“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

miércoles, 21 de octubre de 2009

REBAJAR EL TORO Y EL RIGOR PRESIDENCIAL

Este es el planteamiento que defendía Romito, entre las 2 y las 3 de la madrugada del pasado lunes, en la tertulia radiofónica del programa taurino El Albero que dirige, en la cadena COPE, Rafael Cabrera. Era tema del debate, en ese momento, el balance de la recién terminada Feria del Pilar 2009, y el tertuliano zaragozano estaba convencido, y defendía con ardor y reiteración, que lo que necesitaba la plaza de Zaragoza era ponerse a la altura de otras de primera, como las de Málaga o Valencia, tanto en el toro más terciado que debe lidiarse, como en la actitud más benevolente de los presidentes en la concesión de orejas. Según su opinión, la plaza de Zaragoza no es una plaza torista, como pretenden unos cuantos “iluminados” -palabra utilizada textualmente por el tertuliano- de esta ciudad que así lo pretenden. El sitio de Zaragoza, según Romito, no es el de plaza de primerísima, como las de Madrid, Bilbao o Pamplona, sino en un escalón más bajo, el de las más complacientes en cuanto a la presencia del toro y el rigor presidencial, como la malagueña o la valenciana.

La opinión vertida por José Luís Gran Romito -a quién he aplaudido muchas tardes en La Misericordia cuando actuaba como subalterno y que, desde que empezó por las capeas por los pueblos, y hasta su retirada, ha ejercido en casi todos los campos del negocio taurino- es representativa de la que mantienen buena parte del colectivo de “taurinos” zaragozanos. No es de ahora, ni surge a raíz del fracaso de esta Feria. Ni de cuando, en los últimos años, se programaron corridas de mayor seriedad, sus quejas fueron entonces mucho mayores ya que, para este colectivo, esa sobredosis de “torismo” tenía la culpa de todo lo malo que ocurría en nuestra plaza pues, por la exigencia del ganado, hacía que se retrajesen de acudir las “figuras”, perdiendo atractivo e interés los carteles para los espectadores, esos que van a los toros para ver a los toreros y ha divertirse. Aunque la opinión defendida por Romito es representativa del colectivo del que forma parte, los profesionales en activo o retirados que, lógicamente, apuestan por una dulcificación de la fiesta -“humanización” lo llaman- y con lo que, también lógicamente, nunca han coincidido con los aficionados.

Pero dejando de lado este último punto que entra en el terreno de lo profesional y que ahora no viene al caso, quiero centrarme en la propuesta sobre el modelo de feria que defienden los taurinos zaragozanos. Pocas cosas pero muy claritas. En primer lugar, rebajar el trapío del toro, excesivo para Zaragoza, y asimilarlo al de otras plazas menos exigentes, como las ya mencionadas de Málaga o Valencia. En segundo, y mucho más preocupante, poner en consonancia el nivel de la autoridad, rebajando el listón, tanto en cuanto al ganado, como en la concesión de trofeos, para complacer, por un lado a los “figuras” con sus toritos de pitiminí, y por otro a los espectadores que van a la plaza a divertirse y todo lo valoran según el número de trofeos otorgados por el presidente. Esta es la fórmula que, puesta en boca de Romito, defiende el colectivo de taurinos zaragozanos y con la que pretenden que se solucione los problemas y sea la panacea que vuelva a llenar de público los tendidos de La Misericordia. En términos futbolísticos -tan presente en el lenguaje coloquial actual como hace cien años el lenguaje taurino-, en vez de estar en primera división y defender la categoría con uñas y dientes, es preferible bajar a segunda pues, aunque el espectáculo sea de menor calidad, nos lo pasaremos mucho mejor. Yo, por supuesto, y posiblemente muchos más aficionados de Zaragoza no estarán de acuerdo con esta teoría porque, como queda demostrado cuando se baja a segunda división, no sólo baja la calidad, sino también, y mucho, la afluencia de público.

Defender esta teoría después del fracaso que ha significado la feria de este año en la que, precisamente, ha habido muchos más toros con trapío para “figura” que en las de años anteriores es, cuando menos, desafortunado. Incluso el propio director del programa, Rafael Cabrera, interviene en la tertulia aseverando que el nivel del toro había bajado este año en Zaragoza. El problema para que las “figuras” no vengan a la Feria del Pilar es otro que tiene que ver, mucho más, con la forma en que se gestiona actualmente el negocio taurino. Con el sistema actual que, no lo olvidemos, ya lleva muchos años de vigencia, la última feria importante del año no tiene importancia para nadie y, por lo tanto, no merece la pena hacer un esfuerzo para la poca resonancia que tiene. Cuando lleguen las primeras ferias del próximo año nadie se acordará de lo ocurrido en el ya lejano octubre zaragozano, y aunque alguien se acuerde, da lo mismo, porque los carteles de todo el año ya se habrán confeccionado según los intereses de los que controlan el negocio durante el invierno. Para que lo que suceda en nuestra plaza tenga importancia deben buscarse otros alicientes y los que vengan a torear, sean quién sean, que lo hagan con todas las de la ley, no ha justificarse -muchos, ni eso- y llevárselo calentito. ¿Qué alicientes buscar para revitalizar una plaza como La Misericordia? Yo no lo sé, pero entre los profesionales que se dedican al negocio taurino y los políticos que gestionan la plaza, después de analizar los pros y los contras, deberían buscar una alternativa atractiva y el compromiso de ponerla en practica, aún a riesgo de chocar con algunos intereses establecidos. El modelo actual, como ha quedado demostrado en esta feria, no ha funcionado, es más, nos ha hecho perder categoría.

