“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

domingo, 27 de abril de 2008

Un soplo de esperanza

Ver como la inmensa mayoría de los asistentes -casi media plaza- se rompen las manos de aplaudir a un toro que se arranca al caballo por tercera, por cuarta, por quinta, por sexta vez, acudiendo al cite desde una distancia cada vez mayor, yendo a más y creciéndose al castigo, es un soplo de esperanza que aviva la mortecina llama de la Fiesta. Eso ocurrió en la Corrida Concurso de Zaragoza que tuvo lugar en el día de ayer, 26 de abril de 2008, y sucedió al menos en dos toros, uno de Prieto de la Cal que tomó 6 puyazos, y otro de Fuente Ymbro que recibió 5.

Cansado de asistir a corridas de toros, en plazas de primera, en la que es práctica habitual, ante la indiferencia general del público, un primer puyazo demoledor y un segundo de compromiso, había llegado a pensar que esto era una situación irreversible y que la suerte de varas no interesaba para nada a la concurrencia, que una suerte tan espectacular y emocionante, si se realiza en regla, estaba en fase de extinción y con ella el futuro mismo de la Fiesta.

Ayer pude comprobar que esto no es así, que puede ser una situación reversible, que si el interés del público lo reclama, si exige que picadores y toreros la realicen como debe ser y, de esa forma, esta suerte recupere el protagonismo que nunca debió perder, es posible que vuelva a cumplir la función para la que fue creada y con ello aporte la emoción y la belleza que conlleva.

Del desarrollo de la corrida y los matices destacables de la misma otros escribirán con más detalle y sabiduría, incluso es posible que yo mismo, cuando se posen las sensaciones y las emociones, me atreva a escribir algunas líneas. Lo que quiero reflejar en esta reflexión precipitada es que la actitud del respetable -casi media plaza- rompiéndose las manos de aplaudir a un toro que se arranca al caballo por tercera, por cuarta, por quinta, por sexta vez, acudiendo al cite desde una distancia cada vez mayor, yendo a más y creciéndose al castigo, es un soplo de esperanza que aviva la mortecina llama de la Fiesta.

2 comentarios:

Antonio José dijo...

Hola.

Fue un placer conoceros y compartir la tarde de ayer, yo no me preocuparía de los matices, lo realmente importante fueron las sensaciones y las emociones, fueron lo que como bien dices nos trajo un aire de esperanza y lo que realmente da sentido a las corridas de toros.

Un fuerte abrazo.

javier dijo...

¡No todo está perdido!
Un fuerte abrazo y gracias por todo