“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

miércoles, 23 de enero de 2008

Envidia, tengo envidia...

A veces tengo envidia, sana envidia, de Francia en lo referente a la Fiesta de los Toros. Sobre todo tengo envidia de los aficionados franceses, por su compromiso, por su dedicación, por su defensa, por su exigencia, por su “entendimiento” de esta Fiesta tan nuestra.

En Francia son los aficionados los que sustentan, los que organizan, los que mantienen viva la Fiesta. Asisten a las corridas dispuestos a comprender los diferentes estados de la lidia, exigiendo de los profesionales la autenticidad de las suertes, y aplaudiendo o censurando, con criterios de "entendidos", la realización de las mismas. De entre todas las que componen la corrida es de destacar la atención que prestan, la importancia que le dan, al desarrollo de la suerte de varas, eje de la lidia, en donde se comprueba la bravura del toro, que no debemos olvidar, y en Francia no lo olvidan, es el protagonista principal de este espectáculo.

En Francia, a diferencia de España en donde la mayoría de los festejos, salvo contadísimas excepciones, viven de la subvención administrativa, el derecho a organizar festejos taurinos se gana o se pierde dependiendo de la continuidad en el tiempo de dichos eventos, por eso mismo se cuidan de que la Fiesta se desarrolle con integridad y, como en el caso del reciente positivo por afeitado de varios toros de Juan Pedro Domecq en la feria de Nimes del pasado año, se sanciona a los que defraudan y se les castiga con el destierro de sus plazas por un tiempo.

En Francia, a diferencia de España en donde la Fiesta esta reglamentada desde las administración, o administraciones, como ocurre ahora, no existe reglamento, son los aficionados los que, de acuerdo con lo que presencian en el ruedo, sancionan, premian o castigan. Es la fuerza de la afición la que mantiene en regla el cumplimiento de los principios fundamentales de la lidia.

En Francia, al contrario de los que sucede en nuestro país, en donde muchos buenos aficionados han dejado de asistir a las corridas aburridos por el deterioro del espectáculo, la afición va en aumento, crece, se consolida y, como consecuencia de esto, la afluencia a los festejos cada vez es mayor y las programaciones son cada vez más serias y abundantes.

En Francia se escriben libros, se editan revistas, se crean espacios en Internet, se rodean los festejos de espectáculos culturales relacionados con los toros, incluso recientemente, -¡cuanto hace que esto no ocurre en España!, y de aquí viene esta reflexión- se ha estrenado una película protagonizada por Salvador Castella, su torero estrella en estos momentos, que se exhibirá en nuestro país dentro de algunos meses.

Quizás dentro de no mucho tiempo, dado el camino que llevamos en nuestra querida “piel de toro”, la referencia de la Fiesta sea Francia. Se lo habrán ganado a pulso, porque siempre se ha dicho que la Fiesta de los Toros es, en cada sitio, lo que quieren que sea los aficionados, en España, arrinconados por el público de feria y vilipendiados por los taurinos y sus voceros, somos una especie en extinción, sin embargo, en Francia están en auge, en periodo de crecimiento.

Por eso, como dice el bolero que me ha estado dando vueltas por la cabeza, como si de una banda sonora se tratase, mientras escribía esta entrada: “envidia, tengo envidia…”

4 comentarios:

Cárdeno dijo...

A mi me sucede lo mismo…, y mas desde que presencie, sentí y viví en directo mas de cuarenta entradas al caballo (varas) en tan solo un día en la Plaza de Vic-Fezensac.

Lo que tú dices Mariano, envidia sana, pero envidia…, ojala nosotros…

Salud y suerte.

goloviarte dijo...

tienes un blog magnifico
te invito a que participes en mi modesto blog de votaciones de otros blog
aquiestatublog.blogspot.com
te conocerán un poco mas
perdona por utilizar los comentarios
no es spam pero si así lo consideras,te pido perdón por anticipado
la envidia no es buena,luchemos por la fiesta

Lupimon dijo...

Uno de los versos completos, dice:

"Envidia, tengo envidia del pañuelo,
que una vez secó tu llanto,
y es que yo te quiero tanto,
que mi envidia … es tan sólo amor"

Tienes razón Mariano, tenemos envidia porque amamos la FIESTA y vemos como la tratan ellos

Mariano dijo...

Como escribía Joaquín Vidal en el prólogo del libro de William Lyon "La pierna del Tato", copio textualmente: "La corrida de toros requiere, en primer lugar, entendimiento. ¡Ay de aquél que vaya a los toros simplemente a divertirse!".
Los aficionados franceses acuden a la plaza a eso, a entender los que sucede en el ruedo, a estudiar el comportamiento del toro, su trapío, su bravura, la respuesta que ofrece en los distintos tercios de la lidia. Tratan así la Fiesta porque saben a donde van y no quieren dejar que un espectáculo como este, único en el mundo, pierda los valores y la grandeza que tiene.
En España, salvo la cada vez más exigua legión de aficionados que quedamos y acudimos a las corridas, se va a los toros en periodos de fiestas patronales, a divertirse o cumplir con un acto social. Esa es la diferencia, menuda diferencia, y así nos va.