“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala
martes, 26 de abril de 2011
EL AFICIONADO Nº 33 YA ESTA DISPONIBLE PARA DESCARGAR
El Fanzine nº 33 "El Aficionado", órgano de expresión de la A.C. "La Cabaña Brava" correspondiente al mes de abril del 2011, que se publica semestralmente, ya esta listo para DESCARGAR desde su página web. En esta ocasión, y teniendo en cuenta los continuos adelantos de la tecnología, se han realizado dos versiones del archivo PDF, una con formato para imprimir, como todos los números que se han colgado hasta el momento, y otra con todos los artículos dispuestos correlativamente para leer directamente en el ordenador o en libro electrónico, previa conversión al formato del eBook que cada uno tenga.
sábado, 23 de abril de 2011
EN FRANCIA NOS TOMAN LA DELANTERA CON LOS TOROS
A propósito de la declaración de la Fiesta de los Toros como “Patrimonio Cultural Inmaterial” en Francia, me viene a la memoria el “Himno a la libertad torera” que, en 1904, compuso el insigne periodista aragonés Mariano de Cavia, gran aficionado a los toros y una de los primeros cronistas taurinos que firmaba, cuando escribía de toros, como "Sobaquillo", en donde ya hacía referencia al país vecino como un lugar donde el Arte del Toreo estaba empezando a consolidarse.
Es una buena noticia para la Tauromaquia en general el que en Francia se haya dado un paso para defensa y conservación de una cultura importada de España, cuando en el país que tiene el honor de haberla inventado nos debatimos entre el “sí” o el “no” a las corridas de toros. Debemos tener en cuanta que en el país vecino se dan toros allí donde existe tradición, y que los aficionados son tenidos en cuenta, como consumidores que son, y participan activamente en el montaje y difusión de los festejos, sobre todo en pequeñas localidades que organizan sus festejos con la colaboración de los poderes municipales, las comisiones de aficionados, y la gestión del papeleo por parte de algún taurino contratado a tal efecto. Es, paradójicamente, en los lugares en que la organización de los festejos se rigen por los patrones similares a los de los taurinos españoles, donde más cojea la Fiesta, tanto por el ganado que se lidia, los toreros que se acartelan, como por la respuesta del público.
En cambio, en España, acomplejados desde hace siglos con respecto a Europa, e incapaces de defender nuestra cultura y nuestra particular idiosincrasia, el debate sobre los toros se ha recrudecido a raíz de la prohibición de la Corridas en Cataluña. Parte de culpa de que este proceso de debate haya tomado fuerza es consecuencia de la decadencia de las Corridas de Toros en nuestro país. Decadencia visible, sobre todo, por la escasa presencia de publico en las plazas de toros, que tiene relación muy directa con la escasa presencia social de la Fiesta en la actualidad. Una cultura que ha sido seña de identidad de nuestro país, hasta el extremo de que se conoce en el mundo como “la piel de toro” y considerar los toros como “fiesta nacional”, la estamos dejando perder por el acomplejamiento y el querer ser, sin poder, los más modernos del planeta. Pero no quiero entrar en este debate del que, en mi opinión, los mayores culpables son los taurinos y todos los que les han consentido, desde el poder que tenían en sus manos para controlarlos, los desmanes que han venido haciendo y que, como en otros espacios de este Blog se dice con reiteración, han conseguido convertir una FIESTA, con mayúsculas, en una pantomima carente de sentido.
A lo que venía este artículo, a propósito de la declaración de la Tauromaquia como “Patrimonio Inmaterial Cultural” de Francia, era para recordar el “Himno a la libertad torera”, que compuso el ilustre periodista aragonés don Mariano de Cavia, para hacer frente a una “Ley de descanso dominical”, aprobada por el gobierno de entonces, y con la cual se intentaban abolir las corridas de toros. Un numero grupo de artistas, intelectuales y políticos levantaron “Acta de Defensa de la Fiesta Nacional” y don Mariano de Cavia, proclive a incluir algún verso en sus crónicas, colaboró con la composición de este Himno que, en una de sus primeras estrofas, ya hace mención del creciente interés que se percibía en Francia por la Fiesta Española de los Toros. A más de cien años vista, resulta casi profético. A continuación reproduzco el primer fragmento de este “Himno a la libertad torera”. La música con la que se cantaba esta letra, por si alguno de los lectores quiere entonarlo, era la del “Himno de Riego”:
Cuando el arte de Montes y “El Tato”
hasta en Francia se ve prosperar,
en España un puñado de ilusos
con el arte pretende acabar.
Pero el chasco que van a llevarse
los del figle va a ser de chipén,
por un cuerno que ahora nos quiten,
la afición les pondrá más de cien.
viernes, 22 de abril de 2011
EL PROBLEMA DE LA ESCASEZ DE PÚBLICO ES LA FIESTA MISMA
A raíz del comienzo de la temporada en Zaragoza el pasado fin de semana, con una Corrida Concurso de Ganaderías, que se celebró el día 16 de abril, con resultados más que aceptables, y con otra de Parladé, el día 17, en la que participaron Juan Mora, triunfador de la temporada madrileña del 2010, Morenito de Aranda, una firme promesa con proyección de futuro, y Daniel Luque que, según dicen los taurinos, es uno los jóvenes que ya es una realidad, y viendo el desolador estado de los tendidos de la plaza de “La Misericordia”, que no pasaron en ninguno de los dos días de los 2000 espectadores, varios han sido los aficionados que han mostrado su preocupación por el futuro del primer ciclo zaragozano. Sus reflexiones han ido encaminadas hacía la falta de promoción del espectáculo, la falta de imaginación por parte de la empresa, el alto precio de las entradas o, entre otras cuestiones, la anticuada forma de gestionar la adquisición de entradas que posibilitan los nuevos medios.
No digo que todas estas razones tengan su importancia y, en muchas ocasiones, sean determinantes para el buen fin del espectáculo taurino pero, en mi opinión, estos no son los factores determinantes. Aunque para un aficionado sea duro reconocerlo, la razón es otra y de más difícil solución que la imaginación, las modernas formas de gestión, o el aprovechamiento de los cauces que nos posibilitan las nuevas tecnologías. Tampoco es un problema que se circunscriba solamente a Zaragoza, ni siquiera a su primer ciclo taurino de primavera. Lo mismo ocurre en la que se conoce como “primera plaza del mundo” cuando no es la Feria de San Isidro, con unas entradas paupérrimas, o en la taurinísima Sevilla, si no es en la que se denomina “feria de farolillos”, cosa que podremos comprobar durante los festejos de la primera parte de la Feria de Abril a partir del próximo lunes y durante el resto de la temporada, como lo hemos podido ver en la recién terminada feria de Fallas, que salvando un par de días, se han registrado entradas más cercanas del cuarto o la media plaza que del lleno, así como en la Magdalena de Castellón. Y lo mismo veremos en todas las ferias que se programen en plazas de primera, de segunda o de tercera a lo largo de todo el año, un par de buenas entradas en los días señalados y mucho cemento el resto. Ni el empresario de Zaragoza, ni el de Madrid, ni el de Sevilla, ni el de Valencia tienen, o quieren, la solución. Tampoco los empresarios más modestos o nuevos que se encuentran con los mismos o más graves problemas. No es una cosa de este año, ni del pasado, ni de hace diez, es algo que desde hace mucho tiempo ya viene incubándose.
Si la gente no va a los toros tiene que ser por otras causas. O porque es un espectáculo desfasado que no va con los tiempos actuales; o porque ha dejado de lado su esencia y ya no interesa más que a unos pocos, insuficientes para mantenerlo vivo, y tan sólo en días festivos señalados se mantiene todavía, más como una costumbre que como una afición, la tradición de ir a los toros; o porque es demasiado evidente el engaño que pretende hacer pasar gato por liebre… Es esto realmente lo que hay que platearse. Porqué la Fiesta de los Toros, santo y seña de este país durante siglos, ha dejado de serlo y se está convirtiendo en algo periférico o anecdótico. Ahí esta el quid de la cuestión, lo que los taurinos -toreros, empresarios, ganaderos y todos los que viven de la Fiesta-, por miedo a enfrentarse con la cruda realidad cara a cara, no quieren ver y tratan de ir parcheando el asunto para seguir llevándose lo que puedan antes de que este negocio sea totalmente ruinoso. Ellos, en general, son los máximos culpables de haber arruinado esta Fiesta de la Emoción por un espectáculo monótono, repetitivo, aburrido y previsible que está perdiendo clientes a pasos agigantados.
La Fiesta de los Toros lleva un estocada en todo lo alto y los que somos sus mayores defensores, los aficionados, no tenemos argumentos para defenderla, porque nos los han robado en pos de la maldita comodidad que quieren los taurinos. ¿Cómo puede ser cómoda una Fiesta en la que se debería poner en juego la vida? Es una mentira y las mentiras no tienen justificación alguna. ¿Con qué argumentos podemos defender y promocionar una farsa tan burda? La gente no es tonta, y los aficionados incondicionales somos cada vez menos, insuficientes para mantener rentabilidad de la Fiesta, y lo que es más grave, los que se van desencantados jamás vuelven, son pérdidas irremediables. En la actualidad, las plazas de temporada, las que realizan festejos fuera de los periodos feriales, son una ruina que se salva por lo que se gana, o se ganaba, durante la Feria. Si hay que regirse por la cuenta de resultados, las plazas de temporada están condenadas, sin remedio, a la desaparición.
