“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Casta y bravura

Casta y bravura es un pasodoble aflamencado, creación de Rafael Farina, dedicado a la saga de los ganaderos salmantinos Pérez-Tabernero y, además, uno de los más desconocidos de su repertorio, pues es raro encontrarlo en Antologías o Recopilatorios. Compuesto por Bonald y Campoleón, es un homenaje a esta familia de ganaderos que desde finales del siglo diecinueve se vienen dedicando, sin interrupción, a la crianza de toros bravos en tierras de Salamanca. Son, si no la más importante, una de las sagas de ganaderos con más tradición y prestigio, no en vano, en 1980, según el ranking que estableció D. José de la Cal en “Las Ventas, cincuenta años de corridas”, la de D. Antonio Pérez de San Fernando ocupa el primer lugar con 397 toros y 63 novillos, mientras que la de D. Alipio Pérez-Tabernero Sanchón, ocupa el cuarto puesto, tras la de D. Atanasio Fernández Iglesias, y la de Pablo Romero, con 205 toros y 54 novillos lidiados en la plaza de Las Ventas.
En la actualidad la familia Pérez-Tabernero, con todas las ramificaciones surgidas a lo largo del tiempo, sigue oc
upando un importante puesto entre las ganaderías de Salamanca, aunque el juego de sus toros de lidia no estén a la altura de los que nos cuenta la historia. Esperamos, por el bien de la fiesta, que sea pasajero y pronto vuelvan a donde solían.
El intérprete
es Rafael Farina, nombre artístico del gitano Rafael Salazar Motos, nacido, por casualidad, en Martinamor, pueblo cercano a Salamanca, el 2 de julio de 1923. Y he dicho por casualidad porque la historia de nuestro personaje, como la del niño Jesús, comienza en un establo.
Siendo sus padres tratantes de ganado, la vida trashumante que llevaban les hacia andar de un sitio para otro, y en uno de estos viajes, su madre, a punto de dar a luz, tuvo que refugiarse en un establo del citado pueblo en donde nació el que luego sería gran cantante.

Cantó, como tantos, por las calles, en los cafés y en las tabernas en busca de unas monedas. Su gran ocasión se le presento en 1949, en Madrid, donde participó en el homenaje a Juanito Moja
ma (Juan Valencia Carpio), a partir de ese momento pasó de ser una auténtico desconocido a que se empezara a hablar de él en los corrillos artísticos. Las puertas se le abrieron cuando Antonio Márquez, marido y manager de Conchita Piquer, le propuso entrar en la compañía de la tonadillera. Tuvo que enfrentarse a dos problemas que pudo superar a pesar de sus reticencias; el uno, cantar con orquesta, cosa que nunca había hecho, interpretaba una versión de La Niña de Fuego, el gran éxito de Manolo Caracol; el otro, viajar en barco para hacer la Américas, venciendo el pavor que tenía al mar y, además, haciéndolo con documentación falsa, pues viajaba con el pasaporte de su hermano Calderas de Salamanca.
A partir de ese momento el éxito le acompañó, llegando a ser una de las voces más importantes y con mayor personalidad del panorama de la canción española. En su repertorio, la temática taurina tenía especial relevancia, no en vano había soñado, de jovencito, en llegar a ser torero, idea que pronto abandonó, aunque su afición a los toros siguió intacta durante toda su vida. Mantuvo una estrecha relación con toreros y ganaderos salmantinos y trabó especial amistad con Santiago Martín “El Viti”, al que le dedicó un pasodoble y unos fandangos. Consiguió un gran éxito con “Las campanas de Linares” en homenaje a Manolete. En muchos de sus espectáculos usaba indumentaria de torero y daba pases de salón mientras interpretaba sus canciones. Hizo siete películas, en una de las cuales “Puente de Coplas”, hacía el papel de ganadero. Hay que reseñar que, como si un torero fuera, salió en hombros de sus admiradores al finalizar su actuación en varias ocasiones.
Pero de esto y otras cosas relacionadas hablaremos en sucesivas entradas de este Cancionero porque, Rafael Farina, por la gran cantidad de canciones de tema taurino que interpretó, volverá a ocupar nuestra atención en otros momentos.


Casta y bravura
(Bonald, Salazar, Campoleón)

Orgullo del campo charro
sus toros de lidia son
a los Pérez Tabernero
tardes de gloria les dio.

Los toros en la Fontana
suenan tardes de agonía
don Antonio y don Alipio
¡ay! ¡ay!
en su bravura confían.

Dehesa de Salamanca
a sus toros siempre da
la bravura y el trapío
que en la plaza lucirán.

Dehesa de Salamanca
los mayorales ya van
haciendo bravos los toros
haciendo bravos los toros
que gloria siempre les dan.

La muerte con dos puñales
rompe la alborada limpia
se asustan de los jarales
y en el mayoral se fían.

La casta de los toreros
siempre busca la verdad
en los toros salmantinos
en los toros salmantinos
que fama siempre les dan.

Dehesa de Salamanca
a sus toros siempre da
la bravura y el trapío
que en la plaza lucirán.

Dehesa de Salamanca
los mayorales ya van
haciendo bravos los toros
haciendo bravos los toros
que fama siempre les dan.

El vídeo que ilustra esta entrada es una modesta coproducción hispano-francesa que pretende ser un homenaje visual a los toros salmantinos.
Basado en fotos del intérprete y de los ganaderos que nombra la copla, D. Antonio y D. Alipio, y enriquecido con las realizadas por los fotógrafos franceses, y buenos aficionados, Yannick Olivier y Laurent Larrieu, en sus viajes al campo charro. Ambos son colaboradores de la Web “Campos y Ruedos” en donde publican sus fotografías. De nuestra parte, don Pepe se ha encargado de la música, y don José, tan cuidadoso él, del montaje.

