“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

viernes, 30 de noviembre de 2007

La Tauromaquia de Goya

Cuando llega esta época del año -noviembre, días fríos y soleados que se van acortando lentamente- es bueno relajarse y darse, de vez en cuando, al festín de la imaginación: de los recuerdos vividos; de las lecturas nuevas -cada vez menos-, o viejas; de la mirada interior o incluso del olvido. En días como estos, vagabundeando por los espacios de Internet, también puedes encontrarte un vídeo como La Tauromaquia de Goya”, que propone una mirada distinta a esta colección de grabados, publicada en Madrid en el año 1816 por el “tio Paco, el de los toros”, como popularmente se le conocía, por su afición a este arte, a don Francisco de Goya y Lucientes. Es otro ejercicio para pasar el rato y relajarse.

El recorrido por las 33 láminas de esta tauromaquia, con el acompañamiento musical de la pieza “Canarios”, del compositor, también aragonés, Gaspar Sanz, nos sumergen en la época y en las visiones, plasmadas en geniales dibujos, de un aficionado de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, años en los que alternaban en los ruedos diestros legendarios como Pedro Romero, Costillares o Pepe-Hillo, que tenían que enfrentarse a los, no menos legendarios, toros de Vázquez, Gijón o Espoz y Mina. Dejarse llevar por el discurrir de las láminas y la música hace que te olvides, aunque sea por un breve espacio de tiempo, del negro presente y la espesa niebla en la que esta sumido el planeta de los toros.



De don Francisco de Goya y Lucientes poco puedo decir que no se haya dicho ya, en cambio, del compositor de la pieza musical, Gaspar Sanz, por el mayor desconocimiento de su persona y de su obra, creo que es preciso anotar algunos datos de su biografía.

El auténtico nombre de nuestro músico fue Francisco Bartolomé Sanz Celma, nacido en Calanda, Teruel, en 1640, año del famoso milagro de esta villa. Estudió música, teología y filosofía en la Universidad de Salamanca. Aprendió a tocar la guitarra en Nápoles, en donde ocupo el puesto de organista de la corte real.

Su aportación más importante al mundo de la música fue la publicación, en 1674, de su “Instrucción de música sobre la guitarra española y métodos de sus primeros rudimentos hasta tañer con destreza”, que ampliaría hasta dos veces y que se convirtió, durante mas de doscientos años, en un tratado de referencia para el aprendizaje de dicho instrumento. Curiosamente, esta obra estaba dedicada a don Juan de Austria, así consta, aunque no he podido averiguar la razón.

Licenciado y Bachiller en Teología por la Universidad de Salamanca, Gaspar Sanz también ocupó el cargo de Catedrático de Música en esta prestigiosa universidad. Murió, en Madrid, el año 1710.

En 1954, el maestro Joaquín Rodrigo, a instancias del guitarrista Andrés Segovia, compuso el concierto, para guitarra y orquesta, “Fantasía para un gentilhombre”, basándose en seis piezas cortas que aparecen en la “Instrucción para la guitarra española”. La selección de obras del compositor calandino, arregladas, ampliadas y orquestadas por el maestro Rodrigo, se conoce como “Suite Española”. En dicho concierto, la pieza "Canarios" es una de las elegidas. En la versión que da soporte al vídeo, la interpretación corre a cargo del grupo de música antigua "Armoniosi Concerti".

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