“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

viernes, 20 de marzo de 2009

SOBRE LA CORRIDA CONCURSO DE ZARAGOZA

Una buena noticia. Según lo adelantado por algunos medios, y aunque los carteles no son todavía oficiales, la Corrida Concurso de Zaragoza cambia de fecha y, en vez del jueves 23, se dará el domingo 26 de abril. Una buena noticia y, como digo en el último párrafo del artículo anterior, es preciso rectificar la opinión de lo allí dicho sobre la fecha elegida para ese festejo y así se hace. Ahora, y una vez rectificado el error, pasemos a ocuparnos de otras cosas que, por la gravedad del bajonazo que se le asestaba a la Corrida Concurso programándola el día elegido en primera instancia, se quedaron en el tintero.

Lo principal de una Corrida Concurso de Ganaderías, como su propio nombre indica, es ver el juego de los toros, ellos son los protagonistas principales -y más en estos tiempos en los que la inmensa mayoría de los que saltan al ruedo son esos animalejos disminuidos y colaboradores al servicio de la toreria andante que, más que miedo, dan lástima- y las cosas, en ese tipo de festejos, deben de hacerse para lucimiento del toro. Por eso es preciso cuidar todos los detalles de la lidia y de eso se deben ocupar los matadores, los subalternos y, sobre todo, los picadores. Los profesionales encargados de lidiarla deben ponerse en situación y preocuparse de hacer las cosas como deben de hacerse. Todos saldremos ganando si así ocurre: los ganaderos, que porque podrán ver el comportamiento de su toro, seguramente escogido, en una lidia completa y exigente; los toreros, porque si demuestran su capacidad lidiadora, corten orejas o no, saldrán muy fortalecidos en su reputación; los aficionados, porque nos habremos dado a nuestro pasatiempo favorito, tratar de entender las seis ecuaciones planteadas en el ruedo por los diversos toros participantes; y los espectadores, porque tendrán la ocasión de comparar la diferencia entre una corridita para figuras -como la que, precisamente, se programa para el día anterior, sábado 25 de abril- y una corrida de toros.

Por eso adquiere gran importancia la elección de los matadores que se anuncian en este tipo de festejos y en este aspecto, en mi opinión, la corrida flojea. Por desgracia, en estos tiempos, no andamos muy sobrados de toreros capaces de afrontar con solvencia un festejo de este tipo, lo que debería ser enseñanza obligatoria para todos los aspirantes a toreros, como son los conocimientos básicos de la lidia de reses bravas, sin cuyo dominio ningún aspirante debería poder doctorarse, se ha convertido en algo accesorio. En las Escuelas de Tauromaquia actuales se priman otras enseñanzas, porque el objetivo no es crear toreros sino figuras. La técnica de la lidia se aprende después, por necesidad, cuando los aspirantes a figuras que se van quedando en el camino, si siguen conservando el valor y la afición, se tienen que buscar la vida toreando el ganado que les toque en suerte por todo tipo de plazas. Es entonces cuando se aprenden, a sangre y fuego, los recursos fundamentales de la lidia. Esos toreros, de los que hay unos cuantos en el escalafón, son los que se necesitan para lidiar una Corrida Concurso, y de esos no se anuncia ninguno para la de Zaragoza. No voy a entretenerme en ponerles nombre, háganlo ustedes mismos si lo desean.

Pero si quiero nombrar a dos toreros que compartieron cartel en la Corrida Concurso del pasado año: Jesús Millán y Serafín Marín. Ambos tuvieron una actuación destacada, aunque en sentido divergente. El catalán estuvo bien en sus dos toros, los lidió con conocimiento de causa, y si su primer toro se acabó después de un gran tercio de varas, en el que tomó siete puyazos, y no pudo realizar faena, en su segundo hizo lo propio, y como después de cinco varas el toro llegó con aire a la muleta, le instrumentó una faena sólida y emocionante hasta que resulto cogido aparatosamente y tuvo que ser retirado a la enfermería. Triunfo en toda la regla, porque además de hacer las cosas bien en sus dos toros, cuando pudo, toreó. El aragonés, en cambio, estaba en otra fiesta, a su primero lo cambio, ¡en una Corrida Concurso!, con dos puyazos... y el presidente asintió, ninguno de los dos debía saber en que clase de festejo estaban. Mientras tanto, en el callejón, el ganadero se tiraba de los pelos, los aficionados trinaban y el torero hacía gestos de que no lo entendía. A su segundo, que hacía quinto de la corrida, lo mandó masacrar en varas y el toro, después de ese trámite, quedó para el arrastre, tanto el ganadero, como los aficionados, nos quedamos compuestos y sin toro. Fracaso total, pero lo más grave del tema es que el torero estaba convencido de haber hecho las cosas bien, según declaró al final de su actuación. Pues paradojas de la vida: Jesús Millán, que no se lo merecía, está anunciado de nuevo en la de este año; Serafín Marín, que se lo ganó por su buena labor en el ruedo, que triunfó y hasta lo pagó con sangre, no está en el cartel. No sé las razones por las que Serafín no está anunciado este año, pero si no es por decisión propia es una injusticia.