lunes, 24 de septiembre de 2007

José Tomás Tour: un éxito

Ayer, en el mismo sitio en donde comenzó, Barcelona, como si de un círculo que se cierra se tratara, concluyó la gira de José Tomás.
Vaya de antemano que en este artículo no se va a tratar ni de los toros que se han lidiado durante la gira, ni de la tauromaquia tomasista; en primer lugar, porque no lo he visto en ninguna de sus actuaciones y, por consiguiente, no puedo juzgarlo; y en segundo, porque doctores tiene la iglesia, sin duda más doctos que yo, que se han ocupado de ello después de haberlo visto y que han expuesto sus razones y convicciones con meridiana claridad y fundados argumentos.
De lo que me quiero ocupar es de apuntar alguna reflexión sobre el fenómeno que ha supuesto la vuelta a la actividad taurina del personaje en cuestión que, debemos admitirlo, ha sido un acontecimiento no sólo entre los aficionados y espectadores asiduos a las corridas de toros, sino también entre una masa de público que poco tiene que ver con los festejos taurinos pero que se ha sentido atraído por el fenómeno mediático desencadenado a su alrededor.
Un dato claro, concreto y muy reciente avala la opinión que voy a sostener. En el último fin de semana han tenido lugar dos festejos en Barcelona, en el del sábado, con un torero puntero del escalafón, El Juli, la plaza registro media entrada. En el del domingo, con José Tomás en el cartel, se llenó. Pero es que los llenos, en todas las plazas donde ha actuado este diestro, han sido la nota predominante de la gira. Esto no se explica si no intervienen una serie de factores, ajenos a la tauromaquia, que han hecho de este producto algo apetecible para los aficionados, espectadores y público en general. La media plaza que estuvo vacía el sábado se llenó el domingo por un publico atraído por cuestiones que poco tienen que ver con los toros y sí, como decía anteriormente, con la fuerza mediática del personaje.
En entradas anteriores ya me he ocupado de analizar el montaje de la gira de José Tomás como si de una figura de la música se tratase, hoy, al dar por finalizada esta gira, hay que concluir que ha sido un éxito, y por ello hay que felicitar, en primer lugar al protagonista, y después, por el trabajo realizado y el diseño de la misma, al equipo de producción de la misma.
En el haber del protagonista, José Tomás, su personalidad retraída y alejada del mundanal ruido, su timidez, su silencio, su soledad, han sido ingredientes fundamentales en la creación de un personaje enigmático, casi místico, recluido en su interioridad, que se proyectaba al público como un ser infeliz que no encontraba sentido a la vida alejado de los toros. El anuncio de su vuelta a la profesión desató la expectación entre los asiduos a este espectáculo y llamó la atención de toda esa masa de público situado en los aledaños de la fiesta, la cultura y el drama que se sintió impulsado a verlo.
El ingrediente de la tragedia y la sangre, portada en los principales medios de comunicación escritos y audiovisuales, vino a corroborar, para el público en general, la impresión de que nos encontrábamos ante un héroe de verdad que, para conseguir la felicidad perdida alejado de los ruedos, volvía a los toros y ponía en juego su vida cada tarde que se vestía de luces.
En el haber de los promotores de la gira, el reconocimiento de haber sabido jugar los resortes necesarios para crear, en un primer momento, el deseo de volver a verlo entre aficionados y espectadores asiduos, cosa fácil, y despertar en la masa, en los que debían de llenar las plazas que hoy por hoy no llenan el resto de toreros del escalafón, la curiosidad por asistir masivamente a ver al héroe. Una campaña de propaganda distinta de lo habitual, por ser distinto el producto; el pronunciamiento de artistas e intelectuales de reconocido prestigio y éxito; reportajes con cuidadas fotografías y entrevistas, alejadas de los tópicos taurinos, en los principales periódicos del país, incluso del extranjero; el silencio y el alejamiento casi cartujo del protagonista, que hacían adivinar una vida monástica y regida por estrictas normas de comportamiento y entrega; una cuidada presentación del evento y la exclusividad de unos pocos festejos escogidos, bien organizados y sin dejar nada al azar, entre otras cosas, han conseguido crear un personaje que trasciende de lo puramente taurino.
Lo cierto es que si pones en cualquier buscador de noticias de Internet el nombre de “toros”, hagan la prueba, el noventa por ciento, o más, de las noticias que aparecen están relacionadas con José Tomás. Esto, indudablemente, indica el éxito y repercusión que ha tenido el montaje de esta gira que ayer concluyó entre público, espectadores y aficionados.
Entre aficionados se ha desatado un intenso debate sobre la forma en que se ha desarrollado esta vuelta a los ruedos de José Tomás, y se ha hablado, con pasión y vehemencia, de la presentación del ganado y de la particular tauromaquia desarrollada por el torero. Sobre este apartado me remito, como decía al principio, a los innumerables artículos de opinión que se han publicado en los distintos medios de comunicación, haciendo hincapié, sobre todo, en los que se han escrito y debatido en los blog y espacios web de aficionados comprometidos con la integridad de la fiesta.
Entre los espectadores asiduos a los toros, la vuelta a los ruedos de José Tomás ha significado un importante suceso que ha venido a dar lustre a una temporada que languidecía entre carteles de la prensa rosa y la comodidad de los, pretendidamente, figuras del toreo en las ferias más importantes y en las de sus propias localidades. Entre estos espectadores no importa la presencia del ganado ni las esencias toreras del personaje, cuenta más la trascendencia del acontecimiento ampliamente publicitado y con una repercusión mediática más allá de lo simplemente taurino.
Entre el público en general, la vuelta de José Tomás ha significado un acicate para acercarse a las plazas de toros y ser testigos de la actuación del héroe jugándose la vida, rondando la tragedia, como cuando Guerrita decía de Belmonte que quien quisiera verlo se diera prisa antes de que un toro lo matara en el ruedo. Entre este público, atraído más por el morbo y lo excepcional, es donde podemos situar lo importante del acontecimiento. Muchos, quizás no vuelvan más a una plaza de toros, pero otros, pueden sentirse atraídos por este espectáculo y convertirse en espectadores asiduos y, quién sabe, en aficionados.

Lo que está claro, y es una realidad, es que la irrupción en la temporada taurina de José Tomás ha significado volver a ver noticias de toros en muchos periódicos y espacios audiovisuales que estaban olvidados de ellas, o que sólo les daban cobertura en los espacios del corazón. Que esto revierta en una renacimiento de la fiesta de los toros está por ver, ojalá que así fuera, porque el comportamiento del público que ha acudido a estos festejos está sujeto a condicionantes que son más del campo de la
sociología que del taurino.

Nota: Para los interesados en conocer las opiniones que sobre José Tomás he sostenido en este blog les remito a la entrada titulada "La vuelta de José Tomás" publicada poco antes de su reaparición en Barcelona.
También pueden leer, si lo consideran oportuno, lo escrito en el articulo titulado "Nuevo debate sobre la torería" publicado el pasado mes de julio.

Cuenta de correo

Don Pepe y don José ya tienen su propia cuenta de correo.
Para los que quieran ponerse en contacto con ellos:
donpepeydonjose@gmail.com

jueves, 20 de septiembre de 2007

Los carteles del Pilar

- Hola don Pepe.
- Hola don José.
- ¿Cómo usted tan temprano por aquí?
- Pues mire, como no tenía mejor cosa que hacer, me he dicho, voy tempranito y le guardo el puesto a don José.
- Muchas gracias don Pepe, se lo agradezco, a veces esta gestión de renovar el abono se alarga demasiado y se hace pesada.
- Y más este año, vea… vea usted la fila que se ha formado.
- Pues no es para tanto porque la feria de este año es flojita…
- ¿Cómo que flojita? Es la mejor de las que hemos tenido en los últimos años…
- ¿Qué me dice?... Faltan toreros, figuras… es una feria barata…
- Pare el carro, don José… los que no están es porque no han querido.
- O por que no les han pagado lo que pedían.
- Pues a Morante le ofrecían el oro y el moro y ni por esas.
- Pero es que Morante de la Puebla cortó la temporada después de los seis toros de Madrid, sus razones tendrá, y además deben ser razones poderosas para despreciar tan suculenta oferta.
- Pues eso, uno que no ha querido… y Castella tampoco.
- También ha cortado la temporada. Pero Cesar Rincón, en su año de despedida, no podía faltar…
- ¿Y cuando ha visto usted torear bien a Rincón en Zaragoza? No se lo que le ha pasado en nuestra plaza, pero nunca, ni en sus años triunfales, ha estado bien, estaba más pendiente del vuelo para Colombia que de otra cosa, y así…
- Vale, vale... don Pepe, aquí nunca ha estado bien, pero…
- No hay pero que valga, además, ni en Madrid, su plaza talismán, y no se porque razón, va a despedirse en la feria de otoño. Igual es que no ha querido… Y Tomás tampoco…
- Es que José Tomás, don Pepe, tenía diseñada esta primera temporada de su vuelta de otra manera…
- Ya, ya… será cosa del diseño, pero lo cierto es que aquí no ha querido venir, como no ha querido ir a Bilbao, ni a Madrid, ni Sevilla, ni a ninguna plaza de primera… además, ya viene Jesusín…
- Jesulín, don Pepe, se llama Jesulín de Ubrique.
- Ese… Jesusín el de Ubrique.
- Jesulín es un gran torero, le puede gustar más o menos pero hay que reconocerle que durante muchos años a estado mandando y, aquí en Zaragoza, no sólo ha triunfado sino que ha regado con su sangre el albero de la Misericordia. Es un detalle por su parte venir a despedirse de los toros en nuestra plaza.
- Pues por mí… aunque se hubiera despedido por carta…
- No sea bruto, don Pepe... Usted que tanto habla de justicia... Un reconocimiento para los que se lo merecen…
- Eso mismo digo yo, don José, premiar a los que se lo merecen, como ocurre con un torero, Rafaelillo, al que usted y yo vimos jugársela con aquel toro de Dolores Aguirre en Madrid. Está anunciado una tarde en los carteles del Pilar.
- Bueno… claro, eso también es de justicia... pero, en general, es una feria a la que le falta algo, no se… carteles más rematados…
- ¡Tontadas! Los que no están es porque no han querido. Mire usted, don José, mi sobrino Pepito, que está al tanto de los mentideros y metido en los foros esos de Internet, ya me dijo hace tiempo que se comentaba que los carteles más problemáticos de cerrar han sido los de Fuente Ymbro y Alcurrucén, que no había toreros para esos toros. ¿Qué le parece?
- Pero es que esos toros…
- ¡Qué pasa con esos toros! ¿No andan todas las figuras pidiendo toros bravos y con movilidad? Ahí los tienen. Lo han demostrado. Pero cuando los tienen no los quieren. ¿Acaso esas ganaderías son de las duras? Porque si es así, que baje Dios y lo vea.
- Pero no me puede negar usted que es una feria más torista que torerista: Miura, Cebada, Ibán, La Quinta.
- ¿Y…?
- Que con esos toros no es posible el lucimiento y las figuras…
- Prefieren toros que no se muevan, que colaboren, que no tengan cuernos… vamos… lo que vemos en todas las ferias, toros por los suelos, dóciles y sin fuerza.
- Pero los que dan relumbrón a una feria son las figuras, don Pepe, siempre ha sido así, y ya sabe que, por ser quién son, tienen fuerza para exigir el ganado.
- Y así va la Fiesta, don José… de capa caída.
- Pues lo dice toda la prensa…
- La prensa que diga lo que quiera. La única pega que le pongo yo es la corrida de Victorino, triunfadora el año pasado. ¿Se acuerda? ¡Vaya corridón! Siendo justos, debería estar en los carteles. Pero, a pesar de eso, la feria me parece una buena feria. Aunque si por mi fuera...
- Si por usted fuera resucitaba a Lagartijo y Frascuelo.
- No se pase, don José... Lo importante es que haya toros y emoción en el ruedo, si así ocurre saldremos todos contentos y no nos acordaremos ni de figuras, ni de ésta conversación.
- Ya lo veremos.
- Ya lo veremos.
- Ande… pase usted que ya es nuestro turno.
- Por favor… pase usted primero.
- Muchas gracias, don Pepe.