El tema tiene mala solución y, aunque se diese un giro a favor del toro íntegro, de los toreros que no le hagan ascos, del riesgo y de la emoción, el resurgir de la Fiesta, si es que no es ya demasiado tarde para que se produzca, tardaría muchos años en dar resultados porque, son tantas cosas las que se han perdido que su recuperación parece una tarea de gigantes y de mucho tiempo. El último dato alentador que tenemos cercano, y que nos puede traer un rayo de esperanza, es el de José Tomás que, después de su última reaparición, consiguió llenar las plazas que visitaba y crear expectación en el ruedo y en la sociedad en general. A la vera del tirón del torero de Galapagar, varios empresarios consiguieron capear sus temporadas y vender más abonos de los habituales en sus plazas, pero no supieron sacar las conclusiones necesarias para cambiar el rumbo de la Fiesta. José Tomás llevaba público a la plaza porque su presencia, con más toro o con menos, conllevaba la emoción y, al reclamo de la misma, la gente se congregaba en la plaza. Después de un año de baja, a raíz de la cogida de Aguascalientes, todos esperan que sea la panacea de nuevo, pero durante su ausencia, nadie ha movido un dedo para corregir el rumbo que lleva a la Fiesta hacia la indiferencia de la gente. Aunque la imaginación, la adaptación a los tiempos y los medios modernos, el trabajo publicitario y todos esos asuntos sean capitales para el buen funcionamiento de la Fiesta en la actualidad, el problema es más profundo y mucho más grave que todo eso. Si tienen solución los problemas que aquejan a la Fiesta, lo primero que deben de hacer los que tienen la manija de la misma es quitarse la venda de los ojos -si es que lo que les impide ver es una venda- y coger el toro por los cuernos, porque si no es así y pretenden seguir por el mismo camino, esto no tiene arreglo. La Fiesta, aquejada de una anemia galopante, irá adelgazando hasta que se consuma del todo.
viernes, 15 de abril de 2011
LOS "PROFESIONALES DEL TORO" SE MOSQUEAN CON LA OPINIÓN LIBRE DE LOS AFICIONADOS EN INTERNET
Desde hace un tiempo, los distintos sectores que componen los colectivos de “profesionales del toro” se vienen manifestando en contra de la opinión que los aficionados sostienen en los distintos espacios que mantienen en Internet. No pueden soportar que su estrategia de triunfalismo sin cuento, que es la que desarrollan los distintos “profesionales de la información taurina” en sus respectivos medios, se vea entorpecida por la información de los aficionados que suele ser bastante distinta de la suya. Argumentando la escasa credibilidad de aficionados que nada tienen que ver con la profesión periodística, tratan de menospreciar y vilipendiar esas voces divergentes que no coinciden con lo que ellos postulan.
Pero, en mi opinión, el problema no es ese. Su origen es bien distinto y, gran parte de la culpa es, precisamente, de los “informadores taurinos profesionales” que, más que información, hacen -lisa y llanamente- propaganda. El descrédito, por dejar de lado la esencia misma de su profesión, que debería ser la información libre y veraz, se lo han ganado ellos mismos a pulso y cada vez son más los aficionados que desconfían de esa información sesgada e interesada que, a diario, ofrecen en sus respectivos medios y buscan la de otros aficionados que se expresan libremente en Internet o, directamente, se convierten, dadas las facilidades que ofrecen los nuevos medios de comunicación, en escritores y así manifiestan y comparten sus opiniones con otros aficionados en la Red.
Este fenómeno empezó hace unos años y solo eran unos pocos -y con escasa repercusión- los que los utilizaban, pero en la actualidad son muchos más los aficionados que tienen espacios en las diversas plataformas que existen en Internet. La proliferación de estos espacios es una traba para los planes de los "profesionales del toro" de imponer un “pensamiento único” con el triunfalismo por bandera. Pero el "triunfalismo" que publicitan está tan vacío, es tan artificial y tan hueco -viendo lo que acontece todos los días en las distintas plazas, sobre todo cuando las denominadas “figuras” hacen el paseíllo- que es demasiado evidente la mentira que tratan de divulgar. Los “medios de comunicación” son empresas y suelen mantenerse con la propaganda, pero no es ético hacerlo con la publicidad de los que se ocupan sus críticas. Aunque en el "mundo del toro" haya ocurrido con demasiada frecuencia a lo largo de su historia -el “sobre” es un clásico del periodismo taurino aunque ahora se manifieste de otra forma- y en los periódicos existían dos personas que se encargaban de las crónicas taurinas, el que las escribía, y el que se ocupaba de recaudar lo suficiente para pagar la página del periódico utilizada para las reseñas taurinas, al hacerlo de forma tan descarada se les ve el plumero. Pero ahora, a diferencia de hace unos cuantos años en donde la información era un monopolio, existen otras plataformas de información y opinión que, de momento, no pueden controlar los “profesionales del toro” ni los “profesionales de la información taurina”.
En distintas épocas de la historia del toreo, cuando la degeneración amenazaba seriamente a la propia Fiesta, fueron determinados periodistas (aunque aquí no quiero entrar en detalles pues la historia del periodismo taurino necesitaría un estudio aparte) los que han salido en su defensa y han contribuido a su regeneración. Ahora muy pocas son las voces que se alzan contra el “triunfalismo” imperante -aunque algunas todavía quedan- y son los aficionados desde sus tribunas de opinión en Internet los que están realizando esa labor. Es como la bíblica batalla de David contra Goliat, porque no se pueden comparar los medios que unos y otros poseen, pero significa un estorbo para los planes de los “taurinos profesionales” de convertir la Fiesta de los Toros en una pantomima carente de sentido. No nos podemos poner la venda en los ojos, ni los “profesionales”, ni los aficionados, la Fiesta, por más “triunfalismo” que se pregone, esta en uno de sus momentos más críticos, hecho que se refleja en el escaso interés que despierta en la sociedad y la raquítica afluencia de público a las plazas, porque el valor más seguro que la ha mantenido tantos años en candelero, que no es otro que la emoción, ha sido sustituidos por el de la “comodidad”, que es su mayor enemigo.
Si los “profesionales de la información taurina”, en vez de tapar esta realidad con montones desmesurados de “triunfalismo” vacío y propaganda, se dedicaran a escribir con objetividad de la Fiesta de los Toros y reclamar y exigir la autenticidad de la misma, la situación puede que fuera bastante distinta de la actual y los aficionados, en vez de expresar nuestra opinión crítica en nuestros espacios de Internet, seguramente nos dedicaríamos a otra cosa, por ejemplo, a escribir de la grandeza, de la emoción, de lo que nos conmueve de esta Fiesta que llevamos en la sangre, que sentimos amenazada y que no queremos que desaparezca.
jueves, 7 de abril de 2011
ACTO DE PRESENTACIÓN CORRIDA CONCURSO ZARAGOZA 2011
El próximo sábado, 9 de abril, a las 19 horas, en el "Aula Cultural de la Plaza de Toros" tendrá lugar el acto de presentación de la Corrida Concurso de Ganaderías de Zaragoza 2011 que se celebrará una semana después, el sábado 16 de abril. En el mismo intervendrán, uno de los ganaderos participantes, Adolfo Martín; uno de los toreros acartelados, Alberto Álvarez: y un picador que también participara en la corrida, José Manuel Sangüesa.
Se trata de dar una visión de la "Corrida Concurso" por parte de los actores principales de la misma, el ganadero, el lidiador y el picador. Se podrán ver y comentar las fotografías de los toros reseñados para la corrida de las ganaderías que concursan, por orden de antigüedad: "Concha y Sierra", Herederos de Felipe Bartolomé, Juan Luis Fraile, Adolfo Martín, Adelaida Rodríguez y "La Reina", que serán lidiados por Javier Castaño, Serafín Marín, gran triunfador de la Concurso del 2008, y Alberto Álvarez. También se emitirán imágenes de lo más destacado de las Corridas que, con anterioridad, se han celebrado en "La Misericordia" zaragozana, la del año 2000, en donde destacaron los toros "Herbolario", de Victorino Martín, y "Debutante", de Cuadri; la del año 2008, en donde la competencia a gran altura se centró entre "Farolero", de Tomás Prieto de la Cal, y "Lanudo", de FuenteYmbro; y la del año 2009 en donde destacaron "Cacerolito", de Ana Romero, y "Pajarraco", de Tomás Prieto de la Cal.
El vídeo con la convocatoria del acto, las fotografías de los toros y el orden de lidia se puede ver en la columna de la izquierda de este mismo Blog. Para ir calentando motores, a continuación enlazo un vídeo que recoge los mejores momentos del primer tercio de la Corrida Concurso que se celebró en "La Misericordia" zaragozana en el año 2000, en la que los toros de Victorino Martín y Cuadri fueron los protagonistas. Luis Francisco Esplá fue el lidiador de los seis toros.
viernes, 18 de marzo de 2011
LA CONTRADICCIÓN DE LOS “FIGURAS DEL TOREO”
Cuando los “figuras del toreo” se lamentan de su mala suerte al final de una faena arruinada por la falta de toro, y piden animales que se muevan para poder realizar su toreo, caen en una profunda contracción pues, ya que eligen las corridas que torean en cada feria, tienen la oportunidad de apuntarse a las que se mueven, y seguro que “ellos” y sus “veedores” saben perfectamente cuales son las ganaderías que se mueven y están en buen momento, sin embargo, invariablemente se apuntan a las que se paran. No es cosa de mala suerte ni nada parecido, ellos son los que imponen los toros y luego no valen lamentaciones.
