“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

martes, 14 de septiembre de 2010

LA CUADRILLA GALÁCTICA

El toreo, como todo en la vida, tiene que evolucionar al ritmo que le marcan los tiempos. Es una ley de vida que deja en fuera de juego al que no la cumple. El toreo, uno de los espectáculos de masas más viejo y arraigado de entre los que se ofrecen en la actualidad, si ha resistido el paso del tiempo para mantenerse vigente, es debido a su capacidad para adaptarse a los gustos y las modas de cada época. Muchos avatares ha tenido que afrontar a lo largo de su historia la fiesta de los toros y, hasta el momento, de todos ha salido victorioso. Pero en la actualidad, a comienzos del siglo XXI, presiento que estamos en un momento importante, crucial para el arte del toreo -parecido al que tuvo lugar con la irrupción de “Joselito” y Belmonte hace, precisamente, un siglo y que ha pasado a la historia como la “edad de oro del toreo”- en el que se avecinan importantes cambios que deben situar esta vieja manifestación artística, de nuevo, en condiciones de seguir compitiendo por un lugar de privilegio entre las preferencias del gran público en este siglo que, recién, acaba de comenzar.

Las exigencias de las masas de espectadores que llenan estadios y campos de fútbol para ser testigos de un acontecimiento único son claras: demandan espectáculo, emoción, suspense, arte, sorpresas... A eso guión se deben ceñir cualquier espectáculo que pretendan ser centro de la atención del gran público y, por tanto, hay que adaptarse a estas exigencias pues no debemos olvidar el viejo refrán que sigue teniendo total vigencia de que “el cliente siempre tiene razón”. Este esquema de espectáculo funciona tanto en los eventos musicales como deportivos aquí, en Europa, allá, en América, y en muchos otros países de los cinco continentes. La fiesta de los toros tiene el potencial suficiente para convertirse en un espectáculo de masas moderno, de esta época y, si se vende convenientemente -que para eso existe una ciencia llamada marketing y profesionales que la dominan- no tiene que envidiar a ninguna otra disciplina artística o deportiva, si acaso no supera a las dos. Es por lo que viene mi reflexión en estos momentos de zozobra en el mundo del toro, de un lado, por el rechazo del que son objeto por parte de amplios sectores de una sociedad más civilizada que la de hace un siglo, y por el otro, mucho más grave, por el escaso interés que despierta y la escasa asistencia de público, salvo cada vez menos excepciones, a la mayoría de los festejos.

El espectáculo taurino, tal y como se ofrece ahora, está caduco y anquilosado. No responde a los paramentos modernos de los grandes eventos de masas. Es lento y atravesado por demasiados momentos aburridos que el publico de ahora no entiende ni tiene paciencia para soportar. Esos pasajes de dominio que antes eran necesarios para ahormar los toros y encontrar alguna posibilidad de lucimiento en la faena, y que tanto valoraban los viejos aficionados, ahora no son precisos porque los toros, gracias a la genética y el sabio tratamiento que de ella hacen los ganaderos, son más bravos que nunca y ya salen convenientemente ahormados de los chiqueros. Con el toro moderno es posible empezar el lucimiento desde el momento en que sale al ruedo. Espectáculo desde el primer minuto. Es preciso estrujarse la imaginación para sustituir los tiempos muertos y los poco lucidos por otros que capten la atención del público y lo mantengan enganchado desde el comienzo de la función. Es por lo que no hay que tener miedo ha romper los corsés del clasicismo que maniatan a la fiesta y que con tanto ahínco defienden los aficionados puristas, y dar un paso decidido y sin complejos hacia el porvenir. Sin duda, debido al gran retraso con que se acomete, será un proceso complejo pero no dudo que dentro del mundo del toro, acuciados como están por una situación cada vez más asfixiante, tomaran cartas en el asunto porque en ello les va su futuro. No voy ha entrar en esos terrenos de la organización y comercialización del espectáculo porque ni entiendo, ni me incumbe, ni quiero, … pero si dejar escritas algunas ideas -ya que como aficionado a los toros si que tengo una opinión personal y subjetiva sobre los que se ofrece en el ruedo- de como podría desarrollarse la corrida de toros en un futuro no muy lejano.