- De nada, don José.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Vídeo de "Romance de Valentía"

Se va completando la sección Cancionero, esta vez con la incorporación de un vídeo de Romance de Valentía interpretado por Concha Piquer.
Se trata de un montaje realizado por un joven aficionado venezolano, amante de la música taurina, que combina fotografías de doña Concha con otras de carácter taurino, la Maestranza de Sevilla o la Macarena.
A partir de este momento esta disponible en la entrada dedicada a este pasodoble monumental. Para ver el vídeo pueden picar aquí.

martes, 18 de septiembre de 2007

La desfachatez de los taurinos

Una vez más, el pasado sábado 15 de septiembre en la localidad zaragozana de Ariza, quedó de manifiesto la desfachatez de los taurinos. En primer lugar, la incomparecencia de uno de los toreros acartelado, Sergio Aguilar. El festejo, que tenia que haber dado comienzo a las cinco y media de la tarde, empezó a retrasarse, veinte minutos después del horario anunciado empezaba el paseíllo con sólo dos toreros de los anunciados, El Renco y Alberto Álvarez, faltaba uno, Sergio Aguilar que, según pude enterarme después, se había negado a torear porque no estaba de acuerdo con uno de los toros que le había correspondido. De lo que no se había enterado él, o no se había querido enterar, es que se trataba de una corrida concurso y en estos eventos manda la antigüedad antes que el sorteo.
Ya ve
stido de torero, media hora antes de la anunciada para el comienzo, y con el dinero en el bolsillo, porque había cobrado por la mañana, dejó plantados: a sus compañeros, que tuvieron que matar la corrida mano a mano; a los organizadores, con el público en la plaza impaciente por el retraso; a los aficionados, que habíamos pagado para ver algo que no vimos; y, en definitiva, a la Fiesta que tenía que soportar otra cuchillada trapera a traición por parte de los que, se supone, deberían tener el máximo respeto por la profesión de la que viven.
El primer toro, un hernández plá de la ganadería de Ignacio Hue
lva, era un tío. Un tío que salió de los chiqueros tullido, pero tenía casta y malas intenciones, un tío duro de pelar. No lo quisieron ver desde el primer momento. En el caballo lo machacaron, sobre todo en una cuarta vara asesina en la paletilla. El toro siguió imponiendo su ley, ni en banderillas ni en la muleta quisieron verlo subalternos ni matador, llegó la hora de matar, el toro con la boca cerrada y a la espera. Después de dos pinchazos y ni se sabe los descabellos, sonaron los tres avisos y hubo que apuntillarlo desde un burladero.
Cuando sonó el tercer aviso, El Renco respiro y se fue raudo hacia el callejón entre la bronca del respetable -aunque deberíamos decir, tal como están las cosas, el irrespetable-. El problema no fueron los tres avisos; el
problema fue que este tipo de toros tienen su lidia y su lidiador no supo dársela; el problema fue que después de dos pinchazos no se puede intentar descabellar un toro entero, avisado y con la cabeza por las nubes; el problema fue que el torero, ajeno a eso de la vergüenza torera, no lo quiso ver en ningún momento y dejó de cumplir con su deber.
Eso no fue óbice para que en el quinto, anovillado, después de una labor aseada y una buena estocada, se le pidieran los trofeos. El presidente le concedió las dos orejas, y uno de sus banderilleros, agarrando el rabo con la mano, se encaró con el presidente, echándole al público encima, haciendo gestos alusivos y pidiendo a gritos la concesión de tan preciada prenda. Los que no habían querido ver al primero de la tarde, un toro, exigían ahora, en el quinto, anovillado, la máxima recompensa, a todas luces desproporcionada, utilizando para ello la presión de un público en fiestas deseoso de conceder todos los trofeos.
Lo más grave de todo, las conclusiones que saco de este festejos, es el
poco respeto que tienen los taurinos por su profesión, y lo de menos es la bronca a El Renco por no querer ver al primero de la tarde, o la que se llevó el presidente, atizada por los banderilleros desde el ruedo. Lo que es de juzgado de guardia es que un torero, media hora antes del paseíllo y ya vestido de luces, con el dinero calentito en el bolsillo, por un quítame allá ese toro, además anovillado, se niegue a torear y ponga en peligro la celebración del festejo y, quien sabe, la posibilidad de ofrecer festejos taurinos en Ariza en un futuro.
El Renco
estuvo renqueando toda la tarde, y Alberto Álvarez, digno, aunque ambos se merecen un aplauso por tirar para adelante con la corrida, pero para mayor información sobre lo sucedido en el festejo les remito a la crónica publicada en la Web de La Cabaña Brava por David Díaz.
A los organizadores, el Ayuntamiento de Ariza, gracias y que no se desanimen, desde este Blog tendrán mi modesto apoyo si siguen intentando llevar a su pueblo una Fiesta digna a pesar de los pesares.

domingo, 16 de septiembre de 2007

"Huapango torero" por Raphael

Información para los interesados en la sección Cancionero.
Buceando por YouTube he localizado un vídeo de Raphael interpretando este huapango. La grabación podemos situarla hacia finales de los años sesenta, y Raphael, como es él, la interpreta con pasión y dramatismo, incluso se permite el lujo, en la parte instrumental, de apuntar una larga lagartijera con el cable del micrófono.
El vídeo está alojado en la entrada "Huapango torero" junto con la versión de Lola Beltrán, la letra y la historia de la canción, para verlo pueden picar aquí.

