“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

miércoles, 11 de mayo de 2011

LAS CLAVES DEL TOREO MODERNO

En Sevilla, en su recién terminada Feria Taurina de Abril, han quedado establecidas las bases del toreo del siglo XXI. Era preciso establecer las leyes del toreo moderno, el nuevo patrón en el que basarse para juzgar lo que sucede en el ruedo, y Sevilla era el sitio ideal. El beneplácito de una “catedral” del toreo, como lo es la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, ha significado la pontificación de unas nuevas normas sobre las que se pretender atraer un nuevo público a las plazas y la posibilidad de que la Fiesta de los Toros se consolide y retome el vuelo y el favor del público. Si una de las estrategias establecidas por el “taurinismo” para afrontar la crisis de público en las plazas es la del triunfalismo, de lo que ya escribí en su día en este mismo Blog, en Sevilla, en su recién terminada Feria Taurina de Abril, se han dado un par de circunstancias que han venido a consolidar esta estrategia y han servido para consagrar las formas de la tauromaquia del nuevo siglo, tanto en el tipo de toro requerido como en la forma de torearlo.

Resumiendo lo ocurrido en Sevilla, en su recién terminada Feria Taurina de Abril, en donde se prima el “toro bonito” antes que el trapío, tenemos que sacar la conclusión de que los toros que se han prestado al lucimiento estaban todos en la edad de novillo, cuatro años recién cumplidos, por lo que podemos deducir que el toro necesario para que se produzca el “nuevo arte del toreo” debe ser un novillo que parezca un toro. Casualmente este tipo de toro sale al ruedo con unos pitones que al primer roce con el peto del caballo ser convierten en auténticas brochas -si no es que pierde parte de un pitón y el comentarista televisivo, con fina ironía, dice que “ahora el pitón queda más corto pero más astifino”-. Otra de las conclusiones con respecto al toro, después de ver los momentos más brillantes de la recién termina Feria Taurina de Abril de Sevilla, es la necesidad de “cuidarlo”, como aseguraba el “sumo pontífice” de la tauromaquia moderna, don Enrique Ponce, tras matar uno de sus toros: “he tenido que cuidarlo desde el principio”. Lo mismo decía, con las mismas o parecidas palabras, el beatificado J. M. Manzanares, al comentar su famosa faena del indulto a un “cuvillo”. En esta nueva tauromaquia del siglo XXI, todo lo que se le hace al toro desde que salta al ruedo, debe estar en función de la faena de muleta.

Estas nuevas formas de la tauromaquia moderna conllevan la desaparición de la suerte de varas, antaño piedra angular para calibrar la bravura del toro. Todos los toros que han posibilitado el triunfo en la recién terminada Feria Taurina de Abril han pasado por el caballo con dos “puyacitos” de puro trámite. El toro moderno ya sale listo para la lidia desde que salta al ruedo, la suerte de varas es innecesaria salvo -por eso todavía no ha desaparecido del todo- en los toros que aún conservan algo de poder y, por su movilidad, ofrecen dificultades a los toreros, entonces se utiliza para aniquilarlos. La función que desempeñaba antiguamente, en que era considerada el “eje de la lidia”, para calibrar la bravura y el poder del toro y, a partir de ahí, valorar la forma de resolver la ecuación por parte de su lidiador, ya no es la norma. Del toro ya no se busca que sea bravo, la bravura conlleva numerosos problemas que resolver, se busca que aguante el tiempo suficiente sin derrumbarse y colabore en la faena de muleta, que pase de un lado a otro acudiendo al cite dócilmente cuando se lo solicite el “artista” encargado de lucirse con él.

Pero el toro siempre ha estado en función del toreo imperante en cada época, en esta de principios del siglo XXI nos esta tocando vivir la de la “estética”. El nuevo toreo se basa en componer la figura y una vez compuesta esperar que el toro atienda el requerimiento del cite y acuda solícito y con rectitud al encuentro. El último gran descubrimiento de los “figuras” del momento es que descargando la suerte -echando la pata atrás- se alarga el recorrido del animal, aunque no se le somete. Un animal que se presta a este juego del “voy y vengo” es algo muy distinto a un toro que defiende su vida en el ruedo. Aunque sean animales parecidos en la forma, en el fondo son muy distintos. Un toro bravo que lucha por su vida en el ruedo y no se entrega hasta el final, y un torero que le planta cara y se juega la suya para dominarlo y, si es posible, torearlo con arte, propicia la “emoción” en los espectadores. El tipo de toro actual, dócil y previsible, a la medida de los nuevos “pontífices” del toreo moderno, ha erradicado el fuego de la “emoción” de las plazas de toros, que era el valor más seguro de la Fiesta, sustituyéndolo por la frialdad de la “estética” y el aburrimiento. No creo que sea bueno el cambio ni que el triunfalismo desmedido lo remedie, porque la gente que se emociona en un espectáculo vuelve, la que tan solo se entretiene un día, quizás no vuelva jamás. En la recién terminada Feria Taurina de Abril ha pasado, aun a pesar de haber vivido momentos que deberán quedar grabados con letras de oro en la historia de la Real Maestranza de Caballería, el público se aburrió muchas tardes... y eso es mala cosa. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me parece un blog estupendo, mucha información como hacía tiempo que no veía por internet y sobre todo por gente que se ve que vive el mundo de la tauromaquia. Enhorabuena por el blog! también os quería dejar la dirección de facebook dónde interactúo yo a ver si os animáis!! www.facebook.com/cazaworld un saludo!!