“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

lunes, 28 de noviembre de 2011

CASUALIDAD O MALDICIÓN

Al buscar información sobre la canción que hemos enlazado hoy en el CANCIONERO TORERO -"Pepete, mátelo usted", interpretada por Gracia de Triana- nos hemos encontrado con tres historias de tres toreros que utilizaban el mismo apodo, Pepete, y que tuvieron el mismo trágico final, la muerte del protagonista a consecuencia de las cornadas recibidas en el ruedo: José Dámaso Rodríguez, de Córdoba, José Rodríguez Davie, de San Fernando, Cádiz; y José Claro, de Sevilla. Los tres Pepetes murieron de cornadas tan severas que su agonía duró muy poco tiempo. En el primer caso, sólo tres minutos, tras una lesión en el corazón; en el segundo, unas horas, con herida en el muslo que le causó tremendos dolores; y en el tercero, luego de fugaces minutos, con plena conciencia del torero que por ese hoyo que hizo el pitón destrozando la femoral. Tres historias distintas con idéntico final que no sabríamos calificar como casualidad o maldición.

El primero, José Dámaso Rodríguez Pepete, nació en Córdoba, en 1824, y desde pequeño quiso ser torero. Se cuenta que cuando el novelista francés Alejandro Dumas visitó Córdoba, Pepete actuó como guía en una excursión por la Sierra Morena. Pronto consiguió fama por sus condiciones y valentía en las cuadrillas de José Redondo El Chiclanero y Antonio Luque Camará. Se doctoró en Madrid, de manos de Cayetano Sanz, matando al toro “Lagartijo” , de Gaviria. Su fama creció rápidamente y los públicos lo exigían en los carteles de más fuste. Alcanzó triunfos en Madrid, sobre todo en 1858, su año cumbre. Fue en 1862, cuando la empresa de Madrid lo contrató para torear el 20 de abril. En segundo lugar salió un berrendo en negro alunarado botinero y capirote y de cuerna corta, de la ganadería de Miura. El toro embistió al picador Antonio Calderón dándole un tumbo. Pepete saltó de inmediato la barrera para hacerle el quite al varilarguero. Para su mala suerte, el toro “Jocinero” lo enganchó por la cadera, causándole un puntazo sin importancia, pero quedó a su merced y el burel le lanzó dos asesinos derrotes, causándole una profunda herida en el pecho que le partió el corazón. El torero aún tuvo fortaleza para levantarse, llegar a la barrera  y, pocos minutos antes de morir en la enfermería, preguntarle al médico de la plaza: "Doctor ¿Es algo?".

Cinco años después, nació en San Fernando, Cádiz, José Rodríguez Davie, Pepete, el 14 de mayo de 1867. Su trayectoria, como la de su antecesor, también fue vertiginosa. Su fama comenzó a despuntar en 1887 en la cuadrilla de Joaquín Rodríguez Punteret. Antes de tomar la alternativa toreo en Montevideo, Uruguay, y retornó a España para doctorarse en el Puerto de Santa María, el 30 de agosto de 1891, de manos de Luis Mazzantini. Estampa de torero presumía este Rodríguez Davie, de elegantes trazos, con valor y personalidad. Reunía empaque y con ese toreo de alta escuela lidió los años siguientes, realizando viajes a Sudamérica, hasta que llegó el trágico día del 12 de septiembre de 1899, en la plaza de Fitero, Navarra. El tercero de la tarde, “Cantinero”, de la ganadería navarra de Zalduendo. Al finalizar el segundo tercio persiguió a Pepete y al saltar la barrera, en el callejón, lo enganchó el toro, lo zarandeó como un muñeco de trapo y lo lanzó de nuevo al ruedo, dándole entonces una cornada grande en el muslo derecho, de dieciocho centímetros de profundidad y seis de anchura, a consecuencia de la cual murió al día siguiente.

Unos años antes había nacido en Sevilla, el 19 de marzo de 1883, José Claro, Pepete. En 1904 debutó en Sevilla y en Madrid. Ese mismo año, tomó la alternativa en la Real Maestranza de manos de Bonarillo, doctorado que confirmó dos años después en Madrid, el 27 de mayo de 1906. Se presentó en México, en la segunda corrida de la temporada en el coso del “El Toreo”, el 10 de noviembre de 1907, causando una buena impresión por sus hechuras de torero elegante y de calidad, lo que le valió para torear tres corridas más, dos de Piedras Negras y otra de Tepeyahualco. Su mejor temporada española fue la de 1908. Retornó a México en la campaña 1909-1910 y sumó seis corridas con buenos resultados. La tragedia le sobrevino el 7 de septiembre de 1910 en la plaza de Murcia. Toreaba mano a mano con Rafael González Machaquito, toros de Parladé. El primero de la tarde, “Estudiante” dio un tumbo al picador Majito y al acudir Pepete para hacerle el quite, el burel lo arrolló y le infirió un cornada en la ingle derecha con ruptura de la femoral. Minutos después moría en la enfermería, consciente de que por la herida se le escapaba la vida, y escuchando el gran triunfo que consiguió Machaquito con los buenos toros de Parladé que se habían lidiado en esa tarde tan negra para él.

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