lunes, 10 de septiembre de 2007

"Joselito" mata siete toros

Como colofón de la temporada Joselito se anunció, como único espada, para matar seis toros en mis dependencias. Otro día glorioso se inscribía, con letras de oro, en la historia de la tauromaquia y en la mía en particular. El menor de los Gallos, José, rebosante de juventud y conocimientos quería dictar la última gran lección de la temporada en mi ruedo ya más que centenario. Era el 18 de octubre de 1916, última corrida de la Feria del Pilar.
Ante la ausencia del ídolo local, Florentino Ballesteros, que había tomado la alternativa en la plaza de Madrid al comienzo de la temporada, el 13 de abril, y que se encontraba herido en esos momentos, los hermanos Gómez Ortega, Rafael y José, eran la base de la Feria de ese año. Gallito, en la plenitud de sus facultades, había estado superior en las tres tardes que se acarteló junto a su hermano y, para rematar la faena se aprestaba a liquidar, el solito, seis toros para cerrar las corridas del Pilar.
La expectación era enorme, no sólo entre la exigente afición zaragozana que había aplaudido y premiado su quehacer en las tres tardes precedentes, sino en toda España. Ese día, 18 de octubre de 1916, se dieron cita, en las ya viejas piedras de mis tendidos, muchos aficionados llegados desde otras ciudades y provincias, así como los más reputados cronistas encargados de ejercer la crítica taurina en los principales periódicos del país.
Cinco toros de Contreras y uno de Bueno, sustituyendo a otro de la ganadería titular que había muerto en los corrales durante la noche, saltaron al ruedo. En dos de los lidiados me quiero detener porque han quedado grabados en mi memoria como dos lecciones magistrales del arte de torear, en uno, el segundo, como lidiador inconmensurable que era, y en otro, el sexto, en el que mostró las grandes dotes artísticas que también poseía el menor de la dinastía de los Gallos.
El de Bueno, que se corrió en segundo lugar, fue un toro manso, difícil, que huía, andaba de lado, hacía atrás, defendiéndose en la querencia de un caballo, que no se dejaba torear, obligó a Gallito a desplegar toda la ciencia lidiadora que atesoraba, tirando de él para sacarlo de la querencia, no quitándole la muleta de la cara, no dejándole resollar, consiguió igualarlo un instante que aprovechó para matarlo de una buena estocada. Fue una gran faena, para muchos, la mejor de la tarde, había sido una pelea dura, corta pero intensa, en la que Joselito -el incansable, el poderoso, el más sabio de los toreros- tuvo que echar mano de todos sus recursos para imponerse al toro, tan es así que durante el arrastre del manso de Bueno, rendido por el esfuerzo, se sentó en el estribo desencajado.
Pronto se recupero del esfuerzo y siguió con la lidia de los cuatro que aún esperaban turno en los chiqueros. La corrida trascurría rápida, tanto que cuando salió el sexto toro al ruedo apenas había pasado una hora desde el comienzo. Y ese toro, el sexto, era un toro con toda la barba que, encampanado, requería la presencia de un torero que midiese con él sus fuerzas, y allí estaba ese torero, Joselito, que nada más verlo, sin dudarlo, se fue a su encuentro y con los pies clavados en la arena, sin una enmienda, sin una rectificación, a lo que no hubo lugar, porque cuando se torea así no se pierde terreno, le dio una serie de verónicas de antología que desato la locura en los tendidos. Gallito, crecido, mostró a la concurrencia que además de lidiador era un gran artista, después de las verónicas iniciales hizo quites a punta de capote, galleo con finura y suavidad, banderilleo al quiebro, dio pases naturales monumentales, y tres de pecho de cabeza a rabo. Cuando el toro le pedía la muerte y se disponía a entrar a matar, el público le pidió que siguiera toreando, y él, complaciente y generoso como era, siguió, alargando la faena más de la cuenta lo que le supuso dificultades para matarlo, lo hizo de pinchazo y estocada caída. Si no hubiera hecho caso al respetable y hubiese entrado en el momento que había decidido, cuando el toro le pedía la muerte, seguro que lo mata bien.
El público entusiasmado, pidió el sobrero, y José, aún sabiendo que el toro que quedaba en los chiqueros era hermano del mulo de Bueno que había lidiado en segundo lugar, lo solicitó al presidente. Fue la locura del respetable. El de propina salió con más cabeza, poder y malas intenciones que los otros seis juntos, y Joselito se fajó con él y lo mató de media estocada.
La presentación de los toros no estuvo exenta de polémica, a los más exigentes, salvo el sexto y el sobrero, les parecieron torillos sin poder, ni bravura, ni pitones, ni nada de lo indispensable para dar relieve al trabajo del diestro. Pero su actuación en los dos toros que he referido puso a todos de acuerdo.
La plaza estuvo a rebosar todos los días de la Feria, Nicanor Villa, empresario aquella temporada, estaba exultante por los dividendos recogidos, y entre los propietarios del recinto ya empezaban a circular los planos de la reforma y ampliación que se pretendía realizar para modernizarme y dar cabida a la creciente demanda de localidades que se producía entre los aficionados zaragozanos, no en vano estábamos en los momentos más gloriosos de la Fiesta, en esa época que se denominó la edad de oro del toreo. De esto y de la nueva cara que estaban dibujando para mi los arquitectos hablaremos en otro momento.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Declaraciones, agresiones y aficionados

Después de unos días alejado del ordenador, y de los toros, por motivos profesionales, me encuentro con varios asuntos que han llamado mi atención y de los que quisiera opinar.
Las declaraciones de sendas figuras de la tauromaquia del tomate: Jesulín, en su año despedida ¿provisional? de las plazas de toros; y Rivera Ordóñez, que podría tomar ejemplo de su compañero y dedicarse, como espectador, a ver ese tipo de corridas de toros colaboradores e inválidos que tanto le gustan y que, por desgracia, tanto abundan.
Nos dice, con toda su jeta, el susodicho Rivera Ordóñez: “Yo como torero y como espectador voy a una plaza de toros a ver torear con animales que colaboren en el lucimiento de los matadores.
La fuerza o el vigor de los animales es algo secundario”.

