“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

martes, 6 de octubre de 2009

LA JOTICA

"Antes de que empiece el ajetreo de la Feria de este año, para lo que ya no falta nada, quiero traer a colación un suceso musical que se repite sistemáticamente en cada festejo que se da en mis dependencias desde hace más de un siglo. Es la “Jota de los toros”, a la que yo, como muchos de los asiduos a mis localidades, llamamos familiarmente “la jotica”. La interpretación de esta pieza suele acompañarse con la participación de los espectadores haciendo sonar sus palmas rítmicamente. Pero como todas las tradiciones, tiene un principio y un desarrollo hasta llegar ha adquirir la categoría de tradición y, por lo tanto, ¿quién mejor que yo para contarlo y ponerlo en conocimiento de los que tengan interés en saberlo? Pues vayamos al grano.

La historia se remonta a una lejana tarde de la Feria del Pilar de 1881, concretamente la del 13 de octubre, en la que alternaban en mi ruedo los dos más grandes toreros de aquella época: “Lagartijo” y “Frascuelo”. Era la primera corrida del ciclo, pues en aquello años, y durante muchos más, las corridas de toros empezaban al día siguiente de la fiesta de la patrona, nuestra Virgen del Pilar, que se celebra el 12 de octubre. La corrida discurría de forma monótona y sin interés. A la muerte del 5º toro, quizás aburridos con el espectáculo, una pareja de baturros -se comentó en los tendidos que de las Cinco Villas- se pusieron a bailar una jota en la meseta de toriles. El maestro Frago, que en aquél día dirigía una Banda que amenizaba el festejo, siguió la ocurrencia y ordenó a sus músicos arrancarse con una jota. A partir de ese momento, lo que comenzó como una simple anécdota se fue convirtiendo en costumbre y de ahí hasta nuestros días. Para que quede constancia, el suceso está conmemorado, en una plaza de cerámica de Muel, en las paredes del patio de mayorales de mis dependencias.

Pero para que esa costumbre se convirtiese en tradición hay que detenerse en otro hito de mi historia, que tuvo lugar, justamente, un cuarto de siglo después. Fue en 1906 cuando la dirección de la "Banda de la Diputación" pasó al maestro Ramón Borobia Cetina. Este destacado músico zaragozano, que estuvo al frente de la Banda de la corporación provincial durante cuarenta años, hasta 1946, fue el que le dio cuerpo y consistencia a “la jotica” al hacer el arreglo para banda que se viene interpretando desde entonces a la salida del 6º toro de cada festejo. El motivo tradicional es una jota del repertorio popular de la música aragonesa, que normalmente se interpreta con instrumentos de cuerda. Con el arreglo del maestro Borobia, este pequeño motivo popular, encontró su razón de ser y se convirtió en una pieza imprescindible para todos los músicos que amenizan los festejos taurinos en mis dependencias.

Antes de continuar con la historia de esta pieza, sería oportuno dedicar unas palabras a este insigne músico y compositor zaragozano que tanto tiempo estuvo deambulando por mis pasillos y palcos. A lo largo de este tiempo fui recogiendo algunos datos de su vida, bien por sus propias palabras, como por las de sus compañeros, amigos y ciudadanos que lo tenían en gran estima. Ramón Borobia Cetina había nacido en Zaragoza el 15 de febrero de 1875. A los ocho años entró en el Colegio de los Infanticos del Pilar, lugar que durante muchos años, y hasta no hace tantos, fue el auténtico conservatorio de música de la ciudad para las familias que no podían sufragar estudios musicales a sus hijos. Curso sus primeros estudios de solfeo con Félix Blasco, piano y órgano con Valentín Faura, y armonía y composición con Antonio Lozano. Se le puede considerar discípulo de éste y de Tomás Bretón, con quien amplió estudios. A los dieciocho años obtuvo el numero uno en las oposiciones de director de la Banda de Música de Logroño. En 1900 fue nombrado director del “Orfeón Zaragozano”, y en la etapa que estuvo ostentando ese cargo, hasta 1912, consiguió la estabilización y el éxito de esta formación coral. En los "Juegos Florales" celebrados en 1900 en Zaragoza, fue premiada su obra “Colección de cantos y tonadas populares de Aragón”. Asimismo, en los "Juegos Florales" de Calatayud de 1901, obtuvo un accésit por su Estudio crítico de las causas que han impedido e impiden la creación de la ópera española. En 1902 es nombrado organista del templo del Pilar. En 1906 consigue la plaza de director de la “Banda de Música” y profesor de solfeo y canto en el “Hospicio de la Diputación Provincial de Zaragoza”, popularmente conocido, en honor a su fundador, como “Hogar Pignatelli”, que fue la persona -don Ramón Pignatelli- que también ordenó mi construcción allá por los finales del siglo XIX, no en vano a mi también se me conoce, entre otros, con su nombre, “Coso de Pignatelli”. Sin duda este prohombre aragonés, mi creador, mi padre, por llamarlo de una forma familiar, se merece que lo recuerde algún día y así lo haré cuando se tercie, pero ahora sigamos con lo que estábamos, con algunos datos más del popularmente conocido maestro Borobia. En 1914, la “Escuela de Música de Zaragoza”, le encomienda las clases de armonía y composición, estuvo ejerciendo como profesor hasta 1956. En 1921 obtiene, por oposición, la plaza de organista en la iglesia de San Pablo, muy cerquita de donde yo me encuentro, en el céntrico barrio de “El Gancho”. En 1934, hasta 1946, fue director del “Conservatorio de Música de Zaragoza”.

