El primero, que nunca tendría que haber salido al ruedo de "La Misericordia" porque lucía unos pitones más apropiados para el arte de la pintura de brocha gorda que para el arte del toreo, fue un toro con poder que, a pesar del fuerte castigo recibido en varas, se quedó crudo y desbordó a Mari Paz Vega en la faena de muleta, lo mató yéndose descaradamente por la tangente. El segundo fue un inválido. El tercero, cinqueño, fue el de más feas hechuras de la corrida, y con fundadas sospechas de haber pasado por la peluquería. Resultó un toro noble que en nada se pareció a sus hermanos, ni en el comportamiento, ni en los pitones, ni en el poder. Si no hubiese sido por la divisa que lucía podríamos haberlo confundido con uno de esos toros artistas que tanto abundan por nuestras plazas y que tanto gustan a las figuras. Aunque si apunta la ganadera por este lado, y consigue dotar a los toros como este de las hechuras de sus hermanos, quizá se le abran nuevos horizontes en un futuro no muy lejano.
Los que habían visto la corrida en los corrales decían que los tres últimos toros eran de aúpa, y así fue, porque estos tres toros si que estaban en el tipo de la ganadería: largos, hondos, con poder, con pitones y con esa mansedumbre encastada que hace que, como dice Félix, se mantengan en los medios si se les plantea la faena ahí.
El cuarto le debió de cambiar 'la color' a Mari Paz Vega en cuanto lo vio salir al ruedo. Se inhibió de la lidia y esta se convirtió en una capea de pueblo en la que el toro campaba por sus respetos. Fue masacrado en varas sin contemplaciones y llegó al último tercio herido de muerte. Aburrido del insulso trasteo de su matadora fue parándose hasta que se murió. No hubo ocasión de realizar la suerte suprema, de eso se habían encargado los picadores, y fue apuntillado.
El quinto toro recibió hasta ocho picotazos yendo de un caballo a otro y de un lado a otro del ruedo. Parecía un manso de libro, pero Iván Vicente le planteó la batalla en el tercio del tendido 3 y el toro allí la aceptó. El pitón bueno era el izquierdo y, sin dudarlo, después de sacar el toro de tablas, se echó la muleta a la izquierda y toreó al natural. Unos fueron mejores, otros peores, pero todos de verdad. No hubo una serie ligada ni rotunda y los tendidos no se calentaron del todo, pero había estado y lo había intentado, que no es poco.
El mejor toro de la corrida, en mi opinión, fue el sexto, "Burgalés" de nombre, negro mulato bragado, de 537 kilos y nacido en abril de 2004. En la primera vara, y empujando tan sólo con el pitón izquierdo, sacó al caballo hasta los medios, fue una vara larga y dura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario