“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

martes, 29 de septiembre de 2009

UNA PEQUEÑA RECOMPENSA

El pasado fin de semana, los aficionados que asistimos al coso de “La Misericordia” de Zaragoza, nos vimos recompensados con varios momentos felices, de los que te reconcilian con esta bendita afición de los toros. No fueron festejos mayores, pues se trataba de un par de novilladas sin picadores, pero aunque eran festejos de tercera categoría, para principiantes, contuvieron ingredientes suficientes para que saliéramos de la plaza satisfechos, esperanzados y hablando de toros, que no es poco.

Porque no es poco que un novillero, de nombre Miguel Cuartero, toreó. Pero toreó de verdad, dominando primero al novillo por bajo -un ejemplar encastado de la ganadería de “Torrenueva”, de nombre “Terapeuta”, que planteó dificultades porque apretaba para los adentros-, se lo sacó a los medios por bajo y con torería y consiguió ligar varias tandas, con temple, profundidad y lentitud, en el centro del ruedo. El mayor mérito, y la prueba del dominio sobre el novillo, consistió en frenar su acometividad, mantenerlo en los medios y obligarle a circular a su alrededor a la velocidad impuesta por el novillero. Cuando eso ocurre, al público, sea aficionado o simple espectador, impulsado por el resorte que dispara en nuestros sentidos el toreo auténtico, le surge de la garganta, casi sin quererlo, el óle. Así ocurrió durante la faena realizada a su primer novillo, el pasado sábado, 26 de septiembre, por Miguel Cuartero. Está todavía en tiempo de aprendizaje y debe limar muchas asperezas, pero lo que apuntó -capacidad para pensar delante del toro y temple en la ejecución de las suertes,- es bueno e ilusionante. El próximo domingo, 4 de octubre, repite y tengo ganas de volver a verlo.

Tampoco es poco, en estos tiempos de escasez, ver un novillo de bandera, bravo, encastado y noble que embistió por ambos pitones con largura y humillado. Así fue “Toledano”, de la ganadería de “Los Maños”, un ejemplar en la línea santacolomeña, bien hecho, bajito y algo escaso de pitones, que salió en la segunda novillada sin picadores que tuvo lugar el domingo, 27 de octubre. Destacó tanto el novillo que eclipsó la labor de su matador, Emilio Huertas, que tuvo el mérito de plantarle cara en los medios y salir airoso. Pero este novillero, en el quinto, “Churrerón”, un eral con menos fuerza que su hermano que se vino arriba en la faena de muleta y un pitón derecho por el que se quedaba corto, dejó constancia de sus posibilidades porque supo ver las condiciones del novillo y consiguió un par de tandas con la izquierda con lentitud y mando. Pero, por fortuna, no se quedo ahí lo bueno de la novillada de “Los Manos”, porque hubo otros erales que dieron juego y revitalizan una ganadería que el pasado año defraudó en esta misma plaza. El tercero, “Cachito”, ha sido otro gran novillo, bravo y noble. Y el sexto, “Corbeto”, que a pesar de acusar escasez de fuerza, también se creció a lo largo de la lidia y embistió hasta su muerte con nobleza. La novillada, en su conjunto, estuvo bien presentada aunque algo escasa de pitones y dio buen juego en general, pero hay que tener presente que estábamos ante erales que no pasaron la prueba de la vara y hay que ser comedidos en su juicio.

Es de aplaudir el formato de este pequeño ciclo de novilladas sin picadores, pues al tratarse de dos semifinales con el premio de la final para los que mejor quedaron -que se celebrará el día 4, como aperitivo a la Feria del Pilar-, hubo competencia, que en estos tiempos es mucho, entre los novilleros participantes. Porque esa es una de las mayores lacras del mundo del toro actual, la falta de competencia, lo poco que importan los méritos cosechados ante el toro, de poco los triunfos, de nada el jugarse la vida, pues ya están confeccionados los carteles desde antes de comenzar la temporada, lo que acomoda a los agraciados que se anuncia en todas las ferias y desespera a los que hagan lo que hagan de poco les sirve. En este caso, quizás como excepción a la regla, no fue así y los que estuvimos presentes en el coso de “La Misericordia” el pasado fin de semana salimos contentos y con las ganas de ver la final. El tercero en discordia será Juan Cervera, que actuó el sábado ante erales de “Torrenueva” y se mostró como un novillero con empaque y plasticidad pero muy encorsetado en una idea preconcebida de la faena.

Al menos, y no es poco, el próximo domingo, 4 de octubre, acudiré a la plaza con la ilusión de volver a ver a Miguel Cuartero, que tan grata impresión me dejó con su labor, esperando que Emilio Huertas concrete los detalles que dejó apuntados, y deseando que Juan Cervera se ajuste más a los novillos que le toquen en suerte y se olvide un poco de su faena preconcebida. Esperar que los novillos que salten al ruedo, de la ganadería que luce el hierro más antiguo de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, que se anuncia con el nombre de “José Vázquez”, estén a la altura de las circunstancias y no nos defrauden.

domingo, 20 de septiembre de 2009

RODOLFO CRUZ PANDO "PANDILLO"

A la hora en que Rodolfo Cruz Pando partía hacia su último viaje camino de Arnedo, yo lo hacía en dirección contraria y con objeto muy diferente. No pude acompañarle en ese tránsito, pero su recuerdo me acompañó durante toda la jornada, y ahora, dos días después, todavía me sigue golpeando, como necesitando expresar de alguna forma mi sentimiento. Vayan pues estas líneas en su memoria.

Rodolfo era un aficionado de los de verdad, de los que acudían a cada festejo con la ilusión de contemplar, ese día, el milagro del arte del toreo, pero era un aficionado cabal y sabía que, para que eso ocurriera, era imprescindible la presencia del protagonista principal de esta Fiesta en plenitud de facultades: el toro. Por eso, y consciente del rumbo negativo de la Fiesta, era un aficionado comprometido y, como tal, aportaba su granito de arena, allá en donde estuviese, para reivindicar el espectáculo taurino en su total integridad, sabedor de que sólo así se pueden dar las circunstancias para que se pueda producir “el arte del toreo” y, de esa forma, poder saciar la sed que produce la afición a la Fiesta de los Toros.

En Internet, en donde fue uno de los pioneros, Rodolfo era “Pandillo”. Era miembro, desde sus comienzos, de la Asociación “El Toreo en Red-Hondo”. Defendía la utilidad de este medio para la defensa de la Fiesta auténtica y la unidad de los aficionados en pos de esta reivindicación. Pero la auténtica dimensión, como persona y aficionado, de Rodolfo, sólo se podía conocer estando personalmente con él. En “La Cabaña Brava” pudimos disfrutar de su compañía desde el principio de nuestra andadura. Aún lo recuerdo cuando estaba en la plenitud de sus facultades. La misma entereza y disposición en defensa de la Fiesta objeto de su afición ha puesto en su particular lucha con la enfermedad que le tocó lidiar. Con valentía y torería, alargó la faena durante mucho tiempo pero al final, como siempre ocurre con el toro negro de la muerte, acabó perdiendo la pelea. Es ley de vida. Un buen aficionado y, lo que es mucho más importante, una buena persona, Rodolfo Cruz Pando “Pandillo”, nos ha dejado para siempre. Descanse en paz.

Como recuerdo, y en su memoria, quiero rescatar sus propias palabras que reflejan claramente su forma de entender, y defender, esta Afición. Un artículo publicado en “El Aficionado” nº 23, órgano de expresión de su Asociación, en abril de 2006, en el que expresa sus pensamientos de aficionado.

Pensamientos de un Aficionado
Rodolfo Cruz Pando

“Voy a referirme en este artículo al Aficionado, viendo en el mismo a todas aquellas personas que en la fiesta de los toros (no me refiero en este caso más que a novilladas y a corridas de toros) encuentran su mayor y principal afición.

Partiendo de la base de que nos encontramos hablando de un evento en el que se conjugan una serie de cosas tales como son la belleza, el arte, el peligro y la emoción, creo que con estos ingredientes debería salir un espectáculo tan maravilloso y digno como para que el Aficionado encontrara en él lo que busca. Lamentablemente, por culpa de ganaderos, empresarios, toreros, apoderados, etc… (léase los taurinos) este espectáculo cada vez se encuentra en peor situación. Pero vamos a analizar brevemente las claves del mismo:

Belleza: Seguramente el Aficionado identifica esta palabra pensando en un animal con unas buenas hechuras, tanto de cuerpo como de cabeza, íntegro de pitones y con una edad comprendida entre los 3 y 4 años para los novillos y de 4 a 5 años para los toros.

Arte: Puede ser aquello que realiza el torero ante un animal bravo y encastado, ayudado por sus herramientas (capote, muleta, banderillas, estoque y puya en el caso de los picadores), pases y encuentros que por su ejecución perduren en la memoria de los Aficionados.

Peligro: Es lo que, sin duda ninguna, sabe el Aficionado que existe en cada una de las novilladas-corridas.

Emoción: Dimana la misma de las tres anteriores. Cuando un buen Aficionado ve un toro como el descrito en Belleza “se emociona”, cuando en la realización de los distintos pases ve Arte “se emociona” y cuando ve a un torero que despreciando el Peligro intenta hacer bien las cosas también "se emociona”.

Si en la práctica estas cosas ocurrieran así sin duda que todas las plazas colgarían siempre el cartel de “no hay billetes”. Pero veamos ahora la parte negativa y que por desgracia para el Aficionado es de la que hoy en día “disfruta”:

Belleza: El Aficionado está viendo salir por la puerta de toriles animales sin presencia, drogados, enfermos, afeitados, etc... Y así tarde tras tarde (salvo alguna rara excepción). Los culpables de esta situación son ganaderos, empresarios, toreros y apoderados.

Arte: Para el buen Aficionado es muy difícil relacionar el Arte con novillos-toros como los citados anteriormente.

