“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

lunes, 22 de marzo de 2010

EL PROBLEMA DE LOS TOREROS COMO COMENTARISTAS TAURINOS EN LAS CORRIDAS TELEVISADAS

Hace un tiempo, cuando algunas cadenas de televisión se decidieron ha programar las principales feria taurinas en sus canales de pago, se empezó a contratar a toreros retirados para, junto a los presentadores habituales de las cadenas, comentar las corridas de toros. Desde entonces esto viene ocurriendo tanto en los canales de pago como en los de que no lo son. En todas las cadenas de televisión, cuando se programa una corrida de toros, no puede faltar el torero retirado que comenta lo que sucede en el ruedo. Esto que, en un principio, pudiera parecer una buena idea, con el paso del tiempo, creo que se ha convertido, desde mi punto de vista, en una grave equivocación.

Pero vayamos por partes. La función de un comentarista debe ser la de enriquecer con su experiencia y conocimientos las imágenes y el relato de los presentadores de oficio. Ejemplo de ello son las aportaciones de deportistas retirados que ejercen esa función en las retransmisiones deportivas. Para los espectadores, y los propios profesionales del medio, es una aportación interesante que ayuda a ver, y entender, con mayor profundidad y claridad lo que acontecen en el espectáculo en cuestión. Deberíamos pensar que así tendría que ocurrir en las retransmisiones taurinas pero, por las propias características del espectáculo, y después de bastantes años escuchando las opiniones de estos toreros en dichos medios, pienso que no es así y que, además, es perjudicial para la propia salud de la Fiesta de los Toros.

Una constante de los profesionales del toro es abogar por lo que ellos llaman, “humanización de la fiesta”, que no es otra cosa que dulcificar las condiciones de las reses que tienen que lidiar, tanto en la integridad de las defensas de los toros, como en la presencia, la edad y el trapío que presentan a su salida al ruedo. Algo lógico si lo vemos desde la óptica del torero que tiene que ponerse delante de ellos, pero contrario a lo que debe darse al espectador que paga por un espectáculo íntegro y auténtico. Una vez retirados de la profesión, los que han ejercido y ejercen actualmente las labores de comentaristas, no son capaces de separar una y otra época de su trayectoria y se dedican a justificar -a veces de la manera más descarada- lo que acontece en el ruedo, tanto la presencia del ganado que se lidia, como las prácticas de los toreros que deben lidiarlos. Lo que debería ser explicación y ayuda para que los telespectadores comprendan, entiendan y adquieran mayor capacidad para juzgar lo que sucede en el ruedo se convierte en una alegato en defensa de las malas prácticas de los toreros y la escasa presencia de los toros a los que, sobre todo, se enfrentan los denominados “figuras” del momento.

Todos los toreros retirados que hacen funciones de comentaristas, la mayoría de los cuales han sido grandes profesionales y se han ganado en el ruedo el respeto de los aficionados, caen en la misma práctica, justificar los injustificable. Esta incapacidad para deslindar su etapa de profesional en los ruedos con la actual de comentaristas televisivos los incapacita, en mi opinión, para ejercer esta labor. Y no sólo esto, algunos no muestran ningún respeto por los aficionados que religiosamente pagan su entrada y que, por lo tanto, tienen derecho a manifestar su conformidad o disconformidad ante lo que sucede en el ruedo de la manera que crean conveniente, y se dedican desde esos medios con amplia difusión a descalificar las protestas, a veces de manera insultante, de los que exigen verdad e integridad en lo que sucede en el ruedo. Mantener estas opiniones ante los telespectadores, que tienen que soportar sus comentarios ante el televisor, no puede hacer sino daño a una Fiesta que, por su predisposición al fraude, desde siempre -aunque pueda parecer un contrasentido- ha sido controlada y regulada por la policía y las fuerzas del orden.

Pero los culpables últimos de esta situación son los responsables de las cadenas de televisión que contratan a estos antiguos toreros para desempeñar esa labor. Esto abre la puerta a otro asunto de largo recorrido en el que no quiero entrar ahora -aunque en este blog ya se ha tratado este tema en otras ocasiones y no faltará en el futuro la oportunidad de hacerlo de nuevo- como es el de la integridad de los periodistas y comunicadores que se encargan de la información taurina. En mi opinión, esta es una de las mayores lacras que debe soportar la Fiesta de los Toros pues la labor de estos informadores y creadores de opinión es vital para su defensa y, sobre todo, para la formación de nuevos aficionados. Una cosa es incuestionable y hay datos para afirmarlo, la salud de la Fiesta ha sido mucho mejor cuando mayor número de profesionales de la información y medios de comunicación se han comprometido con la verdad y la integridad del espectáculo. Por desgracia, la época que está atravesando la Fiesta de los Toros en la actualidad no es, ni mucho menos, la mejor, lo que da idea de la carencia de periodistas taurinos compremetidos con la ética de su profesión, y el fututo, tal y como están las cosas, pinta muy negro.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi más sincera felicitación por su artículo, no cambio ni una sola coma.

entradas jose tomas barcelona dijo...

Desde el punto de vista profesional no hay color entre un periodista y un torero haciendo de periodista.

Antonio Estaregui dijo...

Tienes toda la razón. Cuando veo una corrida dd toros por la TV no entiendo que todas las culpas la tenga el toro y que los comentaristas (periodistas y/o ex-matadores) se dediquen a justificar en todo momento las actuaciones de los toreros. ¿Realmente todo lo hacen bien y el toro todo lo hace mal?