“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala
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jueves, 13 de octubre de 2011

¿QUIÉN ES EL SUBNORMAL?

Zabala de la Serna, comienza su crónica de la corrida de Parladé y otros hierros que sufrimos ayer, día grande de las Fiestas del Pilar de Zaragoza, en “El Mundo” diciendo: “El presidente Pasamontes, que suena a alias de contrabandista, le dio por cargarse la corrida desde el minuto uno siguiendo los parámetros de un energúmeno que desde el tendido 4 protestaba todo lo que salía por toriles con el hierro de Parladé (Juan Pedro).
Pura y puta demagogia para devolver un primero con muchos menos motivos que otros en esta feria. Dobló una vez las manos y el usía se apresuró a sacar el pañuelo verde buscándole la ruina al festejo. Pero es que el energúmeno del "4" siguió llamando becerro a un cinqueño sobrero de cortas manos y amplia testa, y eso ya no es un aficionado, es un chufla. Incluso el toro llegó a tener cierto brío que se evaporó. Pero no había ni un motivo inicial de protesta más que la subnormalidad.
Desde entonces, el usía Pasamontes había marcado una línea de devolución tan alta que también el segundo fue para atrás. Y un sobrero de San Mateo con más razón. Y al tercer suplente, quemado ya tan pronto, lo sostuvo por no meterse en una espiral mayor.”


Carlos Ilián, en Marca, dice: “Casi todos inválidos y mansos, en un baile de corrales con sobreros de toda condición, menos la fuerza y la casta. Todo un muestrario ruinoso de cuatro hierros distintos y tres ganaderías verdaderas, pues San Pelayo y San Mateo son la misma cosa. Un espectáculo deplorable de dos horas y media.
Entre tanta ruina ganadera apenas dos toros mantuvieron la vertical, aunque a duras penas, en concreto el tercero y el cuarto.”


Y Andrés Amorós, en ABC, escribe: "El surrealista belga Magritte provocó al personal al titular una de sus pinturas: «Esto no es un cuadro». Lo mío es mucho más simple. Esto no es una crónica de una corrida de toros por la sencillísima razón de que no ha habido toros: animales con fuerza, con casta, con alegría... Numéricamente, sí ha habido toros; demasiados, incluso: seis de la ganadería titular y cuatro sobreros. Y eso que en Zaragoza no está el tendido «7»... Al revés: el público maño se ha comportado con benevolencia, para mí, excesiva. No hace mucho, hubieran «quemado la Plaza», metafóricamente hablando.
Anotemos hechos: una hora después del comienzo, sólo habíamos visto lidiar un toro. Cuando el sexto flaqueaba, después de casi tres horas, una espectadora clamaba, horrorizada: «¡Por Dios, no! ¡Que no devuelvan otro más!» Algunos sociólogos han acuñado la fórmula «la generación ni... ni...», para los jóvenes que ni estudian ni trabajan. Los que hemos sufrido esta tarde podrían ser «toros ni... ni...»: ni molestan al torero ni emocionan al personal, que se indigna o se aburre como una ostra.
Hemos visto reses claudicantes, que dan lástima, en vez de dar miedo, como es su obligación. Todos son nobles pero flaquean; algunos se derrumban. Todos se quedan sin picar. Ni admiten quites ni toreo de capa. A todos se les acaba muy pronto el depósito de la casta y se paran...
Conclusión evidente de esta no crónica: así, no vamos a ninguna parte.”


Después de contrastar la opinión de Zabala de la Serna, corresponsal taurino de “El Mundo”, que incluso se contradice en su propia crónica, con la de otros dos colegas de profesión y viajes por las distintas ferias españolas, como son Carlos Illán, en “Marca” y Andrés Amorós”, en “ABC”, que en las suyas le vienen a dar la razón a quien Zabala de la Serna llama “chufla” y “subnormal”, solo me queda plantear una pregunta y juzguen ustedes mismos: ¿Quién es el subnormal?

lunes, 20 de junio de 2011

JOSÉ TOMÁS TIRA MÁS DEL ABONO QUE TODAS LAS "FIGURAS" JUNTAS ¿POR QUÉ SERÁ?

