“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

viernes, 8 de octubre de 2010

LOS TOROS AL MINISTERIO DE CULTURA COMO UNA FORMA DE HUIR HACIA DELANTE

Cuando los toreros y los profesionales de distintas especies que habitan a su lado están volcados en una campaña para conseguir que la Fiesta de los Toros pase a depender del Ministerio de Cultura -nos podemos imaginar con que intenciones-, son cada vez más las voces de toreros retirados, periodistas e intelectuales que se identifican como aficionados, que consideran esa iniciativa como un error que podría resultar catastrófico.

Pero lo más llamativo de los razonamientos que sostienen es que plantean sin tapujos que la mayor amenaza para la Fiesta está dentro de sí misma, que no son los animalistas ni los movimientos abolicionistas su mayor peligro para su desaparición, ni los políticos que se manifiestan en su pro o en su contra con la vista puesta en la recolección de votos, sino los que, desde dentro, están convirtiéndola en una pantomima exenta del contenido que la ha mantenido viva desde hace siglos y que están consiguiendo que los aficionados y el público estén desertando de las plazas de toros. El último Luís Francisco Esplá, que recibirá este año la Medalla de las Bellas Artes que concede el Ministerio de Cultura -el argumento más sólido de los que plantean el trasvase de Ministerio- ha declarado: "Lo que queremos es llevar a un tullido a agonizar a un hospital. El toreo está en un estado catastrófico y necesita una depuración. Sería una insensatez llevar el toreo a Cultura." 

Ese es el auténtico problema y no pueden solucionarlo los que lo han creado porque forman parte del mismo. No se cual será la solución, si es que la tiene, pero está claro que ese no es el camino. Quizás sería más acertado, como ha ocurrido en otros momentos de crisis por los que ha pasado la Fiesta, dejar que fuera el propio toro -en su total integridad y con todo el poder que su naturaleza le da- el que pusiera las cosas en su sitio. Muchos, si no casi todos de los que están, saldrían por patas, pero… ¿Quién le pone el cascabel al gato?

2 comentarios:

pedrito dijo...

¿La primera cosa, la màs importanta, si no LA solucion?
Invitar a los aficionados - los que pagan y asisten desde muchos años al cancer que socava la corrida- a dar sus opiniones...

Para empezar de romper la ley del silencio de la mafia, el fraude, las trampas.... Urge.
Un saludo aficionado

Sansera dijo...

Estoy de acuerdo en que el primer paso para mejorar la fiesta nacional es acabar con el fraude en las corridas de toros. Aunque, por desgracia, desde mi punto de vista es algo utópico. Cuando hay negocio, hay intereses...se pierde la esencia.

De todas formas todas las medidas serán bienvenidas, declarar encierros bien de interés cultural, etc.