“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

martes, 18 de septiembre de 2007

La desfachatez de los taurinos

Una vez más, el pasado sábado 15 de septiembre en la localidad zaragozana de Ariza, quedó de manifiesto la desfachatez de los taurinos. En primer lugar, la incomparecencia de uno de los toreros acartelado, Sergio Aguilar. El festejo, que tenia que haber dado comienzo a las cinco y media de la tarde, empezó a retrasarse, veinte minutos después del horario anunciado empezaba el paseíllo con sólo dos toreros de los anunciados, El Renco y Alberto Álvarez, faltaba uno, Sergio Aguilar que, según pude enterarme después, se había negado a torear porque no estaba de acuerdo con uno de los toros que le había correspondido. De lo que no se había enterado él, o no se había querido enterar, es que se trataba de una corrida concurso y en estos eventos manda la antigüedad antes que el sorteo.
Ya ve
stido de torero, media hora antes de la anunciada para el comienzo, y con el dinero en el bolsillo, porque había cobrado por la mañana, dejó plantados: a sus compañeros, que tuvieron que matar la corrida mano a mano; a los organizadores, con el público en la plaza impaciente por el retraso; a los aficionados, que habíamos pagado para ver algo que no vimos; y, en definitiva, a la Fiesta que tenía que soportar otra cuchillada trapera a traición por parte de los que, se supone, deberían tener el máximo respeto por la profesión de la que viven.
El primer toro, un hernández plá de la ganadería de Ignacio Hue
lva, era un tío. Un tío que salió de los chiqueros tullido, pero tenía casta y malas intenciones, un tío duro de pelar. No lo quisieron ver desde el primer momento. En el caballo lo machacaron, sobre todo en una cuarta vara asesina en la paletilla. El toro siguió imponiendo su ley, ni en banderillas ni en la muleta quisieron verlo subalternos ni matador, llegó la hora de matar, el toro con la boca cerrada y a la espera. Después de dos pinchazos y ni se sabe los descabellos, sonaron los tres avisos y hubo que apuntillarlo desde un burladero.
Cuando sonó el tercer aviso, El Renco respiro y se fue raudo hacia el callejón entre la bronca del respetable -aunque deberíamos decir, tal como están las cosas, el irrespetable-. El problema no fueron los tres avisos; el
problema fue que este tipo de toros tienen su lidia y su lidiador no supo dársela; el problema fue que después de dos pinchazos no se puede intentar descabellar un toro entero, avisado y con la cabeza por las nubes; el problema fue que el torero, ajeno a eso de la vergüenza torera, no lo quiso ver en ningún momento y dejó de cumplir con su deber.
Eso no fue óbice para que en el quinto, anovillado, después de una labor aseada y una buena estocada, se le pidieran los trofeos. El presidente le concedió las dos orejas, y uno de sus banderilleros, agarrando el rabo con la mano, se encaró con el presidente, echándole al público encima, haciendo gestos alusivos y pidiendo a gritos la concesión de tan preciada prenda. Los que no habían querido ver al primero de la tarde, un toro, exigían ahora, en el quinto, anovillado, la máxima recompensa, a todas luces desproporcionada, utilizando para ello la presión de un público en fiestas deseoso de conceder todos los trofeos.
Lo más grave de todo, las conclusiones que saco de este festejos, es el
poco respeto que tienen los taurinos por su profesión, y lo de menos es la bronca a El Renco por no querer ver al primero de la tarde, o la que se llevó el presidente, atizada por los banderilleros desde el ruedo. Lo que es de juzgado de guardia es que un torero, media hora antes del paseíllo y ya vestido de luces, con el dinero calentito en el bolsillo, por un quítame allá ese toro, además anovillado, se niegue a torear y ponga en peligro la celebración del festejo y, quien sabe, la posibilidad de ofrecer festejos taurinos en Ariza en un futuro.
El Renco
estuvo renqueando toda la tarde, y Alberto Álvarez, digno, aunque ambos se merecen un aplauso por tirar para adelante con la corrida, pero para mayor información sobre lo sucedido en el festejo les remito a la crónica publicada en la Web de La Cabaña Brava por David Díaz.
A los organizadores, el Ayuntamiento de Ariza, gracias y que no se desanimen, desde este Blog tendrán mi modesto apoyo si siguen intentando llevar a su pueblo una Fiesta digna a pesar de los pesares.

2 comentarios:

Taliban dijo...

Gracias por la cronica ilustrada con imagenes, no sabia que era posible, si utilizaran esta tecnica los sobrecogedores se les acabaria el cocllo o quedarian como lo que son autenticos trincones para decirlo suave, gracias Mariano.

Cárdeno dijo...

Después de la Feria de Cenicientos nos invito Rafa y Mª Carmen, y allí nos presentamos, ofreciendo y pregonando los parabienes de un “joven” que pensábamos que quiere ser torero, allí mismo se hizo la gestión y posterior contratación….

Imaginaros como se nos quedo la cara de vergüenza ajena por la aptitud de tal individuo y/o asesores….

Entre líneas lo comenta Mariano, falta “Vergüenza Torera”.

Bien por los organizadores de Ariza, no pudieron hacer mas.

Salud y suerte.

Cárdeno