como tal, recibió la recompensa del reconocimiento del respetable en una vuelta al ruedo apoteósica con la totalidad del público, que abarrotaba ese día la plaza de “Las Ventas”, puesto en pie y ovacionando unánimemente su arrastre. Tal fue la impresión que causó en la totalidad de los espectadores que, todavía hoy, más de quince años después, los aficionados que lo presenciaron siguen recordándolo con emoción, y los que no lo vieron en su día - a pesar de la frialdad del vídeo y del tiempo transcurrido- se emocionan ahora con su contemplación.

Lógicamente, como ocurre en todas las disciplinas y campos del espectáculo y las artes, el éxito cosechado por este toro, el buen sabor de boca que dejó en aficionados y espectadores en general, debiera de haber colmado de satisfacción a los propietarios de la ganadería y situado a la misma en lo más alto de la cotización ganadera. Pero, y aunque parezca un disparate, no ocurrió así. Al finalizar el festejo, la representante de la ganadería declaró que en la suya nunca volvería a salir un toro como ese. Y así fue. Era consciente de que un toro como "Bastonito" situaba a su ganadería en la lista negra de los toreros y que, a partir de ese momento, los mandamases del escalafón iban a poner todo tipo de trabas para lidiar sus toros, como así fue, aún ha pesar del cuidado de la propietaria para eliminar las reatas que pudieran ser conflictivas y declararlo públicamente. A partir de ese momento la ganadería de “Baltasar Ibán” empezó una cuesta abajo de la que, a día de hoy, todavía no se ha recuperado.

Estas cosas sólo ocurren en este particular mundo de los toros. Si los ganaderos, guiados tan sólo por la óptica del negocio, se someten a las exigencias de los toreros, en vez de mantener su propia personalidad y demostrarlo en la selección de su ganado, mal vamos, y eso, por desgracia, viene ocurriendo desde hace demasiados años en este extraño planeta de los toros que parece girar al revés que todos los demás. De nada vale que los toros sean del agrado de los consumidores de los espectáculos taurinos y cumplan con la obligación de llevar la emoción a las plazas, como hizo este gran toro, si todos los que mandan en este negocio, y los que publicitan y justifican sus intereses, imponen sus criterios tendentes a la comodidad y lo fácil. La grandeza de esta fiesta de los toros esta precisamente en lo contrario, porque los que han visto, y se han emocionado, con peleas como la que tuvo lugar entre “Bastonito” y César Rincón ese día en la plaza de “Las Ventas”, nunca lo olvidaran y si, además, se produce el arte del toreo, pues… ni te digo.

Últimamente se habla mucho de crisis de la fiesta, de la escasa asistencia del público -salvo contadas excepciones en determinadas ferias y días festivos- a los toros. O de las amenazas que se ciernen por parte de los que son contrarios a la fiesta y pretenden su abolición, que siempre han existido. No nos engañemos, la auténtica enfermad está en su propio interior, en los que viven y se benefician de ella y pretenden darnos gato por liebre, falsear la auténtica grandeza que encierra en sí misma y que no está muy alejada del espectáculo que tuvo lugar ese ya lejano 7 de junio de 1994 en la plaza de Madrid. Si en vez de potenciar lo bueno nos dedicamos a erradicarlo y sustituirlo por una pantomima sin ninguna emotividad, estamos tirando piedras contra nuestro propio tejado, porque la fuerza de la fiesta de los toros está, precisamente, en lo que se pretende sustituir por una pantomima repetitiva y absurda. Si un gran toro como “Bastonito” significa la decadencia de su ganadería, apañados vamos, y esto no es un hecho aislado, es práctica común a los largo de los últimos años en todas las ganaderías en las que, de vez en cuando, sale un toro encastado, salvo honrosas y cada vez menos excepciones.

martes, 1 de diciembre de 2009

NOVILLADAS

El número de novilladas ha descendido en los dos últimos años de forma drástica, tanto es así que el número de festejos acumulados este año por quién ha encabezado el escalafón novilleril no ha pasado de las cuarenta tardes, y el que lo hizo el año pasado no pasó de las cincuenta novilladas, muy poco comparándolo con los números de este tipo de festejos hace no muchos años. Se puede aducir que hay que tener en cuenta la crisis económica y como ha afectado a la Fiesta y, sobre todo, a los festejos menores; se puede argumentar que lo que han desaparecido, fundamentalmente, han sido los montajes de ponedores y que eso no es malo; se puede apuntar que no hay novilleros que interesen como en otras épocas; se puede decir lo que se quiera, pero lo cierto es que el número de novilladas ha caído en picado y esa caída puede conducir a la Fiesta de los Toros a su mayor y más profunda crisis.

Pero no es algo que se ha producido de pronto en estos dos últimos años. Es una tendencia que viene de lejos y que se ha visto agravada por la actitud de todos los estamentos de los taurinos, incluidos los medios de comunicación que se ocupan de los toros, con respecto a este tipo de festejos menores. Podría extenderme en los porqués de esta situación y como se ha llegado hasta la crítica situación actual, y quizás en otro momento lo haga, pero prefiero dedicar estas reflexiones a las consecuencias negativas que puede acarrear esta situación al futuro de la Fiesta. Al contrario de lo que sucede en todas las profesiones artísticas, deportivas o culturales, en los toros son muchos más los que están arriba, en el escalafón de matadores, y muy pocos los que están abajo, en la base de la pirámide. Tomando el ejemplo del fútbol, el espectáculo de masas más seguido en esta época en donde, para que vayan surgiendo futuros fenómenos que tomen el relevo de las actuales figuras, hay que mantener una amplísima red de equipos de base en donde aprender el oficio, desarrollar la personalidad y ganar la experiencia necesaria para, en su momento, cuajar como uno de los elegidos y seguir alimentado las plantillas de los mejores equipos. La del fútbol es una pirámide normal, con una base muy amplia y una élite muy selecta; la de los toros, en cambio, es una pirámide invertida en donde el peso de los que están arriba, que son muchos y en su inmensa mayoría vulgares, puede aplastar el futuro.

