“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

miércoles, 15 de octubre de 2008

UNA CORRIDA DE TOROS

La corrida de "Miura" que se lidió en Zaragoza el pasado 13 de octubre fue tan sólo eso: una corrida de toros. Ni más, ni menos. Una corrida de toros. Seis toros con poder, seis ecuaciones diferentes. Durante la lidia, presidida por la emoción que impone en el ruedo el toro íntegro y con poder, predominaron las ovaciones y los aplausos porque todo lo que se hacia delante de esos animales tenía el plus añadido de la verdad. La opinión generalizada de los aficionados, a la salida del festejo, era que se habían entretenido y que se les había hecho corto. Al final de la tarde sólo se había cortado una oreja -no vamos a entrar en debatir su justicia- aunque podrían haber sido varias, pero nadie se lamentaba por ello, incluso los 'espectadores de feria' que, en el día de la apoteosis 'nuñezcuvullista' se había roto las manos aplaudiendo las carreras alocadas de “El Fandi”, o las faenas más clásicas de “El Juli” y “El Cid”, también se las rompieron esa tarde de los “miuras” en la que se corrieron toros con poder a los que se enfrentaron hombres que, por el sólo hecho de enfrentarse a ellos, y si llamamos a las cosas por su nombre, deben recibir el nombre de toreros.

Si en una corrida como la de “Miura”, con todas las dificultades que conlleva su lidia y en donde antes que arte se precisa dominar la técnica de la lidia, los 'espectadores de feria' se rompen las manos de aplaudir, es que, en esa pelea entre el toro y el hombre, hay algo más importante que ponerse bonito y dar cientos de pases a un animal disminuido, previsible y colaborador. Porque ese es el verdadero problema de lo que se denomina como 'corridas comerciales', el toro que se exige para garantizar que los diestros desplieguen su arte es un toro soso y bobalicón, casi siempre afeitado y muy escaso de fuerzas, que no aporta ni una brizna de la emoción que la simple presencia de un toro con toda la barba impone en el ruedo, más bien ocurre todo lo contrario, que trae consigo el aburrimiento a las plazas y ese es el más peligroso enemigo de la Fiesta. Pretender construir una obra de arte con una piltrafa de toro, que es lo que ocurre la mayoría de las veces en las 'corridas de figuras', es una quimera y, salvo muy contadas excepciones, son un fiasco: ni aportan arte, ni emoción, ni nada de nada.

En la corrida de “Miura” de Zaragoza quizás no hubo muchas posibilidades de que cristalizara el arte, pero lo que no faltó fue la emoción y, a pesar de las dificultades de los toros de esta vacada, y eso fue lo más destacable de la corrida, los cuatro primeros ofrecieron posibilidades para el lucimiento. A punto estuvieron de conseguirlo “El Fundi”, en sus dos toros, y “Millán” en el que cortó la oreja, y al que pasaportó, por casualidad, con la estocada de la feria. Al primero de “Rafaelillo”, que apuntó buenas cosas de salida, le pegaron fuerte en el caballo, como a toda la corrida, y lo dejaron para el arrastre. No pudo ser… Enhorabuena para los tres toreros que lo intentaron y enhorabuena para el ganadero que trajo estos toros a Zaragoza… Gracias a los dos por habernos traído esos momentos de emoción a "La Misericordia".

En total: Los 'espectadores de feria' salieron contentos, no se habían concedido tantos trofeos pero las manos les dolían tanto o más que el día de la apoteosis; el tiempo, que se alarga perezosamente cuando cunde el aburrimiento, había pasado como una exhalación; y hasta es posible que alguno, o muchos, recuerden con más nitidez las sensaciones sentidas en esta corrida que en la otra. Los aficionados satisfechos porque, por fin, habíamos visto una corrida de toros, una simple corrida de toros. Ni mejor, ni peor. Seis toros íntegros y con poder que habían planteado seis ecuaciones diferentes a tres toreros dispuestos a resolverlas. Contemplar ese ejercicio y tratar de entender el porque de las cosas que se suceden en el ruedo es nuestra afición. Si además de eso se produce el arte… pues ni te cuento.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ola me gusta vuestro blog yo tambien tengo blog es este http://elrincontaurino.blogspot.com/ y si me podeis poner en webs amigas que yo os pongo a vosotros

Mariano dijo...

Ok.