Esto viene a cuento porque ayer, en la mayoría de la prensa escrita y la blogosfera taurina, se hablaba de cómo fueron desaprovechados, en Valencia, los toros de Fuente Ymbro por la terna de turno, toreros que, sin menosprecio alguno, podemos catalogar como de segunda fila. No pudieron con una corrida que ofreció claras posibilidades de triunfo a los tres y ninguno supo aprovecharlo. Fue una gran pena para todos -aficionados, espectadores y televidentes- que lo presenciaron, para los toreros en liza y para la Fiesta en general. Pero esto no nos puede coger por sorpresa porque, desde hace unos cuantos años, los toros de Fuente Ymbro no los quieren ni ver los “figuras del toreo”, como ha denunciado una y otra vez el ganadero en los medios de comunicación. Es una realidad palpable que para confeccionar los carteles en donde se anuncia esta ganadería hay problemas -por la negativa de la “torería andante” ha ponerse frente a ellos- para cerrarlos. Y no es que los toros de Fuente Ymbro sean “fieras corrupias”, pues provienen del mismo encaste ganadero que la casi la totalidad de la cabaña brava española actual, pero se mueven, y cuando el toro se mueve, no hay más remedio que torear y, a veces, jugársela. Ese es el problema ganaderías como esta, o la de Alcurrucén, que están siendo arrinconadas injustamente en el apartado de “toristas”, y ya sabemos lo que eso significa, por los “taurinos profesionales” y los medios de comunicación a su servicio.
Los que están arriba, los “figuras del toreo”, los que tendrían que tirar del carro por la simple razón de que son los que se llevan la mayor parte del pastel, quieren la comodidad, y eso se traduce en la actualidad -como se ha podido comprobar en la corrida de Núñez del Cuvillo que siguió a la de Fuente Ymbro en las Fallas del 2011- en que el toro sea “agradable” de cara, “bonito” de hechuras, y que se mueva lo mínimo, lentamente, de forma cansina, con esa embestida bobalicona, con alma de carretón, que lucen los pocos toros “boyantes” que les salen a los figuras de ahora para desarrollar su tauromaquia. Pero esos son los menos porque, la mayoría de las veces, esa masa de carne semoviente que es el toro actual, se derrumba en los primeros compases de la faena y da al traste con cualquier posibilidad de lucimiento por más “figura” que sea el que se ponga delante. Luego vienen las lamentaciones, las excusas y la justificación de lo injustificable. La labor de los diestros, en los días buenos, que son pocos, se resume en pequeños detalles, pues en esta época nos ha tocado vivir la “tauromaquia del detalle”, no hay para más, y el publico, los aficionados y los televidentes, con razón, se aburren de tan escaso contenido.
Pero así los “figuras del toreo” viven cómodamente y, por lo visto en este comienzo de temporada, así pretender seguir viviendo, exprimiendo la gallina de los huevos de oro de la Fiesta o lo que quede de ella. A fin de cuentas, es mejor excusarse echándole la culpa al animal -no lo debemos olvidar, impuesto por ellos mismos- que dar cuenta de un fracaso ante un toro que te ha pedido los papeles de torero y no los tienes. Por mejores condiciones que demostraron los “fuenteymbros” para el triunfo, ninguno de los toreros que han estado con los “cuvillos” hubieran cambiado su puesto, ni siquiera el que decía que para hacer su toreo necesitaba un toro que se moviera. Esa es la gran contradicción de la Fiesta de ahora y de siempre. No en vano, de ahí viene ese viejo refrán taurino que, a día de hoy, sigue cumpliéndose a rajatabla: “cuando hay toreros no hay toros, y cuando hay toros no hay toreros”. La crisis de la Fiesta la pueden resolver los “figuras del toreo” si resuelven esta contradicción: los mejores toros con los mejores toreros. Me temo que no vaya a ser así y esto durará hasta que tenga que durar porque -como ya escribí en otra entrada de este Blog que un año después sigue teniendo la misma vigencia-, por razones de comodidad o de incapacidad, la autentica crisis de la Fiesta es “la crisis de los toreros”.
viernes, 11 de marzo de 2011
LOS MANDAMIENTOS DE LAS CORRIDAS DE TOROS
Comienza la temporada grande española, la temporada de la plazas de primera. Valencia y su Feria de Fallas abre el fuego, el 12 de marzo, con un cartel de tronío en el día que se "reinaugura", después de su remodelación, su plaza de toros. Los aficionados ya andan ansiosos de ver toros y toreros, la muestra es los muchos que se desplazaron con la esperanza de ver torear a "Morante" en el espacio multiusos de "Vista Alegre", también conocido como el "Palacio de la Cabras", y dicen que lo vieron torear, pero también dicen que los toros eran "cabras". Es una plaza de segunda, dicen los "profesionales del toro" y sus voceros... Lo cierto es que estamos a comienzo de la temporada 2011 y los aficionados ya tenemos ganas de ver toros pero, por lo que apunta en la pretemporada, me temo que lo que van a ofrecernos "la gente del toro" para el 2011 es más de los mismo: poco toro, el mínimo que se pueda, monotonía en el toreo, como lo muestra el aburrido y previsible repertorio de lances de los que se compone la lidia del toro en la actualidad y derroche de triunfalismo. Pensando en estas cosas me ha venido a la memoria un artículo que, el 16 de junio de 1955, publicó en ABC don Gregorio Corrochano con el título de "MANDAMIENTOS DE LAS CORRIDAS DE TOROS". Me parece oportuno volver a sacar este documento a la luz y que cada uno extraiga sus conclusiones:
Levanta esa cara, muchacho, no mires tristemente al suelo, que hay muchas mujeres en la plaza que han venido para verte. Un poquito más de garbo en ese andar cansino. Que no parezca que eres torero a la fuerza. No las entristezcas, que traen ramos de flores para ti, y alguna, más torera o más atrevida, te echará al ruedo un zapato como una zapatilla de torear, que está muy de moda. Anda con ese andar alegre y juvenil de pasodoble. Sale el toro. El que quiera ver bien una corrida, que no pierda de vista al toro. Donde está el toro, está la corrida. Que no se distraiga por mirar a un torero. Siguiendo al toro, ya se encontrará con el torero. Fíjate cómo corre el peón el toro, porque no es lo mismo que el peón corra al toro, que el toro corra al peón. Cuando éste se mete precipitadamente en el burladero, y no le da tiempo a esconder el capote, el toro se estrella en el burladero y se lastima, es que el toro corre al peón. No le aplaudas los recortes. Cuanto más bravo es el toro, cuanto más fuerte se arranca, más daño sufre en los cuartos traseros, principalmente, con el recorte que le obliga a frenar y cambiar rápidamente de dirección. Sabed, que estos recortes están prohibidos y multados en ese reglamento que no se cumple. No incurras en aplaudir lo que está sancionado. Si los recortes se multaran, y se publicaran las multas como se publican otras, el que aplaude se daría cuenta de que su afición también ha incurrido en multa.
Cuando el picador barrena y mete el palo, aparta la vista del picador y mira al matador, que tiene un capote de brega y un turno para entrar al quite. (Entrar, ir a sacar al toro, ir a quitar al toro del picador, no esperar a que salga el toro cuando pueda del enredo del peto sin salida). No le pidas al picador que saque el palo. El picador, ni puede, ni debe sacar el palo. Es su defensa y la del caballo. Si saca el palo en el centro de la suerte, le estrella el toro. Aunque este picando muy mal no puede sacar el palo. Es como si a un torero, porque está toreando mal, se le obligara a tirar el capote. Las suertes del toreo son buenas o malas, pero no admiten enmienda hasta que terminan. Lo que tiene que hacer el matador es precipitar el quite. Si quieres bien al toro, no te conformes con verle en dos puyazos de muerte, sino en varios puyazos de castigo.
Si un matador entra en su quite, y el toro le pasa, y otro entretiene el suyo en no torear, es que éste no sabe torear de capa; quítale puntos. Si abusa en el quite del capote a la espalda, sigue desconfiando de que sepa torear.
No pidáis que banderilleen los matadores. No saben ni los que parece que saben. ¿Quiebra alguno un par en los medios, como hacían antes los matadores para diferenciarse de sus banderilleros? No; lo que hacen es cuartear más o menos espectacularmente, sin cuadrar ni parar en la cabeza del toro. Todo rápido, precipitado, confuso. No interesa. Prefiero al “Vito” y “Almensilla”.
La distancia de la muleta al toro, no hay que medirla antes del pase, sino en el centro del pase y después del pase. Antes del pase, el terreno depende de la bravura, de los pies y del estado del toro por el exceso o la falta de castigo. Se puede citar distanciado o muy cerca, del toro depende más que del torero; en la lidia de hoy depende del picador. Ni tan distante que el toro no acuda al cite, ni tan cerca que no se pueda adelantar la muleta, que es como se deben empezar los pases para ser completos. Cada toro tiene su sitio, como cada torero. Lo que hay que mirar son los pies del torero en el centro del pase cuando se está pasando al toro, la distancia a que le pasa, y la distancia a que se lo deja o remata el pase. Esa distancia, despegada o ceñida, y la quietud de pies en ese instante es lo verdaderamente importante del pase; más, mucho más que la distancia a que se coloca para dar el pase. Porque la quietud y la distancia en el centro de la suerte revelan que el toro va muy bien toreado, a su temple, muy embarcado en la muleta, que el que manda es el torero. El pase hay que rematarle, sin dejarse enganchar la muleta –temple- y llevarle, hasta dejarle a una distancia, que el torero no tenga que irse, ni dar un salto atrás, para ligar la faena sin interrupción, sin que pueda servir de pretexto salirse para saludar. Ya saludará después.
