“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

domingo, 4 de octubre de 2009

DOMINGO DE PREFERIA

- Hola don Pepe.
- Hola don José.
- Ya tenía ganas de verle. Venía pensando en usted. No estamos juntos desde aquel día que tomamos un refresco en una terraza, era pleno agosto y hacía un calor sofocante.
- Ya lo creo… con lo fresquito que se está en el pueblo.
- Y en la playa…
- Yo no acostumbro… el agua no me va mucho y siempre me ha tirado más el monte.
- Nosotros lo combinamos, unos días los pasamos en la costa y otros tantos en la montaña, pero… dejémonos del veraneo y a lo nuestro, al toro.
- Pues tampoco hay tanto de que hablar porque…
- ¡Como que no hay nada de que hablar! Eso será usted porque yo, el fin de semana pasado, he visto torear como los dioses. Toreo de muchos kilates. Aún se me eriza el bello cuando lo recuerdo… que grande fue aquello, don Pepe…
- Y ¿dónde estuvo usted pues… si puede saberse?
- Pues con motivo de un viaje familiar a Barcelona, y aprovechando que había toros, la última corrida de la Feria de “La Merced”, acudí a la Monumental barcelonesa y aquello fue lo más grandioso que he presenciado en lo que llevamos de siglo.
- No me diga usted…
- Claro que le digo… y bien clarito que se lo digo. José Tomás, en su última corrida en España, dejó bien sentado que, hoy por hoy y sin discusión alguna, es el número uno.
- No será para tanto, toreo perfilero y la emoción de los riesgos que corre sin mucho sentido.
- ¡Que equivocado esta usted, don Pepe! El pasado año quizás tuviera usted alguna razón que esgrimir en ese sentido, pero en este las cosas han cambiado mucho. Se ha asentado, ya no lo cogen tanto los toros y los templa mucho más, y no sólo eso, sino que esta toreando más clásico y con mucha más hondura.
- Y de los toros, que me dice usted…
- De los toros… de los toros… pues toros.
- De todas formas, y se lo digo de corazón, me alegro de que disfrutara y lo pasara bien, don José.
- Bien es poco, fue como un sueño... ¡¡¡que torero!!!
- Pues yo, don José, lo eché en falta en las novilladas del pasado fin de semana, que fueron muy interesantes y, sobre todo, porque hubo un chaval que toreo de verdad, templando, dominando, pudiendo con un eralote que apretaba para los adentros y tenía sus problemas. Estuvo con las ideas claras, firme y con torería. Me gusto y hoy vengo con la ilusión de volver a verlo… ¿Como se llamaba?... Miguel Cuartero.
- Pues yo tambieén me alegro, don Pepe, no es poco que un novillero le haya despertado la ilusión, con lo exigente y estricto que es usted…
- Hizo lo que tenía que hacer, pensar en la cara del novillo y ajustarse a sus condiciones y, de esa forma, consiguió ligar un par de buenas tandas en el centro del ruedo. Eso, ni más ni menos, es torear.
- Informado estoy, lo tendré en cuenta… Pero yo quería pulsar su opinión sobre otro asunto del que no hemos tenido ocasión de hablar todavía, aunque, conociéndole a usted, supongo que no estará muy conforme con los carteles que han anunciado para la Feria que ya está a punto de comenzar.
- ¿Cómo voy a estar conforme? Son una m…
- … No hace falta que diga palabrotas, don Pepe, un poco de urbanidad y buen gusto. Yo, ya me imaginaba su reacción, pero le quiero informar que entre muchos de los aficionados que conozco han sido acogidos mucho mejor que los de años anteriores, menos toros de esos broncos e ilidiables que tanto le gustan a usted y a sus amiguitos los intransigentes, que aburren a la mayoría de los espectadores, y más figuras, con toros acordes a su estilo, en los carteles. Ponga los pies en el suelo, eso es lo que demandan los aficionados sensatos y el público en general.
- Pero si va a pasar lo que en todas las ferias, toros bobalicones, sin poder y sin cuernos, que se derrumban después de un picotazo de nada. Es lo que ha pasado en todas las plazas. Aburrimiento supino. Y luego vienen las excusas. O lo que es peor…
- No se pase usted, don Pepe, que esta archidemostrado que para torear bien, y hacerlo artísticamente, hacen falta toros que tengan la posibilidad de embestir, no esos mastodontes con cuernos que son imposibles...
- ¡Venga ya! No me salga ahora con las monsergas de los taurinos, don José, que con el toro domesticado de hoy en día ni hay emoción, ni nada de nada, en primer lugar porque la mayoría no tienen fuerza para embestir, y los que conservan un poco de energía es porque ni los han picado, ni se han empleado en ningún momento de la lidia.
- Pero para la emoción artística, para el pellizco del arte se necesitan toros…
- … Toros. Usted mismo lo ha dicho, don José, toros con poder e integridad que con su simple presencia den miedo al público y categoría a todo lo que hacen los toreros en el ruedo. No me negará que cuando eso ocurre nadie, ni aficionados ni público, se aburren, y si se consigue el triunfo, si se torea un toro de verdad y con la verdad del toreo, la gente se vuelve loca y…
- …¡Pero deje usted de soñar, don Pepe! Tenga usted en cuenta que estamos en el siglo XXI y los gustos, y los públicos, han cambiado mucho y, ahora…
- … Se consiguen los más grandes triunfos con toros tullidos y toreando de cualquier manera… y no hablemos de la suerte de matar porque eso ya es de vergüenza, como ya da igual que la espada caiga baja, pues nadie se esfuerza en ponerla en su sitio, total, da lo mismo. Aquí, en este modelo de fiesta del siglo XXI que usted preconiza, lo que importa es cortar orejas y rabos, indultar toros que hayan sido “colaboradores” en la faena, y salir a hombros de costaleros por la puerta grande. Para nada cuentan las condiciones de los toros ni las normas clásicas del toreo, eso se ha convertido en accesorio.
- No se pase ni se precipite, ni se meta en camisa de once varas... Yo le preguntaba por los carteles, no por esas teorias suyas ancladas en el siglo XIX. Ya hablaremos de los resultados cuando pase la Feria, no todo es tan negro como usted lo pinta, don Pepe, y cualquier cosa puede ocurrir. Hace un momento me decía usted que hoy venía con la ilusión de ver a un novillero que le gustó el sábado pasado. ¿Por qué no puede ocurrir lo mismo varias tardes en esta feria? No sea tan negativo. Yo, ya me conoce, este año acudo con la ilusión redoblada, y más después de lo visto en Barcelona, de ver grandes cosas a nada que los toros “colaboren”…
- Ve usted, don José, si ya se le ha pegado hasta el lenguaje de los taurinos.
- ¿Qué?...
- Nada.

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