“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

viernes, 2 de enero de 2009

PERIODISMO Y PUBLICIDAD

Uno de los grandes problemas que la fiesta de los toros tiene en la actualidad es la falta de buenos críticos taurinos, ya no están, ya han desaparecido los grandes cronistas que podían influir con sus críticas en la afición y en el rumbo mismo de la fiesta, los que tenían fuerza en la dirección del periódico, los que hacían que, aun habiendo coincidido en la misma corrida, apreciaras cosas de las que tú no te habías percatado y, de esa forma, hacían que aprendieras, que enriquecieras tú opinión, que entendieras mejor la corrida… De eso se lamentaba, con estas o parecidas palabras, José Luis Lozano, en una larga charla en un salón de “El Cortijillo”, recuperándonos del frío tras haber visto la camada que tiene para este año. Recordaba a “Corrochano”, a su amigo “Clarito”, del que nos mostró una foto cuando ya nos marchábamos, y daba gran importancia a los que en cada ciudad, como en el caso de “Don Indalecio”, en Zaragoza, se ocupaban de la crónica local con estilo, conocimiento y compromiso con la profesión. Recordaba algunas crónicas legendarias que habían servido para lanzar a algún torero… “Es de Ronda y se llama Cayetano”“La talla de Montañés”… Ahora no queda nadie… se lamentaba.

Es una opinión que comparto al cien por cien y es un tema del que ya se ha escrito en este Blog. La labor de la crítica no sólo es necesaria sino imprescindible, como en cualquier otra actividad artística o deportiva, la crítica es el alimento de la afición, y si no véanse las páginas que ocupa el denominado “deporte rey”, no sólo en los periódicos deportivos dedicados, casi en exclusiva, al fútbol, sino en todos los diarios generalistas de tirada nacional o local. Y si hablamos de otros medios de comunicación, como la radio o la televisión, en donde disfrutan de los mejores horarios de la parrilla, la brecha se hace mucho más profunda. No es cosa de comparar, hoy en día, los toros con el fútbol, hubo otro tiempo, que ya pasó, en que las cosas eran radicalmente distintas y la importancia social de uno y otro era, exactamente, la inversa. Pero no es hora de lamentaciones, las cosas están como están y, a partir de ahí, es preciso partir.

La última vez que la fiesta dio un pequeño paso positivo, después de los estragos producidos por el ciclón de “El Cordobés”, y en donde se recuperó cierta dignidad en la presentación del ganado, coincidió con una época en donde había varios medios escritos dispuestos a dedicar espacio a los toros, y varios periodistas que estaban capacitados para cubrir ese papel con solvencia, de esa forma se consiguió presionar para salir de la vergonzosa situación en la que había quedado la fiesta después del “fenómeno” y se llegó, tras no pocas zancadilla, a una situación algo menos deteriorada. La existencia de ese frente crítico del periodismo comprometido llevó a numerosos grupos de aficionados a crecerse en los ruedos y fuera de ellos. Durante la década de los ochenta se publicaron numerosos libros taurinos, aparecieron nuevas revistas y en la radio surgieron nuevos programas. La televisión contribuyó con la retransmisión de algunas corridas más que interesantes y, todo ello, consolidó núcleos de afición alrededor de una esperanza remota: que es ésta fiesta, objeto de nuestra afición, tuviera la posibilidad de regenerarse. Y también ocurrió algo no menos importante, algo que hasta ese momento no había ocurrido; varias asociaciones de aficionados empezaron a editar sus propias publicaciones, a tener su propio medio de comunicación.

En estos momentos, unos cuantos años después, en el terreno de la crítica taurina estamos mucho peor que antes, porque ahora no queda nadie. Salvo contadísimas excepciones, tanto a nivel nacional, como local, la estirpe de los críticos taurinos está a punto de desaparecer. La publicidad ha ganado la batalla. Ya lo decía don Antonio Díaz-Cañabate en su “Paseíllo por el planeta de los toros”, para ser torero de postín basta con ser “uno de esos que se forman no ante el toro y sus peligros, sino por la propaganda y sus facilidades”. Para ser torero, ya no hace falta ganárselo en la plaza y ante toros de respeto, es mucho más eficaz contratar una buena agencia publicitaria.

Antaño, incluso en las propias revistas especializadas que vivían de la publicidad de los toreros, se ejercía una crítica feroz, sin miramientos. Hoy en día, ni en los escasos espacios que la prensa escrita dedica a los toros se ejerce crítica alguna, más bien al contrario, parecen ser espacios publicitarios ocupados tan sólo en destacar el corte de apéndices auriculares, sin hacer ninguna referencia al toro lidiado ni a su comportamiento. En su mayoría son periodistas de información con muy pocos conocimientos y escasa afición o, como decía José Luis Lozano... becarios. La radical diferencia con otras épocas es que ahora, en el terreno de la crítica taurina, no queda nadie y, por lo tanto, nadie pone freno a la ambición desmedida de la maquina publicitaria de los taurinos. Esta una de las más tristes realidades, y más preocupantes, del actual planeta taurino.

Quizás ésta sea una batalla perdida para siempre. Quizás la única regeneración posible venga desde abajo, desde los consumidores, desde los aficionados. Hoy en día, con las posibilidades que brinda un medio de comunicación en expansión como es Internet, los aficionados están haciendo la labor de la crítica desaparecida y, si no se puede contar con los conocimientos, la maestría y la sabiduría de aquellos periodistas de antaño, al menos se puede hacer desde los conocimientos, la afición y el compromiso personal de cada uno. Es posible que perdamos con el cambio, seguramente, pero tampoco debemos olvidar que estamos en otra época y que contamos con otros medios. Quizás, con la importancia que está tomando este medio colectivo que es Internet, los aficionados que ya estamos en este lío, más los nuevos que se puedan apuntar, compartiendo la información y la opinión, podamos mantener un frente de crítica abierto a las tropelías consentidas de los taurinos. Y esperemos que, mientras tanto, en unos medios o en otros, vayan surgiendo una nueva pléyade de críticos taurinos que ocupen el vacío dejado por sus antecesores y sean la punta de lanza de la opinión de los aficionados.
Quizás sea un imposible, pero como un deseo para empezar este 2009 puede servir.

2 comentarios:

Inés dijo...

Me gustaría hacerles una pregunta con referencia al mundo de los toros.

¿Qué significa un toro con divisa verde y blanca?
Se trata de un extracto de la canción de Rafael Farina de "Mi salamanca".

¡Muchas gracias!

Mariano dijo...

La divisa es la marca de cada ganadería. Un toro con divisa verde y blanca es de una ganadería determinada, la que tiene esos colores.