Aunque el tema que ha generado mayor polémica ha sido la racanería de los presidentes en la concesión de trofeos. Por mantener una postura de seriedad en el palco, en cuanto a la concesión de trofeos, han sido atacados a diestro y siniestro, y de muy mala forma, por periodistas locales y nacionales, de la radio y de la televisión. La cota más alta de la polémica se alcanzó el día de Manzanares, al denegar la segunda oreja al torero alicantino, por considerar, como el mismo diestro reconoció después, que había caído baja la estocada. La polémica se agravó por el hecho de que a El Fandi, esa misma tarde, se le había concedido una oreja, con la espada más baja todavía, en un toro anterior que, comparada con la de Manzanares, era una baratija. Es cierto, el peso de una y otra, según los méritos y lo visto, es muy distinto. La oreja de Manzanares es justa y no consiguió la segunda por caer baja la espada, y la de El Fandi, quizás fuera excesiva. Pero es que las orejas son la vara de medir en el sistema taurino actual, y por su mayor o menor recolección se valora el éxito o el fracaso de un evento. La televisión, para vender, necesita orejas. Los portales taurinos, para ser visitados, necesitan orejas. Los periódicos, para ser leídos, necesitan orejas. Los empresarios, para corroborar el éxito de la feria, necesitan orejas. Cualquier cosa se premia con una oreja… Por más triste que parezca, la oreja se ha convertido en el componente fundamental de la actual fiesta de los toros. ¿Por qué no mantener, entonces, el rigor en el cumplimiento del reglamento para dar verdadero valor a lo que se hace? ¿Por qué pedir, entonces, que se rebajen las exigencias sino es para colaborar con los que mendigan, cada uno en su campo, el apéndice auricular del toro para ir manteniendo sus respectivos negocios? No creo que por este camino encontremos ninguna solución. Además contamos con los resultados de todas las ferias que se han basado en el mismo patrón que la de Zaragoza, en todas se ha repetido el mismo fracaso. Si además contamos con la dificultad añadida de que somos la última feria taurina del año… o buscamos otra cosa… o lo tenemos fatal.

La única solución para Zaragoza, que es como una isla solitaria al final de la temporada, es buscar nuevos alicientes, algo distinto y novedoso con respecto al modelo taurino imperante, algo que ilusione tanto a los aficionados, como a los profesionales, algo que incite la competencia entre los toreros y resulten atractivos para los espectadores. (En el mundo del deporte, por ejemplo en el tenis, se organiza al final del año un torneo donde se ven las caras -y se juegan un importante premio en metálico- los mejores de la temporada.) Pero todo lo que se haga que sea desde el respeto a la Fiesta auténtica y que, como ocurre en el tenis, se cumpla el reglamento a rajatabla. Yo no se cual será la solución, ni la dirección que debe tomar la plaza de toros de Zaragoza en el futuro para salir de la vulgaridad, pero creo que por el camino que apuntaba Romito, en la tertulia del programa El Albero, de la cadena COPE, la madrugada del pasado lunes, no vamos en buena dirección… Más bien pienso que si seguimos por esa senda, antes que tarde, nos encontraremos una autopista hacia Las Vegas.

4 comentarios:

Cárdeno dijo...

Si existiera una “ética” profesional en el mundo taurino, los triunfos ganados en la Plaza, tendrían la misma repercusión fuera la fecha que se celebrase el festejo…, ya se encargarían de recordárnoslo los medios “oficiales”,… pero no es así,… lo que predomina es el “intercambio de cromos” y todo se gana y se pierde en los despachos, amen de las imposiciones de los Torero… intolerable.

Los “iluminados” tan solo defendemos un Fiesta autentica y justa, por el bien y la supervivencia de la misma…

¿Es tan grande y exagerada la petición?

Que piensen los Taurinos de medio pelo, que la mayoría de los Abonados, somos “iluminados” y con nuestro dinero mantenemos sus “negocios” durante toda la Temporada… y que el publico de “aluvión” viene y va según las modas…, nosotros estamos “enganchados”… pese a sus “triquiñuelas.

invitado08 dijo...

Mariano, llegas a conclusiones equivocadas al partir de fundamentos equivocados ...

Y cárdeno, quizás el público de aluvión sea el que pague a los aficionados sus caprichos. Los tres espectáculos toristas de la temporada dificilmente han llegado a sumar espectadores para llenar la misericordia.

Anónimo dijo...

estoy de acuerdo en el fondo,con lo que dice romito,pero rebajando la categoria de la plaza,pasaria de 1ª a 2ªA.

CORTINAR

raul dijo...

Romito, dedicate a otra cosa, pues llevas viviendo mucho y bien de la fiesta cuando eres un personaje mediocre.