Peligro: Pues lo mismo que en el Arte. El Aficionado no lo detecta como tal aunque si sabe que la cornada o el percance pueden ocurrir también.

Emoción: Pues simplemente no existe.

CONCLUSIONES

Cada vez más, en casi todas las tertulias de Aficionados los comentarios están basados en el mal momento que está atravesando la Cabaña del ganado bravo.

Cada vez más, los comentarios son de que a los ganaderos, empresarios, toreros y apoderados lo único que les interesa es el dinero rápido y fácil, sin pensar que posiblemente estén consiguiendo “pan para hoy y hambre para mañana”, amén de hacernos pasar de un espectáculo digno a otro totalmente denigrado sin tener en cuenta para nada a los Aficionados.

Cada vez más, se oye decir que la relación calidad-precio en este espectáculo no está justificada.

Cada vez más, los comentarios se acaban antes al no tener materia prima para el diálogo (no hay buenos toros, no hay buenas faenas).

Cada vez más, en todas las tertulias se oye decir “pues yo este año no voy a coger el abono, total para lo que vamos a ver”.

En cuanto a los medios con que cuentan los Aficionados para defenderse de tanto atropello, decir que quizás el único que tenemos hoy día es INTERNET, donde existen gran cantidad de páginas web dedicadas a nuestra Fiesta. Unas son muy buenas -con un bonito y ágil diseño para recorrerlas-, agradables de ver por su contenido y otras lo son menos. Pero todas tienen algo en común: están dedicadas a nuestra Fiesta.

En este medio existen los portales taurinos, que cuentan con una sección llamada foros en los que cada día con más frecuencia dejan sus comentarios los Aficionados, en algunos de ellos “posiblemente” previa censura (estos no merecen la pena). Otros permiten a los foristas verter sus opiniones con total libertad, siendo los que escriben responsables de lo que dicen. También en estos medios existen chat’s de conversación simultánea (igual que las tertulias, sólo que escrito), en los que los Aficionados intercambian opiniones y sucesos con la ventaja de que cualquier cosa que se produzca en esa jornada es trasmitida inmediatamente.

Pues bien Aficionados, quizás deberíamos utilizar más este medio que es Internet para buscar soluciones, para denunciar lo denunciable, criticar lo criticable o alabar lo alabable, y sobre todo para estar más informados de aquello que interesa.

Como podéis imaginar los que leáis estas líneas, solo soy un Aficionado y detallo en ellas las cosas que yo siento, por lo que seguro que me dejo muchas cosas sin decir. Tampoco se trata de aburrir, aunque en esto del toro cada uno tiene su manera de pensar. Pues nada, "que cada cual piense como quiera.”

lunes, 7 de septiembre de 2009

UNA FERIA COMO TODAS

Los carteles de la Feria del Pilar 2009 ya son los definitivos desde que el pasado viernes, 4 de septiembre, los anunciara la empresa “Taurodelta S.A.” con la aprobación de la entidad propietaria de la plaza, la Diputación Provincial de Zaragoza. Los que pensaban que del rumor a la realidad hay un trecho y que, como todavía no eran oficiales las combinaciones, se podrían producir cambios favorables, no preveían que si algo cambia, por muy malo que sea lo cambiable, no siempre cambia a mejor, sino que, y eso es lo que ha ocurrido, también puede cambiar a peor. Los carteles han cambiado, pero a peor.

De los rumoreados, que yo recuerde, se han caído: Encabo en la tarde de los “miuras”; Castella en su segunda tarde, la del 14 de octubre; y Hermoso de Mendoza en la de rejones que cerrará la Feria. Entre los sustitutos está Antonio Barrera -supongamos que por el torero francés-, lo cual es una injusticia ya que el pasado año, este mismo diestro, se dejó escapar el que, quizás, fuera el mejor toro de la feria, un toro de “Valdefresno” lidiado en 5º lugar, noble y repetidor, que lastimosamente se fue sin torear. Que vuelva “Joselillo” después de que el año pasado se justificó con la corrida de Dolores Aguirre es justo, pero bien podría haber sido por otro diestro con menos merecimiento que el de Alcalá de Henares que, al menos, ha demostrado muchas veces que no se arruga y sabe torear, cosa que, por ejemplo, dudo del continuador del “salto de la rana”. Con la sustitución del rejoneador de Estella supongo que -aunque no entiendo nada de rejoneo- el cartel se habrá devaluado bastante. En estos tres casos la Feria Taurina de Zaragoza sale perdiendo. Aunque el mayor problema de los carteles de este año no son los toreros -que son los mismo de todas las demás ferias y que se podrían haber anunciado, sin temor ha equivocarse mucho, al principio de temporada, porque el sistema taurino actual para nada tiene en cuenta los merecimientos adquiridos por los diferentes toreros en el transcurso de la temporada-, sino los toros.

En el tema de los toros, que es donde se podía haber producido algún cambio positivo, no ha cambiado nada. De las nueve corridas de toros tan sólo una, la de Núñez del Cuvillo, podríamos considerarla -dentro de las ganaderías denominadas comerciales- de primera categoría, las otras cinco: La Campana, Montalvo, Garcigrande, Parladé y Puerto de San Lorenzo; no creo que estén a la altura de una Feria que pretenda ser considerada de primera, tanto por sus resultados en las distintas plazas en los últimos años, como por el juego demostrado en nuestra plaza, como es el caso de la ganadería de La Campana, de la que en la Corrida Goyesca del pasado año, con la participación de Morante de la Puebla, tan solo pasaron tres el reconocimiento, y mejor hubiera sido que no lo hubiese pasado ninguno. De cuatro corridas serias -de ocho- el pasado año, hemos pasado a dos -más del 50 % menos-, este año: la de Miura y la de Dolores Aguirre. El equilibrio ganadero, que le daba seriedad a la feria taurina de Zaragoza, ha quedado roto y nos encontramos ante una feria previsible, vulgar y, como la mayoría de las ganaderías reseñadas, de segunda categoría.

Esto es lo hay. La Feria del Pilar 2009 es una feria más, muy parecida a las que se dan en el resto de plazas del territorio español, en donde los conocidos como “figuras” imponen su poder: sus toros, sus días y sus compañeros de cartel. Lo que podía ir consolidándose en Zaragoza como una alternativa a la vulgaridad común de todas las ferias, con la inclusión de un buen porcentaje de corridas serias en el serial taurino, había que cortarlo de raíz y así se ha hecho. Ahora tendremos una feria normal, vulgar, como casi todas las demás y… “que Dios nos coja confesados”.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

SI LOS CARTELES DE LA FERIA DEL PILAR SON LOS QUE SE ANUNCIAN…

Si los carteles de la Feria Taurina del Pilar son los que se anuncian… Se habrá dado un gran paso atrás en Zaragoza porque, en los últimos años, se había conseguido un equilibrio entre las denominadas ganaderías duras y comerciales que hacían posible presenciar en el coso de “La Misericordia”, junto a los toritos que exigen los figuras para su acartelamiento -por lo general, blandos y sospechosos de casi todo-, toros que por su integridad y trapío hacían que la fiesta auténtica, con sus grandezas y sus miserias, se pudiera vivir en nuestra plaza, al menos, la mitad de los días de Feria. Ello había hecho posible que nuestra plaza recobrara parte del prestigio perdido entre los aficionados locales y de fuera de nuestra ciudad, cosa que se tira por tierra con las posibles combinaciones que se han adelantado.

Si los carteles de la Feria Taurina del Pilar son los que se anuncian… Los aficionados que sacaron, y pagaron, su abono al comienzo de la temporada, necesariamente, tendrán que sentirse engañados porque, en carta enviada al principio de la temporada a todos los abonados del año 2008, para animarles a renovar su abono, el empresario actual, sr. Martínez Uranga, prometió nombres muy distintos -en cuanto a las ganaderías que se pensaban contratar para el ciclo taurino del presente año- de los que ahora se han hecho públicos en algunos medios de comunicación como posibles carteles de la Feria del Pilar 2009. De los cuatro encierros serios que prometió en su carta de presentación a los abonados se han quedado tan sólo en dos, pero lo más grave es que de las nueve corridas que figuran en la programación adelantada, al menos cuatro son de ganaderías que han fracasado en las últimas dos temporadas allá donde se han lidiado, alguna de ellas en nuestra propia plaza.

Si los carteles de la Feria Taurina del Pilar son los que se anuncian… La Diputación Provincial de Zaragoza, con su presidente, don Javier Lambán, a la cabeza, que después de un oscuro y farragoso proceso de adjudicación concedió la gestión de la plaza a la empresa “Taurodelta”, si de verdad tienen algún interés por la Fiesta de los Toros y por lo que se programa en una plaza que es de su propiedad, y si son ciertos los rumores que apuntan hacía la programación anunciada por algunos medios de información taurina, velando por los intereses de los consumidores, tendrían que mostrar su disconformidad, porque está entre sus atribuciones, y rechazar los carteles que le serán presentados en breve para su aprobación -por cierto, con tres meses de retraso- por los actuales empresarios por no ajustarse ni parecerse en nada a lo prometido.

Si los carteles de la Feria Taurina del Pilar son los que se anuncian… Quedará demostrado que a “Taurodelta” le importan un pito, tanto los abonados, como ya se ha podido comprobar en otras plazas que gestiona, como la palabra dada. Igualmente quedará de manifiesto que a la Diputación Provincial de Zaragoza, con su presidente a la cabeza, se la suda la Fiesta de los Toros, la plaza de toros que es de su propiedad y, lo que es mucho más grave, los consumidores de los espectáculos taurinos que en ella se programan y que, no lo deberían olvidar, son los que les votan para ocupar las poltronas que ocupan. Así mismo, los aficionados deberemos asumir, una vez más, que de poco sirven las promesas y las buenas palabras cuando lo que esta en juego es el negocio que supone el actual sistema taurino, ya que a los que viven de él, aunque sea un contrasentido, les importa un bledo nuestra opinión y la Fiesta misma. Pero también debemos sacar en claro que nuestra voz, con los medios que tengamos a nuestro alcance, deberá oírse, tanto en la plaza como fuera de ella, en denuncia de los abusos y los fraudes, contra las imposturas y los malos usos que tratan de corromper nuestra querida Fiesta, porque -como dice en la introducción de su libro “Tauromagia” el periodista Guillermo Sureda- “…mientras exista la arrogancia fiera de un toro auténtico y la gallardía indómita de un auténtico torero, la fiesta taurina seguirá siendo algo que vale la pena defender”.