El toreo debe fluir con naturalidad, sin violencias y espontáneamente. Todo lo preparado es artificioso, incluso los pases de pecho, que no deben porfiarse, sino ligarlos en los remates naturales, como una consecuencia, que es lo que son. Los pases obligados de pecho, que es lo contrario de los preparados, porque supone pararse y echarse por delante un toro, con serenidad, sin enmendarse, cuando se le revuelve para cogerle. Estos fueron siempre los pases más destacados. Si esto decimos de los pases preparados de pecho, que aunque preparados tienen calidad, ¿qué diremos de esos pases que se preparan retorciéndose, y se amplían echando el brazo a las ancas del toro, como en un coleo, que acaban en el pase del “tío vivo”?
En los mandamientos de la estocada, no queremos entrar, hasta que un premio Nobel de Medicina descubra el tratamiento de la enfermedad del estoque de madera, y los matadores, ya curados, puedan practicarla, sin las deficiencias que hay que achacar a la lesión de una mano".
lunes, 7 de marzo de 2011
VERGONZOSO
Desde hace unos días circula por Internet un vídeo en donde una persona que se identifica como Ignacio Zorita amenaza a un espectador en la Plaza de Toros de Zaragoza en el transcurso de un festejo. La grabación corresponde a una de las novilladas de promoción que se celebraron antes del comienzo de la pasada Feria del Pilar. Por lo que se deduce de la conversación, el que se identifica como Ignacio Zorita, gerente de la Plaza de la Misericordia, estaba molesto con lo que el espectador interpelado había escrito en algún blog, portal o foro de la Red en relación con su persona. Así justifica su presencia en la localidad de este espectador y, a partir de ahí, se dedica a coaccionarlo y amenazarlo durante 10 minutos de la forma que se puede escuchar en el vídeo que se adjunta al final de esta entrada.
Final Novilladas sin picar 3 10 10 Zaragoza
Cargado por aimar8zgz.
Untitled from jaimeoiz on Vimeo.
Yo no sé los insultos que le habrá dedicado el espectador amenazado al sr. Zorita porque no sigo lo que escribe en ninguno de los espacios en que lo hace. Lo conozco y hace tiempo leí algunas cosas escritas por él y, ni como estoy de acuerdo en lo que dice, ni en como lo dice, no invierto tiempo en eso. Pero, por muy graves que sean las ofensas, no se puede amenazar de esa forma a nadie, hay otra forma de proceder y resarcirse si uno se considera agraviado. Una persona que gestiona un negocio abierto al público como la Plaza de Toros de Zaragoza, y más tratándose de un espacio de titularidad pública, pues no hay que olvidar que pertenece a la Diputación Provincial, no puede actuar de esa manera por más indignado que se sienta de lo que, con razón o sin ella, dicen de él. Si por el calibre de los insultos es preciso tomar medidas, es este un país en el que existen otros medios y otros cauces para hacerlo, pero nunca rebajarse a utilizar estas formas que -como decía un amigo cuando ayer escuchábamos el vídeo-, son más propias de “portero de discoteca”. Por más graves que hayan podido ser los insultos que llevaron al sr. Zorita a hacer lo que hizo y decir lo que dijo, como se puede escuchar en el vídeo a partir del minuto 3 y 40 segundos aproximadamente, quedan empequeñecidos ante la gravedad de su acción de respuesta y del contenido de la misma.
Nota: Al poco de publicar esta entrada, el vídeo al que se refiere ha sido retirado de la circulación.
Nota: Al poco de publicar esta entrada, el vídeo al que se refiere ha sido retirado de la circulación.
Final Novilladas sin picar 3 10 10 Zaragoza
Cargado por aimar8zgz.
Nota 2: El vídeo circuló de nuevo un par de días y volvió a ser censurado.
Untitled from jaimeoiz on Vimeo.
lunes, 28 de febrero de 2011
¡VIVA EL TRIUNFALISMO!
Apenas ha comenzado la temporada taurina y ya llevamos cosechados grandes triunfos. ¡Viva el triunfalismo! Ya son varias las salidas a hombros por la puerta grande, entre las más resonantes, por lo publicitadas, las de los mandamases del escalafón que se han exhibido este pasado fin de semana en el Palacio de Vista Alegre, en la denominada “Feria de Invierno”. Y para que no falte de nada, tampoco han faltado toros premiados con la vuelta al ruedo o, incluso, indultados… Según los cronistas oficiales y a favor de obra, el comienzo de la temporada, en lo artístico, está siendo rotundo, magnífico… si acaso objetar, en letra pequeña, que en algunos casos el trapío del ganado -¡como sería el ganado!- era algo escaso… pero el sexto de “cuvillo”, contraatacaran ágiles, “era de vacas”. El problema es que tan excelso espectáculo, según lo describen en sus crónicas los apologistas del “toreo de ahora”, cada vez interesa menos a los aficionados y al público en general, como se refleja -con los “figuras” incluidos en el cartel y sin televisión- en las escasas entradas de público registradas.
Para los pocos medios que todavía ejercen una crítica más objetiva y que, por desgracia, cada día son menos, visto lo visto hasta ahora, el toro sigue siendo el gran problema en este comienzo de temporada. Salvo la faena de Morante en su segundo -más atribuible a su capacidad y condiciones artísticas para representar el arte del toreo, y ante el bonancible comportamiento de su “colaborador” y disminuido oponente- que ha sido como un oasis en medio del desierto, los triunfos han sido excesivos y menores, a la par de la escasa presencia y del comportamiento bobalicón del “toro de ahora” que ha salido al ruedo. También es posible advertir en sus crónicas cierto pesimismo de cara al futuro si la Fiesta no retoma su razón de ser, si no recobra la emoción que imponen un toro íntegro y poderoso, que de miedo al público de los tendidos, y un hombre, un torero, un héroe que sea capaz de dominarlo, a riesgo de jugarse la vida, y si es capaz, torearlo, y si por casualidad se conjugan los hados, hacerlo con arte...
Así se fabrican los héroes, que son los que el publico quiere ver y paga por ello, pero precisamente de héroes es de lo que escasea en la actualidad esta Fiesta nuestra porque no hay materia prima para fabricarlos. El “toro de ahora”, más que miedo, transmite pena a los tendidos. Se podrá estar delante de él con más o menos gracia, tener mayor o menor plasticidad en la ejecución de los distintos pases, interpretar mejor o peor el guión de la faena, pero no existe el riesgo, el peligro se reduce hasta la categoría de accidente, es otra cosa que nada o poco tiene que ver con la Fiesta auténtica… No es lo mismo ser un buen comediante, con más o menos capacidad y arte interpretativo, que un héroe. Ahí está la diferencia y el problema.
Pero los que tienen la responsabilidad de tirar para delante de la Fiesta, que son los que viven de ella, “taurinos profesionales” en general, y los que desde distintos medios se encargar de publicitarla, que también viven de ello, parece que han decidido que la mejor forma de salir de la crisis que amenaza al sector es haciendo uso y abuso del "triunfalismo". ¡Viva el triunfalismo! Convertir cada festejo en una lluvia de triunfos: orejas, rabos, indultos, vueltas al ruedo, salidas en hombros de los “capitalistas”, que también tienen derecho a ganarse un sueldo… como si de esa forma fueran a conseguir captar la atención del público que esta dando la espalda a la Fiesta por aburrida y volver a llenar los tendidos de las plazas que es donde, en el fondo, esta su auténtica fuente de ingresos. El "triunfalismo" es una huida hacia delante, es una estrategia que a lo largo de la historia de los toros se ha empleado en repetidas ocasiones y que generalmente conduce al borde del precipicio.
La opción del "triunfalismo" de abaratar los premios no es la solución porque es una forma de quitar categoría a lo realmente bueno, no es la cantidad de premios que se conceden en cada corrida lo que capta la atención de la gente, sino la calidad de los mismos, los méritos realizados para conseguirlos, la entrega, el riesgo corrido, las mayores o menores dificultades del toro en curso de lidia y, por supuesto, la emoción que todo ello conlleva. Eso es lo que da valor a las cosas, que el camino sea difícil y sean pocos los que lo consiguen, los que lleguen a la cima del éxito. Para que tenga auténtico valor, el triunfo debe ser lo extraordinario, no lo cotidiano, lo vulgar. La cumbre de la montaña debe ser un lugar para los elegidos, para los héroes, no puede habitar una multitud en tan reducido espacio.
lunes, 14 de febrero de 2011
DE LA TOREABILIDAD Y LA BANALIZACIÓN
La nueva palabra de moda entre los “taurinos profesionales”, cuando ser refieren a la condición que deben tener los toros, es “toreabilidad”, palabra que ni siquiera existe en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, por lo tanto, si queremos desentrañar lo que quieren decir cuando la pronuncian, deberemos aventurarnos en la búsqueda de una interpretación del mensaje que encierra cuando sale de su boca, porque, en principio, todos lo toros son toreables, todos tienen su lidia dependiendo de su condición. Tratados llevan escribiéndose desde que existe la tauromaquia que estudian, definen y dictan normas aplicables a los diferentes comportamientos de cada toro en la plaza porque, y esta es una de las grandezas del arte de la lidia, cada toro, como cada persona, es diferente y precisa de una lidia distinta.
