“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala
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martes, 26 de abril de 2011

EL AFICIONADO Nº 33 YA ESTA DISPONIBLE PARA DESCARGAR

El Fanzine nº 33 "El Aficionado", órgano de expresión de la A.C. "La Cabaña Brava" correspondiente al mes de abril del 2011, que se publica semestralmente, ya esta listo para DESCARGAR desde su página web. En esta ocasión, y teniendo en cuenta los continuos adelantos de la tecnología,  se han realizado dos versiones del archivo PDF, una con formato para imprimir, como todos los números que se han colgado hasta el momento, y otra con todos los artículos  dispuestos correlativamente para leer directamente en el ordenador o en libro electrónico, previa conversión al formato del eBook que cada uno tenga.

lunes, 18 de octubre de 2010

POR UNA REGENERACIÓN MORAL DEL TOREO

Cada vez se escuchan más voces autorizadas que apuntan hacia dentro del sistema taurino como el mayor problema que tiene la Fiesta de los Toros en la actualidad. El último, el filósofo Fernando Savater que lo manifestó claramente y sin tapujos en la presentación de su último libro, “TAUROETICA”. Es una opinión que hasta hace muy poco tiempo solo mantenían los aficionados tachados por el sistema de “radicales” y “reventadores” por el simple hecho de decir la verdad. Ahora son muchos más los que sostienen esta opinión que apunta directamente hacia quienes controlan los hilos del negocio taurino, los “figuras” y el equipo que lo rodea, que son los máximos responsables del funcionamiento fraudulento que cada vez es más visible tanto para destacados personajes de la cultura y el pensamiento que, hasta ahora, con su silencio parecian apoyar el mantenimiento del sistema, como para el público ignorante que, ante la evidencia, empieza a sospechar del engaño del que está siendo víctima.

Ha llegado tan lejos la adulteración del espectáculo taurino, tal ha sido su deterioro, que se enfrenta a otras consecuencias con las que seguramente no contaban los “profesionales”, como es el descastamiento generalizado al que se han sometido las ganaderías que no querían quedarse sin una parte del pastel. Ahora los toros que matan los figuras son unos ejemplares enfermos y sin poder que facilitan el trabajo de los toreros al disminuir el riesgo, pero por contra, se quedan parados más pronto que tarde, lo que imposibilita una labor de lucimiento, con lo que el aburrimiento, el peor enemigo de la fiesta, se apodera del público que, en muchas ocasiones, no vuelve jamás a una plaza de toros.

La oferta del espectáculo taurino actual, después de ver los resultados, queda muy por debajo de lo que el público exige de un espectáculo de masas que no es, precisamente, barato. Si para ser el campeón en cualquier deporte de élite se requieren, además de las condiciones físicas precisas, el esfuerzo y la entrega para competir al más alto nivel, lo que conlleva largas horas de entrenamiento y muchos sacrificios. Los toreros actuales, cuando consiguen un triunfo, no dan esa sensación de competir al máximo nivel enfrentándose a un riesgo claro y definido, como es un toro con trapío y poder, sino de comodidad cuando se enfrentan a unos animales mínimos, despitorrados e incapaces de moverse. Ocurre lo contrario lo que tendría que ser, los pocos toros de verdad que se lidian en la actualidad no los ven los que mandan en el negocio ni en pintura. El toro bobo y casi domesticado que imponen los “figuras” no trasmite sensación de peligro o riesgo, ni a los aficionados, ni al público ocasional. Como en los deportes, el campeón -el héroe- debe de salir del enfrentamiento con los mejores: los toros más serios que existan en el campo. 

Es por ello urgente una regeneración moral del toreo, derribar los falsos iconos levantados a golpe de propaganda y talonarios y volver a los orígenes, al toro que inspire miedo a entendidos y profanos en los tendidos, y el torero que con su saber lidiador y su valor se enfrente a él, le gane la pelea y, si es posible y tiene el duende preciso, lo haga con arte. El torero debe recuperar su condición de héroe popular, no por los líos de faldas o campañas publicitarias, sino en la plaza y frente al toro de verdad.