Nota: Para ver las combinaciones de los posibles carteles de la Feria del Pilar 2009, picar aquí.

jueves, 27 de agosto de 2009

EN MEMORIA DE MANOLETE

-->
El azar, a veces, te conduce hacia encuentros inesperados. Algo así me ha ocurrido hoy cuando estaba visionando viejos archivos de vídeo con la simple intención de pasar el rato. Ello ha hecho que me vinieran a la memoria el recuerdo de Manolete y de un pasodoble que le fue dedicado a su muerte. La historia ya la conté en una entrada que se remonta dos años atrás y no tenía la intención de volver sobre ella, en todo caso hubiera elegido otra de las innumerables canciones que se dedicaron a la muerte del diestro cordobés, pero por sí misma se hizo un hueco en mi pensamiento y, ni corto ni perezoso, me he puesto manos a la obra.

El caso es que, como decía anteriormente, visionando viejos vídeos, ha aparecido Juanita Reina, la interprete que solicitó a Rafael de León un pasodoble en memoria Manuel Rodríguez Manolete, explicando la historia. Así nació “Capote de grana y oro”, una joya de la música taurina compuesta por esa fabulosa cuadrilla de la copla que formaban Quintero, León y Quiroga. Al documento gráfico en el que aparece la tonadillera explicando esta historia, he sumado la versión completa de la canción interpretada por ella misma, que fue su creadora, y que desde el primer momento, además de ser uno de los pasodobles más bellos que se han escrito, se convirtió en un gran éxito y en uno de los temas clásicos de cancionero taurino.

De esta forma, por casualidad, ha tomado cuerpo esta entrada que quiere ser un recuerdo de aquel nefasto 28 de agosto de 1947 en que un toro de Miura, Islero de nombre, segó la vida del torero más famoso de su tiempo en la plaza de Linares. Para los que estén interesados en más detalles sobre la canción les remito a la entrada que ya escribí hace un par de años recordando esta efeméride bajo el titular de “Capote de grana y oro” y en la que el pasodoble es interpretado, con acompañamiento de banda, por Eva Román.

lunes, 24 de agosto de 2009

EL JULI, "LOS JANDILLAS" Y BILBAO

Tuve la oportunidad de ver la corrida de Jandilla que estoqueó en solitario El Juli en Bilbao. Ha sido la única corrida de la feria bilbaína que he podido ver este año. Tengo que decir, antes de nada, que tanto el uno como los otros, así como la propia plaza, me decepcionaron. Bilbao, porque no se merece ­ ­-o quizás sí- que salgan a su grisáceo ruedo toros como los que salieron esa tarde; los “jandillas” porque no tuvieron el trapío requerido -o según se mire, quizás sí- ­para una plaza como la de Vista Alegre; y El Juli porque no supo -o quizás no pudo-­ aprovechar las bonancibles embestidas de alguno de los toros a los que tuvo que hacer frente esa tarde. Pero vayamos por partes.

Ha sido comentario general de aficionados y de algunos periodistas que han presenciado las Corridas Generales de este año que ha bajado el trapío del “toro de Bilbao”. Yo solo he podido ver el festejo en el que se centra este artículo y tengo que decir que los animales que salieron al ruedo ese día, con las exigencias de hace unos pocos años, nunca hubieran debido de saltado al ruedo bilbaíno, es más, el ganadero nunca se hubiera atrevido a presentar este ganado porque, con toda seguridad, habría sido rechazado en el reconociendo de la mañana. Las cosas parecen que han cambiado en los últimos tiempos y, desde hace algunos años, toros como estos y aún más chicos se lidian en una plaza que era considerada, en términos ciclistas, el “Tourmalet” de la temporada. Es más, en un programa taurino de la noche del domingo, el presidente de la Junta Administrativa admitía esta crítica y se defendía diciendo que, por el contrario, los “jandillas” habían embestido mucho y bien, con lo que podemos deducir que antes que el trapío -que era santo y seña de la plaza de Bilbao hasta no mucho tiempo- lo que se busca en la actualidad es la comodidad, el toro comercial y “a modo” que no disguste a los denominados “figuras” y evitarles, de esa forma, el mal trago que suponía su paso por la capital vizcaína. Quizás ahora se consigan carteles más redondos en cuanto a los nombres de los toreros, pero a costa de perder la identidad de lo que durante muchos años ha sido el “toro de Bilbao”.

Quizás, porque los criterios en cuanto al toro han cambiado en la primera plaza del norte, pasaron el reconocimiento matinal los “jandillas” que, en general, salieron anovillados, cómodos, noblotes y embestidores. Tampoco fueron excesivamente castigados en varas -cosa ya habitual en esta plaza con el asentimiento de la mayoría del público que se enfada si se alarga demasiado el castigo en este tercio- por lo que tuvieron recorrido en la muleta, sobre todo el 5º, y el sobrero que sustituyó, por manifiesta invalidez, al 6º de la tarde. Estos dos ejemplares destacaron, además, sobre sus hermanos por la nobleza y bondad de su embestida que hacían vislumbrar faenas de éxito para un matador, El Juli, que está entre los que más bregados y que más cartel tiene entre los profesionales del momento. En general fue una corrida bien presentada para una plaza de segunda pero, según los criterios que regían hasta hace muy poco en este coso, no para la de Bilbao.

Con semejante material podríamos pensar que El Juli, acostumbrado al éxito en muchas de las plazas que visita y con marchamo de “gran figura” entre la torería actual, lo bordó y salió triunfante de su “encerrona” en el coso de Vista Alegre. No fue así. Durante toda la tarde estuvo voluntarioso pero no consiguió redondear ninguna faena, o al menos no consiguió interesar a la mayoría del público -unos tres cuartos del aforo- que asistió al evento. Quizás fuera porque los enemigos a los que se enfrentó no dieron importancia a lo que hizo aunque, por la entrega y las ganas de los espectadores, puede ser más acertado pensar que su labor se quedó por debajo de las condiciones de los “jandillas” de plaza de segunda que le tocaron en suerte.

En mi opinión fueron ambas cosas. Pero haciendo caso omiso de que se encontraba en Bilbao y que la presentación de los toros estaba muy por debajo de las exigencias que hasta hace poco tiempo mantenía esta plaza, hay que decir que tuvo toros para hacer “el toreo” y lo que hizo fue dar pases, que son cosas muy distintas. Una vez más, por pequeños y cómodos que fueran, sobró toro. En concreto, los mencionados 5º y 6º bis eran propicios para el triunfo: eran nobles, se venían de lejos, metían la cara y humillaban. ¿Qué más puede pedir una pretendida “figura” del toreo para triunfar? Como demostró Luís Francisco Esplá hace poco más de dos meses en Las Ventas de Madrid, lo que hay que hacer para llegar al tendido y poner la plaza boca abajo es torear, ni más ni menos. Torear como mandan los cánones. El Juli, en cambio, en tarde de tanta responsabilidad, se perdió en un sinfín de pases y medios pases, enganchones, dudas, trompicones, carreras para volver a colocarse en el sitio y, por si fuera poco, estuvo desacertado con la espada.

Es lo que tiene el “toreo moderno” -o quizás sería mejor llamarlo "destoreo" a secas- que se le hace al “toro bobo y colaborador” que exigen los “figuras” del momento para anunciarse en los carteles de las grandes ferias: que no emociona, que no engancha, que aburre y que, al fin y a la postre, se olvida, se borra de la memoria de los espectadores en cuanto termina la corrida. Eso es lo que pasó, siempre según mi opinión, con la actuación de El Juli en Bilbao. Pero si además consideramos la categoría de la plaza en la que estábamos, en donde hasta hace muy poco tiempo nunca hubieran saltado al ruedo los "jandillas" que lo hicieron en esa tarde del 21 de agosto de 2009, la decepción es mucho más grande.

