“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

viernes, 12 de marzo de 2010

EN CUESTION DE TOROS: FRANCIA SUBE Y ESPAÑA BAJA

Una de las formas de medir la repercusión social de un espectáculo es por las publicaciones y manifestaciones culturales que sobre él se producen. El caso de la Fiesta de los Toros no se diferencia del resto. Los libros publicados, las revistas especializadas, la presencia en la prensa diaria, las películas o documentales videográficos que se producen, la música que inspira… todos ellos son datos para medir la salud de dicho espectáculo. Ha día de hoy, y según la cantidad de productos se ofrecen sobre el tema taurino en uno y otro sitio: Francia sube y España baja.

En lo que llevamos de siglo XXI, y atendiendo a los datos de libros y revistas publicados, la Fiesta de los Toros goza de mucha mejor salud al norte de los Pirineos que al sur. Muestra de ello es que en los últimos años la mayoría de las publicaciones que se ocupan del “planeta de los toros” vienen de tierras francesas, tanto en cuanto a los libros, como a las revistas taurinas, una de las cuales, “Terres Taurines”, ha empezado a publicase esta misma semana en nuestro país traducida a nuestro idioma, algo absolutamente novedoso en el territorio taurino español. Esta proliferación de publicaciones es una muestra del interés que despiertan entre los aficionados del país vecino el tema de los toros, las ganas de saber, aprender, de entender la fiesta y dar importancia al principal protagonista de la misma que no es otro que el toro. Un ejemplo es la gran cantidad de plazas en las que se asiste a las corridas con a un rito: Se estudia el toro, la lidia que se le da, la capacidad de los toreros para desarrollarla de forma correcta, la forma de ejecutar la suerte de varas por parte de los picadores, el trabajo de los subalternos y los defectos o virtudes de las faenas de muleta. Muchos aficionados franceses acuden a los toros con la intención de entender lo que ocurre en el ruedo antes que ha divertirse. Este interés por la Fiesta de los Toros en Francia se refuerza con la cantidad de actos que se organizan alrededor de los festejos taurinos y con la disposición de las autoridades y los aficionados para involucrarse en el montaje y desarrollo de los festejos y todo lo que los rodean.

En España, en la década de los ochenta, ocurrió algo parecido. Después de los estragos producidos por “El Cordobés” y sus formas, que dejaron el mundo del toro -y al toro mismo- por los suelos, y que fueron la causa por la que muchos aficionados dejasen de ir a las plazas de toros, hubo un resurgir de la afición: Se recuperó algo el trapío y la presencia del toro en las plazas; viejos maestros volvieron y dictaron lecciones de torería que no pasaron desapercibidas ni para los críticos, ni para los viejos o nuevos aficionados; una nueva generación de toreros trajeron interés y clasicismo a un escalafón viciado y amanerado; y algo muy importante y que ahora no ocurre, una serie de críticos taurinos de influyentes diarios ejercieron su profesión con independencia y compromiso. Esta leve recuperación del espectáculo taurino ilusionó a los aficionados que resistieron la debacle de las dos décadas anteriores y atrajo la atención de nuevas hornadas de aficionados que se acercaban a la Fiesta con ganas de aprender, de conocer, de entender el significado de la lidia y disfrutar con la emoción y el arte, si se da, en una tarde de toros. Esto dinamizó el mercado editorial, nuevas colecciones de libros taurinos aparecieron y otras remozaron su contenido, a la vez se produjeron obras en otras disciplinas artísticas y el alicaído mundo de los toros tomo aire.

Pero la situación de esos años ochenta, por desgracia, está muy lejana de la que se da hoy en nuestro país, en donde se aprecia una creciente falta de interés por la Fiesta de los Toros en todas las esferas sociales que amenaza seriamente su futuro. Salvo días contados relacionados con las fiestas patronales, el público no acude a las plazas, no interesan los toros ni siquiera a los aficionados aburridos por el “camelo” que pretenden vendernos nuestros taurinos de cabecera. Esta falta de afición y el desinterés del publico en general, que solo acude a los toros a divertirse y pavonearse en los tendidos en periodos feriales y fechas señaladas de su localidad, hace que no sea rentable las publicaciones taurinas, en consecuencia, la oferta editorial desaparece y la cultura taurina adelgaza. El ejemplo más claro en los años que llevamos de siglo XXI en nuestro país lo tenemos con José Tomás. El único torero que ha merecido la atención de los escritores, articulistas o músicos españoles en estos años es el diestro de Galapagar. Dicho sea de paso: es el único torero que despierta interés entre los aficionados y público en general, prueba de ello es que es el único que agota las entradas en todas las plazas en donde actúa. El resto de los toreros del escalafón, salvo alguna excepción puntual, no interesan ni a los aficionados, ni al público, ni al mundo de la cultura.

Ojala que este auge de la Fiesta de los Toros en Francia se sepa aprovechar para fortalecer la Fiesta y no se despilfarre, como ocurrió en España en los años ochenta -con nuevos aficionados en los tendidos y el interés por los toros de una buena parte de la sociedad española- por no saber, o no querer, utilizar el auge de los Toros para revitalizar la Fiesta seriamente dentro de los cauces de la integridad y poner freno a las pretensiones “humanizadoras” y fraudulentas de los taurinos que, apoyados por gran parte de la crítica taurina -escrita, hablada o televisada- y con el consentimiento, en contra de sus obligaciones, de las autoridades encargadas de controlar y velar por la pureza de la Fiesta, dieron al traste con esa oportunidad. El momento de vitalidad por el que parece atravesar la Fiesta de los Toros en Francia quizás sea una de las últimas esperanzas que nos quedan a los aficionados de hoy en día, que no se malgaste la oportunidad y que sirva de ejemplo.

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