“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

martes, 7 de octubre de 2008

EL TORO PASOTA

Según me han dicho los que la han visitado, la finca donde pastan los toros del Conde de la Corte es enorme. Eso me hace pensar que quizás los toros mayores, los que están en edad de ser lidiados, los que llevan más de cuatro años de convivencia en una finca tan grande, deben de tener algún rincón escondido en donde se escaquean de sus obligaciones como toro de lidia que, como los atletas que van a las Olimpiadas, deben de alcanzar su mejor estado de forma cuando les llega la hora de ser lidiados. En vez de eso se dedican al 'pasotismo'. Si no es así no me explico el comportamiento de cinco de los seis toros de ayer.

Lo digo porque los toros del Conde de la Corte que se corrieron en el ruedo de “La Misericordia” podríamos clasificarlos en el apartado del ‘toro pasota’. No eran ni mansos ni bravos, ni andaban sobrados de fuerza ni se caían, ni embestían ni dejaban de embestir… Se dejaban pegar en el caballo como para cumplir un trámite, estaban pero pasaban de estar, acudían a los engaños para quitárselos de encima, recelando, sin entregarse, enterándose de lo que se dejaban atrás pero sin interesarles la presa… pasaban del juego para el que habían sido requeridos y sólo buscaban el sitio en donde menos les molestaran.

Salían por la puerta de chiqueros recelando, quizás molestos por haber sido rota su tranquilidad en el chiquero, embestían para despejar su terreno, para tener una salida, una escapatoria hacia espacios más despoblados, para no comprometerse en ninguna pelea. Iban a la puerta de chiqueros cuando no había nadie allí, pero en cuanto alguien se acercaba a ese terreno huían hacia la otra punta del ruedo, donde no hubiera nadie. Acudían al caballo con la misma intención, sin emplearse en ningún momento, saliéndose de la suerte por su cuenta cuando comprobaban que era imposible mover aquella mole de su sitio, optando por retirarse hacia otros espacios más tranquilos. Y así fueron todos, todos menos uno, el segundo, que por su comportamiento parecía que, en vez de haber sido asiduo al rincón de los ‘pasotas’, lo había sido del de los ‘bobos’.

¿Qué decir de lo sucedido? Que con el bobo que hizo segundo, que hasta empujó y estuvo a punto de derribar la mole de picar, Robleño estuvo bien, pero era tal la bobería del bovino que aquello no emocionaba a nadie, y si a eso le sumamos una estocada defectuosa, pues se esfumó el triunfo. Encabo, más puesto por más toreado, disimulo mejor el pasotismo de sus enemigos. Alberto Álvarez, que hacía su segundo paseíllo de la temporada y es un torero que no sabe disimular, estuvo como siempre… ni bien, ni mal… como siempre… sales de la plaza y ya no te acuerdas si ha toreado.

En total: 5 toros pasotas, 1 toro bobo y 2 horas de aburrimiento.

Notas:
1. Lo que yo llamo ‘pasotismo’ es, en el lenguaje taurino, ‘descastamiento’, y esa es la peor enfermedad que puede entrar en una ganadería.
2. Pueden escuchar un archivo de audio con las opiniones de diversos aficionados sobre el comportamiento de la corrida, recogidas al finalizar el festejo por “LcbRadio”, y que enlazo en la columna contigua.

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