viernes, 7 de agosto de 2009

LAS CAPEAS DE LAS VEGAS

- Hola don Pepe.
- Hola don José.
- ¿Cómo usted por aquí? Imaginaba que, como todos los veranos, estaría en el pueblo.
- Y no anda descaminado, pero unos asuntillos familiares me han traído hasta este horno en que se ha convertido Zaragoza… con lo fresquico que se está en el pueblo. ¿Y usted? Por estas fechas siempre anda por la playa.
- Mi señora que tenía una revisión en el médico… ya sabe, cosas de viejos… pero en un par de días nos volvemos porque aquí no hay quien viva.
- Me alegro de verlo.
- Lo mismo le digo, además ya hacía tiempo que no nos veíamos.
- Pues desde la última… Si tiene usted tiempo, nos sentamos en esta terraza y, ahora que el calor nos da una tregua, tomamos un vinico y charlamos un rato.
- Sea, don Pepe. Además quería pulsar su opinión sobre un asunto que me tiene un poco mosca.
- Usted dirá, don José.
- Se trata de esas corridas sin sangre que se han programado en la ciudad estadounidense de Las Vegas…
- … ¡¡¡Eso es una aberración!!!
- Ya me imaginaba su reacción, don Pepe pero, aunque me preocupa y no lo veo claro, querría estudiar la idea con frialdad y ver si contiene algo positivo para la Fiesta.
- Una cosa así nada bueno puede traer para la Fiesta, don José. Es una adulteración tomando, una vez más, al toro como chivo expiatorio. Para empezar, que no lo llamen corrida de toros. Eso es otra cosa. Y que no degraden más la condición del toro de lidia que bastante por los suelos está ya.
- Pero quizás sirva como promocionar la Fiesta y abrir nuevos mercados.
- ¿Nuevos mercados? ¿Para qué? ¿Para esa patochada? ¡No diga tontadas!
- Pero si consideramos la posibilidad de que muchos de los espectadores que asistan a esos festejos, desconocedores hasta el momento de la Fiesta, se aficionan y…
- Pero se aficionaran a esa farsa, no a las corridas de toros. Además, si no se les puede hacer sangre a los toros, ya que no se les puede picar ni banderillear, no se podrán lidiar toros, serán a lo sumo erales como los que se lidian en las novilladas sin picadores, o añojos. Porque, dígame usted, don José, quien será el guapo de los figuras que se anuncian -y ese es otro tema grave de este asunto del que luego hablaremos- que se ponga delante de toros, con la edad reglamentaria para ser llamados así, si no se pueden picar ni banderillear...
- Pero…
- … Y si no puede haber sangre en esa pantomima ¿Qué hacemos con los pitones de los toros? Porque no debemos olvidar que los pitones están para herir y, si hieren, suelen hacer sangre. Hasta un pitón afeitado puede hacer sangre… Ya se puede imaginar la solución: fundas acolchadas en los pitones para que no puedan ocasionar ni un rasguño…
- Pero…
- ¿Esa fiesta es la qué queremos exportar? ¿Eso queremos vender en el extranjero?: Una adulteración en la que el protagonista fundamental que le da nombre, el toro, no es ni siquiera novillo, sino un animalejo de reducida edad, con fundas en los cuernos, o simplemente sin ellos, y cubierto de una superficie textil en la que se queden pegados unos palitroques que simulen ser banderillas y que, después de unas cuantas monerías del espada de turno, vuelva el bicho a los chiqueros para ser sacrificado en la oscuridad.
- Pero…
- … Todo este disparate no puede servir sino para asestar una puñalada más a la Fiesta y lo peor de todo, como antes le apuntaba, lo más grave de este asunto es que los mandamases del escalafón, las denominadas figuras del momento, se presten y, de esta forma, den carta de naturaleza a esta sinrazón sin vergüenza ni remordimiento alguno.
- Pero… y gracias por no interrumpirme otra vez… los toreros van a donde los contratan, no debe de olvidarse usted, don Pepe, que son profesionales y viven de esto.
- Y por eso mismo, para esta charlotada no pueden, no deben apuntarse, don José. Ellos, que son los que tendrían que llevar el peso y la seriedad de la Fiesta de los Toros, son los primeros que deberían poner el grito en el cielo y denunciar este atropello que se pretende con la profesión de la que viven y, se supone, deberían defender de adulteraciones y falsificaciones. Eso no es una corrida de toros, a lo sumo es una capea y como tal debería de ser tratada.
- A mi la duda que me crea es que a lo mejor…
- ¡Ni a lo mejor ni a lo peor! Esa pantomima que desvirtúa la esencia de las corridas de toros no me merece ninguna consideración. Si de las corridas de toros desaparece el peligro y la emoción esto se ha acabado, don José. Los empresarios americanos que hagan lo que quieran, pero ni los toreros ni los ganaderos de toros bravos pueden prestarse a este juego, y si lo hacen es que poco amor profesan a esta Fiesta que les ha dado todo lo que tienen. Aunque por lo que estamos viendo ahora aquí -y esto es lo que me preocupa de verdad- la fiesta que nos pretender imponer en estos tiempos casi está más cerca de la que proponen los americanos que de la auténtica Fiesta de los Toros. Pero eso es harina de otro costal y sería tema de otra conversación.
- Ya veo que lo tiene muy claro, don Pepe. Yo pienso parecido a usted. Me cabe la duda de que si el espectáculo gusta pudiera plantearse la celebración de corridas con todos sus argumentos, pero lo que se pretende hacer poco tiene que ver con la fiesta de los toros. Ya sabe que antes de pronunciarme sobre un tema me gusta recabar la opinión de la gente y, en este caso, por las opiniones que voy pulsando, los aficionados muestran muchos reparos, cuando no indignación, como usted, ante esta iniciativa.
- Es que se las trae. ¡¡¡Corridas de toros sin toros!!! Mire usted, don José, los empresarios americanos, los toreros, los ganaderos y los taurinos que hagan lo que quieran, puesto que son libres de hacerlo, allá cada uno con su conciencia, pero que no engañen a nadie y que no utilicen el nombre de “corrida de toros” en vano. Para empezar que llamen a las cosas por su nombre y lo que pretenden hacer no tiene nada que ver con las corridas de toros. Hay otras palabras que se ajustan más para definir el espectáculo que quieren montar, como por ejemplo: capea o, como mucho, becerrada.

domingo, 2 de agosto de 2009

COSAS DE TOROS: "MINADOR" Y "BOMBACHO"

Minador y Bombacho tuvieron sus más y sus menos cuando fueron desembarcados en Tudela. Según cuenta el “Diario de Navarra” en su edición tudelana del 27 de julio, el primero le propinó una soberana paliza a su hermano de la que salió vivo de milagro. Ambos se lidiaron en la tarde de eso mismo día con dispar juego.

Minador y Bombacho, de la ganadería de Victorino Martín, llevaban marcados en sus costillares números correlativos, el “110” y el “109” respectivamente, y habían nacido en noviembre de 2003. Habían llevado, por lo tanto, durante sus más de cinco años y medio, una vida paralela y durante todo ese tiempo, por fuerza, tuvieron que compartir muchos momentos de su existencia en la dehesa. El destino quiso que también fueran compañeros en su último viaje hasta la población navarra y allí, no sabemos si por motivos recientes o añejos, tuvo lugar la pelea que nos cuenta el periódico.

En el ruedo de la "Chata de Griseras" tuvieron un comportamiento absolutamente distinto. Minador, el que lucía el nº “110”, se lidió en 2º lugar y fue un toro bravo que se empleó en el caballo en los dos puyazos que recibió y resultó muy noble en la muleta. Era un toro para soñar el toreo que aunaba todas las características positivas de los “victorinos” buenos: metía la cara humillando y haciendo el avión y tenía fijeza, prontitud y recorrido. El que había castigado a su hermano en los corrales tan duramente, en la plaza, fue un toro bandera, el mejor de la corrida y -pues así lo designó el jurado- el ganador del premio al mejor toro de la Feria. Su hermano Bombacho, con el nº “109” en los costillares, se lidió en 4º lugar y fue el más problemático de todo el encierro. Reservón en el caballo, incierto, quedándose corto y buscando lo que se dejaba atrás. En el primer par de banderillas, que protagonizó Vicente Yesteras -ante la negativa de su jefe de filas, habitual banderilleador-, se le paró inopinadamente en el centro de la suerte cuando el banderillero alzaba los brazos para clavar y, en vez de “salir de naja”, fue cogido por la entrepierna infiriéndole una cornada menos grave en el escroto. El que había recibido la brutal paliza en los corrales resultó, a la postre, el toro malo de la corrida, del que poco partido se pudo sacar y, además, mandó a un veterano y buen subalterno a la enfermería. Cosas de toros.

Nota: La foto de la pelea de los toros está publicada en Blog de la "Asociación Taurina El Toril", de Alfaro, en donde se puede leer un amplio artículo sobre la pasada feria de Tudela.

miércoles, 29 de julio de 2009

UNA CORRIDA DE TOROS COMO DEBE DE SER

El pasado 27 de julio, en Tudela, pudimos ver lo que anuncia el título de este artículo, una corrida de toros como debe de ser. Ni más, ni menos. Seis toros parejos, cuajados, con poder, astifinos, con edad y cada uno con sus peculiaridades particulares; ante ellos, tres toreros dispuestos. Eso mismo es lo que debería ocurrir en todas las plazas y en todas las corridas de toros, eso es lo mínimo que se le debe asegurar al espectador que pasa por taquilla, eso tendría que ser lo normal. Por desgracia eso no es así en la gran mayoría de los festejos que se ofrecen por las distintas plazas de toros y lo que debería ser normal se convierte en extraordinario. Por eso es de destacar que en la tudelana “Chata de Griseras”, el pasado 27 de julio, se lidió una corrida de toros como debe de ser.

Todo ello ocurrió para satisfacción de los espectadores y aficionados que pudimos presenciar la corrida. Es de hacer notar que, cuando la fiesta auténtica se manifiesta en el ruedo, los unos y los otros, aficionados y espectadores, a veces con visiones tan dispares del espectáculo taurino, disfrutamos intensamente de la corrida y, lo que es más difícil todavía, hasta solemos ponernos de acuerdo. Y otro detalle sin importancia pero altamente revelador, cuando de la mano de la fiesta íntegra la emoción se hace presente en la plaza, en comparación con esas tardes aburridas, tan habituales en la actualidad, en las que los minutos pesan como el plomo, la sensación de que el tiempo pasa se diluye y cuando te quieres dar cuenta la corrida ya está concluyendo.

Pero vayamos al grano y descubramos las claves de una tarde en la que pudimos presenciar una corrida de toros como debe de ser. Los toros fueron de Victorino Martín, todos cinqueño, muy bien presentados para una plaza de tercera como la de Tudela, hubieran podido servir para todas las de segunda e incluso para alguna de las de primera. Recibieron dos varas por cabeza (el 3º manseo; 1º y 4º cumplieron; 2º, 5º y 6º fueron bravos) y en el tercio de muleta embistieron y tuvieron recorrido. Todos tuvieron fuerzas y llegaron a la muerte con la boca cerrada, incluso el 5º, bravo en el caballo y noble -que se lesionó en una mano durante la lidia y renqueaba por ello- llegó al último tercio con muchas más fuerzas que los elegidos habitualmente por las figuras para sus actuaciones en plazas de importancia. El 4º fue el garbanzo negro de la corrida, aunque ni mucho menos llegó a la condición de alimaña con que se identifica a los victorinos con peligro. En banderillas cogió a Vicente Yesteras por no querer pasar en falso y aguantar un parón del toro en mitad de la suerte, y se llevó una cornada en el escroto de pronóstico menos grave. El 1º, aunque tenía una embestida más corta y se enteraba de lo que se dejaba atrás, también metía la cara y era propicio para el lucimiento. Destacaron el 2º, Minador, y el 6º, Bodegón. Ambos fueron bravos en el caballo y nobles para la muleta, metiendo la cara, arrastrando el morro por el suelo y alargando el viaje hasta donde los mandaran. Dos grandes toros.

