“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

jueves, 9 de octubre de 2008

EL TORO PARADO

En los archivos de audio que está publicando “La Cabaña Brava” durante esta Feria del Pilar 2008, recogiendo las opiniones de diversos aficionados a la salida de los festejos (que enlazo en la columna contigua), y refiriéndose a la corrida de “Adolfo Martín” recién terminada, dice uno de los entrevistados: “me ha parecido un calco de la de ayer”. La corrida “de ayer” a la que hace referencia era la del “Conde de la Corte”, de la cual ya dejé escrita mi opinión en la entrada titulada “El toro pasota”.

No le falta razón a este aficionado, en las dos corridas han salido cinco toros absolutamente descastados que, por esa condición, nunca debieron de haber llegado a la edad de toro -y eso hay que ponerlo en el debe del ganadero-, y uno aprovechable, noble, pastueño y con algunas dosis de bravura, y que fueron mejor o peor aprovechados por los matadores que les cayeron en suerte -o en desgracia-, pero si profundizamos un poco más en el análisis, si nos fijamos en los pequeños detalles, podemos apreciar alguna diferencia que no deja de tener su importancia.

Los ‘toros pasotas’ del “Conde de la Corte” se desentendían de la pelea pero se mostraban molestos ante los engaños que les presentaban y trataban, en su huida hacia espacios más tranquilos, de quitárselos de encima embistiendo con genio. Los ‘toros parados’ de “Adolfo Martín” ni se inmutaban, se quedaban allí, parados a escasa distancia de su matador, quietos, sin hacer nada, ni siquiera buscar la salida hacia espacios más despejados.

La corrida tuvo fachada, estuvo bien presentada, salvo un par ejemplares algo escurridos, con edad, leña en los pitones y el poder justo para aguantar, sin entregarse, un puyazo y un picotazo. Una vez pasado ese trámite los toros -cinco- se paraban, se desentendían de la lidia y entraban en un estado de quietud desesperante tanto para los toreros como para los sufridos espectadores que nos habíamos dado cita en “La Misericordia” con la ilusión de presenciar todo lo contrario de lo que estábamos viendo.

El ‘toro parado’ es así. Ni se quita las moscas cuando le molestan en su quietud. Hubo ocasión en que, mientras el matador de turno gesticulaba a poca distancia de su testuz tratando de fijar su atención, el toro miraba plácidamente a izquierda y derecha sin ninguna intención de moverse. El ‘toro parado’ es así: ni huye, ni embiste, ni se defiende, ni se queja, ni se molesta, se queda quieto y espera que pase el tiempo, alguno, como el último de la tarde, parecía que miraba al reloj de la plaza como cronometrando su propia lidia. El ‘toro parado’ es así: desesperante.

En la parte positiva de ambos festejos, el 2º del “Conde de la Corte” y el 5º de “Adolfo Martín”, también podemos encontrar alguna diferencia. El primero empujó en el caballo y en la muleta se venía de largo, metía la cara y tenía recorrido. Fue un toro noble que yo clasificaba en la categoría del ‘toro bobo’. El de “Adolfo Martín” también fue noble, demasiado dulce si tenemos en cuenta su procedencia, pero su pelea en el caballo estuvo por debajo, había que citarlo en corto y, aunque metía la cara, su embestida era más sosa y de menor recorrido.

Si la corrida de “Adolfo Martín” adoleció de poder, pues se saldó con seis varas suaves y seis picotazos leves, y ese debe ser un problema preocupante para el ganadero, lo más grave es el descastamiento que se adivina detrás del comportamiento de sus toros. Eso, aunque se le parezca en la forma, no es el toro bravo, no sirve para la lidia. El ganadero sabrá lo que busca y como lo busca, por la nobleza que todo el encierro mostró parece que sus intenciones van dirigidas hacía la dulcificación de sus productos, quizás en ese viaje en busca de la comodidad se aleje de las características esenciales que definen el encaste de su ganadería. Debe de tener en cuenta que puede ser un viaje sin retorno.

1 comentario:

Chacorro dijo...

El quinto de los Adolfos se encontro con un torero dispuesto.Los toros siempre sacan mejor nota si los toreros sacan lo que estos pueden dar de sí.La faena de Bolivar estuvo acorde con las cualidades del toro,comenzando perdiendole pasos para no atacarle y ganandoseles despues cuando empezaba a pensarselo provocando las enbestidas que,de ningún otro modo se hubieran producido,por lo cual no cabe pedir colocaciones equivocas ante toros con la condición de este ejemplar