“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

lunes, 24 de septiembre de 2007

José Tomás Tour: un éxito

Ayer, en el mismo sitio en donde comenzó, Barcelona, como si de un círculo que se cierra se tratara, concluyó la gira de José Tomás.
Vaya de antemano que en este artículo no se va a tratar ni de los toros que se han lidiado durante la gira, ni de la tauromaquia tomasista; en primer lugar, porque no lo he visto en ninguna de sus actuaciones y, por consiguiente, no puedo juzgarlo; y en segundo, porque doctores tiene la iglesia, sin duda más doctos que yo, que se han ocupado de ello después de haberlo visto y que han expuesto sus razones y convicciones con meridiana claridad y fundados argumentos.
De lo que me quiero ocupar es de apuntar alguna reflexión sobre el fenómeno que ha supuesto la vuelta a la actividad taurina del personaje en cuestión que, debemos admitirlo, ha sido un acontecimiento no sólo entre los aficionados y espectadores asiduos a las corridas de toros, sino también entre una masa de público que poco tiene que ver con los festejos taurinos pero que se ha sentido atraído por el fenómeno mediático desencadenado a su alrededor.
Un dato claro, concreto y muy reciente avala la opinión que voy a sostener. En el último fin de semana han tenido lugar dos festejos en Barcelona, en el del sábado, con un torero puntero del escalafón, El Juli, la plaza registro media entrada. En el del domingo, con José Tomás en el cartel, se llenó. Pero es que los llenos, en todas las plazas donde ha actuado este diestro, han sido la nota predominante de la gira. Esto no se explica si no intervienen una serie de factores, ajenos a la tauromaquia, que han hecho de este producto algo apetecible para los aficionados, espectadores y público en general. La media plaza que estuvo vacía el sábado se llenó el domingo por un publico atraído por cuestiones que poco tienen que ver con los toros y sí, como decía anteriormente, con la fuerza mediática del personaje.
En entradas anteriores ya me he ocupado de analizar el montaje de la gira de José Tomás como si de una figura de la música se tratase, hoy, al dar por finalizada esta gira, hay que concluir que ha sido un éxito, y por ello hay que felicitar, en primer lugar al protagonista, y después, por el trabajo realizado y el diseño de la misma, al equipo de producción de la misma.
En el haber del protagonista, José Tomás, su personalidad retraída y alejada del mundanal ruido, su timidez, su silencio, su soledad, han sido ingredientes fundamentales en la creación de un personaje enigmático, casi místico, recluido en su interioridad, que se proyectaba al público como un ser infeliz que no encontraba sentido a la vida alejado de los toros. El anuncio de su vuelta a la profesión desató la expectación entre los asiduos a este espectáculo y llamó la atención de toda esa masa de público situado en los aledaños de la fiesta, la cultura y el drama que se sintió impulsado a verlo.
El ingrediente de la tragedia y la sangre, portada en los principales medios de comunicación escritos y audiovisuales, vino a corroborar, para el público en general, la impresión de que nos encontrábamos ante un héroe de verdad que, para conseguir la felicidad perdida alejado de los ruedos, volvía a los toros y ponía en juego su vida cada tarde que se vestía de luces.
En el haber de los promotores de la gira, el reconocimiento de haber sabido jugar los resortes necesarios para crear, en un primer momento, el deseo de volver a verlo entre aficionados y espectadores asiduos, cosa fácil, y despertar en la masa, en los que debían de llenar las plazas que hoy por hoy no llenan el resto de toreros del escalafón, la curiosidad por asistir masivamente a ver al héroe. Una campaña de propaganda distinta de lo habitual, por ser distinto el producto; el pronunciamiento de artistas e intelectuales de reconocido prestigio y éxito; reportajes con cuidadas fotografías y entrevistas, alejadas de los tópicos taurinos, en los principales periódicos del país, incluso del extranjero; el silencio y el alejamiento casi cartujo del protagonista, que hacían adivinar una vida monástica y regida por estrictas normas de comportamiento y entrega; una cuidada presentación del evento y la exclusividad de unos pocos festejos escogidos, bien organizados y sin dejar nada al azar, entre otras cosas, han conseguido crear un personaje que trasciende de lo puramente taurino.
Lo cierto es que si pones en cualquier buscador de noticias de Internet el nombre de “toros”, hagan la prueba, el noventa por ciento, o más, de las noticias que aparecen están relacionadas con José Tomás. Esto, indudablemente, indica el éxito y repercusión que ha tenido el montaje de esta gira que ayer concluyó entre público, espectadores y aficionados.
Entre aficionados se ha desatado un intenso debate sobre la forma en que se ha desarrollado esta vuelta a los ruedos de José Tomás, y se ha hablado, con pasión y vehemencia, de la presentación del ganado y de la particular tauromaquia desarrollada por el torero. Sobre este apartado me remito, como decía al principio, a los innumerables artículos de opinión que se han publicado en los distintos medios de comunicación, haciendo hincapié, sobre todo, en los que se han escrito y debatido en los blog y espacios web de aficionados comprometidos con la integridad de la fiesta.
Entre los espectadores asiduos a los toros, la vuelta a los ruedos de José Tomás ha significado un importante suceso que ha venido a dar lustre a una temporada que languidecía entre carteles de la prensa rosa y la comodidad de los, pretendidamente, figuras del toreo en las ferias más importantes y en las de sus propias localidades. Entre estos espectadores no importa la presencia del ganado ni las esencias toreras del personaje, cuenta más la trascendencia del acontecimiento ampliamente publicitado y con una repercusión mediática más allá de lo simplemente taurino.
Entre el público en general, la vuelta de José Tomás ha significado un acicate para acercarse a las plazas de toros y ser testigos de la actuación del héroe jugándose la vida, rondando la tragedia, como cuando Guerrita decía de Belmonte que quien quisiera verlo se diera prisa antes de que un toro lo matara en el ruedo. Entre este público, atraído más por el morbo y lo excepcional, es donde podemos situar lo importante del acontecimiento. Muchos, quizás no vuelvan más a una plaza de toros, pero otros, pueden sentirse atraídos por este espectáculo y convertirse en espectadores asiduos y, quién sabe, en aficionados.

Lo que está claro, y es una realidad, es que la irrupción en la temporada taurina de José Tomás ha significado volver a ver noticias de toros en muchos periódicos y espacios audiovisuales que estaban olvidados de ellas, o que sólo les daban cobertura en los espacios del corazón. Que esto revierta en una renacimiento de la fiesta de los toros está por ver, ojalá que así fuera, porque el comportamiento del público que ha acudido a estos festejos está sujeto a condicionantes que son más del campo de la
sociología que del taurino.

Nota: Para los interesados en conocer las opiniones que sobre José Tomás he sostenido en este blog les remito a la entrada titulada "La vuelta de José Tomás" publicada poco antes de su reaparición en Barcelona.
También pueden leer, si lo consideran oportuno, lo escrito en el articulo titulado "Nuevo debate sobre la torería" publicado el pasado mes de julio.

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