Lo importante de la Corrida Concurso es la filosofía con la que se enfoque. Tan importante como darla es la forma como se desarrolle y el cuidado que se ponga en su organización. Debe ser un festejo modelo en donde se cuide, sobre todo, la selección del ganado y el compromiso de los ganaderos de venir a competir con lo mejor de su casa; deben escogerse los toreros más adecuados y, tanto las cuadrillas como los picadores, deben esforzarse por realizar las suertes con la mayor pureza posible; y la autoridad debe cumplir su papel y hacer que las cosas se hagan con el mayor rigor posible. Seguramente este enfoque significará un aumento en los gastos, pero si se quieren los mejores toros, y los toreros más adecuados para lidiarlos, habrá que pagarlos. Con el cartel de toreros que se anuncia para este año parece que la filosofía de la empresa es la contraria, una forma de cumplir el expediente y tratar de que resulte lo más barato posible, mediante la contratación de toreros regionales con poca experiencia y, en principio, poca solvencia para semejante reto.

En mi opinión, el camino es el primero, invertir, reforzar, consolidar la Corrida Concurso, ampararla dentro de un fin de semana de carácter torista, rodearla de actividades relacionadas, conseguir que un fin de semana de abril “La Misericordia” sea el centro de atención de los aficionados españoles y franceses. No hay que olvidar que Zaragoza se encuentra en una situación geográfica privilegiada, en un radio de trescientos kilómetros con respecto del suroeste francés, Cataluña, Euskadi, Navarra, La Rioja, Castellón, Valencia y Madrid, sitios en los que aún queda algún rescoldo de afición. Volviendo la vista a lo sucedido el pasado año, fueron muchos los aficionados de estas zonas reseñadas que se dieron cita en nuestra plaza durante el fin de semana de la Concurso, y lo que es más importante, algunos de los que estuvieron entonces volvieron para la Feria del Pilar. Seguir por ese camino de recuperación del prestigio y la seriedad de nuestra plaza será bueno para los aficionados, tanto de aquí como de los alrededores, beneficioso para los empresarios y fenomenal para la Fiesta.

En los últimos años, sobre todo en Francia donde tienen más influencia los aficionados, han proliferado las Corridas Concurso de Ganaderías. Quizás sea una forma de revelarse contra la pantomima repetitiva y falta de emoción en que se han convertido la corridas en la actualidad, en la que el toro ha perdido todo el protagonismo y está condenado a jugar un papel secundario de mero comparsa. Quizás la ocasión para volver a darle la importancia que tiene, la que nunca debió perder, al toro. Quizás una forma de comprometer a los pocos ganaderos románticos que todavía siguen criando el toro bravo y que, como vulgarmente se dice, se tienen que comer sus toros con patatas. Quizás una salida para esos toreros curtidos que se ven condenados al ostracismo porque no están en la rueda del negocio. Quizás otra forma de despertar la afición en los espectadores ocasionales. Quizás una forma más de recuperar la Fiesta íntegra y auténtica que reclamamos los aficionados. Por eso la Corrida Concurso debe ser una corrida modelo, un punto álgido de la temporada zaragozana y cita obligada de los aficionados. Para conseguir ese objetivo no deben escatimarse medios ni esfuerzos.

1 comentario:

Cárdeno dijo...

Pues eso..., al pan,...pan, y al vino,... vino.

Y sin hablar del concurso de Cuadras de Caballos de Picar...

Salud y suerte.