“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

viernes, 5 de octubre de 2007

El Aficionado nº 26

“Toro, torero y afición han sido durante siglos elementos imprescindibles en el devenir de la Fiesta Nacional. La pérdida de protagonismo de dos de estos elementos -toro y afición- coloca a la Fiesta ante algunos interrogantes frente a los que los aficionados ni podemos ni debemos permanecer ajenos.
Fruto de esta inquietud nace
“EL AFICIONADO” ventana independiente y plural, abierta a todo tipo de aportaciones y con un decidido espíritu convergente de todas aquellas ideas y personas, que al igual que nosotros, se sienten, día a día, comprometidos con la Fiesta.
Perseguimos un claro objetivo, que salga al ruedo el toro íntegro, y que al mismo se le haga una lidia completa y con el fundamento teórico suficiente. Desde esta modesta publicación alentaremos cualquier actuación que redunde en beneficio de la Fiesta y denunciaremos todo aquello que la haga peligrar.”

Con esta palabras en portada veía la luz el número cero de
“El Aficionado” en junio de 1996. Han pasado más de diez años desde entonces y un nuevo número, el que hace 26 de este fanzine taurino, órgano de expresión de la Asociación CulturalLa Cabaña Brava, salta al ruedo. Aquel primer número contaba con 4 páginas, un simple folio doblado por la mitad, y bastaba una sencilla fotocopiadora para ponerlo en circulación. Este nº 26 cuenta con 52 páginas, 26 folios doblados por la mitad y con doble grapado para que no se desbarate demasiado pronto, y una complicada elaboración, que no voy a contar por no cansar, que culmina con el envío a una imprenta que es la encargada de convertir en algo tangible, en papel, en negro sobre blanco, lo que hasta el momento solo han sido palabras encapsuladas en procesadores de texto y programas de maquetación.

Pero dejemos al margen las cuestiones técnicas, lo importante es que se trata de un órgano de expresión libre e independiente y que, para poder serlo con todas las consecuencias, es sufragado íntegramente por los socios de
La Cabaña Brava. Esa independencia económica, que ha sido santo y seña desde el primer momento, es la que posibilita que la opinión de los aficionados sea expresada con total libertad y sin ninguna cortapisa.

La necesidad de crear una publicación para que sirviera de altavoz de las reivindicaciones de los aficionados estuvo clara desde un principio, no podíamos quedarnos simplemente protestando en el tendido, cosa que es importante, sin duda. Dada la situación por la que atravesaba la fiesta necesitábamos ir más allá, teníamos que aportar ideas, análisis, sugerencias, soluciones, propuestas… y para eso no bastaba sólo con protestar en la plaza, había que crear otros medios de llegar a los aficionados y a las autoridades y comunicarles nuestra preocupación por la fiesta. De los taurinos y de los periodistas a sueldo poco podíamos esperar porque solo les preocupa el negocio. Estaba claro, si queríamos explicar nuestras razones y propuestas con claridad y en profundidad necesitábamos una publicación.


A partir de ese momento la evolución de
“El Aficionado” y La Cabaña Brava ha sido paralela, no se puede concebir uno sin la otra o viceversa. Desde el primer momento estuvo claro, no se trataba, y aquí radica la diferencia, de una peña que se aglutina alrededor de un torero o cosa parecida, había un compromiso con la fiesta, y estaba escrito y publicado. Desde entonces, la tribuna de “El Aficionado” ha estado abierta a cualquier aficionado de Zaragoza o de cualquier otra parte del mundo, asociado o no, que quisiera publicar sus opiniones con total libertad y, por supuesto, educación, y muchos son los que, durante todos estos años, han expresado sus opiniones en los diferentes números publicados.

Lo más importante, lo que hace que el esfuerzo realizado merezca la pena, es que ha servido de aglutinador de aficionados. El incremento de socios y el de páginas también ha sido paralelo, y si empezamos cinco, ahora somos bastantes más de cincuenta, sin ese incremento no seria posible publicar un fanzine tan extenso, ni por los artículos producidos, ni por los costes económicos. Pero además de los asociados, muchos otros aficionados se han vinculado con nuestro proyecto y no sólo han colaborado con sus escritos; nos hemos conocido, hemos compartido festejos, fiestas, proyectos y nos hemos hecho amigos o enemigos; de ellos también es el mérito de mantener vivo
“El Aficionado” once años después de su aparición.

Todo este rollo venía a cuento de anunciar la publicación en papel y en Internet del nº 26 de nuestro fanzine, porque de esto no habíamos dicho nada, pero es de justicia reconocer que la distribución por la red de
“El Aficionado” ha supuesto su divulgación mucho más allá de los trescientos que se envían por correo. Pero esto es otra historia de la que, posiblemente, hablemos otro día.

Ahora es preciso terminar. El que quiera bajarse el archivo, si es que aún no lo tiene, lo puede hacer, fácilmente, desde la página de inicio de La Cabaña Brava, y de paso darse una vueltecita por la Web de la asociación, también re-nacida.


Nota
: Muchas veces nos han preguntado por la palabra fanzine, porqué no llamarlo, nos decían, boletín. Un fanzine es una publicación independiente de los poderes establecidos y alternativa a los medios oficiales de comunicación.
¿Qué mejor nombre podíamos utilizar?

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