Ya se pueden imaginar que ninguno de los toreros acartelados portaba la condición de figura, eran lo que vulgar y despectivamente en el argot taurino se conocen como gladiadores. Pero en realidad, porque se ponen delante de toros de verdad y de esa forma hacen honor al nombre de su profesión, son lo que no son otros que se visten de luces muchas tardes, toreros: Juan José Padilla, Diego Urdiales y Sergio Aguilar. El jerezano tuvo el lote más problemático y pasó por “la chata” con más pena que gloria, en su primero nunca se confió y en el segundo se inhibió y se llevó una bronca más que merecida. Diego Urdiales tuvo el mejor lote y, en mi opinión, estuvo por debajo de sus toros. En su primero, el mejor toro de la corrida, estuvo correcto y logró algunos pasajes ajustados y con profundidad, pero el toro, noble hasta decir basta y haciendo surco en la arena con el hocico, era para soñar el toreo. Mató de una buena estocada, algo caída, hasta la empuñadura y se le concedió una oreja. En su segundo, que acusó la lesión que se produjo en el primer tercio durante toda la lidia, pero que fue noble y aguantó hasta el final, no se acopló, alargó la faena innecesariamente y dio un recital de pinchazos con la espada. El primero de Sergio Aguilar fue el toro manso de la tarde, tomó dos varas a regañadientes y no quiso pelea en ningún momento. El que le brindó la ocasión de triunfar fue su segundo toro, el sexto de la tarde. Sin llegar a la calidad de “Minador” en la embestida, “Bodegón” tuvo su misma condición, fue bravo en el caballo, en donde le dieron más fuerte que a su hermano, y noble y con recorrido en la muleta. Quizás acusara el castigo recibido y llegó a la muleta con algo menos de fuelle, pero más que suficiente para torear a gusto y con largura. Sergio Aguilar estuvo más que digno pero por debajo de la condición del toro. Es un torero que está empezando a cuajarse y aún no ha fijado su estilo, pero tiene condiciones y hay que esperarlo. En este toro, que requería mando y mano baja desde el principio, se entretuvo en el toreo accesorio y cuando se quiso poner a torear de verdad al toro ya se le había pasado el arroz. De todas formas estuvo correcto y mató, al segundo intento, de una estocada que le valió la otra oreja de la tarde.

En un santiamén se pasó la tarde. Cuando miré el reloj con la idea de que aún quedaría tiempo para tomar un vinito en “El Cossío” con los amigos de Tudela y comentar la corrida, comprobé que ya era muy tarde y había que poner rumbo a Zaragoza, pues al día siguiente era laborable. Pero partimos contentos -que diferencia con otros viajes de vuelta después de la decepción- porque habíamos asistido a una corrida de toros como debe de ser, con toros y toreros de verdad. Algo que debería ser lo normal en todos los festejos que se programen por las diferentes plazas de toros pero que, por desgracia, y por dejación, no es así. Por eso lo normal se convierte en extraordinario. Y ya digo, no es que fuera la corrida del siglo ni mucho menos, fue una corrida normal que, por suerte, salió buena. En definitiva, fue una corrida de toros como debe de ser.

jueves, 23 de julio de 2009

COPLAS DE ANTONIO ORDÓÑEZ - LOLA FLORES

Cuando Lola Flores grabó estas "Coplas de Antonio Ordóñez”, en el año 1962, no sabía que el diestro rondeño estaba a punto de cortarse, por primera vez, la coleta. Esto ocurrió el 18 de noviembre en la limeña plaza de Acho, con el toro Andamucho de la ganadería de Las Salinas, negro, bien armado y con 480 kilos de peso. Ese día compartió cartel con Gregorio Sánchez, Curro Girón, Pepe Cáceres, José Martínez Limeño y Andrés Vázquez. Participó en todas las corridas del ciclo limeño y ganó el Escapulario de Oro del Señor de los Milagros, que fue el broche de oro a la primera parte de su carrera. Ese año, antes de su viaje a Lima, había sido muy castigado por los toros. La mala racha comenzó en Málaga, en un festival benéfico celebrado en el mes de diciembre, al entrar a matar un novillo de su mujer, Carmen González, sufriría una fractura de peroné de la que le costó recuperarse. Grave fue la que sufrió en Tijuana, México, el 29 de abril, en donde fue cogido por su primer toro, de la ganadería de Llaguno, y de la que tuvo que ser operado de nuevo a su vuelta a España. Reapareció en corrida ordinaria en Barcelona, el 17 de junio, pero diez días antes había participado, en el Coliseo de Nimes, en una función teatral nocturna (la representación de la Zarzuela Andalucía) estoqueando un toro de su propia ganadería. El último percance de ese año lo sufriría en Salamanca, el 14 de septiembre, en donde una res de Francisco Galache le infirió dos cornadas en el muslo derecho. Aún con todo, esa temporada cumplimentó cincuenta y dos contratos. Quizás por esa mala racha de infortunios había decidido retirarse de los ruedos, y así se lo comunicó a su mujer desde la capital peruana, de esa forma, en una de las plazas de toros más cargadas de historia, y después de doce años de alternativa en los que había estado en lo más alto del escalafón taurino, ponía fin a su primera etapa como matador de toros el maestro rondeño.

Antonio Ordóñez Araujo había nacido en Ronda, Málaga, el 16 de febrero de 1932. Era uno de los cinco hijos varones de Cayetano Ordóñez Aguilera Niño de la Palma, aquel al que un titular de don Gregorio Corrochano, “Es de Ronda y se llama Cayetano”, en el diario ABC, había colocado en el disparadero de la expectación. Tomó la alternativa en Madrid, un 28 de junio de 1951, de manos de Julio Aparicio, quién le cedió la muerte del toro Bravío, de la ganadería de la viuda de Galache, en presencia de Miguel Báez Litri. Esa temporada toreó cuarenta corridas en las plazas más importantes de la geografía del toro y, desde el primer momento, se colocó entre los diestros preferidos del público y de los aficionados que veían reflejados en el toreo del diestro rondeño el más puro clasicismo del arte de torear. Antonio Ordóñez ralentizó el toreo, con su capote y muleta fue capaz de frenar la velocidad del toro y hacer realidad lo que decía el maestro Domingo Ortega, que la tempestad de la embestida del toro se convierta en suave brisa a la salida de la suerte. Volvió a los ruedos en 1965 y se mantuvo en activo hasta 1972 en donde, un 12 de agosto, en el transcurso de la Semana Grande donostiarra mató último toro, Colombiano, del hierro de Pablo Romero. Alternaba ese día con Paco Camino y Curro Rivera. Aunque no se retiró del todo porque todos los años, mientras la salud se lo permitió, toreaba la Corrida Goyesca de Ronda que él mismo organizaba.

Cuando Lola Flores grabó estas “Coplas de Antonio Ordóñez” se encontraba en un momento de consolidación de lo que podríamos denominar su segunda época. Dolores Flores Ruiz había nacido en Jerez de la Frontera, un 21 de enero de 1923. Empezó a cantar en su ciudad natal en 1939 anunciada como Lolita Flores Imperio de Jerez. En 1942 obtuvo su primer y, a la postre, mayor éxito con “El Lerele”, una canción que figuraba en el repertorio del espectáculo “Cabalgata”, que estrenó en el madrileño teatro Fontalba, y que la hizo famosa en toda España. En esa época comienza su relación con Manolo Caracol, tanto en los escenarios como fuera de ellos, y hasta 1951 triunfaron como pareja artística en el cine y la canción y mantuvieron una turbulenta historia pasional fuera de ellos. A mediados de los años cincuenta, por mediación del propio Caracol, conoció al guitarrista Antonio González El Pescailla, un gitano catalán del barrio de Gracia, pionero de lo que, con el tiempo, pasó a denominarse rumba catalana. Al poco tiempo de conocerse El Pescailla abandonó a su mujer, Dolores Amaya, con la que se había casado por el rito gitano, y a su hija Toñi, nacida en 1955, para casarse con Lola, embarazada de tres meses, en la Basílica de la Cruz de los Caídos, el 27 de octubre de 1957. A partir de ese momento comenzaron una carrera artística conjunta que nos sitúa en la época de la canción objeto de este artículo. Fueron años felices para el matrimonio González-Flores, tanto en lo familiar, en donde tuvieron tres hijos, como en lo artístico, pues Lola, rotos los lazos de su turbulenta relación artística y personal con Manolo Caracol, sacó lo mejor de sí misma y afloró en escena su auténtica personalidad que la mantuvo en candelero hasta el día de su muerte, que le sobrevino en la casa que bautizó con el nombre de su primer gran éxito, “El Lerele”, el 16 de mayo de 1995, cuando contaba 72 años de edad.

Lola Flores era gran aficionada a los toros, asidua a las corridas siempre que su profesión se lo permitía y muy amiga de los toreros más importantes del momento, con los que compartía ferias y fiestas de muchas ciudades españolas. Esta afición queda reflejada en el amplio repertorio de números taurino que dejó grabados. El que hoy presentamos, estas “Coplas de Antonio Ordóñez”, son unas burlerías compuestas por Antonio Gallardo y Nicolás Sánchez Ortega. Fueron publicadas por el sello discográfico Columbia en un EP (disco con cuatro canciones, dos por cada cara) en el año que Antonio Ordóñez se retiró por primera vez de los toros, en 1962. El acompañamiento y los arreglos musicales corren a cargo de la Orquesta de Maestro Tejada con la colaboración, como guitarrista, de su marido Antonio González El Pescailla.

