“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

jueves, 6 de septiembre de 2007

Declaraciones, agresiones y aficionados

Después de unos días alejado del ordenador, y de los toros, por motivos profesionales, me encuentro con varios asuntos que han llamado mi atención y de los que quisiera opinar.
Las declaraciones de sendas figuras de la tauromaquia del tomate: Jesulín, en su año despedida ¿provisional? de las plazas de toros; y Rivera Ordóñez, que podría tomar ejemplo de su compañero y dedicarse, como espectador, a ver ese tipo de corridas de toros colaboradores e inválidos que tanto le gustan y que, por desgracia, tanto abundan.
Nos dice, con toda su jeta, el susodicho Rivera Ordóñez: “Yo como torero y como espectador voy a una plaza de toros a ver torear con animales que colaboren en el lucimiento de los matadores.
La fuerza o el vigor de los animales es algo secundario”.

¿Cómo puede decir esto, en público, un torero? ¿Cómo tiene la desfachatez, un matador de toros, de pedir el toro inválido y colaborador? ¿Cómo debería reaccionar el público, que paga sus buenos dineros, ante las intenciones declaradas de ser estafado por parte de uno de los protagonistas? ¿Y la administración? ¿No hace nada para defender los intereses, como consumidores que son, de los espectadores y aficionados? ¿Se plegan al fraude? Unas declaraciones como estas deberían tener una sanción inmediata por parte de los poderes públicos que, no lo olvidemos, tienen la obligación de defender los intereses de los que asistimos a los festejos taurinos. Unas declaraciones como estas deberían llevar, sin lugar a duda, a la retirada inmediata del permiso para ejercer la profesión de torero por hacer apología del fraude.
Pero por el momento, la imposición del toro inválido, afeitado y colaborador es aceptada por las autoridades públicas que, paradójicamente, deberían velar por lo contrario, y esta permisividad nos conduce a situaciones como las que refleja en sus declaraciones el otro personaje motivo de mi atención.
Jesulín nos dice con su habitual desparpajo: “Me ha salido un torillo que me ha dado opciones para torear, ya que tenía un poco de gas y no se caía tanto como el primero”.
Una vez consumado el fraude las figuras del tomate se quejan de la blandura de sus torillos porque se caen demasiado y no les permiten el lucimiento. ¿Pero no habíamos quedado en que la fuerza o el vigor de los animales es algo secundario?
Al menos, hay que agradecer a estas dos figuras del tomate la claridad en sus declaraciones, los que vayan a verlos ya saben a lo que se atienen. No se admiten quejas ni reclamaciones, a riesgo de correr peligro físico, como ocurrió en la pasada feria de Calahorra, con torillos inválidos y colaboradores en el ruedo, el día de la comparecencia de Rivera Ordóñez en el coso riojano.
No es la primera vez que los taurinos, y los de su entorno, defienden sus razones a mamporrazos, seguramente porque la falta de razón, y el fraude, sólo se puede defender con la fuerza. Tampoco es la primera vez que los agredidos, en la taquilla y en el tendido, sean considerados culpables y, además, propuestos para sanción administrativa. ¿De parte de quién están las autoridades? ¿Cuándo empezaran a sancionar a quien incumple de verdad, y todos los días, las normas y principios por los que se rige esta Fiesta? ¿No existe, acaso, un reglamento -o diecisiete- que contemplan esta posibilidad? ¿A que esperan para aplicarlo? A no ser que consideren, como afirmó el encargado de asuntos taurinos de la Comunidad Aragonesa en una tertulia de “La Cabaña Brava”, que “como todos sabemos, los reglamentos están para no ser cumplidos”. En ese caso, sean igual de claros que Jesulín y Rivera, tírenlos a la basura y dígannos, como su acción diaria parece demostrar, que están al servicio del negocio taurino y del fraude, así sabremos a lo que atenernos.
Los aficionados, los que amamos de verdad esta Fiesta, los que pensamos que sin un toro con poder e íntegro nada tiene importancia en el ruedo, no podemos consentir ni el fraude ni la complacencia con el mismo, porque por ese camino vamos irremediablemente hacia la desaparición de nuestra Fiesta, de la Fiesta de los Toros. No podemos ser cómplices ni permanecer callados, por eso adquiere mayor importancia, y recarga mi esperanza, la tercera noticia que fijó mi atención a la vuelta de mis obligaciones profesionales.
Enhorabuena para la "Asociación Taurina el Quite de Calasparra" por organizar el "Primer Encuentro Nacional de Asociaciones y Club Taurinos en Defensa del Aficionado y del Toro". Enhorabuena por organizarlo haciéndolo coincidir con su feria de novilladas, ejemplo de lo que debe ser, y que demuestra, como ocurre en otras plazas, que con toros íntegros y sin figuras del tomate también se puede llenar una plaza. Enhorabuena, a ellos y a todas las organizaciones que participaron en el encuentro, por haber dado un paso más hacia la unidad de criterio de los aficionados para exigir la integridad en las plazas de toros y la defensa de los dos protagonistas más vilipendiados y maltratados del universo taurino, como somos los aficionados y los toros. Y gracias por la lectura y difusión del “Manifiesto de Aficionados por una Fiesta Integra, Auténtica y Justa”, cuyas simples ideas comparto al cien por cien, y que pueden servir para canalizar y unificar los criterios que nos permitan levantar la voz con más fuerza y en más sitios.

1 comentario:

Cárdeno dijo...

¿A quien defiende la autoridad?
Al Aficionado seguro que no…, y eso que somos los que mantenemos todo el “tinglao” tanto taurino como político, somos los eternos “ponedores”, de dinero, botos…da igual.

Un OLE por los Aficionados de Calasparra.

Salud y suerte.
Cárdeno.