“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

domingo, 27 de enero de 2008

El arte del toreo

“… Decíamos anteriormente que quizá lo bueno sería ver las suertes de la fiesta en un aspecto exclusivamente visual; pero esto no es suficiente, porque tenemos delante de nosotros a un animal al que hay que someter y reducir, y, por tanto, es necesario ir a una fórmula, no sólo de estética personal del artista, sino también de estética con relación a la eficacia sobre el animal. Porque no hay que olvidar que no se trata de un ballet, en que, conseguida la estética visual, está logrado todo, sino que el toreo tiene un fin determinado, y una estética visual, en su caso, si no lleva consigo la eficacia que produce hacer el arte, será negativa, aun cuando cuente con el aplauso de muchos de los espectadores”.

“Ustedes, aficionados, a poco que recuerden, habrán visto muchas veces en las corridas de toros faenas de veinte, treinta, cuarenta pases y el toro cada vez está más entero… ¿Cómo es posible que con esa cantidad de pases que fueron aparentemente bellos para gran parte del público, el toro no se haya sometido? La respuesta es muy sencilla: Lo que ha ocurrido es que el torero ha estado dando pases, y dar pases no es lo mismo que torear...”


“En los años cuarenta y tantos, un crítico de toros, buen aficionado y amigo, me dijo:
“Esta tarde toreas en Madrid, y ya sabes cómo está el toreo moderno; no le eches a los toros el capote y la muleta delante; porte al perfil, dale medio pase, y verás qué fácil te es el éxito”. Yo le conteste: “Creo que están equivocados todos lo que tal piensan. Las normas clásicas son eternas; la fiesta en sí es más fuerte que todos los toreros juntos; el que se salga de ellas estará a merced de los toros, y estando a merced de ellos, a la larga se apoderarán de él. Me comentó: “Querido, eso lo sabemos cuatro”. Le contesté: A mí me basta con saberlo yo, y el tiempo me dará la razón”.

Nota: Fragmentos de la Conferencia “El arte del toreo”, dada en el “Ateneo de Madrid”, 29 de marzo de 1950, por Domingo Ortega.

1 comentario:

Cárdeno dijo...

Casi nada lo que dice el maestro….

Texto obligatorio en las Escuelas Taurinas de hoy…, el que no se lo sepa y haga las “practicas” bien…. Suspenso.

Salud y suerte.