Coplas de Antonio Ordóñez
Antonio Gallardo - Nicolás Sánchez Ortega

La plaza es un pandero
de sol y oro,
de sol y oro.
Cuando se abre el chiquero
y sale el toro,
y sale el toro.
Negro bragado
con to’el poder
y un torero espigado
se abre de capa frente al burel.

Que quieras o que no quieras
hará la fiera lo que le manden,
no hay torito de bandera
que a Antonio Ordóñez se le desmande.
Ronda moruna,
rosa de olor,
morena de aceituna
tú eres la cuna que le arrulló.

No hay guapo que le iguale
sobre la arena,
sobre la arena.
Mira que naturales,
vaya faena,
vaya faena.
Brilla su nombre
sobre el cartel,
no nace ya otro hombre
que haga en el ruedo
lo que hace él.


jueves, 16 de julio de 2009

LA EMOCIÓN DEL MIEDO

Según el diccionario de la lengua la emoción produce una “alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática”. La situación emocional a la que te lleva esa conmoción somática, una vez que la has vivido, es la que produce la adicción a algo, en este caso, a los festejos taurinos. En esa conmoción somática es donde se asientan los cimientos más profundos de la afición taurina, los que llevan al aficionado ha buscar en cada festejo el encuentro propiciatorio, las bases precisas -que no son otras que un toro y un torero frente a frente- para que salte la chispa de la emoción y poder sentir de nuevo esa alteración del ánimo intensa y pasajera que en otras ocasiones ya ha vivido y que es la causa del peregrinar del aficionado por las plazas de toros.

Pero en la misma definición que nos trae el diccionario van implícitos dos tipos de emoción, agradable o penosa. Partiendo de esta diferencia, y trasladándola a la fiesta de los toros, podemos distinguir dos situaciones emocionales totalmente distintas que se pueden dar en el ruedo: la producida por una situación de angustia ante el peligro inminente que se palpa, bien por la condición del toro o por las carencias del torero, que es la que pondríamos en el lado de la alteración de ánimo penosa; o la producida por una situación de mando y dominio del torero sobre el toro, que es la que abre la puerta a la posibilidad de sentir una vez más esa alteración de ánimo agradable que es la que reportar contemplar el arte del toreo, con todos sus componentes, en su máxima expresión.

La emoción, si sale un toro con trapío y poder, un toro que dé miedo, está presente en la plaza desde el primer momento. Que esa emoción se encamine en una u otra dirección, agradable o penosa, dependerá de las condiciones del toro y de la labor más o menos acertada del torero de turno. Cuando el poder del toro es reducido por medio de una lidia correcta y el dominio del torero se plasma en una faena artística -redonda, se suele decir en el argot taurino- es cuando aparece esa conmoción somática agradable que nos hace adictos a los aficionados y a cualquiera que lo vea. Ese es el mayor poder de difusión de la “Fiesta de los Toros”, la contemplación del toreo en estado puro, lo que, por desgracia, tan pocas veces ocurre en la actualidad y que, cuando sucede, se convierte en todo un acontecimiento. Ocurrió hace poco más de un mes en la plaza de “Las Ventas” de Madrid cuando Luis Francisco Esplá explicó el toreo en su toro de despedida. Todos, aficionados y espectadores, atrapados por esa conmoción somática agradable, se pusieron de acuerdo -tanto los que habían pedido orejas arbitrariamente en los días anteriores, como los que las habían protestado- y todos se volvieron locos. Se vivió un triunfo como ningún día anterior, ni en los últimos años, se había producido. Y todo este revuelo por el simple hecho de haber visto torear a un torero un toro de verdad.

Pero para que esta emoción agradable se produzca son imprescindibles, tanto el toro íntegro, como el torero con conocimientos suficientes para plantarle cara y salir victorioso. Esa seguridad del diestro, ese conocimiento, ese dominio de la situación es lo que hace que entre los espectadores se difumine el miedo y se alborote el ánimo ante la posibilidad de ver, una vez más, torear. En cambio para el otro tipo de emoción que se puede dar en una plaza de toros, la que el diccionario denomina como penosa, no es necesario: ni que el toro dé miedo, ni que el torero domine las reglas de la lidia. Este tipo de alteración de ánimo, que podríamos denominar emoción del miedo, se puede ver con frecuencia en las plazas de toros, es más común hoy en día, pues son muchos los diestros que la utilizan y que recurren a ella. Pero en este punto hay que hacer una nueva división: la emoción del miedo que produce en los tendidos un toro con toda la barba ante un torero al que se ve falto de recursos; o el de un toro, como el que mayormente sale en la actualidad, sin poder, parado, sin casta, ni nada de lo que tiene que tener un toro, y con el que la única posibilidad de crear emoción, de captar la atención del público, la tiene que poner el matador, esos especialistas en ese tipo de tauromaquia encimista que vulgarmente se denomina como “arrimón”. Los unos merecen el mayor respeto por aceptar el reto de enfrentarse a un serio enemigo, los otros el mérito de intentar poner lo que no tiene el toro. Un dato curioso es que unos y otros están claramente separados en el escalafón de actuaciones, los del toro “fofo” hacen el paseíllo muchas tardes, mientras que los otros, los del toro íntegro, casi ninguna, y cuando lo hacen se suelen jugar el todo por el todo a una sola carta, como hizo Israel Lancho en la corrida de los “Palha” en Madrid.

El problema se plantea cuando se pretende hacer pasar esa tauromaquia del miedo, que practican algunos de los más cotizados matadores del escalafón, por el auténtico arte de torear. Podemos hablar del valor, de la quietud, de la entrega, del sacrificio del cuerpo -cada tarde y ante cada enemigo- como prueba de compromiso y profesionalidad del diestro, pero eso no es torear y por ese camino, el del riesgo, no se puede alcanzar esa alteración de ánimo agradable que, en el fondo, busca todo aficionado. Si hablamos del arte del toreo debemos valorar otros conceptos que deben sumarse a los anteriores y, por supuesto, al de un toro en su total integridad y poder, como son el conocimiento, la técnica, el dominio, la pureza en la ejecución de las diferentes suertes y -como colofón y agente prioritario de la posible conmoción somática que nos define el diccionario- la creación de arte, que no es otra cosa que el dominio y mando sobre el toro de una forma armoniosa y elegante. Los enganchones continuos, la repetidas volteretas, los medios pases, la cabezonería de mantenerse quieto e impávido en un sitio aunque no sea el más adecuado para engendrar el pase, aunque a veces se consigan momentos destacables, son signos que demuestran carencias técnicas o, por las razones que sean, falta de concentración. Muchas de estas cosas ocurrieron en la famosa corrida en solitario de José Tomás en la plaza de Barcelona de este año y que algunos, como tantas veces han pretendido hacer con otros fenómenos de otras épocas, pretender vendernos como el paradigma del arte de torear.

Es por eso que ha que poner cada cosa en su sitio. No podemos negar que las actuaciones del diestro de Galapagar llevan a los tendidos emoción, pero es una emoción angustiosa más pendiente de la cogida del matador que de la calidad artística de las suertes que realiza. En cambio, cuando se torea como lo hizo Luis Francisco Esplá en su corrida de despedida de la plaza de Madrid, el miedo se ausenta del ruedo y da paso a la euforia, a la locura de todos los presentes, a esa conmoción somática que altera intensamente el ánimo de forma agradable, tanto de los espectadores como de los aficionados, e incluso - y teniendo en cuenta la distancia y subjetividad del medio- de los televidentes. Esa es la gran diferencia y la gran fuerza del toreo, cuando ya nadie lo esperaba salió al ruedo un toro como debe ser un toro y un torero, con conocimiento y torería, simplemente lo toreó. Ese es el auténtico milagro del toreo, y su más firme valedor, el que es capaz de poner a todo el mundo de acuerdo en unas décimas de segundo y volver la plaza entera boca abajo.

martes, 30 de junio de 2009

NICANOR VILLALTA EN "JUGUETES ROTOS"

Nicanor Villalta fue uno de los “Juguetes rotos” que retrató Manolo Summers en la película del mismo nombre que dirigió y que se estrenó el 1 de enero de 1966. Con guión del periodista Tico Medina refleja la situación en la que se encuentran algunos personajes que en otras épocas fueron centro de la máxima popularidad y que en ese momento han caido en el olvido. Es el caso de nuestro protagonista, que ha día de hoy, y en medio del triunfalismo en el que se desarrolla la Fiesta de los Toros en la actualidad, todavía sigue siendo el torero al que más orejas le han sido concedidas en la plaza de Madrid.

Nicanor, a sus 68 años -como el mismo dice en el brindis que hace en la película- mata el último toro de su vida en una plaza, la de “Las Ventas” de Madrid, escenario antaño de sus grandes triunfos, completamente vacía. Antes, en los poco más de siete minutos que dura la secuencia en la que aparece, y mientras se viste por última vez con el traje de luces, cuenta sucintamente como la vida y los negocios no le han sido del todo favorables y vive modestamente. Aún transcurrirían 15 años más hasta el momento de su muerte que le sobrevino, en Madrid, en 1980. Pero con la vida de nuestro protagonista podría hacerse no una película sino toda una serie por la cantidad de situaciones, no sólo taurinas, y momentos de cambios históricos de gran trascendencia por los que pasó. No es que vayamos a extendernos en un relato prolijo de su existencia en este artículo, pero si dejar constancia de algunas situaciones que vivió.