Escuchado en la noche de ayer el programa taurino “Clarín” me llamó poderosamente la atención una noticia. Decía el corresponsal de Valencia que, de momento, ya se habían vendido más abonos para la “Feria de Julio”, en la que reaparece José Tomás, que para la pasada de “Feria de Fallas”. Una Feria que desde hace muchos años es la segunda de la capital del Turia, con gran diferencia de asistencia de público con respecto a la de marzo, por la sola presencia de un torero en los carteles, se pone por delante. ¿Por qué será?

Ya se demostró antes de la retirada del torero de Galapagar, tras su gravísima cogida en Aguascalientes que lo ha mantenido fuera de los ruedos algo más de un año, que su presencia tiraba del abono tanto que suponía, a pesar de los altos honorarios que exige cobrar, una tabla de salvación para los empresarios. Al anunciar su reaparición este año, los empresarios hacen cola ante su representante para conseguir una actuación suya que signifique, ante las paupérrimas entradas de público en la mayor parte de los festejos, un revulsivo para sacarse el abono, pues aunque el día que actúa José Tomás pierdan dinero, lo recuperan e incrementan sus ganancias con la venta de abonos para el resto de los festejos de la feria que se dispara.

A tal extremo ha llegado la grave situación que atraviesa la Fiesta de los Toros, que depende de la presencia de un solo torero para llevar público a las plazas, cosa que el resto de toreros -“figuras” les llaman- por más empeño y triunfalismo que pongan los medios de comunicación a su servicio al narrar sus ¿hazañas?, no lo consiguen y, en consecuencia, solo reportan pérdidas a los empresarios que, además, se ven obligados a contratarlos para que los informadores cataloguen la feria como buena y el ente televisivo que trata de hacer negocio televisándolas les aporte algo de dinero.

Pero vamos a la pregunta del título de esta entrada y lo quiero hacer con otra pregunta: ¿No será porque José Tomás pone en el ruedo, con el mismo tipo de toro que quieren torear todos, lo que no ponen el resto de toreros considerados “figuras”? Ustedes mismos, queridos lectores, pueden poner la palabra que yo me callo.

martes, 7 de junio de 2011

EL BAREMO DE LAS PIPAS

En la última tertulia “En el Café de Chinitas”, hablando de la pasada Feria de “San Isidro” y de los días en que el aburrimiento -por el juego de los toros y la labor de los toreros- se apoderaba de los espectadores, Rafa sostenía que cuando esto sucede los vendedores de pipas hacen su agosto y los trabajadores del servicio de limpieza ven multiplicado su trabajo por la cantidad de cáscaras que se acumulan en los tendidos. Es algo que no ocurre, continuaba diciendo, en los días en que la emoción -por el juego de los toros y la labor de los toreros- predomina pues, entonces, con la atención y la mirada puesta en lo que sucede en el ruedo nadie se acuerda de los vendedores de pipas y demás productos de consumo que llevan en sus cestillos.

El tema venía a cuento por lo que mantenía David sobre las “dos fiestas” que conviven en las plazas de toros en la actualidad; las corridas mal llamadas "toristas", que por su dureza y complicaciones, cuando los toros sacan a relucir su casta y con ella sus problemas y actitudes cambiantes a lo largo de la lidia -ante los cuales la mayoría del escalafón actual se encuentra a la deriva por falta de conocimientos para resolver los problemas que presenta dicho ganado- y los espectadores, por el peligro y la emoción que conlleva enfrentarse a un enemigo poderoso, concentran su atención en lo que sucede en el ruedo; y las "otras", las también mal llamadas "comerciales", las que con un ganado descastado, flojo, previsible y colaborador, prefieren los toreros para realizar la faena que se traen preparada desde el hotel, siempre la misma, y que suele traer consigo, salvo contadísimas excepciones, el aburrimiento.

En el pasado “San Isidro” hemos tenido ejemplos de “ambas fiestas”. En la inmensa mayoría de las corridas, salvo momentos muy puntuales, con el “ganado de garantía” que reclaman los toreros, cundió el aburrimiento entre los espectadores y, con ello, el consumo de pipas y productos similares se multiplicó, y en las corridas denominadas duras, de las que tan solo se han lidiado dos en todo el ciclo ferial madrileño -la de Escolar y la de Cuadri- nadie se aburrió y, por consiguiente, los vendedores de pipas hicieron un mal negocio y el servicio de limpieza tuvo mucho menos trabajo.

