“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

lunes, 30 de junio de 2008

La coleta

Hace poco tiempo, apenas unos días, presenciando una corrida de toros en la plaza de una ciudad que no viene al caso nombrar, se situó en el ruedo, delante de la localidad que yo ocupaba, en espera de la salida de uno de los toros de su matador, el subalterno que porta la coleta que refleja la fotografía que ilustra esta entrada.

Me llamó la atención semejante coleta. Al contemplarla, lo primero que me vino a la cabeza fue preguntarme: ¿Cómo se sujetará la coleta este subalterno? Tres respuestas se ordenaron inmediatamente en mi mente:
a) La lleva pegada en la montera.
b) La llevará pegada a la cabeza.
c) Es natural, como la de los mandarines.

De las tres hipótesis, la primera me parece la más lógica. Es la más cómoda, si todos los toreros, salvo rarísimas y contadísimas excepciones, utilizan un postizo sujetado en el pelo, ¿qué más da que en vez de en el pelo se sujete en la montera? Lo de llevarla pegada el cuero cabelludo, además de engorrosa, es una solución sucia y complicada, porque entre en acción un elemento como el pegamento, al que hay de manejar con cuidado y respetando unos tiempos de secado, para no plingarse. Otra argumento que avala esta tesis es que el uso continuado de pegamento en el cuero cabelludo no puede ser bueno para la salud del mismo; y otra razón no menos importante que, aunque no es mala para la salud, si lo es para el bolsillo, porque el postizo, con tanto pegar y despegar, se deteriorara más rápidamente y habrá que sustituirlo con más frecuencia, con el consiguiente gasto. La más torera de las tres hipótesis, y la más llamativa, sería la tercera, llevar una coleta de pelo natural, como los toreros antiguos, aunque no creo que sea esta la solución adoptada, porque el patrón de cabeza rapada y coleta de pelo natural no creo que sea del gusto de los toreros. Por estas razones, entre otras, me inclino por la primera solución: coleta pegada a la montera.

En el último toro de la tarde estuve pendiente del tercio de banderillas, pues este subalterno, que iba como tercero de la cuadrilla de uno de los matadores actuantes, tenía que entrar en el segundo par. Mi deseo era que pusiera un gran par y que tuviera que desmonterarse para recoger la ovación del respetable, de esa forma, y por añadidura, podría cerciorarme de cual era la solución verdadera de este enigma. No pudo ser, entró al par que le correspondía, pero lo hizo de forma atropellada y sin tener en cuenta que en el anterior el toro había echado la cara arriba y, como era de prever, hizo lo mismo en este segundo. No prendió ningún garapullo, fue como si rebotaran, salieron volando cada uno por un lado distinto del costillar y, más que ovacionado, fue pitado…Y yo me quedé con las ganas de saber la solución del enigma de la coleta.

Nota:
Si alguno de ustedes, señores lectores de este Blog, ven una día cualquiera, en una plaza cualquiera, en una corrida cualquiera… un subalterno que se corresponda con el que muestran las imágenes contiguas y, por casualidad, lo ven desmonterado o desmonterarse, les agradecería que me lo comunicasen para salir de la duda.

1 comentario:

Corrochanito dijo...

Pues si te sirve de ayuda yo al francés este le he visto que el añadido lo lleva cosido en la montera.
Al nefasto subalterno que responde por "Niño de Santa rita" también se lo he observado en la montera.

Dan muy bien el pego.