¿Cómo puede decir esto, en público, un torero? ¿Cómo tiene la desfachatez, un matador de toros, de pedir el toro inválido y colaborador? ¿Cómo debería reaccionar el público, que paga sus buenos dineros, ante las intenciones declaradas de ser estafado por parte de uno de los protagonistas? ¿Y la administración? ¿No hace nada para defender los intereses, como consumidores que son, de los espectadores y aficionados? ¿Se plegan al fraude? Unas declaraciones como estas deberían tener una sanción inmediata por parte de los poderes públicos que, no lo olvidemos, tienen la obligación de defender los intereses de los que asistimos a los festejos taurinos. Unas declaraciones como estas deberían llevar, sin lugar a duda, a la retirada inmediata del permiso para ejercer la profesión de torero por hacer apología del fraude.
Pero por el momento, la imposición del toro inválido, afeitado y colaborador es aceptada por las autoridades públicas que, paradójicamente, deberían velar por lo contrario, y esta permisividad nos conduce a situaciones como las que refleja en sus declaraciones el otro personaje motivo de mi atención.
Jesulín nos dice con su habitual desparpajo: “Me ha salido un torillo que me ha dado opciones para torear, ya que tenía un poco de gas y no se caía tanto como el primero”.
Una vez consumado el fraude las figuras del tomate se quejan de la blandura de sus torillos porque se caen demasiado y no les permiten el lucimiento. ¿Pero no habíamos quedado en que la fuerza o el vigor de los animales es algo secundario?
Al menos, hay que agradecer a estas dos figuras del tomate la claridad en sus declaraciones, los que vayan a verlos ya saben a lo que se atienen. No se admiten quejas ni reclamaciones, a riesgo de correr peligro físico, como ocurrió en la pasada feria de Calahorra, con torillos inválidos y colaboradores en el ruedo, el día de la comparecencia de Rivera Ordóñez en el coso riojano.
No es la primera vez que los taurinos, y los de su entorno, defienden sus razones a mamporrazos, seguramente porque la falta de razón, y el fraude, sólo se puede defender con la fuerza. Tampoco es la primera vez que los agredidos, en la taquilla y en el tendido, sean considerados culpables y, además, propuestos para sanción administrativa. ¿De parte de quién están las autoridades? ¿Cuándo empezaran a sancionar a quien incumple de verdad, y todos los días, las normas y principios por los que se rige esta Fiesta? ¿No existe, acaso, un reglamento -o diecisiete- que contemplan esta posibilidad? ¿A que esperan para aplicarlo? A no ser que consideren, como afirmó el encargado de asuntos taurinos de la Comunidad Aragonesa en una tertulia de “La Cabaña Brava”, que “como todos sabemos, los reglamentos están para no ser cumplidos”. En ese caso, sean igual de claros que Jesulín y Rivera, tírenlos a la basura y dígannos, como su acción diaria parece demostrar, que están al servicio del negocio taurino y del fraude, así sabremos a lo que atenernos.
Los aficionados, los que amamos de verdad esta Fiesta, los que pensamos que sin un toro con poder e íntegro nada tiene importancia en el ruedo, no podemos consentir ni el fraude ni la complacencia con el mismo, porque por ese camino vamos irremediablemente hacia la desaparición de nuestra Fiesta, de la Fiesta de los Toros. No podemos ser cómplices ni permanecer callados, por eso adquiere mayor importancia, y recarga mi esperanza, la tercera noticia que fijó mi atención a la vuelta de mis obligaciones profesionales.
Enhorabuena para la "Asociación Taurina el Quite de Calasparra" por organizar el "Primer Encuentro Nacional de Asociaciones y Club Taurinos en Defensa del Aficionado y del Toro". Enhorabuena por organizarlo haciéndolo coincidir con su feria de novilladas, ejemplo de lo que debe ser, y que demuestra, como ocurre en otras plazas, que con toros íntegros y sin figuras del tomate también se puede llenar una plaza. Enhorabuena, a ellos y a todas las organizaciones que participaron en el encuentro, por haber dado un paso más hacia la unidad de criterio de los aficionados para exigir la integridad en las plazas de toros y la defensa de los dos protagonistas más vilipendiados y maltratados del universo taurino, como somos los aficionados y los toros. Y gracias por la lectura y difusión del “Manifiesto de Aficionados por una Fiesta Integra, Auténtica y Justa”, cuyas simples ideas comparto al cien por cien, y que pueden servir para canalizar y unificar los criterios que nos permitan levantar la voz con más fuerza y en más sitios.

viernes, 31 de agosto de 2007

Dijo una voz popular: ¡¡¡NO LO PIQUES!!!

- Hola don Pepe.
- Hola don José.
- Como le fue por el Botxo, supongo que lo pasaría divinamente.
- Ya se ha aprendido la palabreja… pero usted la dice finamente.
- Pues si, ya sabe de mi curiosidad, me interesé por el vocablo y tengo que decirle que usted tenía razón, pero ahora se escribe con “tx” en vez de con “ch”, y se pronuncia…
- Ya, ya… déjese de exquisiteces que ya nos entendemos… el Bocho.
- No se moleste don Pepe, era una puntualización. ¿Cómo lo pasó?
- Estupendamente don José, son buena gente los bilbainos… y lo cambiada que está Bilbao, no se lo puede ni imaginar…
- Claro que me lo imagino, don Pepe, no hace mucho que estuve con la familia visitando el museo Guggenheim…
- Si señor, menudo edificio, el Gungengein…
- Guggenheim, don Pepe, se dice…
- Ya, ya… ya nos entendemos. Mire usted que es raro ese edificio, y lo bien que queda junto a la ría, y la gente que lo visita… ¡ah!, y también me hice una foto junto al chucho de flores que hay en la entrada.
- No me diga…
- Claro don José, como todo el mundo.
- ¿Y de los toros qué me dice? ¿Fueron de su gusto?
- Pues… que quiere que le diga, don José. Me habían dicho que los toros que salían en Bilbao daban miedo cuando saltaban al ruedo, pero yo los vi muy normalitos.
- Pero es que usted es la monda, hasta los toros de Bilbao, que dicen que son los más grandes de todos los que se torean durante la temporada, le parecen pequeños. ¿Pero qué quiere usted?
- Es la verdad, y no es que lo diga yo, es una opinión extendida entre abonados y asiduos a la feria, el toro de Bilbao ha perdido tamaño y cuernos. Sólo le puedo decir que, los que yo he visto, estaban bien presentados pero no asustaban a nadie.
- Tampoco hace falta el toro mastodonte, ni exageradamente grande, si están bien presentados y tienen fuerza…
- Eso es lo que les faltó… fuerza… ninguno tomó tres varas, a lo sumo una y un picotazo…
- Tampoco hace falta más, eso de las tres varas esta anticuado, con lo que, hoy en día, se exige a los toros en la muleta, no pueden soportar un tercio de varas muy fuerte, y el público quiere faenas de las figuras y no picadores.
- Pues que quiten la suerte de varas, que la eliminen del programa, si tan sólo es un simulacro, si el toro sale ya disminuido de los chiqueros, que se ahorren los picadores y tan amigos.
- Tampoco es eso, don Pepe… los picadores hacen falta para…
- Si, si… para eso, por si sale uno con poder y bravo de verdad… para entonces asesinarlo…
- ¡No sea bruto!…
- Es la pura verdad, don José. Salen por si acaso… y cuando se tienen que emplear de verdad, cuando el matador demanda destrucción, dejan al toro hecho fosfatina… aunque, esto es cada vez menos frecuente puesto que casi todos los toros salen ya inválidos de los chiqueros.
- Si que ha venido usted guerrero del Botxo, don Pepe. Yo creía que vendría más sosegado después de estar en una plaza de la importancia de la bilbaína, con toros grandes y una afición seria y exigente…
- Para… pare el carro, don José… de afición exigente nada de nada, más bien le diría yo que complaciente. Quédese con la anécdota que le voy a contar. En una plaza que presume de toro grande, al que se supone hay que medir la bravura en varas, en una localidad próxima a la mía, cuando el toro iba renqueante hacía el caballo, se alzó una voz como un trueno que gritó: ¡NO LO PIQUES! Eso es seriedad… Eso es exigencia… ¿Cómo puede un aficionado serio y exigente pedir que no se pique al toro?
- Bueno, bueno, don Pepe… tampoco es para tanto… un grano no hace granero.
- Pero es que a la mayoría del público le importa un pito lo que sucede en el ruedo, como en todos los sitios, aplauden a los picadores por no picar, les da igual donde caigan las banderillas, y ni le cuento de la colocación de la espada… si no fuera por el gran presidente que tienen, un tal Matías, que impone seriedad desde el palco, sería la plaza más orejista de…
- No le digo que viene guerrero… ¿Y de las corridas qué me dice?
- En la de Cebada hubo tres toros que me gustaron; un sardo, un cárdeno y otro negro; y un castaño, el segundo, con malas intenciones. La terna, que tuvo un toro por cabeza para destacar, estuvo por debajo de los toros. La de Victorino floja, noble y buena para la muleta. “El Cid” estuvo bien.
- ¿Bien a secas? Porque la prensa cuenta y no acaba… Aunque sé que para usted bien ya es mucho.
- Bien a secas.

jueves, 30 de agosto de 2007

Vídeo de "Pena de Juan y José"

