“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

jueves, 29 de mayo de 2008

Con divisa verde y oro - Concha Piquer

Hace muy pocos días, el 23 de mayo, se cumplió el tercer aniversario de la muerte de la "ganadera salmantina" a la que está dedicado este magnífico pasodoble. Pilar Sánchez Hernández, que había nacido en 1907, era hija de uno de los ganaderos más importantes del campo charro de mediados del pasado siglo, Paco Coquilla, por eso, en los ambientes taurinos de Salamanca y de España entera se la conocía como Pilarín Coquilla. Fue una mujer moderna, de ideas liberales y costumbres avanzadas para su época, montaba a caballo, participaba en las tientas, toreaba, fumaba, conducía coches y, además, era guapa. Fue tal su personalidad, y tanto su prestigio entre ganaderos, toreros, artistas y aficionados, que su popularidad trascendió al pueblo y su memoria, no sólo quedó inmortalizada en esta maravillosa copla, creación de Concha Piquer, y original de Quintero, León y Quiroga, sino también en un retrato de Daniel Vázquez Díaz, para quién posó, en 1949, como modelo de un cartel de toros, en esto también fue pionera. Los toreros que acudían a tentar a su finca ponderaban sus encantos y más de alguno bebió los vientos por ella. Nadie supo entonces, cuando se estrenó la copla, que la "ganadera salmantina" de la que hablaba era Pilarín Coquilla, ni tampoco que ese “chiquillo de Osuna que quería ser torero” pudiera ser Joaquín Rodríguez Cagancho, el torero gitano del que dicen que quiso conquistarla para siempre y que a punto estuvo de conseguirlo. Pero para profundizar sobre este tema y hacerse una idea más clara de lo que representó esta mujer en aquella España de mediados del siglo pasado, de sus opiniones y vivencias, o de la la historia de su ganadería, enlazo un interesante artículo que fue publicado en la Web "El Chofre", bajo el titulo “Pilar Sánchez Hernández, Pilarín Coquilla, con motivo de su muerte. Esto, además, me permitirá alargarme en otros aspectos relacionados con este pasodoble y sus creadores.

“Con divisa verde y oro”
era un número que formaba parte del espectáculo presentado por Concha Piquer, en 1953, “Salero de España” y, desde ese mismo momento, se convirtió en una de las canciones emblemáticas de su repertorio. Lo habían compuesto esa maravillosa “cuadrilla de la copla”, ese triunvirato de compositores de “canción española” que tantos y tan grandes éxitos cosecharon y que respondían a los nombres de: Antonio Quintero, comediógrafo, guionista y autor de sainetes costumbristas; Rafael de León, poeta y letrista; y Manuel López-Quiroga, músico, con más de cinco mil composiciones en su haber. Este equipo comenzó a cuajarse hacia mitad de la década de los treinta, pero fue después de la Guerra Civil, concretamente en 1940, cuando se consagraron, y en esto tuvo mucho que ver Conchita Piquer, pues a partir de esa fecha, y a raíz de esta colaboración, se convirtió, a su vez, en la indiscutible reina del género. Recién comenzado el año, el 2 de enero, presentaron en el “Teatro Calderón”, de Madrid, el espectáculo “Las calles de Cádiz”, fue un bombazo, un éxito apoteósico. En el repertorio de dicho espectáculo había un puñado de excelentes canciones, la sola mención de sus nombres les traerán sus melodías a la memoria: La Parrala, A la lima y al limón, No te mires en el río, Ojos verdes, Coplas del burrero, Doña Sol, Triniá o Antonio Vargas Heredia… por nombrar algunas de las que recuerdo a bote pronto.

El encuentro entre el trío de compositores y Concha Piquer fue definitivo para ambas partes; los unos encontraron a un
a gran cantante que, sumaba a las cualidades de su voz, grandes dotes de interpretación, lo que se ajustaba como anillo al dedo a lo que pretendían conseguir con sus canciones, pequeñas obras de teatro en tres actos; la otra consiguió centrar y enfocar definitivamente su carrera, abandonando toda influencia americana en sus espectáculos y el tono afrancesado que amarilleaba alguna de sus interpretaciones y evolucionó hacia una forma de concebir y de hacer más española. Durante los años treinta, después de su regreso de Estados Unidos, en donde durante más de cinco años recorrió el país y aprendió la profesión, había sido una de las preferidas del público, pero a partir de su encuentro con Quintero, León y Quiroga, habría de ser, hasta su imprevista retirada en 1958, la auténtica número uno, la indiscutible reina de la copla.