Por lo tanto, ¿qué quieren decir los “taurinos profesionales” cuando hablan de “toreabilidad”? Debemos suponer que hablan de un toro que pase una y otra vez acudiendo obedientemente al cite del torero, que lo haga de forma uniforme en todas las ocasiones, siempre igual, como si de un robot programado a tal efecto se tratase, quitándole la condición imprescindible que debe tener un toro de lidia que no es otra que la de coger a su oponente como forma de defensa y subsistencia. En una palabra, descastarlo, convertirlo en una animal previsible y colaborador con los requerimientos del torero de turno para realizar una faena que, por regla general, es siempre la misma. Pero de esa forma se cargan la esencia misma de la Fiesta de los Toros, de la lidia, que es la ciencia de resolver los problemas que cada toro, desde su propia individualidad, manifiesta y que, conforme va avanzando la misma, va cambiando de comportamiento desde que salta al ruedo hasta su muerte.
Eso nos lleva al otro concepto que figura en el título de este artículo, a la “banalización” del toreo, a convertirlo en algo trivial, insustancial, desprovisto de la emoción que supone ver como resuelve el diestro de turno los problemas que se le van presentando como consecuencia del cambio de comportamiento del toro conforme va avanzando la lidia. En la resolución de esa ecuación cambiante es donde reside la magia de esta Fiesta, y más si una vez entendido y dominado el toro surge la chispa del arte que arrebata los sentidos y convierte ese arte efímero en recuerdo imperecedero de quién lo contempla. Si eso desaparece, lo que sucede en el ruedo se convierte en algo banal, muy distinto de lo que debería ser y que, siendo posible que haya espectadores que gusten de ese espectáculo, los que han sentido alguna vez la emoción en sus carnes viendo la lidia de un toro se alejen de este espectáculo trivial e insustancial que nada o muy poco les interesa.
Si los “taurinos profesionales” quieren seguir por ese camino y, de paso, llenar las plazas, porque no tiene sentido hacer un espectáculo para nadie, tendrán que buscar nuevos clientes para el mismo porque, mucho me temo, como cada vez es más de manifiesto viendo la pobres entradas que se registran en los cosos, de los viejos pocos seguirán acudiendo a ver algo que, si bien en la forma se parece a la vieja Fiesta de los Toros, en el fondo no tiene nada que ver con ella. Los “taurinos profesionales” son los que tienen la manija y, como siempre, dictarán el camino a seguir, pero sustituir una Fiesta en donde la emoción es su seña de identidad, por algo anodino, superficial, previsible y reiterativo es correr un riesgo que quizás no tenga vuelta atrás.
lunes, 31 de enero de 2011
LA VIDA SIGUE IGUAL
Una nueva temporada comienza y nada parece cambiar en el planeta taurino. Aferrados al inmovilismo más absoluto, los taurinos no se mueven, no vaya a ser que, si lo hacen, alguien les mueva la silla. Parece que, como decía aquella legendaria canción de Julio Iglesias, “la vida sigue igual” y todo seguirá discurriendo como siempre. Por lo visto hasta el momento, lo de la crisis parece no inquietarles, después de tantos años, más de doscientos, en los que este espectáculo de los toros ha seguido dándose -¡y mira tú que han habidos crisis en España en todo este tiempo!- sin interrupción, poco les debe preocupar esta de la que, además, los expertos dicen que ya se está empezando a salir. De hecho, se están anunciando los primeros carteles de las primeras feria y, como la canción, nada parece cambiar: los mismos nombres, las mismas ganaderías, los mismos tejemanejes de siempre…
Ellos, los que manejan el cotarro, siguen a lo suyo. Repitiendo ganaderías que una y otra vez han demostrado que están podridas pero que -¡mire usted por donde!- son las que les reclaman los mandones del escalafón para apuntarse a los carteles; condenando al ostracismo a las que aún mantienen algo de casta y, por lo tanto, crean los problemas lógicos de esa condición a los que se ponen delante de ellas; cerrando la puertas a toreros que se han ganado, por méritos contraídos en la plaza, el derecho a torear porque -dicen- piden mucho dinero, o por no estar bajo el control de los que a principio de cada temporada se reparten todas las partes del pastel taurino. Y porque, además, es preferible que determinados toreros se queden en casa no sea que, si saben torear, pongan en aprietos a los pretendidos figuras que ellos apoderan y con lo que se llevan una buena parte del dinero que se embolsan cada temporada.
En esas estamos y, mientras tanto, siguen desapareciendo encastes legendarios que daban variedad a las corridas de toros sin que nadie mueva un dedo, sigue la monotonía y el aburrimiento campando por las plazas a sus anchas, siguen los pretendidos figuras imponiendo sus condiciones que, lógicamente, redunda en la comodidad y docilidad del ganado que exigen para su presencia en los ruedos y, en consecuencia, los aficionados y los espectadores desertando de las plazas de toros ante la falta de emoción y seriedad de ese simulacro de corrida de toros que pretenden imponernos y que nada tiene que ver con la Fiesta auténtica.
Parece ser que los taurinos viven en un planeta situado en otra órbita y no son conscientes de una realidad que cada vez es más evidente. Una especie de tortícolis los incapacitara para mirar hacia arriba y darse cuenta de que cada vez hay menos gente en los tendidos, y que los que hay, como muestra el gesto adusto de sus caras, cada vez se aburren más presenciando el espectáculo que les ofrecen y se plantean, cada día con razones de más peso, si merece la pena perder el tiempo y el dinero en un espectáculo anodino, aburrido y previsible. Seguramente, cuando vayan a recolectar la recaudación, se preguntaran el porqué de su escasez y eso le hará reflexionar, pero como no habrán mirado la cara de aburrimiento de espectadores y aficionados en los tendidos, lo achacaran a razones que poco tienen que ver con la realidad.
Si, como dice la canción, “la vida sigue igual” en el planeta taurino y no recobra los valores que la han mantenido en candelero durante tantos años, la Fiesta está irremediablemente herida de muerte y no hará falta que nadie la prohíba porque, en no mucho tiempo, habrá dejado de interesar a los pocos que todavía seguimos manteniendo algo de ilusión por ella y a los cada vez menos que, a caballo de una tradición ancestral, siguen acudiendo a las plazas en los días señalados de la ferias de sus pueblos y ciudades.
martes, 18 de enero de 2011
TOROS Y TELEVISIÓN
El pasado domingo, cuando conecté con el programa “Clarín” de Radio 5, estaba hablando el empresario de Madrid y, en ese momento, estaba diciendo algo parecido a que si la Feria de San Isidro no se televisaba por el canal de pago que lo hace ahora sería la ruina, que aunque para esta temporada tenían firmado el contrato con el citado canal, no podía asegurar lo que ocurriría en el futuro con el cambio de propietarios de un buen puñado de acciones y que, si decidían no televisar la Feria en el futuro, podía significar el desastre total. Por estas mismas fechas, ante la decisión de TVE de incluir en su “libro de estilo” la prohibición de retransmitir corridas de toros, al considerarlas como un acto de violencia contra los animales que puede herir la sensibilidad de los niños, buen número de profesionales y aficionados han ido manifestado su oposición ante este decisión desde sus respectivos puntos de vista. Este debate de los toros televisados me provoca alguna reflexión pues, estando de acuerdo con la necesidad de la retransmisión de corridas en televisión, sería necesario plantearse que tipo de corridas y como hacerlo.
En esta época de crisis, no solo económica -que si bien influye no lo considero como factor exclusivo- por la que atraviesa la Fiesta de los Toros, pienso que mucha culpa la tienen las retransmisiones televisivas que se han hecho desde comienzos de los años noventa, así como los profesionales y toreros retirados que se han dedicado a comentarlas. Lo que debería ser un ejercicio crítico, a la vez que aleccionador, de lo que sucede en el ruedo, se ha convertido en alegoría y justificación de todo lo que hacen, bien o mal, toreros y subalternos en el ruedo, relegando a un papel secundario al actor principal de la corrida que no es otro que el toro. Esto a hecho mucho daño a la Fiesta pues, durante casi dos décadas, han ido influyendo en la opinión de los telespectadores y creando un tipo de aficionados asépticos y a la medida de las figuras de turno. No cabe duda de que han ocurrido cosas buenas en las corridas televisadas, pues cuando toro y torero se conjuntan, como ha ocurrido en los dos últimos años con Luís Francisco Esplá y Juan Mora en la plaza de “Las Ventas”, la fuerza, la magia del toreo se imponen y los comentarios pasan a segundo plano pero, en general, creo que han hecho mucho más daño que bien.
Por eso, pensando en la conveniencia de la retransmisión de corridas de toros por televisión, creo que debería hacerse de otra forma. En primer lugar, seleccionar qué tipo de corridas y desde qué plazas, y en segundo, que se haga desde la crítica constructiva y aleccionadora de locutores y comentaristas. No me sirve que se retransmita cualquier corrida desde cualquier plaza, ni que los locutores y comentaristas lo hagan -antes que desde la imparcialidad y la crítica rigurosa que sirva para que los telespectadores aprendan a valorar la importancia de lo que sucede en el ruedo- desde el intereses de las figuras y sus cuadrillas, menospreciando al toro y, como ha ocurrido tantas veces, insultando a los aficionados que en la plaza se muestran críticos ante lo que habitualmente sucede en el ruedo. Las corridas televisadas no deben de ser un flotador para que los empresarios salven los ingresos de una feria ni para que los toreros y su cuadrilla se lleven un sobresueldo. La promoción de la Fiesta por televisión, que sin duda es necesaria, requiere verdad y compromiso, si no es así más vale que no se televise ninguna corrida.
viernes, 24 de diciembre de 2010
DON PEPE Y DON JOSÉ SE ENCUENTRAN POR NAVIDAD
- Hola don Pepe.