Ya está disponible el vídeo de Pena de Juan y José. Esta canción, homenaje a Joselito y Belmonte, es una creación de Juanito Valderrama y la firman, como autores, Solano, Martínez y Remis. No la he encontrado en ninguna discografía del cantante, ni he conseguido referencias de ella en libros o revistas, tampoco sé cuando fue estrenada ni dónde, es una canción perdida, olvidada, sin documentos. La he rescatado de una vieja cinta de carretera desvencijada, rota, que conservaba su integridad gracias a una tira de papel de celofán que la mantenía unida, viva y audible. Pueden observar que ni en la carátula de la cinta se refleja el nombre de la pieza, para encontrarlo hay que fijarse en la solapa posterior en donde aparece en penúltimo lugar.
No sé como llegó a mi poder, ni cuando, esta grabación, pero si les puedo asegurar que desde el primer momento que la escuché pasó a formar parte de mi repertorio personal de canciones toreras. El paso del tiempo, y el enorme desarrollo de las nuevas tecnologías, han hecho posible su recuperación en formato digital.
El vídeo, realizado con fotografías de esos dos ases de la "edad de oro del toreo", sirve de excusa para poder escuchar la base musical que lo sustenta. El homenaje va por Juanito Valderrama y su maravillosa interpretación de esta Pena de Juan y José, tan desconocida y tan torera, que recuerda la competencia en los ruedos de Joselito y Belmonte y el caprichoso desenlace que el destino les tenía preparado. Es una gran canción que, creo, se merece un lugar más destacado en el escalafón de las canciones toreras.
Para escuchar la canción y ver el vídeo piquen sobre el subrayado que los llevará hasta la entrada, publicada el 16 de mayo de este año, en recuerdo de la muerte de Joselito, que contiene la letra y, a partir de ahora, también, el vídeo.

martes, 28 de agosto de 2007

Capote de grana y oro

Tal día como hoy, 28 de agosto, festividad de San Agustín, pero de hace 70 años, estaba anunciado Manolete en la plaza de Linares ante una corrida de Miura, eran compañeros de cartel Gitanillo de Triana y Luís Miguel Dominguín. La foto de la izquierda nos muestra el saludo del Monstruo a la afición de Linares antes del comienzo de la corrida, eran poco más de las cinco de la tarde. En los chiqueros ya estaba encerrado Islero, el toro que debía saltar al ruedo en quinto lugar y que iba a ser el último que estoqueara el diestro cordobés. Doce horas más tarde del saludo que refleja la fotografía, a las cinco y siete minutos de la madrugada, expiraba, en la enfermería de la plaza de Linares, Manuel Rodríguez Manolete.

Sobre la muerte de
Manolete ya está todo escrito, no voy a extenderme en ese punto, sólo quiero recoger, para dar fe, los recuerdos de un testigo presencial y compañero de cartel, Luís Miguel, que nos explica cómo fue la cogida: “El toro era manso; tenía una marcada querencia hacia los chiqueros, que fue donde él tuvo que hacer toda la faena. Cuando iba para los chiqueros pasaba bien, pero allí termino por atrincherarse, y Manolete, en lugar de terminar pronto con él, esperó una barbaridad y le llevó muy toreado, hasta el punto que después que había hecho una faena muy buena con la derecha, con muletazos, yo, viendo el peligro que corría en aquel sitio, sin poder contenerme, le grité: “Manolo, ¡a matar!”. Como este gran torero era tan noblemente soberbio, me miró con su habitual altanería, y entonces en lugar de terminar la faena, la alargó un poco más. Después igualó al toro y se tiró a matar irreprochablemente. El toro, en esta suerte, no lo hubiera cogido, porque consiguió pasarlo; es decir, que él ya había dejado atrás el peligro de los cuernos, pero se detuvo unos segundos más de lo debió, y, ya fuera de la suerte, el miura giró y alargó la cabeza y lo enganchó por la pierna. Eso es todo.”

Muchas son las canciones que se han dedicado a Manolete, seguramente es el diestro que encabeza el escalafón de composiciones dedicadas a su persona, tiempo habrá de hablar de ellas, pero hoy quiero centrar mi atención en una que, seguramente, muchos de ustedes ignoren que está dedicada a él. Se trata del pasodoble Capote de grana y oro; composición de la gran cuadrilla de la copla, como yo los llamo, Quintero, León y Quiroga. Estrenada por Juanita Reina, el 15 de noviembre de 1951, en el Teatro Calderón, de Valladolid, dentro del espectáculo La niña valiente; grabada en disco por Juanita en 1952, también formó parte de la banda sonora de la película Gloria Mairena que protagonizó la Reina. Fue un gran éxito desde el momento de su lanzamiento. De todas las versiones que se han realizado de este pasodoble, yo me quedo, sin lugar a dudas, con la de Juanita Reina.

La letra de la copla es poesía pura, -¡óle a Rafael de León!-, huye de los tópicos de este tipo de composiciones y no nombra en ningún momento a los protagonistas del drama, ni se cita a Manolete, ni a Islero, ni a Miura, ni a Linares, y, además, por la fecha de publicación de la misma, casi cinco años después de la tragedia, algo nada habitual para homenajear a un torero muerto a resultas de una cornada, hace de esta copla algo más que un simple homenaje oportunista. No cabe duda de que está dedicada al torero de Córdoba, y por si alguna queda, la propia Juanita Reina lo confirmó en entrevista recogida en cinta magnetofónica. La músi
ca del maestro Quiroga es majestuosa, ajustada a la solemnidad del tema y al espíritu de la letra, y da pie para el lucimiento de Juanita Reina en una interpretación que pone de manifiesto su grandeza.

Ante la imposibilidad de encontrar un vídeo que recoja esta interpretación, quiero presentar una versión de la joven cantante malagueña Eva Román. Nacida en 1977, cursó estudios de
canto y solfeo y debutó en la Feria de Málaga en 1992. En la ocasión que recoge este vídeo actúa en Aranjuez, acompañada por la Banda Joaquín Rodrigo, el 26 de noviembre de 2006. La calidad de la grabación no es la óptima, sobre todo en lo referente a la mezcla de la voz con la Banda, pero la interpretación es buena, sentida y con personalidad (debemos entender que una grabación en directo con el micrófono de una simple cámara de vídeo nunca puede ser óptima). Vaya cómo contrapartida que la interpretación de este gran pasodoble torero con acompañamiento de Banda de Música lo acerca mucho más a la plaza de toros, al lugar del drama, a la arena donde se dirime esa lucha contra la muerte que en esta ocasión se saldó con la vida del torero.

En este día de San Agustín de 2007, un poco más tarde de las cinco, a la misma hora en que Manolete, setenta años antes, saludaba a la afición de Linares antes del comienzo de su última corrida, la que iba a conducirle al negro túnel de la muerte, doy curso a esta entrada. Sirva para que los lectores y oyentes ofrezcan su homenaje, no con el silencio, sino con la escucha, y aún con el canto el que se atreva, de este gran pasodoble dedicado en su honor.

Capote de grana y oro
Quintero – León – Quiroga

Que le pongan un crespón a la Mezquita,
a la Torre y sus campanas, a la reja y a la cruz,
y que vistan negro luto las mocitas
por la muerte de un torero caballero y andaluz.
De luto todos los cantes
y las mujeres flamencas con negras batas de cola,
De luto los maestrantes
y la moña deslumbrante de la guitarra española.

Capote de grana y oro
alegre como una rosa
que te abrías ante en toro
igual que una mariposa.
Capote de valentía
de su vergüenza torera,
que a su cuerpo te ceñía
lo mismo que una bandera.
Como reliquia y tesoro
te llevo en el alma mía
capote de grana y oro.

Que le pongan lazo negro a la Giralda
a la Torre de la Vela y a la Alhambra de Graná
y también a la bandera roja y gualda
y un silencio en los clarines de la fiesta nacional.
Que lloren los bandoleros
en los picachos mas alto de la Sierra cordobesa.
Que llore Madrid entero
las majas y los chisperos, los reyes y las princesas.

Capote de grana y oro
alegre como una rosa

que te abrías ante en toro

igual que una mariposa.