Sobre todo fue importante, fundamental, su relación con Rafael de León, tanto en lo artístico como en lo personal. En el terreno profesional fue una simbiosis perfecta pues; si Conchita descubrió la fuerza y el dramatismo de las letras de Rafael, algo que andaba buscando desde hacía tiempo y que le abrió las puertas de su consagración; Rafael encontró, en la voz y la capacidad interpretativa de Conchita, lo que necesitaba para que las historias de sus letras cobraran vida. En lo personal fueron amigos entrañables, llegaron a ser… como dos hermanas. Es curiosa la forma en que se conocieron, según nos lo cuenta la propia Conchita:
“Fue el 13 de julio de no recuerdo muy bien que año, pero si recuerdo que era en plena Guerra Civil. Estaba actuando en el “Teatro Exposición”, de Sevilla. En aquel momento estaba en el camerino maquillándome, cuando llamaron a la puerta.
- ¿Se puede?
- Adelante.
Al abrirse la puerta aparece mi buen Rafael vestido de soldado.
- ¿Qué desea?
- Usted es Concha Piquer, ¿verdad?
- Sí. Y usted un maricón, ¿verdad?
-Verdad. Pero ¿en qué lo ha notado?

- En la gorra…
Ambos nos echamos a reír.”


Cuando en 1953 se presentó en público el pasodoble que nos ocupa, “Con divisa verde y oro”, su interprete ya no era ni Concha, ni Conchita, el pueblo había familiarizado su nombre y era, simplemente, "La Piquer". Entre sus amistades personales estaba Pilarín Coquilla, la protagonista de esta historia. Eran de la misma edad, La Piquer había nacido en 1908, y Pilarín un año antes. Cuando la "ganadera salmantina" estaba en la flor de la edad, y los Coquillas en la cresta de la ola -de 1920 hasta 1936-, nuestra intérprete estaba forjando el estilo que la llevaría a ser la indiscutible número uno de la copla. Y cuando ya hacía mucho tiempo que los Coquillas no pertenecían a la familia de Pilarín, cuando el paso del tiempo ya estaba borrando los recuerdos, “vino en un rayo de luna” esta canción, esta historia a ritmo de pasodoble, compuesta por Quintero, León y Quiroga y de la cual hizo una creación magistral "La Piquer". Quizás, en alguna ocasión, fuese testigo de alguno de los sucesos que se cuentan, o quizás de alguna confidencia de amiga o, simplemente, oyente de lo que contaban “las lenguas de doble filo”… ¿A quién se le ocurriría la idea de esta historia?... ¡Vaya usted a saber! Lo cierto es que, entre unos y otros, nos dejaron este pedazo de copla que no es otra cosa que una triste historia de amor.


CON DIVISA VERDE Y ORO

(Quintero - León - Quiroga)

Vino en un rayo de luna,
de luna del mes de enero;
era un chiquillo de Osuna
que quería ser torero.

“Ganadera salmantina,
yo la nombro por madrina,
que er dinero y er carté,
si argún día los consigo,
pongo ar sielo por testigo
que me caso con usté.”

Un ¡ole! en la tienta
por su valentía
y un duende en mis venas
que así me decía:

Ganadera con divisa verde y oro,
ten cuidado,
que el amor no te sorprenda como un toro
desmandado.
Por tu hacienda y tu apellido
se te guarda devoción
y un clavel en tu vestido
llamaría la atención.
En tus ojos se adivina
la locura de un "te adoro",
y has de ser como una encina,
ganadera salmantina
con divisa verde y oro.

Ya es un torero de fama,
dinero y categoría;
ya es su pasión una llama
que me ronda noche y día.

Por tres veces me ha pedido
que le tome por marido,
por tres veces dije ¡no!
Y la causa está en Osuna,
morenita de aceituna
que por mí se le olvidó.

Y son en mis noches
de penas mortales,
cuchillos las coplas
de mis mayorales:

Ganadera con divisa verde y oro,
dueña mía,
cuánto diera por salvarte de ese toro
de agonía.
Con tu hacienda y tu apellido
ya te sobra en qué pensar
y hasta el luto del vestido
te lo debes de quitar.
Porque así no se adivina
que enterraste un "te adoro"
bajo el tronco de una encina,
ganadera salmantina
con divisa verde y oro.



Nota: El vídeo-montaje que presentamos, y que no deja de ser una escusa para poder escuchar la interpretación del pasodoble, con el acompañamiento de la Orquesta del Maestro Quiroga, esta ilustrado con fotografías de Conchita Piquer entresacadas de libros, revistas o discos. Las que corresponden a Pilarín Coquilla, me las suministró Tony, de "El Chofre". Las de relleno son de cosecha propia.

3 comentarios:

Sánchez-López dijo...

Siempre ha sido una de las personas a las que más he admirado. Por su belleza, por su sabiduría, por todo... Siempre en mi recuerdo la gran Pilarín.

Cárdeno dijo...

Vaya trabajo completo,…un DIEZ, entre tu articulo, los de Tony de El Chofre y el montaje videográfico…, bestial, alucinante…, no tengo adjetivos….

Sigue así, adelante.

Salud y suerte.

J&L dijo...

Maravilloso el artículo...
maravillosa la historia...
Maravillosa Doña Concha...
maravilloso D. Rafael
y maravilloso el Maestro Quiroga...

Saludos.
enhorabuena!