Para empezar hay que partir de la base de que la cuadrilla actual no es la formación más apropiada para fijar el interés del público desde el primer momento. En el alto nivel de profesionalización y exigencias en los que se mueven los grandes eventos de masas hay que fichar a los mejores para cada fase de la lidia. Es la forma de conseguir captar la atención del publico a lo largo de todo el festejo, como ocurre en los grandes conciertos de artistas consagrados o en las competiciones deportivas de élite mundial. Para eso no sirven las cuadrillas actuales. Ahora lo que se impone es formar un equipo equilibrado y capaz de brillar en todos los tercios. Desde el momento que salta el toro al ruedo es preciso aprovechar todas sus embestidas, de eso se debe ocupar un especialista en el manejo de la capa que domine un amplio repertorio de lances. Los picadores y sus jamelgos forrados de guata sobran en la fiesta del futuro, su función debe ser sustituida por caballeros montados en bonitos caballos que claven los rejones de castigo necesarios para ahormar al toro con precisión y elegancia. Para clavar las banderillas, la suerte que más condiciones físicas necesita, se precisa un banderillero que, además de entender al toro, los sepa correr y recortar con solvencia y facultades físicas. La faena, momento cumbre de la lidia actual, debe de estar en manos de los grandes muleteros, los que consiguen parar el tiempo y dibujar ese trazo en el aire que se queda grabado para siempre en la memoria de los espectadores. Y de la estocada, que es la suerte suprema, la que da y quita trofeos, se debe ocupar un gran estoqueador que, además, sea seguro en su ejecución. Toda la lidia del toro, desde su salida al ruedo hasta su muerte, debe ser un espectáculo y mantener en vilo la atención del público. Para ello hace falta una cuadrilla -un equipo- de artistas para cada uno de los tercios de la lidia, una “cuadrilla galáctica”.

Para finalizar, me voy a permitir un pequeño juego que los lectores que lleguen hasta aquí también pueden jugar si lo desean. Seguro que, como ocurre con la selección de fútbol, que cada hincha tenemos un equipo diferente, no coincide con los toreros que selecciona un servidor para esta “cuadrilla galáctica”. Mi alineación sería: Para recibir el toro y dejar un ramillete de verónicas esparcidas por el ruedo, Morante de la Puebla; para clavar los rejones de castigo, la elegancia y el señorío de Pablo Hermoso de Mendoza; para convertir el tercio de banderillas en un juego emocionante y atlético, David Fandila “El Fandi”; para la faena de muleta, con ese empaque y esa hondura que no se recuerda desde que Antonio Ordóñez abandonara la profesión de torero, José María Manzanares II; y para la estocada, suerte suprema y decisiva para la consecución del triunfo, un matador seguro, Julián López “El Juli”… y su “julipie”… ¡Qué!... ¿Buen equipo, no?... ¡Para ganar la "Champions League" del toreo!

Antes de colocar el punto final de este artículo, porque ya se ha alargado más de lo que debía, agradecer a don José, gran amigo y compañero desde los tiempos de la escuela, y a su compadre don Pepe, la amabilidad de prestarme un espacio, en este su Blog, para poder manifestar, con total libertad y sinceridad, mis proyecciones de futuro y mis opiniones, muchas veces contrarias y divergentes de las de los titulares del mismo, sobre todo de don Pepe, buena persona pero uno de esos aficionados anclados en el pasado, defensores de un clasicismo aburrido y trasnochado que se resisten ha aceptar con naturalidad el inexorable paso del tiempo. Espero que algún día lo entiendan, don José es más receptivo y abierto de mente que su amigo, que sepan adaptarse a los nuevos tiempos que vienen y que miren con ilusión el porvenir. 

Leandro Gado Más 
Científico jubilado y Futurólogo taurino.

No hay comentarios: