“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

viernes, 15 de octubre de 2010

LA CARA Y LA CRUZ

La cruz fue la corrida de Valdefresno. Después de varios días sin poder acudir a los toros, en mala hora lo hice el 13 de octubre. Tenía cierta esperanza en que algún toro pudiera embestir pues, a lo largo de la temporada, habían dejado detalles para la esperanza, recuerdo uno muy bravo en Valencia, por Fallas, o el juego interesante de algún toro en Madrid, por San Isidro. No es que espera mucho, es la verdad, pero algún detalle… Nada de nada. Mansedumbre a raudales y descastamiento generalizado más que preocupante. El único que ofreció posibilidades, el primero de la tarde, mostraba tal invalidez que imposibilitaba cualquier lucimiento. El cuarto, un novillote con cuatro años justitos, no debió nunca de salir al ruedo pues estaba lesionado de las manos. Todos tenían querencia a las tablas y cinco se rajaron descaradamente y se desentendieron de la pelea. En definitiva, aburrimiento, un desastre de corrida que puede ser la peor de todo el ciclo -y mira que ha habido corridas malas- y que debería hacer reflexionar muy seriamente a los propietarios de esta divisa. Hasta que no muestre claros signos de recuperación, no debería volver a “La Misericordia”.

La cara fue la corrida de Cuadri. Y con ella la ilusión, que prende en el aficionado con facilidad en cuanto un toro se muestra como tal, volvió al día siguiente con los toros de don Fernando Cuadri. Lo primero decir que no hubo espacio para el aburrimiento pues cada ejemplar tuvo su ecuación que resolver. Hubo dos corridas, las de los toros herrados con el “4”, cercanos a cumplir los seis años en apenas dos meses, y los del “5”, más en el tipo de la casa y que ofrecieron mejor juego. Pero vayamos por partes porque después de tantos días de sequía la ocasión lo merece.

De los del “5”, noble y encastado fue el primero, “Berreón” de nombre. Un toro importante desaprovechado por Rafaelillo. A las primeras de cambio se vio que el pitón izquierdo, por el que iba largo y humillado, era una mina y el murciano pareció no haberse enterado. Se empeñó en torearlo por el derecho y solo al final de la faena se echo la franela a la izquierda, cuando el toro ya empezaba a quedarse más parado. Se confirmó una vez más que este torero no da la talla cuando tiene un toro claro. El quinto, “Remendón”, pedía los papeles y López Chaves no los tenía. Después de un primer tercio en el que el toro campó por sus respetos, el salmantino perdió la batalla nada más comenzar la faena, pues no consiguió poderle y se vio desbordado totalmente por las encastadas embestidas del “cuadri” de ahí en adelante. Con la espada un desastre, un compañero de localidad que se entretuvo en contar los intentos con la tizona y el verduguillo contó 8 pinchazos y 8 descabellos… casi nada. Mucho toro para un torero que desde hace años parece que no está en esto. Una pena. El sexto, el más joven y más complicado de la corrida, fue mal picado, mal banderilleado y peor lidiado. Javier Castaño mostró sus carencias como lidiador pues el toro, con peligro y malas intenciones, se revolvía raudo por los dos pitones. Merecía una faena de aliño, doblándose por bajo, pudiéndole… y a matar.

De los del “4”, más fuera de tipo, el tercero que, siguiendo los vuelos de un capote que asomó por un burladero, remató en tablas y se dejó el pitón derecho en el intento, resultó flojo, noble y colaborador. Castaño se empeño en realizar su clásica faena de arrimón y péndulo cuando el toro pedía otra cosa. No me gustó. El segundo fue el más deslucido de la corrida y el cuarto acabó echándose al final de la faena. En resumidas cuentas, y en mi opinión, dos corridas en una que mantuvieron la atención de aficionados y espectadores, en lo bueno y en lo malo, durante toda la tarde, algo que no había ocurrido en los festejos que, hasta el momento, he podido presenciar en esta Feria del Pilar del 2010. Esperemos que las dos corridas que quedan sigan en esta línea de interés, la de Alcurrucén de hoy, que no la podré ver, y la de mañana, de Partido de Resina, que por los signos de recuperación mostrados esta temporada, la espero con expectación. Ojalá que así sea.

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