Pero regenerar moralmente el toreo, si no imposible, puede ser un proceso largo y tortuoso que requiere la colaboración de todos. La sociedad ha cambiado y los gusto de la gente también han ido cambiando con el paso del tiempo, pero de lo que no ha renegado el género humano es de la emoción. En busca de la emoción se hacen miles de kilómetros para asistir a un gran campeonato. Lo mismo ocurre con los verdaderos aficionados a los que no les importan las distancias cuando se desplazan a presenciar una corrida de toros que pueda resultar interesante. La emoción no ha perdido vigencia y el gran caudal de la Fiesta de los Toros es, precisamente, ese, generar emoción. Para ello hay que volver a poner las cosas en su sitio y devolverle a la Fiesta su verdad. Que el ganadero críe los toros bravos y fuertes, y que los toreros se ganen la condición de “figuras” matando los mejores toros. Difícil tarea que requiere el sacrificio de la comodidad de los toreros, pero, posiblemente, sea la única solución para que la Fiesta de los Toros sobreviva.

Nota: Artículo aparecido en el número 32 del Fanzine Taurino que publica "La Cabaña Brava" y que ya se puede descargar, en formato PDF, desde su página web picando aquí.

viernes, 23 de mayo de 2008

El Aficionado nº 27 (Fanzine Taurino)

“El Aficionado” es una publicación modesta en cuanto a su tirada, en estos momentos salen de imprenta 1200 ejemplares, unos 300 de ellos se distribuyen por correo ordinario entre aficionados de todo el mundo, el resto se reparten entre aficionados de Zaragoza o de cualquier otra plaza que, en nuestra peregrinación por la geografía taurina en busca del toro, podamos encontrar. Si ha esto sumamos los que se descargan por la Web, desde la página de “La Cabaña Brava”, podemos calcular que son alrededor de 2000 los aficionados que tienen acceso a nuestro fanzine. Poca cosa, sin duda, si nos guiamos por los números en bruto, pero no tan poca si pensamos que, con estos dos millares de ejemplares distribuidos, hemos conseguido amplificar la voz de un reducido grupo de aficionados de Zaragoza, agrupados en torno a Asociación Cultural “La Cabaña Brava”, mucho más allá de lo que nuestra presencia física nos permitía.

Porque no era otro el objetivo, “El Aficionado” nació con la idea de recoger la opinión libre del aficionado -tan ignorada a lo largo de la historia de la tauromaquia, y mucho más en la actualidad- en todo lo relacionado con la defensa, difusión y promoción de la Fiesta de los Toros y, todo ello, partiendo de la premisa de que para defender, difundir y promocionar esta incomparable Fiesta es preciso que se desarrolle, porque hay está su verdadera fuerza, en su total integridad y autenticidad. Aquí es donde esta el nudo del debate, el eterno centro de la discordia, entre los profesionales y los aficionados, y en ese debate debe de estar presente, no puede faltar la opinión de los aficionados, aunque sea a través de un medio tan modesto como nuestro Fanzine.


Sabemos que esta disputa, utilizando una referencia bíblica, es como la de “David contra Goliat”, porque nuestros medios son escasos y nuestra influencia mínima; “ellos”, los profesionales, tienen casi todos los resortes en sus manos, controlan el negocio y disponen de unos medios de comunicación -salvo contadísimas, y cada vez menos, excepciones- que los defienden a ultranza y justifican cualquier actuación o práctica, aunque atente, incluso, contra la propia supervivencia de la Fiesta; “nosotros”, los aficionados, solo tenemos nuestra voz en la plaza, y muchas veces, sobre todo en los periodos feriales, acallada por el griterío de los espectadores que, guiados por la fiesta, la propaganda o la moda, acuden a la plaza de toros a pasar una tarde festiva y divertida y, sobre todo, a pedir orejas. Pero a pesar de nuestra pequeñez y de la escasez de nuestros medios, basamos la esperanza de nuestra lucha en la constatación de que cuando la Fiesta se manifiesta en su total integridad, hasta el "público de feria" se conmueve y se emociona. Ese es nuestro mejor argumento porque es, ni más ni menos, el argumento base de la Fiesta.