jueves, 19 de mayo de 2011

JIMÉNEZ FORTES Y VÍCTOR BARRIO: NO CAMBIÉIS

Lo que con más nitidez recuerdo de cuando, siendo niño, mi padre me llevaba a las novilladas que se daban en la Plaza de “La Misericordia”, es la imagen de los novilleros cuando terminaba el festejo -si no acababan antes en la enfermería- con el traje destrozado y manchado de sangre. Esa imagen está en los cimientos de mi afición a los toros, sin tener una idea clara de los que era esta Fiesta en aquellos momentos, quedaba grabada a fuego en mi memoria, la entrega, las ganas, la desesperación, la heroicidad… de aquellos muchachos por forjarse un nombre de torero. Es algo que, arrinconado por el montón de banalidades en la que se ha convertido la Fiesta de los Toros en la actualidad, casi tenía olvidado. La ceguera producida por el espejismo mentiroso de la tauromaquia, vacía, falsa y aburrida del momento, casi había conseguido que olvidara aquellas imágenes legendarias de novilleros con el traje echo harapos, magullados y ensangrentados. Por sorpresa, esa imagen la volví a recuperar hace un par de días viendo a dos aspirantes a ser toreros, Jiménez Fortes y Víctor Barrio, que salieron a la plaza de Madrid como deben salir los novilleros, a jugarse la vida para conseguir un triunfo y que su nombre suene.

Es un soplo de esperanza. Viendo como esta el actual escalafón de toreros, instalados en la comodidad del toro moderno, ver novilleros que vienen empujando y jugándose el tipo, sabiendo que para llegar de verdad a los tendidos hay que generar emoción y, para que ello ocurra, es preciso un toro que embista, mejor o peor, pero que embista con algo de codicia y poder, no como el semoviente que se lidia en la gran mayoría de las corridas que, más que miedo, da pena. Para llegar al tendido, es preciso que el espectador advierta el riesgo de ponerse delante de un toro de verdad y tratar de torearlo, ese es el ingrediente fundamental de la emoción. Que el espectador sienta miedo de ver al diestro enfrentarse a un enemigo poderoso, con sus peculiaridades y características determinadas, y se juegue la vida para conseguir dominarlo y torearlo. Eso es la emoción. Y de este ingrediente, imprescindible y fundamental para fijar la atención del público, es de los que anda más que escasa la “nueva tauromaquia”. El tipo de toro requerido para este tipo de fiesta es el contrario del que puede ofrecerla. La emoción tiene que ver con la casta y el poder, cosa de la que huyen, como de la peste, los toreros actuales. En lo que llevamos de temporada, es mínimo el bagaje de lo ensalzable, demasiado escaso para las exigencias e imposiciones de los “profesionales del toro”, lo abultado del precio de las entradas y la escasa rentabilidad que saca el público que acude a la plaza de toros.

Es por lo que titulo este artículo con una petición, porque el soplo de aire fresco para mi afición que significó ver a Jiménez Fortes y Víctor Barrio jugarse el tipo a cara o cruz, el pasado 16 de mayo en Madrid -91 años después de la muerte de “Joselito”, por el que, siguiendo la tradición, se guardó un minuto de silencio al comienzo de la novillada-, ante una difícil y exigente novillada santacolemeña de “Flor de Jara”, además de hacerme recuperar imágenes y sensaciones casi olvidadas, significó un soplo de esperanza de cara al futuro. La emoción la debe poner el toro, pero el torero también debe poner de su parte, en el actual escalafón de figuras, acomodado al toro colaborador, es algo olvidado… el simulacro es demasiado flagrante, las excusas demasiadas y demasiadas las facilidades… les da lo mismo porque tienen la temporada repleta de fechas desde antes de empezar. Pero el público se aburre una y otra tarde, y eso es mala cosa, lo peor que le puede ocurrir a quien va a los toros. Por eso pido a Jiménez Fortes y Víctor Barrio que no cambien, que se olviden de los cantos de sirena de los apologistas del toreo moderno, que sin duda alcanzaran sus oídos, y que sigan por el camino que se trazaron en el coso venteño en su actuación del pasado 16 de mayo del 2011, donde nadie se aburrió, porque ese es, no sólo el camino de su éxito personal, si no el que debe de seguir la Fiesta de los Toros para recuperar el favor y la atención del público y de los aficionados.