Capote de valentía
de su vergüenza torera,
que a su cuerpo te ceñía

lo mismo que una bandera.

Como reliquia y tesoro

te llevo en el alma mía
capote de grana y oro.

lunes, 27 de agosto de 2007

Yo no estuve en Bilbao

Yo no he estado en Bilbao el pasado 25 de agosto de 2007. No, lo juro, seguro que no he estado en la plaza de Vista Alegre el día en que ha sido coronado emperador de la tauromaquia, por aclamación general y unánime de todo -todo- el orbe taurino, Manuel Jesús “El Cid”. He debido de estar en otra ciudad, en otra plaza, en otra corrida… no lo sé, pero puedo asegurarles que no he contemplado las maravillas que nos cuentan los que aseguran que las vieron.
Yo he presenciado una corrida de Victorino Martín noble y con poca fuerza, y digo noble porque de los toros, cuatro (1º, 3º, 4º y 5º), embistieron con el morro por el suelo, sumisos a los cites, obedientes hasta donde dictara el vuelo de la muleta, nobles y colaboradores, y de los dos restantes, el 2º, que presentaba algún problema por el pitón derecho, apunto buenas maneras por el izquierdo que el matador no supo o no quiso ver, y
el 6º, manso, al que había que porfiarle el primer muletazo pero que una vez enganchado y dejándole la muleta en la cara soportaba cuatro o cinco repitiendo y con la transmisión del manso encastado. Y digo que he presenciado una corrida floja, muy justa de fuerzas, sin correas, como dice mi amigo Chema, porque todos los toros, salvo el 4º que sólo tomó una y del que me ocupare más adelante, tomaron una vara y un picotazo, y a todos les sobró el picotazo, y ha alguno, hasta la vara. Las alimañas no aparecieron por ningún lado, fueron todos nobles, y todos tuvieron faena. Se cortaron cuatro orejas pero podrían haber sido el doble, porque a Victorino le salió una corrida para figuras, toreable y sin complicaciones, y si sigue en esa línea, y rebaja el puntito de casta que todavía les queda a sus toros sin que se le paren como en Madrid, pronto, muy pronto se pelearan las figuras por matarla en las ferias y apuntarse el tanto del “gesto” con garantías bien fundadas.
Y digo que he debido estar en otra plaza, o acas
o arrebatado por algún brujo o ser maligno que ha utilizado sus poderes para que mis ojos contemplaran como real el espejismo ante el que me situaban, porque lo que yo he contemplado han sido buenos pases sueltos, eso sí, los fundamentales, el derechazo -más-, y el natural -menos-, y buenos pases obligados de pecho, pero no he visto en toda la tarde una faena maciza, construida en base a un plan y una estrategia, con su desarrollo, su nudo y su desenlace, lo que se dice una faena rotunda, o redonda, (el pasado año 2006, el día 12, día grande de las fiestas de Zaragoza, ante un toro-novillo de Valdefresno -4 años y 1 mes- tuve la suerte de contemplar una faena de Manuel Jesús “El Cid” de estas característica, una faena maciza a la que puso rubrica con una buena estocada). Pienso que sobre la arena negra del coso bilbaino de Vista Alegre hubo varios toros que ofrecieron posibilidades de hacer, al menos, una faena, y más si nos encontramos, como asegura la inmensa mayoría de aficionados y la unanimidad de la prensa taurina, ante el nuevo rey del toreo clásico. Un ser dotado de esas capacidades pienso que debería haber aprovechado, al menos, una de las oportunidades que se le presentaron. En cuanto a las estocadas, una, después del pinchazo en todo lo alto al 5º toro, fue buena, una muy buena estocada de la que el toro salió muerto. Ese fue el toro de las dos orejas.
No quiero detenerme en un análisis pormenorizado toro por toro, pero si quiero fijar algunos detalles de lo que yo vi, o creí ver, vaya usted a saber, porque es tan abrumadora la mayoría contraría a mi opinión que lo más razonable serí
a considerar estas palabras son producto de un sueño más que una realidad y que tan sólo las tengan en cuenta como un mero ejercicio de ficción. Tengo que decir que a “El Cid”, y al público que lo recibió con una ovación, le gusto el primer toro, para mi el de más trapío del encierro, lo intentó y sacó buenos pases sueltos, pero el toro era demasiado flojo y no llegó a transmitir emoción en el tendido. La estocada cayó baja y trasera. Del segundo ya he dicho que, según mi modesto entender, tenía un buen pitón izquierdo, fue el más destartalado el encierro y escurrido de los cuartos traseros, no le gusto al respetable ni a “El Cid”. El tercero era noble hasta decir basta, tan noble que no parecía ni Victorino, por las condiciones del toro este era uno de los de faena redonda, la cosa se quedo en buenos pases sueltos, una estocada trasera y oreja.

El cuarto merece punto y aparte. El cuarto, (“Embolado”, nº 259, de enero de 2003, negro entrepelado y con 544 Kgrs.) fue pronto al caballo en el primer encuentro, cuando el matador se disponía a colocarlo en suerte para la segunda vara se arrancó de improviso y acometió al caballo por “salva sea la parte”, no llegó a recibir ni un picotazo, yo lo vi porque sucedió debajo de mi localidad, y “El Cid” se aprestó a pedir el cambio porque, supongo que pensaría, le aquejaba, igual que a sus hermanos, la enfermedad de la flojedad. Pienso que se equivocó, tenia que haber sacado el toro y ponerlo en suerte debidamente, pienso que el toro, como ocurrió más tarde en banderillas cuando acudió como un tren al cite de “El Alcalareño” posibilitando dos de los momentos más importantes de la tarde, rubricados con estruendosa ovación y desmonteramiento, hubiera acudido a un segundo encuentro con el caballo raudo y al galope y nos hubiera brindado uno de los momentos importantes de la tarde y la feria, no fue así. El toro llegó a la muleta con más fuerza que sus hermanos y con ganas de embestir, era el más Victorino de todos y había que dominarlo y bajarle la mano, era noble pero listo, “El Cid” se confió demasiado, creo que le perdió el respeto y el toro le dio un revolcón. Tengo que decir que después del revolcón el torero no se arrugó y saco más pases buenos, algunos muy buenos, pero sueltos, no mató bien, trasera y baja, aunque enterró todo el estoque, oreja y una accidente con una banderilla que casi le revienta un ojo. Me quedo con la duda de que hubiera pasado con esa segunda vara, e incluso pudieran haber sido tres, esa duda me queda sin resolver, y de la falta de resolución de este interrogante tiene toda la responsabilidad su matador.
El quinto fue el que toreó con más convicción y ligazón, y la estocada que dio muerte al toro, merece la pena repetirlo, fue la mejor, la única, de toda la tarde. De las dos orejas, con una estoy conforme. El sexto fue manso y, mire usted por donde, en ese toro se esforzaron por ponerlo en suerte desde lejos y, claro, el toro no iba, y cuando fue, después de mucho insistir el picador, el picotazo de rigor y salió suelto. Y en este toro, con todo ya ganado, “El Cid” se empeño en redondear lo que para entonces, en las mentes de aficionados y periodistas, era ya una hazaña de la tauromaquia del siglo XXI. Estuvo porfiando y sacando buenos muletazos e, incluso, alguna serie más que aceptable. Fue el momento en que más me llegó la labor de Manuel Jesús, cuando ya se lo creía y después de estar sentado en el estribo, con la cara entre las manos, dicen que emocionado, al serle concedidas las dos orejas del quinto.
En resumidas cuentas, la corrida, en su conjunto, estuvo bien presentada y
me pareció floja -muy floja-, y noble -muy noble-, apta para ejecutar el toreo que se practica hoy en día, pero me preocupó su comportamiento, y más tratándose de una corrida de Victorino. Manuel Jesús “El Cid” dio buenos pases, bien ejecutados, como mandan los cánones, pero sueltos, repartidos en varios toros y en diferentes momentos, pero no cuajó una faena completa. Si pudiéramos agrupar el ramillete de pases que dio a lo largo de toda la tarde en una sólo faena, más la estocada en su sitio y hasta la bola del 5º toro, sí que podríamos estar hablando de algo grande, de una de esas faenas que se recuerdan para toda la vida, pero no fue así, y si lo fue yo no lo vi, ya digo que, seguramente, arrebatado por algún pesado sueño que me transporta a una dimensión alejada de la realidad.
Quizá sea muy exigente, no lo sé. Quizá mi concepto de lo que es torear este anticuado, es posible, pero desde siempre he pensado que dar pases, por muy buenos que sean, no es torear, y en el coso de Vista Alegre, según mi opinión, hubo mucho de lo primero y nada o casi nada de lo segundo. Quizá sea necesario revisar mi concepto de faena (conjunto de acciones que deben llevar a dominar el toro, hacer arte con él y matarlo de una buena estocada), puedo asegurarles que me esforzaré en ese cometido y repasare mis fundamentos, pero, según mi criterio, no hubo una faena completa, de las que arrebatan, de las que no se olvidan, en toda la tarde.
Quizá otros factores, ajenos a la tarde del 25 de agosto, ha llevado al ensalzamiento excesivo de la actuación de “El Cid” en Bilbao. Quizás, hartos de la propaganda de los que han creído ver redimido al “Mesías” en la figura de otro torero, ha conducido a una reacción en sentido contrario en apoyo de este “Campeador” que, al menos, utiliza las armas del clasicismo para enfrentarse a los toros. Yo, si tuviera que elegir entre los dos, no lo dudaría, entre Domingo Ortega y Manolete hubiera sido del primero.
Una última cosa, aún a riesgo de parecer pesado. Repasen la corrida de hace 25 años en Madrid, la que muchos consideran “corrida del siglo”, hubo toros de Victorino de todas las condiciones, alimañas y toreables, pero con fuerza. Y hubo, al menos, tres faenas de peso y con argumento (la del 1º y 4º, a cargo de Ruiz Miguel, y la del 3º, quizá la mejor de todas, que realizó José Luís Palomar). En Bilbao no hubo nada de eso, o yo, al menos, no lo vi o no supe apreciarlo.