Y ahora digamos algo de la Banda de Música de la que, durante tantos años, el maestro Borobia fue el titular. Se creó en 1892, pues la "Diputación Provincial de Zaragoza" acordó la formación de una Banda de Música en el seno del "Hogar Pignatelli", que en parte se financiaba con los beneficios que a la institución provincial le revertían con la celebración de festejos taurinos y otros espectáculos en mis dependencias. Para eso fui creada. Su primer director fue don Jacinto Barbosa. A él se le encargó su puesta en marcha, la dirección y organización de las clases musicales que les daban a los hospicianos pues, hasta el final de la década de los sesenta, los integrantes de la Banda eran los huérfanos que allí estaban alojados hasta que se hacían mayores de edad. Eran los albores de lo que luego se conocería como “Academia Provincial de Música”. Merced al empeño y al esfuerzo de todos, nació la “Banda de la Academia Provincial de Música”, que fue su primer nombre, y progresivamente se consolidó como una importante realidad musical en Zaragoza. A don Jacinto Barbosa, le sucederían en la dirección de la Banda, don Enrique Malumbres y don Ramón Borobia. Pero la estirpe de este último seguiría dirigiendo la Banda porque le sucedieron sus propios hijos, José y Ramón. En 1968, siendo director D. Victorino Bel Castell, la Banda dejó de nutrirse de hospicianos y adquirió carácter profesional al convocarse, por vez primera, oposiciones para ingresar en la misma, con lo cual alcanzó mayor nivel artistico. A partir de entonces pasó a denominarse “Banda Provincial de Música”.

Hasta aquí algunos datos de los dos agentes que más contribuyeron en convertir aquella anécdota de dos joteros bailando y una banda que se arrancó con una jota: el arreglista y director, don Ramón Borobia Cetina, y la Banda que interpretó su arreglo y lo popularizó hasta convertirlo en tradición. Pero la vida de esta “Jota de los toros de Zaragoza”, o “Jota del maestro Borobia”, como también se la conoce, no se circunscribió solamente a mi recinto. Con el tiempo pasó a ser costumbre en todos los pueblos de Aragón y en muchos de Navarra, así como en algunas importantes plazas del norte, como en Bilbao y Logroño, en donde se interpreta con dulzaina y tamboril. Es por lo que me siento orgullosa de que algo que nació aquí, en mis dependencias, después de tanto tiempo haya llegado tan lejos. Es por eso por lo que, antes de que comience la semana más importante del año para mi, con festejos mañana, tarde y noche, me he entretenido en contar esta historia. A partir del próximo jueves, cuando dé comienzo la Feria, volverá a sonar cada día -125 años después- cuando la corrida ya esté agonizando y las palmas de los aficionados, ritmicamente tocadas, al margen de los resultados artísticos cosechados durante la tarde, haran retumbar de nuevo mis ya viejos cimientos".

Nota: El vídeo que enlazamos a continuación recoge la interpretación, por Banda de Música, de esta "Jota de los toros". Las imágenes que le dan soporte corresponden a los primeros tercios de la Corrida que José Miguel Arroyo "Joselito" lidió en solitario en la Feria del Pilar de 1994.

1 comentario:

Anónimo dijo...

me ha parecido una buena informacion referente a la jotica, pero como aficionada a los toros que soy , quiero dejar constancia que este año, a principios, en una corrida benefica, una pareja vestida con traje regional y en toriles, la bailo; conmemorando, ¿el centenario del arreglo del maestro Borobia? algo que nadie supo aclarar, quede la anecdota y se agregue a la historia de la Jotica