Aunque el gesto de este par de novilleros haya quedado sepultado por el triunfalismo de los días posteriores con la aparición de los "figuras" y "sus toros", quiero volver a recordarlo pues, ver su actuación, significó una vuelta a los orígenes de mi afición taurina, cuando desde la andanada de "La Misericordia" contemplaba a esos novilleros de entonces volver una y otra vez ante la cara del novillo, sin preocuparse de su integridad física ni mirarse el traje una sola vez, con la única obsesión de conseguir el triunfo al precio que fuese.

viernes, 8 de octubre de 2010

LOS TOROS AL MINISTERIO DE CULTURA COMO UNA FORMA DE HUIR HACIA DELANTE

Cuando los toreros y los profesionales de distintas especies que habitan a su lado están volcados en una campaña para conseguir que la Fiesta de los Toros pase a depender del Ministerio de Cultura -nos podemos imaginar con que intenciones-, son cada vez más las voces de toreros retirados, periodistas e intelectuales que se identifican como aficionados, que consideran esa iniciativa como un error que podría resultar catastrófico.

Pero lo más llamativo de los razonamientos que sostienen es que plantean sin tapujos que la mayor amenaza para la Fiesta está dentro de sí misma, que no son los animalistas ni los movimientos abolicionistas su mayor peligro para su desaparición, ni los políticos que se manifiestan en su pro o en su contra con la vista puesta en la recolección de votos, sino los que, desde dentro, están convirtiéndola en una pantomima exenta del contenido que la ha mantenido viva desde hace siglos y que están consiguiendo que los aficionados y el público estén desertando de las plazas de toros. El último Luís Francisco Esplá, que recibirá este año la Medalla de las Bellas Artes que concede el Ministerio de Cultura -el argumento más sólido de los que plantean el trasvase de Ministerio- ha declarado: "Lo que queremos es llevar a un tullido a agonizar a un hospital. El toreo está en un estado catastrófico y necesita una depuración. Sería una insensatez llevar el toreo a Cultura." 

Ese es el auténtico problema y no pueden solucionarlo los que lo han creado porque forman parte del mismo. No se cual será la solución, si es que la tiene, pero está claro que ese no es el camino. Quizás sería más acertado, como ha ocurrido en otros momentos de crisis por los que ha pasado la Fiesta, dejar que fuera el propio toro -en su total integridad y con todo el poder que su naturaleza le da- el que pusiera las cosas en su sitio. Muchos, si no casi todos de los que están, saldrían por patas, pero… ¿Quién le pone el cascabel al gato?

lunes, 6 de septiembre de 2010

PAQUIRRI, RIVERA ORDÓÑEZ O "PAQUIRRI II"

Hace algo más de dos meses, con motivo de la tradicional corrida de Asprona que se celebra anualmente en Albacete, al coincidir en el cartel con dos compañeros cuyos padres alternaron juntos hace unos cuantos años y se acartelaban con el mismo nombre que sus progenitores -José María Manzanares y Dámaso González- Rivera Ordóñez decidió suplantar el de su padre para anunciarse ese día de forma extraordinaria y repetir, una generación después, los mismos nombres en el cartel que entonces. Como curiosidad tiene su gracia. Posteriormente, el protagonista de esta historia comentó que en más de una ocasión había pensado en cambiar su nombre artístico por el de su progenitor. Ahora, al final del verano, parece ser que el cambio se ha producido y Rivera Ordóñez ya se anuncia en los carteles con el mismo nombre que su padre: “Paquirri”.

Vayamos por partes. Por un lado, lo que haga Francisco Rivera Ordóñez con su nombre me trae sin cuidado, valoro su carrera por lo que le he visto hacer en el ruedo y mi valoración es, más bien, baja, pero a estas alturas, después de 15 años de alternativa y con una dilatada trayectoria a sus espaldas, me parece, más que oportuno, oportunista este cambio de nombre. Por otra parte, pienso que es la usurpación de un nombre -por muy padre suyo que sea- y de una carrera taurina que no le pertenece pues, Francisco Rivera "Paquirri", con su estilo, que no es cosa de la que tratar aquí, y con sus partidarios y sus detractores, fue una figura indiscutible en su momento y estuvo muchos años mandando en los puestos altos del escalafón y, por derecho, tiene su capítulo en la historia de la Tauromaquia. Al menos, si se anuncia con el nombre de su progenitor, Rivera Ordóñez debería dejar claro que es el número II de esa dinastía y, para evitar confusiones -ahora y en el futuro- y diferenciarse de su padre, debería tener el decoro de anunciarse como: “Paquirri II”.