No nos falta razón a los aficionados cuando decimos que el protagonista principal de la Fiesta es el toro: el toro íntegro, con edad, trapío y poder. Pero cuando este toro sale al ruedo, el torero de turno, normalmente, no está a la altura de las circunstancia. ¡Cuantas tardes hemos visto repetirse esta historia! Por desconocimiento de los fundamentos de la lidia, por la falta de experiencia, por que se sale del guión de lo aprendido en la escuela, o por lo que sea… cuando sale un toro que pide el carné de torero, casi ninguno de los que pueblan el escalafón de maestros lo puede presentar. El toro se va sin torear y los aficionados y espectadores, una vez más, perdemos la oportunidad de contemplar en toda su dimensión la emoción del toreo. Los toreros de hoy en día llegan al escalafón de matadores crudos y, si no tienen padrinos, antecedentes o repercusión social, los pocos que lo consiguen, tienen que cuajarse en toreros y aprender el oficio a sangre y fuego. Este es un déficit que arrastra la Fiesta desde hace tiempo y sería preciso subsanarlo con el consentimiento y la colaboración de todos los estamentos que se benefician de ella, es algo que ellos mismos deberían contemplar, pero por lo visto no es así. Como siempre, el mundo de los toros gira al revés que el resto de los mundos… y así nos va.

Lo lógico seria que los que accedieran a la élite lo hicieran con la lección bien aprendida, la experiencia de muchos festejos toreados y como consecuencia de una selección estricta y rigurosa. Las corridas de toros deberían salir de la vulgaridad actual en base al conocimiento de las técnicas de la lidia y la calidad artística de los toreros y eso solo se consigue si hay mucho material para seleccionar. En la actualidad sobran corridas de toros y faltan novilladas, de la misma forma que sobran matadores y faltan novilleros. Es preciso que los novilleros se forjen toreando novilladas, ante la realidad que significa verse en un ruedo encerrado con un animal al que debes dominar y matar con solvencia. Lo aprendido en las Escuelas Taurinas debe ponerse en practica delante de toro y allí, en ese preciso momento, solventar los problemas y sacarle el máximo partido, y eso no se aprende con teoría sino con practica. Solo toreando muchos festejos pueden los aspirantes desarrollar su personalidad en base a los conocimientos adquiridos y conocer el cambiante comportamiento de las reses durante la lidia. Solo enfrentándose, in situ, a los diferentes encastes de la cabaña brava se puede conocer sus características y la técnica adecuada para hacerles frente. Solo toreando se puede adquirir la experiencia necesaria para poder circular con solvencia por el escalafón de los elegidos, y cuando salga un toro con poder, plantarle cara y, como mínimo, estar a su altura.

Y lo mismo que ocurre con los novilleros pasa con las ganaderías. Muchos de los toros que se lidian como tales no deberían pasar de novillos. Igual que la vulgaridad invade el escalafón de matadores, los ganaderos ofrecen una mercancía vulgar que poca emoción puede brindar al espectador. De la misma forma que los toreros deberían pasar por un estricto control de calidad, las ganaderías deberían ganarse su derecho a lidiar corridas de toros según los méritos conseguidos en novilladas. Esto mismo debería servir a los ganaderos para ser más exigentes con su ganadería y extremar los criterios de selección. ¿Qué mejor tienta para un ganadero que las novilladas? Es la mejor forma de afinar su ganadería y saber lo que se lleva entre manos, viendo el resultado de sus astados en una lidia de verdad y con tiempo para corregir o acentuar lo malo o lo bueno.

Lo lógico sería poner las cosas en su sitio, que de una vez por todas el planeta de los toros girara en el mismo sentido que todos los planetas y hacer las cosas con cabeza, lo primera, darle la vuelta a la pirámide y colocarla en su posición normal. En este cometido tendrían que comprometerse todos los estamentos que viven de la Fiesta de los Toros, desde la administración que legisla y reglamenta, pasando por los empresarios a los que habría que exigir visión de futuro, continuando por los ganaderos que deben criar el toro de lidia encastado y con poder, siguiendo por los toreros que deberian llegar a la élite con los fundamentos de la lidia bien aprendidos en base a la experiencia que da torear y, como no, los periodistas y medios de comunicación taurinos que deberían velar, como en otros campos deportivos y artísticos, por la verdad, la pureza y la difusión de la Fiesta auténtica y en todas sus esferas. Si esto fuera así, sin duda, habría muchas más novilladas que corridas de toros, pero estas -el espectáculo rey para los aficionados y espectadores- serían de mucha más calidad y, lo que es más importante, ante la Fiesta de los Toros se abriría un horizonte de esperanza.

martes, 17 de noviembre de 2009

LA HEMEROTECA DE "ABC" EN LA RED

Un buen ejercicio para los aficionados internautas amantes de las crónicas antiguas, y más de cara al inviernos que se avecina, sea bucear por la "Hemeroteca de ABC" que ya está disponible en la web del periódico. Para los aficionados a los toros puede ser de interés leer -en su medio y con su propia tipografía- las crónicas taurinas de los más prestigiosos crónistas que se han ocupado de los toros en este periodico desde su aparición el primer día del año 1903. Pura historia del toreo. Más de un siglo de crónicas e información de primera mano, y en su momento, por parte de grandes periodistas entre los que destacan Gregorio Corrochano y Antonio Díaz-Cañabate. Para buscar, entretenerse y aprender.