“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

miércoles, 3 de junio de 2009

ASÍ SÍ

Así es como debe venir presentada una novillada a una plaza de primera, como vino la de Tomás Prieto de Cal, el pasado domingo, a la plaza de “La Misericordia” de Zaragoza. Es preciso dejarlo claro antes que nada -y más después del chasco de la semana pasada- porque en estos tiempos que corren no es lo habitual. Y no es que fuera una presentación fuera de lo normal la de los novillos, fue como debe ser una novillada en una plaza importante: pareja, en tipo y con defensas acordes a su condición de utreros. Además salió brava, noble, encastada y embistiendo en la muleta. Por contra, y ese fue su gran defecto, resultó floja, sin poder, por lo que hubo que cuidarla en los caballos y no se les pudo bajar la mano en el último tercio.

Después de la novillada del mismo hierro que presenciamos el pasado año en este mismo ciclo, que tuvo escasez en todo y fue decepcionante, resultó una agradable sorpresa contemplar el comportamiento del lote de utreros que Tomás Prieto de la Cal ha presentado este año. Todos embistieron al caballo con alegría y desde lejos -cuando los pusieron- y repitieron sin dudarlo en una segunda vara que, la mayoría de las veces, fue testimonial debido a su ya comentada escasez de fuerzas. Incluso hubo uno, el tercero, que lo pusieron para una tercera vara en el centro del ruedo, con un remate que lo dejó enfocado hacia el caballo que hacía la puerta, lo vio y se fue hacia él, el subalterno situado junto al picador, en vez de darle un capotazo para afuera, lo metió debajo del caballo y así, de esta manera tan poco agradecida, tomo el novillo la tercera vara. Un ejemplo de como se desarrolló la lidia a lo largo de toda la tarde. En banderillas todos se vinieron arriba, apretando pero sin malicia. Y para la muleta, algo novedoso en este hierro con respecto a los últimos tiempos, tuvieron recorrido y duración. Todos metieron la cara y embistieron con nobleza. El problema es que todos, por desgracia, se fueron sin torear... y nos quedamos con las ganas. Este es el mayor problema de la Fiesta en estos momentos, que a pesar de los toros bobalicones que salen por los chiqueros, siempre sobra toro, no hay toreros ni novilleros capaces de torear como mandan los cánones, aplicar las reglas del toreo y, por supuesto, emocionar. En la misma medida en que se disminuye al toro, los toreros, al no necesitar su uso, van olvidando las distintas suertes que se forjaron a través del tiempo para enfrentarse a toros bravos. Pero por este camino nos adentramos por derroteros que se alejan del propósito inicial de este escrito.

Centrémonos pues en la novillada de Tomás Prieto de la Cal. La cosa empezó fenomenal y, nada más comenzar el festejo, pudimos contemplar lo que luego resultaría lo más torero de toda la tarde, el recibo de Pepe Mayor a su primer novillo, cuatro verónicas y una media en el tercio del tendido 3 que arrancó la ovación unánime del respetable. Luego poco más, los novillos estuvieron siempre por encima de los novilleros y de sus cuadrillas, les vinieron grandes porque tenían movilidad y, ya se sabe, cuando el toro se mueve... ¡a correr! En su descargo decir que el tercero de la terna, Javier Antón, debutaba como novillero con picadores esa tarde; el segundo, Joao Augusto Moura, que no hace ni un año que debutó en este escalafón; y el primero, Pepe Mayor, un novillero con 45 años que no ha toreado ni media docena de novilladas picadas y que, con más afición que oficio y facultades, se vio desbordado en sus dos novillos. Con este escaso bagaje lo más normal es naufragar ante una novillada, aunque noble, exigente por presencia, casta y bravura de los seis ejemplares. ¿Qué hubiera pasado con una lidia ordenada y los mejores novilleros para torearla? Esto ya entra en la categoría de los sueños y las elucubraciones, a las que somos tan dados los aficionados, pero es posible que hubiera sido una tarde triunfal para los novilleros, para el ganadero, para los que allí estábamos y para la Fiesta en general. Los novillos ofrecieron condiciones para ello y los novilleros no supieron aprovecharlas.

Pero este problema no es nuevo, es algo que viene sucediendo desde hace mucho tiempo y es un mal que se va agravando conforme pasa el tiempo. Se ha dado recientemente en la Feria de San Isidro con la corrida de Palha, la mejor corrida y la más exigente de todo el ciclo con los toreros menos apropiados para torearla, los desahuciados del escalafón. Una corrida para hacer grande a la Fiesta que se convierte en una losa. Y no solo por la desgracia de la cogida de Israel Lancho, sino por ver, una vez más, esfumarse la posibilidad de ver el toreo grande ante toros con poder. Paulita tuvo un cuarto toro, que embestía con nobleza y metiendo la cara, para salir por la puerta grande y quedar como triunfador indiscutible de la Feria y, “como el agua que entre las manos se me va”... se le escapó. Es una pena, pero los toros y los toreros que harían grande esta Fiesta de nuevo no se ven las caras en los ruedos. Los que tendrían que demostrar su poder ante los toros buenos, en aras de la “comodidad” que les permite su condición de figuras, se dedican a matar animalejos domesticados impropios de una fiesta que lleva su nombre. Pero esta es la mayor contradicción del sistema taurino actual, cuando en este mundo competitivo en el que vivimos se pelea a muerte por ser el número uno en su disciplina, en el toreo, los mejores, los figuras, que debieran ser los que generaran mayor emoción y maestría, compiten por la menor dificultad, por la mayor comodidad, por un alivio mayor. Mal va la cosa, y este artículo también, por esa senda, en su momento, este y algún otro de los temas apuntados líneas arriba, tendrán cabida en este Blog. Ahora es hora de ir enfilando hacia el punto final.

El mejor recuerdo de la tarde del pasado domingo, 31 de mayo de 2009, y lo más esperanzador, es la favorable evolución que ha experimentado la ganadería de Tomás Prieto de la Cal durante este año. En abril del pasado año participó en la Corrida Concurso de nuestra plaza y quedó ganador don el toro “Farolero”, después de que entrara siete veces al caballo, las dos últimas de punta a punta de la plaza, el toro, quizás por el castigo recibido, se apagó muy pronto en la muleta. Al día siguiente lidió una novillada que resultó decepcionante en todos los sentidos, lo más preocupante era ver como los novillos se quedaban parados en el último tercio. En verano presencié la novillada que se lidió en Lodosa en donde destacó un magnífico novillo, “Castañero”, encastado, bravo, noble y que embistió sin parar. En la Corrida Concurso de este año presentó un gran toro, “Pajarraco”, que para parte de la afición hizo más méritos para ganar el premio que el vencedor. Después de recibir cinco varas tuvo fuerza y clase para embestir con nobleza durante cuatro o cinco series. La novillada del pasado domingo confirmó esta evolución, salvo el quinto que fue más exigente, fueron nobles y embistieron. Solo una última cuestión con respecto a la fuerza y la nobleza que fue una constante a lo largo de toda la tarde; los novillos más nobles y que más humillaban -1º, 2º y 6º- resultaron los más flojos; el más dificultoso y que exigía mayor dominio, el 5º, el que más poder tuvo. Esperemos que la evolución apuntada se confirme en el futuro y, como soñar es gratis, que los figuras se peleen por torear los toros de Tomás Prieto de la Cal.

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