Por eso, desde el principio de nuestra existencia como Asociación, nos plantemos la creación de una publicación que recogiera nuestras ideas y les diera salida más allá de nuestro círculo y que, a la vez, sirviera como aglutinador de aficionados. Ambas ideas, la necesidad de unión de los aficionados que pensamos que “otra Fiesta es posible”, y la necesidad de tener un cauce de expresión, por modesto que sea, en el que podamos opinar libremente, nacieron a la vez, se complementan, no se conciben una sin la otra. Cuanto más seamos, más se oirá nuestra voz y más lejos llegará nuestra opinión, y esta no se debe limitar tan solo a la cuestión central, fiesta “auténtica” o “descafeinada”, que es el nudo gordiano del debate. También debemos ocuparnos, y dejar clara nuestra opinión, sobre asuntos cotidianos y locales de la Fiesta, destacando las iniciativas que van en la línea de nuestras ideas y denunciando las prácticas que atentan contra ellas. Y tampoco debemos olvidarnos del rico sustrato, que lo impregna todo, que ha dejado la Fiesta de los Toros en nuestra historia y en nuestra cultura popular.


Pero no es momento ahora, ni de entrar en ese debate de fondo, ni de plantear la línea editorial o los contenidos de nuestro Fanzine, eso nos llevaría demasiado espacio y desviaría el origen primero de esta entrada que no es otro que, aunque tarde, presentar el nº 27 del Fanzine Taurino “El Aficionado”, órgano de expresión de la Asociación Cultural "La Cabaña Brava”, de Zaragoza, que vio la luz el pasado 23 de abril. Si lo quieren conseguir y que les quede “chachi piruli”, solo tienen que bajárselo, imprimirlo (primero páginas impares y luego páginas pares), ponerle un par de grapas para que no se le desbarate y leerlo tranquilamente. Si le gusta, y quiere colaborar en su difusión y distribución, no dude en imprimir más copias y repartirlas entre su círculo de aficionados. Entre todos podemos conseguir que llegue mucho más lejos de su recorrido inicial y, no debemos olvidarlo, si queremos, podemos.

viernes, 5 de octubre de 2007

El Aficionado nº 26

“Toro, torero y afición han sido durante siglos elementos imprescindibles en el devenir de la Fiesta Nacional. La pérdida de protagonismo de dos de estos elementos -toro y afición- coloca a la Fiesta ante algunos interrogantes frente a los que los aficionados ni podemos ni debemos permanecer ajenos.
Fruto de esta inquietud nace
“EL AFICIONADO” ventana independiente y plural, abierta a todo tipo de aportaciones y con un decidido espíritu convergente de todas aquellas ideas y personas, que al igual que nosotros, se sienten, día a día, comprometidos con la Fiesta.
Perseguimos un claro objetivo, que salga al ruedo el toro íntegro, y que al mismo se le haga una lidia completa y con el fundamento teórico suficiente. Desde esta modesta publicación alentaremos cualquier actuación que redunde en beneficio de la Fiesta y denunciaremos todo aquello que la haga peligrar.”

Con esta palabras en portada veía la luz el número cero de
“El Aficionado” en junio de 1996. Han pasado más de diez años desde entonces y un nuevo número, el que hace 26 de este fanzine taurino, órgano de expresión de la Asociación Cultural “La Cabaña Brava”, salta al ruedo. Aquel primer número contaba con 4 páginas, un simple folio doblado por la mitad, y bastaba una sencilla fotocopiadora para ponerlo en circulación. Este nº 26 cuenta con 52 páginas, 26 folios doblados por la mitad y con doble grapado para que no se desbarate demasiado pronto, y una complicada elaboración, que no voy a contar por no cansar, que culmina con el envío a una imprenta que es la encargada de convertir en algo tangible, en papel, en negro sobre blanco, lo que hasta el momento solo han sido palabras encapsuladas en procesadores de texto y programas de maquetación.