Nicanor Villalta Serres nació un 20 de noviembre de 1897 en Cretas, un pequeño pueblo del Maestrazgo turolense. A los pocos años marchó con su familia, en busca de mejores horizontes, a Méjico. Fue aquí en donde le picó el gusanillo de los toros y donde hizo sus primeras escapadas para torear. No les iban mal las cosas cuando estalló la revolución y, lo que fue más doloroso, murió su madre. Cuando las cosas se fueron complicando con la nueva situación que vivía la nación mejicana, y tuvieron una oportunidad, lo dejaron todo y marcharon hacia Cuba. En la isla caribeña trabajaron hasta la extenuación en la zafra del azúcar durante un par de años y, cuando se calmaron un poco las aguas revolucionarias, volvieron a Distrito Federal, en donde se había quedado una hermana que allí se había casado, y se había levantado la prohibición de la corridas de toros que había impuesto el gobierno de Carranza. Fue entonces cuando empezó a tomarse más en serio la posibilidad de ser torero e intervino en algunos festejos.

Con su vuelta a España, y después de unos difíciles comienzos, tomó la alternativa en el año 1922, en San Sebastián, y logró ganarse, y mantener, un puesto entre los matadores de primera fila en esa época en la que competían un buen puñado de toreros y a la que se conoce como edad de plata del toreo, que va desde la muerte de Joselito hasta el comienzo de la Guerra Civil. Villalta, según cuentan los cronistas de la época, era un torero pundonoroso y honrado a carta cabal que nunca dejaba ganarse la pelea en el ruedo y un gran, si no el mejor, estoqueador. Esto le llevó a ser uno de los diestros imprescindibles en todas las plazas de toros, sobre todo en las de Madrid y Barcelona, -llegó ha ser conocido como el expreso Madrid-Barcelona por la multitud de viajes que realizaba entre las dos ciudades para torear- y ha ser querido en todas las plazas en las que toreaba. Quizás por eso mismo fue objeto del veto por parte de algunas figuras del momento que, por la entrega del diestro aragonés, rehusaban anunciarse con él en los carteles. No obstante consiguió el reconocimiento de la afición y una buena situación económica que le auguraba un buen futuro, tanto que pensaba en la retirada en el año 1936, pues ese año se había casado y estaba esperando el nacimiento de su primer y único hijo.

Pero una nueva fatalidad, la guerra civil española, cambio el rumbo de la vida de Nicanor. Acusado de fascista por el portero de una finca de su propiedad, en la glorieta de Álvarez de Castro de Madrid, fue perseguido por las milicias armadas y tuvo que huir de su hogar y permanecer escondido en un zulo, en condiciones miserables, durante los tres años que duró la contienda y el asedio de Madrid. En esas circunstancias nació su único hijo, al que apenas vio durante todo ese tiempo y cuando terminó la guerra se encontraba en la miseria, por lo que tuvo que volver a los ruedos en el año 1939. Durante cuatro años, en los que volvió a situarse lo más alto del escalafón, siguió en los ruedos, hasta su definitiva retirada, el 17 de octubre de 1943, en la plaza de “La Misericordia” de Zaragoza.

Saneada su situación económica estableció un negocio de hostelería que en principio le fue bien pero que, por diversas circunstancias en las que no nos vamos a extender, tuvo que traspasar. Apoderó a varios novilleros que no pasaron de eso y fue empresario de la plaza de Toledo durante más de 30 años. A esto se unió la delicada salud de su hijo Niqui-Luis que le hizo gastar gran parte de sus ahorros en médicos y operaciones que lograron, al menos, que su hijo pudiera salir adelante. Esto le llevó, de nuevo, a una difícil situación económica. Fue durante muchos años asesor taurino de la presidencia en la plaza de Madrid y mató su último toro en la película que nos ocupa y que recogen las imágenes que mostramos al final de este artículo. En la década de los setenta vivió en casa de sus hermanas Delfina y Marina, en la calle Hermanos Miralles, 36 (hoy General Díez Porlier) y en casa de su hijo, en Comandante Fortea, 35, ya que dejó de vivir los últimos años de su vida en Alonso Cano -en cuyo portal hay una placa que le recuerda- porque Josefina, su mujer, muy deteriorada psíquicamente, le hacía blanco de todos sus desengaños en los postreros años de su matrimonio.

Nicanor Villalta Serres, uno de los “juguetes rotos” que retrata Manolo Summers en su película, golpeado varias veces por el infortunio, supo reponerse de los diferentes contratiempos que le produjo la vida y mantuvo su nobleza y su franqueza, cosa que le reportó numerosos sinsabores a lo largo de toda sus existencia, hasta el día de su muerte cuando contaba 83 años de edad.

       

martes, 16 de junio de 2009

EL MAYOR PROBLEMA SON LOS TOREROS

Muchas veces, cuando vemos una de esas corridas de toros habituales en las ferias, pensamos que el mayor problema de la Fiesta son los toros. Esos toros podridos y bobalicones que no tienen nada de lo que caracteriza a los toros lidia: ni casta, ni poder, ni movilidad, ni cuernos, ni nada de nada. Esos toros que no admiten ni un pequeño picotazo y necesitan cuidados de enfermero para que no se derrumben durante la faena de muleta. Esos toros que, por paradójico que parezca, son los más demandados por los toreros para sus actuaciones y que, por su falta de condiciones, en vez de emoción, solo generan aburrimiento en los espectadores y desesperación -fingida o no- en los matadores. Ese tipo de toro -comercial, le llaman- es el dominante en la Fiesta actual, es el que quieren torear todos y, por lo tanto, aunque de toro tenga tan solo la apariencia y su concurso aburra al respetable, es el que más se vende -será por eso lo de comercial- y en el que se centran las críticas de lo taurinos cuando, una tarde si y otra también, es la excusa ideal para excusar el fracaso de los toreros.

Esta evolución del negocio ganadero está llevando a la desaparición, por falta de mercado, de ganaderías emblemáticas y cargadas de historia que todavía conservan encastes legendarios. Esta pérdida, que puede ser irreversible en muchos casos, significa un empobrecimiento general de la Fiesta al verse reducida a un mismo tipo de toro colaborador al que se han limado las asperezas y, como si fueran clonados, todos tienen un comportamiento parecido y previsible. Esta situación de comodidad que buscan los profesionales lleva en sí misma el germen de la destrucción de su profesión, pues si al toro se le quita lo que se debería potenciar para ganar en diversidad y darle importancia, si en vez de protagonista pasa a ser un actor secundario, le quitamos su razón de ser a la Fiesta que lleva su nombre. Si en vez de generar la emoción entre los espectadores, que es lo que mueve los resortes de la afición, se sirve aburrimiento, la cosa no puede ir peor. Pero, como se puede deducir por el título, no era este el tema del que se quería ocupar esta entrada, porque, aún en esas corridas que se denominan comerciales, casi siempre suele sobrar toro. Y no digamos en las que llevan colgada la etiqueta de duras, que no quiere decir que lo sean, y que ninguno de los que figuran en los puestos altos del escalafón, se supone que los más preparados para los toros más exigentes, no quieren ni ver.

Todos los que lean este artículo, si han asistido últimamente a festejos taurinos, tendrán recuerdos recientes que podrán refrendar mis palabras. Cuantas veces, y cuantas tardes, vemos toros que se van al desolladero sin torear, que han estado por encima de sus matadores, que estos, cada vez más carentes de técnica y toreria, se ven desbordados en el momento que un toro saca un poquito de casta o se mueve algo más de lo normal, que suele ser bien poco o nada. Esto ocurre con los toros tan solicitados de esas ganaderías llamadas comerciales pues, como la genética todavía no es una ciencia exacta, algunos todavía conservan alguna gota de sangre encastada que se ha escapado a la selección de la bobez que buscan los ganaderos para complacer las demandas de los toreros si quieren seguir sacando rentabilidad a su negocio. Ejemplos de esto hemos tenido en el recién acabado ciclo madrileño repleto de ganaderías comerciales en donde, salvo la apoteosis de Esplá -por torear- y los detalles de Morante, nadie se acuerda ya de nada. Sin embargo, como cuentan los que han seguido con asiduidad el serial madrileño, toros para torear y sacarles partido ha habido muchas tardes y con ellos se han conseguido triunfos menores o han pasado desapercibidos.

Esa es mayor enfermedad aún -la falta de toreros que dominen el arte de torear- que la lamentable situación por la que atraviesa el ganado de lidia en la actualidad. Al amparo de las facilidades que ofrece el toro moderno se ha relajado la enseñanza de los fundamentos de la profesión y se ha centrado en lo accesorio. En vez de profundizar en el conocimiento de las reglas de la lidia y el arte de torear reses bravas, que les daría solvencia para superar cualquier dificultad que les presentara el toro-borrego actual y suficiencia ante el toro encastado, y triunfar con ambos, se les enseña a ponerse bonitos y ha ejecutar, a todo tipo de toros, sean de la condición que sean, los pases de rigor que dicta la tauromaquia moderna de la forma descargada y deslavazada como se ejecutan ahora. Esa supuesta cumbre de la torería que nos pretender vender, con la etiqueta de que "hoy se torea mejor que nunca", es mentira. En los años sesenta, con el toro tan afeitado como ahora, o más, y el fraude de la edad campando por sus respetos, se toreaba mucho mejor y se cosechaban muchos más triunfos que ahora. ¿No sería porqué los profesionales de aquella época estaban más preparados y tenían mayores conocimientos que los de ahora? Los pocos que todavía torean de verdad hoy en día -como Esplá el 5 de junio en “Las Ventas”- aprendieron de los maestros de aquella época en que para triunfar había que torear de verdad. Los jóvenes matadores del momento, en cambio, tienen como más lejana referencia el toreo descargado que le sirvió a “Espartaco”, en la mitad de la década de los ochenta, para triunfar durante varias temporadas seguidas. Ahí está la diferencia.