lunes, 9 de agosto de 2010

UNA ESTRATEGIA QUE NO SE PUEDE TOLERAR

Escuchando en la noche del pasado domingo el programa taurino “Clarín”, de RNE, y según un aficionado autorizado para estar presente en el reconocimiento, que fue testigo de todo lo ocurrido, uno de los protagonistas del bochornoso espectáculo vivido en el Puerto de Santa María el pasado fin de semana, venía a decir que, en estos momentos por lo que atraviesa la Fiesta, a raíz de la prohibición de las corridas de toros en Cataluña, había que dejar de lado las diferencias y apoyar sin fisuras el espectáculo de los toros.

No voy a entrar en lo ocurrido porque hay suficiente información en los diferentes blog’s que mantienen los aficionados, pero si quiero detenerme en esta idea que, desde que se produjo la decisión del parlamento catalán, mantienen los taurinos profesionales y los medios de comunicación que los apoyan. No es más que una estrategia para, aprovechando estos momentos en que los aficionados están sensibilizados con esa medida, tratar de colar lo de siempre: “el toro a modo” que, en vez de emocionar, aburre y que, tarde tras tarde, imponen los “figuras” de turno en la mayoría de las plazas en las que se anuncian.

Según mi opinión, reflejada en entradas anteriores de este blog, ese es el auténtico problema que atraviesa la Fiesta de los Toros y no el de la prohibición. Lo que me parece una sirvengozonería -más gorda si cabe que todas las que acostumbran a perpetrar los taurinos profesionales a diario- es aprovechar esta situación para dar un paso más en sus propósitos de convertir esta Fiesta, que durante siglos a resistido los embates de todo tipo de prohibiciones, en una pantomima sin contenido y emoción alguna. Con estos apoderados y toreros no hace falta ninguna “Iniciativa Legislativa Popular” para acabar con los toros porque, más pronto que tarde, como se puede comprobar viendo las paupérrimas entradas que registran las plazas de toros, casi nadie acudirá a las corridas de toros y los que vayan es posible que no vuelvan. Ese es el auténtico problema, la pobres entradas que se registran en los cosos aunque se anuncien los “figuras” que mandan en el escalafón y que amenazan de ruina el negocio taurino. Siguen sin quererlo ver, la Fiesta de los toros es una Fiesta de la emoción y si esta desaparece no tiene ningún sentido. Pues nada, como aquella película de Paco Martínez Soria… “erre que erre”.

Pero lo más preocupante de esta ceguera de los taurinos es que, si bien los aficionados nos quedaremos sin nuestra Fiesta preferida, cosa que ya casi han conseguido pues cada vez son más los que no acuden a las plazas a presenciar estos montajes, ellos: los toreros, los subalternos, los apoderados, los ganaderos, los empresarios, los periodistas… y todos los que viven de los toros, se van a quedar sin trabajo.

lunes, 5 de julio de 2010

LA MENTIRA ES DEMASIADO EVIDENTE

Lo que más daño hace a cualquier manifestación artística o deportiva, si nos atenemos a su aceptación por el público que paga por estar presente en ella, es que la mentira, la trampa, sea demasiado visible. Eso es, precisamente, lo que esta aconteciendo con la Fiesta de los Toros en la actualidad. Los taurinos, en su afán por llevárselo todo y de la forma más fácil posible, están acabando, si no han acabado ya, con su particular gallina de los huevos de oro. La representación de la corrida se ha convertido en una pantomima totalmente previsible y aburrida en donde, ni hay toros, tal y como se entiende que deben ser los toros para ser de lidia, ni hay toreros con el saber de las reglas del toreo para torearlos adecuadamente. El toro, actor principal de esta fiesta y el que le debe aportar su valor fundamental, la emoción, ha desaparecido, lo que ahora sale a los ruedos por tal es otra cosa parecida en la forma pero sin ningún contenido, pues lo han vaciado conveniente en la ganadería. Es demasiado evidente la manipulación, demasiado evidente el afeitado, demasiado evidente la falta de recursos... la mentira es demasiado visible. Esa es una de las razones, sin duda, por las que el público está dejando de ir a los toros, porque es demasiado evidente la mentira y no le gusta que le mientan.