Aunque ya les digo, no hagan mucho caso a mis impresiones porque quizá no estuve en Bilbao en dicha tarde, o quizá un ser maligno, o un brujo, o una pesada digestión, obnubilaron mis sentidos y no fui capaz de apreciar el renacimiento del toreo clásico que casi todos vieron. Si no estuvieron y han de creer ha alguien, no lo duden, quédense con lo que dice la abrumadora mayoría y consideren este escrito un mero ejercicio de ficción. Y a los que hayan llegado hasta el final, gracias por haberlo hecho, me ha salido demasiado largo, lo que quería decir con muy pocas palabras lo podría haber dicho, pero ha sido tal el aluvión de opiniones ensalzadoras y rotundas que he creído oportuno extenderme un poco más para explicar mis reparos. La corrida fue buena, “El Cid” estuvo bien, pero tanto, tanto…

viernes, 24 de agosto de 2007

Al "Bocho"

- Hola don Pepe.
- Hola don José.
- ¿Qué de bueno le pasa? Lo veo contento, sonriente, bien arreglado y con la maleta preparada. ¿A dónde va usted?
- Al Bocho, don José.
- ¿A dónde dice…?
- Al Bocho le he dicho, es el apelativo cariñoso con el que se conoce popularmente la ciudad de Bilbao en el mundo entero. Parece mentira que usted, tan sabiondo en tantos temas, no lo supiera…
- Yo es que no domino ese lenguaje popular. ¿Sabe usted…?
- Pues para que se entere usted, hasta don Miguel de Unamuno utilizaba dicho término para referirse a Bilbao hace ya más de cien años y, precisamente, ese personaje no era un ignorante. Yo pienso que la cultura y el saber no están reñidos con lo popular, y usted se cree que…
- Bueno, bueno, don Pepe... déjelo, déjelo ya... no podemos hablar de nada que no acabe con alguna reprimenda por su parte…
- Pero es que, a veces, dice usted unas cosas, don José…
- Ya, ya… y, ¿a qué va al Bocho, si puede saberse?
- ¿A qué voy a ir…? ¡A los toros! A las Corridas Generales.
- ¿De propio?... ¿Usted sólo?
- Voy en compañía de unos amigos de la Asociación Taurina a la que pertenezco. Aprovechando que la familia está en la playa con los nietos, y que aquí pocas obligaciones tengo… pues a Bilbao a los toros, además, tenemos una buena relación con un grupo de aficionados de allí.
- Lo pasaran bien. Bilbao lleva fama de exigir los toros grandes, los más grandes y cornalones del campo bravo, vamos…como a usted y a sus amigos les gustan.
- Como tiene que ser en una plaza de la categoría de primera como es la de Bilbao, toros con el trapío exigido en esos cosos, ni más ni menos, y el que se quiera anunciar que se anuncie.
- Pero esos toros preparados para Bilbao, con unos pitones de aúpa y pasados de kilos, imponen respeto, crean dificultades y no facilitan el triunfo de los toreros…
- ¿Y para qué están los diestros? Su obligación es hacer frente a las dificultades que les presente el astado y, en base a la técnica de la lidia aprendida, solucionar la papeleta, sí así lo hacen el triunfo vendrá por añadidura.
- Pero los toreros de arte no pueden lucirse con ese ganado, don Pepe... y los espectadores que van a divertirse, a pasar una tarde de feria en los toros, se aburren.
- Los toreros de arte, don José, si consiguen imponerse a las dificultades del toro y al respeto que impone su trapío, pueden triunfar con mucha más fuerza que cualquier otro diestro que no posea ese don, porque, además de la calidad artística de su faena, la habrá realizado ante un toro que, por su misma presencia, impone respeto y emoción, y eso revalorizará su triunfo mucho más.
- Eso no ocurre todas las tardes. La experiencia de haber visto muchas corridas me dice que, con ese ganado, para divertirse un día te aburres un ciento.
- No se trata de divertirse o aburrirse, don José, los toros son otra cosa, requieren entendimiento, análisis, conocimiento…
- ¡Ya está usted con la filosofía! Los espectadores no va a los toros para pensar, están en fiestas, van con los amigos, muchas veces como prolongación de una comida de empresa, con su puro, su copa, entre risas y chascarrillos…
- Y luego pasa lo que pasa, que no se enteran, que no entienden ni papa, que se fijan en lo anecdótico y pasan por alto lo fundamental, que no les importa que el torero -utilizando las herramientas más propias de un albañil- tire del toro con el pico, en la pala y hacia fuera, que les da lo mismo en donde caiga la espada con tal de que entre entera… Todo les da igual hasta que llega el momento de sacar el pañuelo para solicitar el triunfo, y si así no lo consiguen, tornan su espíritu festivo en insultante para espetar a los ocupantes del palco, sin razón, los improperios más groseros que imaginarse puedan.
- No será para tanto, don Pepe. Las fiestas, una copa de más, ya se sabe… ¿Y ese ambiente de feria se respira en el Bocho?
- No lo sé, es la primera vez que voy a estar en el coso de Vista Alegre.
- Al menos, toros bien presentados verán, dicen que allí siempre van las cabeceras de camada de las ganaderías.
- Eso dicen.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Video de "Huapango Torero"

Buceando por YouTube he encontrado un estupendo vídeo de doña Lola Beltrán interpretando "Huapango Torero" desde el escenario del Palacio de Bellas Artes de México D.F.
Picando sobre el título de la canción podrán acceder a la entrada que publicamos en este Blog hace algún tiempo que contiene la historia, la letra y, ahora también, el vídeo. Disfruten.