Pero el problema se agranda cuando esos toros que embisten y que, como vulgarmente se dice, tienen faena, salen de alguna de las pocas ganaderías que todavía, a capa y espada, siguen fieles a las características y cualidades de sus encastes históricos, o de las de ganaderos que buscan afilar y potenciar las condiciones ideales de sus toros para la lidia, porque si en una ganadería que lidia decenas de toros alguno de los buenos se va sin torear, es una pena, pero si ocurre en las que están comprometidas con la crianza del toro íntegro, es una desgracia. Es por eso que los mayores enemigos que tienen estos toros y sus criadores, por acción o por omisión, son los toreros, unos por su negativa a enfrentarse con toros de estas ganaderías, y otros, los que se hacen cargo de su lidia y que, al tratarse de diestros con pocas actuaciones y experiencia, se ven incapaces de sacarles todo el jugo. Esto es malo para el torero, fatal para el ganadero y un desastre para la Fiesta y sus aficionados.

Esto es lo que ha ocurrido en todos los festejos del primer ciclo zaragozano, en todos hubo toros y novillos que embistieron y en ninguno hubo toreros o novilleros que les sacaran partido. No es hora de enumerar ahora cada caso -quién tenga interés en las opiniones vertidas en este Blog puede leer las entradas anteriores referentes a cada festejo- pero ha sido una auténtica pena ver como un domingo si, y otro también, toros y novillos boyantes se iban al desolladero con las orejas puestas. Consecuencia de esto ha sido; por un lado, la desesperación de los aficionados por ver como buenos toros se iba sin torear por la incapacidad manifiesta de los diferentes diestros; y por otro, el aburrimiento de los espectadores que, más que las cualidades del ganado aprecia el lucimiento de los torero, porque ninguno logró triunfar con rotundidad. Como decía anteriormente, esto es malo para el torero porque deja ver su incapacidad y pone al descubierto sus carencias y, lo que es más grave, con su torpeza y falta de conocimientos arruina las expectativas de todos los sectores que formamos parte de esta Fiesta. Para el ganadero porque ve derrumbarse el trabajo de tres o cuatro años y, cuando puede ver el resultado, y más si el toro responde a sus expectativas, ve frustradas sus esperanzas por una mala lidia o una desafortunada actuación del matador. Para los aficionados porque la ilusión que nos lleva a la plaza, que no es otra que contemplar in situ el milagro del toreo, se rompe en mil pedazos cuando vemos como se desaprovecha un buen toro por la incompetencia del torero que le ha tocado en turno. Pero la que más pierde es la Fiesta en sí porque, al desaprovechar las oportunidades que brindan esos buenos toros para realizar el toreo, con toda su carga de emoción y belleza, se pierde la posibilidad de hacer proselitismo entre los espectadores ocasionales, pues no hay mejor propaganda para esta Fiesta que una buena labor ante un buen toro.

Es por eso que, teniendo en cuenta la gravedad del problema del toro, me atrevo ha afirmar que es mayor el de los toreros que, salvo muy contadas excepciones, no tienen ni los conocimientos de la lidia, ni la capacidad para desarrollar el arte del toreo, y si no se pone remedio pronto a esta situación, la Fiesta de los Toros está abocada a una muerte lenta por aburrimiento.

miércoles, 10 de junio de 2009

UN DESPROPÓSITO

La novillada que el pasado domingo, 7 de junio, cerraba el ciclo “Los orígenes de la bravura”, y la primera parte de la temporada zaragozana, fue un auténtico despropósito. No se pudieron juntar más fatalidades en tan poco tiempo, y el peor parado en el reparto de mala suerte fue el último invitado a la fiesta, el ganadero Tomás Prieto de la Cal, que de tres novillos que trajo para remendar la novillada titular de “Martín Peñato”, ninguno pudo ser lidiado en condiciones normales. Pero vayamos por partes y, si es posible no liarse con tanto baile, pasemos a enumerar los sucedidos:

- Al llegar a la plaza me entero que de la ganadería titular sólo han pasado el reconocimiento tres novillos. Los otros tres serán de “Prieto de la Cal”, y me dicen que dos están mejor presentados que los del domingo pasado. (En principio, y después de lo visto hace siete días... no está mal).

- Sale el primer novillo, “Botinero”, jabonero, de 10/05 y 471 kilos de peso, de “Prieto de la Cal”. Bien presentado, va raudo y veloz de un lado a otro en persecución de cualquier señuelo, de pronto se oye un golpe tremendo y seco contra el burladero del cuatro y el novillo aparece con el cuerno derecho partido por su base. Se devuelve a los corrales. (Vaya por Dios).

- Le sustituye un utrero de la ganadería de “Javier Molina”, de nombre “Bomboncito”, negro bragado, de 10/05 y 484 kilos de peso. Muy bien presentado, encastado y noble. Cumple en caballo y en banderillas y, ante la desesperación de los aficionados, el utrero, que por su condición hacía honor a su nombre, no se cruzó con quién pudiera torearlo y se fue con las orejas puestas al desolladero. Primera oportunidad perdida por Juan Manuel Jiménez. (Maldita sea).

- Sale el primero de los de “Martín Peñato”, cuyo nombre, por su mal juego, merece ser omitido. Resulta el colmo de la mansedumbre y el descastamiento, huyendo de todo y de todos, después de cinco intentos se cambió el tercio sin picarlo. El novillero, Alejandro Lalana, pierde el tiempo intentando sacar algún pase al mulo, pincha varias veces, toma el descabello, falla repetidas veces y el cuadrúpedo empieza un viaje sin fin al hilo de las tablas que concluyó en los corrales después de sonar el tercer aviso. (¿Pero hombre...?).

- En tercer lugar salió otro jabonero de “Prieto de la Cal”, que respondía al nombre de “Rompedor”, de 12/05 y 413 kilos de nervios. Acordándose de su nombre, en una embestida contra el mismo burladero que su hermano, se parte un pitón por mitad de la pala. Este novillo no fue devuelto, aunque fuera lamentable verle con el cuerno roto. Desarrolló sentido en banderillas y en la primera tanda que intentó Pablo Belando lo cogió de mala manera por el muslo derecho y lo volteó, cayendo al suelo en muy mala posición, se quedó inmóvil, lo llevaron a la enfermería y ya no salió. Juan Manuel Jiménez bastante hizo con quitárselo de encima sin tener que seguir el mismo camino que su compañero. (Lo que nos faltaba... esperemos que no sea mucho y que se recupere pronto el novillero murciano).

- Eran las ocho de la tarde cuando salió el cuarto, que fue el quinto, porque se corrió turno entre los novilleros para no tener que matar el mismo dos seguidos. Así pues, el tercero de “Prieto de la Cal”, que tenía que salir el quinto, salió el cuarto. “Lucero”, melocotón, de 10/05 y 506 kilos. A primera vista, gran novillo, bien armado, fuerte, acudiendo a todos los cites, metiendo la cara en los capotazos de saludo (otro “Castañero”, como en Lodosa el pasado verano)... Pero a la salida de un capotazo, cuando era llevado hacie el caballo (¡¡¡mecachís!!!) se rompió una mano, la derecha. Aún así entró al caballo dos veces con clase y empujó, pero fue devuelto a los corrales. (Vaya mala suerte la de Tomás Prieto de la Cal, de los tres novillos presentados, dos de nota, los tres lesionados). Fue sustituido por otro de “Javier Molina” que no merece ni ser nombrado.

- El quinto fue un novillo excelente de “Martín Peñato”. Su nombre era “Cazador”, negro bragado meano, de 11/05 y 492 kilos de peso. Bien presentado de todo y bravo en el caballo, al que fue de largo en la segunda vara. En la muleta resultó noble y tuvo embestidas largas por los dos pitones, pero... nada de nada. Mala suerte la de este gran novillo porque le tocó a un novillero que ni supo, ni pudo con él. Si el primero que le correspondió a Juan Manuel Jiménez fue bueno, este segundo aún fue mejor... y ambos se fueron sin torear. (Si este novillero hubiera visto a Esplá, y entendido algo de la magistral lección practica que explicó en “Las Ventas” el pasado 5 de junio, quizás no se le hubieran ido ninguno de los dos novillos y estaríamos hablando de un gran triunfo).

- Ya era muy tarde cuando salio el de la jota, el tercero de “Martín Peñato”, un novillo que más parecía un toro. “Chulo” de nombre, negro, de 11/05 y 535 kilos. Aparte de ser grande y aparentar más de lo que era, no tuvo mucho más que destacar. Aún con todo, y a pesar de su flojedad y mansedumbre, se le pudo sacar más partido del que le saco el novillero de turno, pero a esas horas, casi las nueve de la tarde, y después de tres horas de novillada, ya todo daba igual. (Se acabó).

Las desgracias nunca se sabe cuando vienen, ni si vienen juntas pero, como dice el refrán, “lo que mal empieza, mal acaba”, y esta novillada nunca se tenía que haber dado en este ciclo, pues su ausencia era de justicia, ya que el pasado año, que también estaba anunciada, fueron rechazados todos los novillos presentados. Este año han sido tres, el 50%, y ahí comenzó el carrusel de despropósitos que se sucedieron a lo largo de día y culminaron, como suele ser habitual, en el ruedo. (No es de recibo. Si el año pasado no cumplió y este año, por las razones que sean, vuelve, tenga la vergüenza de venir con una novillada como debe de ser, o no venga).

Antes de poner fin a este relato de los acontecimientos que se sucedieron el pasado domingo, de 6 a 9 de la tarde, sobre el ruedo de “La Misericordia”, solidarizarme con Tomás Prieto de la Cal y familia que, además del novillero cogido por un utrero suyo, vieron como dos novillos de nota, y que apuntaron muy buenas maneras en su salida, se fueron a los corrales por las desgracias comentadas. Si les sirve como consuelo la humilde opinión de este aficionado, decirles que el balance de lo visto en lo que va de este año 2009 en la plaza de Zaragoza, nueve novillos y un toro, es positivo y esperanzador. (Suerte).