- Hola don José.
- ¿Cómo le va? ¡Es usted caro de ver! No nos vemos desde la Feria.
- Pues vamos tirando.
- ¿Nada más que tirando? Esta usted parco en palabras.
- ¿Y qué quiere que le diga?
- Pues ya que estamos en Navidad , y para no perder la costumbre, vamos a tomarnos unos vinitos y charlamos un poco de toros, de lo pasado y de lo por venir.
- Sea… Pero no crea que tengo muchas ganas de hablar de toros…
- ¡No me diga! ¿Qué usted no tiene ganas de hablar de toros?...
- Es la verdad… Estoy decepcionado, don José. La pasada temporada ha sido de las más vergonzosas y desalentadoras desde hace mucho tiempo en nuestra Plaza de “La Misericordia”. Y no sólo eso, en el resto de España, con Madrid a la cabeza, las cosas han ido por la misma senda, hacia el precipicio. Pero lo grave del asunto, y los profesionales parece que no quieren enterarse, es que cada vez va menos gente a los toros, los aficionados se alejan aburridos de la farsa en que se ha convertido el noble arte de la lidia, y los espectadores se aburren de la pantomima y cada vez acuden menos a las plazas. Y por si eso fuera poco…
- Menos mal que no tenia muchas ganas de hablar de toros de toros, don Pepe, porque si no le corto no para usted
- Así están las cosas, don José.
- En parte, y en el fondo de la cuestión, estoy de acuerdo con usted. Peor no ha podido ser la Feria del Pilar de Zaragoza de este año, y en el resto del estado las cosas han ido como aquí, de mal en peor, pero algún detalle ha quedado para la historia.
- Detalles… Solo detalles y algún que otro toro destacable. En cuanto a la torería andante, salvando los "detalles" que usted dice, y lo de Juan Mora en el otoño madrileño, más de lo mismo, vulgaridad, miseria, incapacidad e impotencia.
- Alguna cosa más podríamos destacar, ¿no le parece? No sea usted tan rácano. La temporada de “El Juli” ha sido de mandón, siendo de los pocos que, asumiendo su responsabilidad de figura, compareció incluso en nuestra Feria, cosa que suelen evitar con excusas varias otros. La temporada del hijo del “fino torero alicantino”, J. M. Manzanares, también ha sido importante. Los “pellizcos” de Morante. “El Cid” ha resucitado y, por supuesto, Juan Mora que, como el homónimo histórico del anterior, ha ganado su última batalla cuando muchos lo daban por muerto.
- El gran problema de la mayoría de los toreros modernos, don José, es su desconocimiento de lo que es la lidia. Si el toro no es de “carril”, como se decía antiguamente, ya no saben que hacer, y más si el toro conserva algo de la casta brava que se le supone, se ven desbordados. Ello conlleva que muchos toros que tendrían su lidia si el torero fuera diestro en esa técnica se vayan al desolladero sin torear, y es una pena cuando eso sucede con los toros de las que, malintencionadamente, los taurinos llaman “ganaderías duras”, tan solo porque están regidas por ganaderos comprometidos con su oficio de criar toros que embistan y no se atienen a sus requerimientos fraudulentos.
- Pero no me negará que hay toros que son imposibles y si, como dice usted, don Pepe, los toreros de ahora se han acomodado a una forma de torear más plástica, aunque menos dominadora, es normal que eso ocurra…
- Pues si, ya que salen pocos toros con interés, se desperdician los que salen… apañados vamos. Cada vez se van más toros sin torear entre excusas banales de los profesionales y el silencio cómplice de los que controlan la información taurina que, en vez de contar la verdad y aleccionar con su críticas a los aficionados y espectadores interesados en esta noble Fiesta, se dedican a “marear la perdiz” y justificar lo injustificable.
- No sea tan negativo, don Pepe.
- Mire usted, don José, lo que ha mantenido viva esta Fiesta de los Toros desde hace siglos ha sido la emoción, y la emoción se fabrica entre un toro con poder que pelea y un torero con conocimientos que le puede. En la actualidad la mayoría de los toros, en vez de peleadores, son colaboradores, y eso no emociona a nadie, por más plasticidad y pinturería que aporten los toreros, eso aburre porque siempre es lo mismo. Si el riesgo y el peligro de la pelea entre toro y torero no trasciende a los tendidos no se produce la emoción y el espectáculo de los toros se desploma sin remedio. Pero cuando hay un toro con poder y ganas de pelea en el ruedo, y un torero le planta cara, la chispa de la emoción se enciende y, como un reguero de pólvora, se extiende de inmediato desde la Barrera hasta la última fila de la Andanada. Y no le digo nada si encima torea… Eso, la emoción, que es el principal valor de esta Fiesta nuestra de los Toros, y la magia del toreo puro, que es lo que hace que se te grabe una faena en la memoria, son cada vez más escasas en las plazas de toros y con su desaparición se desmorona…
- Ya, ya ya…¡Y decía que no quería usted hablar de toros, don Pepe! Ande, que me está largando una letanía que ni en la “Misa del Gallo” que, por cierto, se celebra esta misma noche.
- Pues que nos saquen otro vino para celebrarlo.
- Sea… Y unas gambitas de Huelva.
- No es mala la sugerencia, don José. Se aprueba ¡Camarero!
- ¿Y qué me dice de los avances informativos de la Empresa para la temporada zaragozana del 2011? Parece ser que este año se lo quieren tomar con más interés.
- Ya veremos.
- Escueta y lacónica es su respuesta, pero esta vez dicen que van en serio y que ya tienen reseñados toros para el Pilar y…
- ¡Que digan misa! Yo hasta que no lo vea no me lo creo. Mucho tienen que cambiar las cosas para recobrar la ilusión de acudir a “La Misericordia”, don José. Además el problema ya no es esta Empresa u otra, el problema es la fiesta en sí, el sistema que la controla, los que manejan los hilos y quitan o ponen toreros y ganaderías a su antojo, los políticos que consienten, la mafia que la maneja…
- Pare ya, don Pepe, pare usted… Déjese de amarguras y vamos ha degustar estas gambitas tranquilamente.
- Pues era usted el que quería que habláramos de toros, don José.
- Ya ha largado usted bastante. Ahora lo que le voy a proponer, en un día tan señalado como este, es un brindis por nosotros, por nuestras familias y amigos, y por todos los aficionados que no siguen en este Blog que mantenemos a medias.
- No me parece mala idea. Alcemos nuestras copas y brindemos por todo eso que usted ha dicho, don José, a la vez que les deseamos unas Felices Fiestas a todos ellos…
- … Y que el 2011 sea un buen año en lo taurino.
- ¡Ojala! aunque eso ya lo veo más negro, don José, pero no está de más desearlo. Lo que si deseo de verdad es que el 2011 nos traiga salud y algo de ánimo para no decaer, y que el próximo año, tal día como hoy, volvamos a encontrarnos para tomar unos vinicos, unas tapas y hablar de toros.
- Así lo deseo yo también, don Pepe.
- Hola don José.
- ¿Cómo le va? ¡Es usted caro de ver! No nos vemos desde la Feria.
- Pues vamos tirando.
- ¿Nada más que tirando? Esta usted parco en palabras.
- ¿Y qué quiere que le diga?
- Pues ya que estamos en Navidad , y para no perder la costumbre, vamos a tomarnos unos vinitos y charlamos un poco de toros, de lo pasado y de lo por venir.
- Sea… Pero no crea que tengo muchas ganas de hablar de toros…
- ¡No me diga! ¿Qué usted no tiene ganas de hablar de toros?...
- Es la verdad… Estoy decepcionado, don José. La pasada temporada ha sido de las más vergonzosas y desalentadoras desde hace mucho tiempo en nuestra Plaza de “La Misericordia”. Y no sólo eso, en el resto de España, con Madrid a la cabeza, las cosas han ido por la misma senda, hacia el precipicio. Pero lo grave del asunto, y los profesionales parece que no quieren enterarse, es que cada vez va menos gente a los toros, los aficionados se alejan aburridos de la farsa en que se ha convertido el noble arte de la lidia, y los espectadores se aburren de la pantomima y cada vez acuden menos a las plazas. Y por si eso fuera poco…
- Menos mal que no tenia muchas ganas de hablar de toros de toros, don Pepe, porque si no le corto no para usted
- Así están las cosas, don José.
- En parte, y en el fondo de la cuestión, estoy de acuerdo con usted. Peor no ha podido ser la Feria del Pilar de Zaragoza de este año, y en el resto del estado las cosas han ido como aquí, de mal en peor, pero algún detalle ha quedado para la historia.
- Detalles… Solo detalles y algún que otro toro destacable. En cuanto a la torería andante, salvando los "detalles" que usted dice, y lo de Juan Mora en el otoño madrileño, más de lo mismo, vulgaridad, miseria, incapacidad e impotencia.
- Alguna cosa más podríamos destacar, ¿no le parece? No sea usted tan rácano. La temporada de “El Juli” ha sido de mandón, siendo de los pocos que, asumiendo su responsabilidad de figura, compareció incluso en nuestra Feria, cosa que suelen evitar con excusas varias otros. La temporada del hijo del “fino torero alicantino”, J. M. Manzanares, también ha sido importante. Los “pellizcos” de Morante. “El Cid” ha resucitado y, por supuesto, Juan Mora que, como el homónimo histórico del anterior, ha ganado su última batalla cuando muchos lo daban por muerto.