Pero dejemos al margen las cuestiones técnicas, lo importante es que se trata de un órgano de expresión libre e independiente y que, para poder serlo con todas las consecuencias, es sufragado íntegramente por los socios de
“La Cabaña Brava”. Esa independencia económica, que ha sido santo y seña desde el primer momento, es la que posibilita que la opinión de los aficionados sea expresada con total libertad y sin ninguna cortapisa.

La necesidad de crear una publicación para que sirviera de altavoz de las reivindicaciones de los aficionados estuvo clara desde un principio, no podíamos quedarnos simplemente protestando en el tendido, cosa que es importante, sin duda. Dada la situación por la que atravesaba la fiesta necesitábamos ir más allá, teníamos que aportar ideas, análisis, sugerencias, soluciones, propuestas… y para eso no bastaba sólo con protestar en la plaza, había que crear otros medios de llegar a los aficionados y a las autoridades y comunicarles nuestra preocupación por la fiesta. De los taurinos y de los periodistas a sueldo poco podíamos esperar porque solo les preocupa el negocio. Estaba claro, si queríamos explicar nuestras razones y propuestas con claridad y en profundidad necesitábamos una publicación.


A partir de ese momento la evolución de
“El Aficionado” y “La Cabaña Brava” ha sido paralela, no se puede concebir uno sin la otra o viceversa. Desde el primer momento estuvo claro, no se trataba, y aquí radica la diferencia, de una peña que se aglutina alrededor de un torero o cosa parecida, había un compromiso con la fiesta, y estaba escrito y publicado. Desde entonces, la tribuna de “El Aficionado” ha estado abierta a cualquier aficionado de Zaragoza o de cualquier otra parte del mundo, asociado o no, que quisiera publicar sus opiniones con total libertad y, por supuesto, educación, y muchos son los que, durante todos estos años, han expresado sus opiniones en los diferentes números publicados.

Lo más importante, lo que hace que el esfuerzo realizado merezca la pena, es que ha servido de aglutinador de aficionados. El incremento de socios y el de páginas también ha sido paralelo, y si empezamos cinco, ahora somos bastantes más de cincuenta, sin ese incremento no seria posible publicar un fanzine tan extenso, ni por los artículos producidos, ni por los costes económicos. Pero además de los asociados, muchos otros aficionados se han vinculado con nuestro proyecto y no sólo han colaborado con sus escritos; nos hemos conocido, hemos compartido festejos, fiestas, proyectos y nos hemos hecho amigos o enemigos; de ellos también es el mérito de mantener vivo
“El Aficionado” once años después de su aparición.

Todo este rollo venía a cuento de anunciar la publicación en papel y en Internet del nº 26 de nuestro fanzine, porque de esto no habíamos dicho nada, pero es de justicia reconocer que la distribución por la red de
“El Aficionado” ha supuesto su divulgación mucho más allá de los trescientos que se envían por correo. Pero esto es otra historia de la que, posiblemente, hablemos otro día.

Ahora es preciso terminar. El que quiera bajarse el archivo, si es que aún no lo tiene, lo puede hacer, fácilmente, desde la página de inicio de “La Cabaña Brava”, y de paso darse una vueltecita por la Web de la asociación, también re-nacida.


Nota
: Muchas veces nos han preguntado por la palabra fanzine, porqué no llamarlo, nos decían, boletín. Un fanzine es una publicación independiente de los poderes establecidos y alternativa a los medios oficiales de comunicación.
¿Qué mejor nombre podíamos utilizar?