“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

viernes, 27 de abril de 2012

"INFELIZ": UN TORO BRAVO Y NOBLE

Lo fundamental para que se produzca el arte del toreo es que el actor principal de la función, que no es otro que el toro, reúna tres condiciones: La primera, que tenga poder suficiente para cumplir con todos los trámites de la lidia; la segunda, que se bravo; y la tercera, que sea noble en su embestida. Esas tres condiciones, en diferente grado, tuvo el toro "Infeliz", un cinqueño de "Torrestrella" que resultó el ganador de la Corrida Concurso de Ganaderías de Zaragoza 2012. Tuvo poder suficiente para cumplir en los tres tercios, acudiendo al caballo con presteza las veces que se lo solicitaron, creciéndose y persiguiendo hasta las tablas en banderillas, y embistiendo con entrega y nobleza durante la faena de muleta. Fue bravo, pues en las cuatro varas que recibió, cada vez puesto desde un poco más lejos del caballo, empujó con fijeza. Y fue noble, pues la embestida que desarrolló fue clara y propicia para la creación del toreo. Fue lidiado por Antonio Ferrera que si bien, y en mi opinión, no estuvo a la altura de la calidad del toro y no desarrolló la labor artística que se podía vislumbrar de su bravura y nobleza, sí entendió las circunstancias de lo que debe ser una Corrida Concurso y se preocupó de la lidia y de poner  y quitar al toro del caballo con presteza y solvencia, colocándolo a mayor distancia en cada vara, siendo la última desde más allá del centro del ruedo, y entrando prestó a los quites. En la faena de muleta, eje del toreo moderno, el torero fue desbordado por el caudal de bravura y nobleza del toro, pero: ¿Qué torero de los modernos no lo hubiera sido? El toro bravo, aunque sea tan noble como lo fue "Infeliz", exige valor y dominio de la técnica del toreo y, a las pruebas me remito, los toreros que hoy comandan el escalafón -y todos los demás si pudieran- quieren el toro noble pero bobo y dócil, "colaborador" lo llaman los taurinos, y eso está en las antípodas de la bravura, cosa y condición de la que huyen los "figuras" del momento -y todos los demás- como de la peste.

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