- El gran problema de la mayoría de los toreros modernos, don José, es su desconocimiento de lo que es la lidia. Si el toro no es de “carril”, como se decía antiguamente, ya no saben que hacer, y más si el toro conserva algo de la casta brava que se le supone, se ven desbordados. Ello conlleva que muchos toros que tendrían su lidia si el torero fuera diestro en esa técnica se vayan al desolladero sin torear, y es una pena cuando eso sucede con los toros de las que, malintencionadamente, los taurinos llaman “ganaderías duras”, tan solo porque están regidas por ganaderos comprometidos con su oficio de criar toros que embistan y no se atienen a sus requerimientos fraudulentos.
- Pero no me negará que hay toros que son imposibles y si, como dice usted, don Pepe, los toreros de ahora se han acomodado a una forma de torear más plástica, aunque menos dominadora, es normal que eso ocurra…
- Pues si, ya que salen pocos toros con interés, se desperdician los que salen… apañados vamos. Cada vez se van más toros sin torear entre excusas banales de los profesionales y el silencio cómplice de los que controlan la información taurina que, en vez de contar la verdad y aleccionar con su críticas a los aficionados y espectadores interesados en esta noble Fiesta, se dedican a “marear la perdiz” y justificar lo injustificable.
- No sea tan negativo, don Pepe.
- Mire usted, don José, lo que ha mantenido viva esta Fiesta de los Toros desde hace siglos ha sido la emoción, y la emoción se fabrica entre un toro con poder que pelea y un torero con conocimientos que le puede. En la actualidad la mayoría de los toros, en vez de peleadores, son colaboradores, y eso no emociona a nadie, por más plasticidad y pinturería que aporten los toreros, eso aburre porque siempre es lo mismo. Si el riesgo y el peligro de la pelea entre toro y torero no trasciende a los tendidos no se produce la emoción y el espectáculo de los toros se desploma sin remedio. Pero cuando hay un toro con poder y ganas de pelea en el ruedo, y un torero le planta cara, la chispa de la emoción se enciende y, como un reguero de pólvora, se extiende de inmediato desde la Barrera hasta la última fila de la Andanada. Y no le digo nada si encima torea… Eso, la emoción, que es el principal valor de esta Fiesta nuestra de los Toros, y la magia del toreo puro, que es lo que hace que se te grabe una faena en la memoria, son cada vez más escasas en las plazas de toros y con su desaparición se desmorona…
- Ya, ya ya…¡Y decía que no quería usted hablar de toros, don Pepe! Ande, que me está largando una letanía que ni en la “Misa del Gallo” que, por cierto, se celebra esta misma noche.
- Pues que nos saquen otro vino para celebrarlo.
- Sea… Y unas gambitas de Huelva.
- No es mala la sugerencia, don José. Se aprueba ¡Camarero!
- ¿Y qué me dice de los avances informativos de la Empresa para la temporada zaragozana del 2011? Parece ser que este año se lo quieren tomar con más interés.
- Ya veremos.
- Escueta y lacónica es su respuesta, pero esta vez dicen que van en serio y que ya tienen reseñados toros para el Pilar y…
- ¡Que digan misa! Yo hasta que no lo vea no me lo creo. Mucho tienen que cambiar las cosas para recobrar la ilusión de acudir a “La Misericordia”, don José. Además el problema ya no es esta Empresa u otra, el problema es la fiesta en sí, el sistema que la controla, los que manejan los hilos y quitan o ponen toreros y ganaderías a su antojo, los políticos que consienten, la mafia que la maneja…
- Pare ya, don Pepe, pare usted… Déjese de amarguras y vamos ha degustar estas gambitas tranquilamente.
- Pues era usted el que quería que habláramos de toros, don José.
- Ya ha largado usted bastante. Ahora lo que le voy a proponer, en un día tan señalado como este, es un brindis por nosotros, por nuestras familias y amigos, y por todos los aficionados que no siguen en este Blog que mantenemos a medias.
- No me parece mala idea. Alcemos nuestras copas y brindemos por todo eso que usted ha dicho, don José, a la vez que les deseamos unas Felices Fiestas a todos ellos…
- … Y que el 2011 sea un buen año en lo taurino.
- ¡Ojala! aunque eso ya lo veo más negro, don José, pero no está de más desearlo. Lo que si deseo de verdad es que el 2011 nos traiga salud y algo de ánimo para no decaer, y que el próximo año, tal día como hoy, volvamos a encontrarnos para tomar unos vinicos, unas tapas y hablar de toros.
- Así lo deseo yo también, don Pepe.
- Pues eso… ¡Pa’dentro!
martes, 30 de noviembre de 2010
¿PORQUÉ LOS TOREROS NUEVOS NO SE FIJAN EN ESTOS EJEMPLOS?
En las dos últimas temporadas han quedado escritas con letras de oro en la historia de la Plaza de “Las Ventas” de Madrid, y en la memoria de todos los que lo vieron, las actuaciones de Luís Francisco Esplá, el 5 de junio del pasado año, y la de Juan Mora, el 2 de octubre de este. Fueron dos triunfos rotundos, de verdad, de los que levantan a público y aficionados de sus asientos y hacen brotar el “olé” de forma espontánea de sus gargantas. Queda corroborada la excepcionalidad de estos dos triunfos porque los toreros, en ambas ocasiones, fueron paseados y sacados de la plaza en hombros de aficionados, no de los “capitalistas”, como es lo habitual en los triunfos normales que se dan en esta y en todas las demás plazas de toros.
En ambos casos lo que puso de acuerdo y enloqueció a todos los presentes fue el toreo clásico y el conocimiento de la lidia que desplegaron sus intérpretes, así como la capacidad para ejecutarlo con naturalidad y habilidad. Quizás porque ambos están de vuelta -el uno, Esplá, era la tarde de su despedida de la plaza madrileña, y el otro, Mora, olvidado por las empresas, apenas si torea en los últimos años- se dejaron llevar de su inspiración y dictaron dos lecciones que deberían servir de ejemplo y ser de estudio obligado para todos los nuevos aspirantes a ser alguien en esta profesión. Estos son los espejos en los que deberían mirarse y no en los de los modernos “pegapases” que, a pesar de sus difundidos triunfos, solo consiguen aburrir a la concurrencia y, al paso que llevan, acabaran echándola de las plazas de toros.
Ahí está la diferencia, unos triunfan arrolladoramente tarde tras tarde, según proclaman sus publicistas, y son sacados a hombros a lomos de “capitalistas”, pero su triunfo se difumina, se olvida al poco de terminar la función. Esplá y Mora fueron acartelados como dos toreros de relleno, para abrir la tarde, puesto menospreciado en la actualidad, pero eclipsaron a sus compañeros de cartel y salieron de la plaza en volandas de los aficionados que, como antaño, se lanzaron al ruedo para izarlos en hombros y, como a los héroes, llevárselos por la puerta grande. Ha diferencia del triunfo efímero de los “figuras” del momento, el de estos dos toreros veteranos queda grabado en la memoria de los aficionados para siempre.
Es por lo que me pregunto porqué los nuevos toreros, y sus profesores y mentores, no se fijan en estos ejemplos. Esta Fiesta es para emocionar y está demostrado que el “toreo moderno”, y el toro que hace falta para ejecutarlo, no emociona, al contrario, aburre y aleja al público y a los aficionados de los festejos taurinos, como queda demostrado por la escasa asistencia de público que acude a los toros, aunque se acartelen los nombres más importantes del escalafón actual, en la gran mayoría de las corridas. En cambio, cuando se torea como lo hicieron Luís Francisco Esplá y Juan Mora en Madrid este y el pasado año, público y aficionados salen de su modorra, se emocionan, se ponen de acuerdo rápidamente sobre lo que esta sucediendo en el ruedo y, ni cortos ni perezosos, bajan al ruedo al final de la corrida para tocar a sus héroes, para llevarse en hombros a los toreros y, seguramente, las emociones vividas habrán renovado su afición y su ilusión por la Fiesta de los Toros para unos cuantos años más. Ahí esta la diferencia.
Ahí está la diferencia, unos triunfan arrolladoramente tarde tras tarde, según proclaman sus publicistas, y son sacados a hombros a lomos de “capitalistas”, pero su triunfo se difumina, se olvida al poco de terminar la función. Esplá y Mora fueron acartelados como dos toreros de relleno, para abrir la tarde, puesto menospreciado en la actualidad, pero eclipsaron a sus compañeros de cartel y salieron de la plaza en volandas de los aficionados que, como antaño, se lanzaron al ruedo para izarlos en hombros y, como a los héroes, llevárselos por la puerta grande. Ha diferencia del triunfo efímero de los “figuras” del momento, el de estos dos toreros veteranos queda grabado en la memoria de los aficionados para siempre.
