“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

domingo, 5 de octubre de 2008

MEDIA CORRIDA

La corrida que ha presentado Dolores Aguirre en la Feria del Pilar de Zaragoza ha sido media corrida. Tres y tres. Los tres primeros, por diferentes motivos, impresentables para una plaza de primera. Los tres últimos, con cuajo y leña en los pitones, marca de la casa. En general han resultado mansos, pero encastados y nobles.

El primero, que nunca tendría que haber salido al ruedo de "La Misericordia" porque lucía unos pitones más apropiados para el arte de la pintura de brocha gorda que para el arte del toreo, fue un toro con poder que, a pesar del fuerte castigo recibido en varas, se quedó crudo y desbordó a Mari Paz Vega en la faena de muleta, lo mató yéndose descaradamente por la tangente. El segundo fue un inválido. El tercero, cinqueño, fue el de más feas hechuras de la corrida, y con fundadas sospechas de haber pasado por la peluquería. Resultó un toro noble que en nada se pareció a sus hermanos, ni en el comportamiento, ni en los pitones, ni en el poder. Si no hubiese sido por la divisa que lucía podríamos haberlo confundido con uno de esos toros artistas que tanto abundan por nuestras plazas y que tanto gustan a las figuras. Aunque si apunta la ganadera por este lado, y consigue dotar a los toros como este de las hechuras de sus hermanos, quizá se le abran nuevos horizontes en un futuro no muy lejano.

Los que habían visto la corrida en los corrales decían que los tres últimos toros eran de aúpa, y así fue, porque estos tres toros si que estaban en el tipo de la ganadería: largos, hondos, con poder, con pitones y con esa mansedumbre encastada que hace que, como dice Félix, se mantengan en los medios si se les plantea la faena ahí.

El cuarto le debió de cambiar 'la color' a Mari Paz Vega en cuanto lo vio salir al ruedo. Se inhibió de la lidia y esta se convirtió en una capea de pueblo en la que el toro campaba por sus respetos. Fue masacrado en varas sin contemplaciones y llegó al último tercio herido de muerte. Aburrido del insulso trasteo de su matadora fue parándose hasta que se murió. No hubo ocasión de realizar la suerte suprema, de eso se habían encargado los picadores, y fue apuntillado.

El quinto toro recibió hasta ocho picotazos yendo de un caballo a otro y de un lado a otro del ruedo. Parecía un manso de libro, pero Iván Vicente le planteó la batalla en el tercio del tendido 3 y el toro allí la aceptó. El pitón bueno era el izquierdo y, sin dudarlo, después de sacar el toro de tablas, se echó la muleta a la izquierda y toreó al natural. Unos fueron mejores, otros peores, pero todos de verdad. No hubo una serie ligada ni rotunda y los tendidos no se calentaron del todo, pero había estado y lo había intentado, que no es poco.

El mejor toro de la corrida, en mi opinión, fue el sexto, "Burgalés" de nombre, negro mulato bragado, de 537 kilos y nacido en abril de 2004. En la primera vara, y empujando tan sólo con el pitón izquierdo, sacó al caballo hasta los medios, fue una vara larga y dura. La segunda que tomó también fue, además de trasera, fuerte. El tercio se cambio después de un leve picotazo. El toro quedó franco para la muleta y, a pesar del castigo recibido, con poder. Había que bajarle la mano, como a todos, y "Joselillo" se la bajó. Se lo llevó a los medios mandándole por bajo y el toro fue largo, codicioso y obediente, mejor por el pitón derecho, pero pecó de la misma enfermedad que su compañero, junto a muy buenos pases sueltos no hubo una serie ligada y vibrante que convirtiera los aplausos en ovaciones. En varios momentos de la faena estuvo en un 'tris' de conseguirlo, pero no pudo ser. Al final, el toro por encima del torero, aunque este no se arrugó y dejó buen sabor de boca.

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