Es por lo que me pregunto porqué los nuevos toreros, y sus profesores y mentores, no se fijan en estos ejemplos. Esta Fiesta es para emocionar y está demostrado que el “toreo moderno”, y el toro que hace falta para ejecutarlo, no emociona, al contrario, aburre y aleja al público y a los aficionados de los festejos taurinos, como queda demostrado por la escasa asistencia de público que acude a los toros, aunque se acartelen los nombres más importantes del escalafón actual, en la gran mayoría de las corridas. En cambio, cuando se torea como lo hicieron Luís Francisco Esplá y Juan Mora en Madrid este y el pasado año, público y aficionados salen de su modorra, se emocionan, se ponen de acuerdo rápidamente sobre lo que esta sucediendo en el ruedo y, ni cortos ni perezosos, bajan al ruedo al final de la corrida para tocar a sus héroes, para llevarse en hombros a los toreros y, seguramente, las emociones vividas habrán renovado su afición y su ilusión por la Fiesta de los Toros para unos cuantos años más. Ahí esta la diferencia.
martes, 2 de noviembre de 2010
MIKAELA CANTA: ¡EH! TORO, REY DE LA FIESTA ESPAÑOLA
Este pasodoble es un canto al auténtico protagonista de la Fiesta que lleva su nombre: El toro. Es la historia de una ganadera que ve crecer sus toros en el campo y que, con pena, asiste a su muerte en la plaza. El tema está firmado por C. Murillo y A. Segovia. Mikaela lo interpreta en los momentos álgidos de su carrera, en los primeros años sesenta, cuando tenía gran cartel en México, donde por esa época grabó numerosas películas y era una reconocida interprete de la canción española. Está incluido en un disco de larga duración, grabado en los Estados Unidos, con el acompañamiento de la prestigiosa “Orquesta Montilla”, dirigida por Manuel García Matos. En dicho LP, además de este, se incluyen otros temas de contenido taurino, lo que demuestra la afición de Mikaela por la Fiesta de los Toros, interés que se irá incrementado a lo largo de su carrera, sobre todo con el disco que grabó con poemas de Rafael Alberti, musicados por Antón García Abril, en el que se incluyen nada menos que cuatro temas taurinos. Uno de estos cuatro, “Chuflillas del Niño de la Palma”, fue objeto de una entrada anterior en este blog, y por ello, sobre este disco, publicado en 1970, y sobre la propia interprete, ya se escribió entonces. Si el lector está interesado en este asunto, lo remito a dicho lugar para aquí tomar otros derroteros.
Tras finalizar la temporada se ha producido, no sé si espoleados por la “situación catalana“, una contraofensiva de las “gentes del toro”, como se autodenominan los que comen de este pastel, para sentar las bases, dicen, de la tauromaquia del futuro. Está clara la situación de crisis por la que atraviesa de Fiesta, y no precisamente por la “situación catalana”, que se refleja de forma drástica en la escasa asistencia de público a los festejos en el resto de comunidades. Es para estar más que preocupados. Es para plantearse seriamente que es lo que ocurre y por qué ese desapego social hacia las corridas de toros que se produce en España, algo que cada día es más notorio. No ocurre lo mismo con los festejos populares que año tras año tienen más adeptos. Es para planteárselo, no está en crisis ni la cultura, ni las fiestas del toro en nuestro país, lo que está en una profunda crisis son las corridas de toros. Pero tampoco es este el camino por el que pensaba continuar, es demasiado serio el tema y tiempo habrá a lo largo del invierno para ocuparse de ello.
Para lo que quería aprovechar esta entrada es para hablar del protagonista de este pasodoble que, como dice su estribillo, es el “rey de la fiesta española”, del toro. Cada vez surgen más voces, incluso entre profesionales retirados, que ponen el dedo en la llaga, el toro actual no aporta la emoción que necesita la Fiesta para seguir viva. Curiosamente, en todos los conciliábulos de los profesionales - de los que mandan- que están proliferando estos días, el toro es el gran olvidado. Y si hablan, no lo manifiestan públicamente. Aunque yo creo que del toro, seguro que hablaran, y no poco… pero en privado y, visto lo visto, nos podemos imaginar de lo que hablan cuando los que mandan hablan del toro. Pongámonos a temblar.
Al único profesional que he oído hablar alto y claro sobre la situación del toro en la Fiesta actual ha sido Tomás Prieto de la Cal que -en un foro mucho más modesto que el Congreso celebrado en las Islas Azores, o las reuniones con los ministros, o la de los empresarios y los toreros, que es donde el toro tendría que haber sido defendido con ardor como el eje de la Fiesta que lleva su nombre y de la cual todos ellos viven- mantuvo con firmeza que, desgraciadamente, el toro ya no ocupa ese lugar de privilegio que nunca debería de haber perdido. Es la auténtica realidad y el primero de los problemas que le aquejan a la Fiesta, mucho más que el de la escasez de público, pues lo único que puede devolver a la gente a las plazas es el toro que ponga emoción en el ruedo. La gente ha cambiado, los ciudadanos de ahora no son como paisanos de antaño que acudían a las Ferias a trapichear y a los toros, pero lo que no ha cambiado, lo que sigue llevando a la gente a ver un espectáculo, lo que la mueve de su casa y de su butaca es la búsqueda de emociones fuertes, y el toro, por fortuna, si se presenta en las condiciones óptimas para la lidia, la trae a raudales, es más, es su mayor caudal.
Este pasodoble, en esta época en la que el toro es un actor secundario de su propia fiesta, quiere reivindicar al verdadero protagonista de la misma, el toro, y a los ganaderos que todavía los crían pensando en el honor de su profesión. Mikaela, acompañada por la "Orquesta Montilla", dirigida por don Manuel García Matos, en una interpretación magistral cargada de fuerza y temperamento, le canta al "rey de la fiesta española": El Toro.
Tras finalizar la temporada se ha producido, no sé si espoleados por la “situación catalana“, una contraofensiva de las “gentes del toro”, como se autodenominan los que comen de este pastel, para sentar las bases, dicen, de la tauromaquia del futuro. Está clara la situación de crisis por la que atraviesa de Fiesta, y no precisamente por la “situación catalana”, que se refleja de forma drástica en la escasa asistencia de público a los festejos en el resto de comunidades. Es para estar más que preocupados. Es para plantearse seriamente que es lo que ocurre y por qué ese desapego social hacia las corridas de toros que se produce en España, algo que cada día es más notorio. No ocurre lo mismo con los festejos populares que año tras año tienen más adeptos. Es para planteárselo, no está en crisis ni la cultura, ni las fiestas del toro en nuestro país, lo que está en una profunda crisis son las corridas de toros. Pero tampoco es este el camino por el que pensaba continuar, es demasiado serio el tema y tiempo habrá a lo largo del invierno para ocuparse de ello.
Para lo que quería aprovechar esta entrada es para hablar del protagonista de este pasodoble que, como dice su estribillo, es el “rey de la fiesta española”, del toro. Cada vez surgen más voces, incluso entre profesionales retirados, que ponen el dedo en la llaga, el toro actual no aporta la emoción que necesita la Fiesta para seguir viva. Curiosamente, en todos los conciliábulos de los profesionales - de los que mandan- que están proliferando estos días, el toro es el gran olvidado. Y si hablan, no lo manifiestan públicamente. Aunque yo creo que del toro, seguro que hablaran, y no poco… pero en privado y, visto lo visto, nos podemos imaginar de lo que hablan cuando los que mandan hablan del toro. Pongámonos a temblar.
Al único profesional que he oído hablar alto y claro sobre la situación del toro en la Fiesta actual ha sido Tomás Prieto de la Cal que -en un foro mucho más modesto que el Congreso celebrado en las Islas Azores, o las reuniones con los ministros, o la de los empresarios y los toreros, que es donde el toro tendría que haber sido defendido con ardor como el eje de la Fiesta que lleva su nombre y de la cual todos ellos viven- mantuvo con firmeza que, desgraciadamente, el toro ya no ocupa ese lugar de privilegio que nunca debería de haber perdido. Es la auténtica realidad y el primero de los problemas que le aquejan a la Fiesta, mucho más que el de la escasez de público, pues lo único que puede devolver a la gente a las plazas es el toro que ponga emoción en el ruedo. La gente ha cambiado, los ciudadanos de ahora no son como paisanos de antaño que acudían a las Ferias a trapichear y a los toros, pero lo que no ha cambiado, lo que sigue llevando a la gente a ver un espectáculo, lo que la mueve de su casa y de su butaca es la búsqueda de emociones fuertes, y el toro, por fortuna, si se presenta en las condiciones óptimas para la lidia, la trae a raudales, es más, es su mayor caudal.
Este pasodoble, en esta época en la que el toro es un actor secundario de su propia fiesta, quiere reivindicar al verdadero protagonista de la misma, el toro, y a los ganaderos que todavía los crían pensando en el honor de su profesión. Mikaela, acompañada por la "Orquesta Montilla", dirigida por don Manuel García Matos, en una interpretación magistral cargada de fuerza y temperamento, le canta al "rey de la fiesta española": El Toro.
¡Eh! Toro
(C. Murillo - A. Segovia)
Tus finas manos de ganaera
al toro dio de comer,
y se sentía casi torera
al ver que llegó a crecer.
En la dehesa los mayorales
se entusiasmaban jalandole.
Y era un ensueño pa los erales
porque soñaba con su poder
¡Toro!
¡Toro!
Toro bonito y bravío,
toro color de noche oscura,
estampa de bravura,
ciclón de poderío.
Tu vivirás en mis sentíos
como un volar de banderolas.
¡Toro!
¡Toro!
Rey de la fiesta española.
Entre clarines se abrió el chiquero
y el ruedo de alrededor.
Y fue su toro pa aquel torero
bandera de triunfador.
Cubrió sus ojos con el pañuelo
viendo el orgullo con que cobró.
Y como un grito cayó del cielo
el ¡ay! de angustia de su dolor.
¡Toro!
¡Toro!
¡Toro!
Toro bonito y bravío.
Toro color de noche oscura.
Estampa de bravura,
ciclón de poderío.
Tu vivirás en mis sentío
cuando la plaza ya este sola
¡Toro!
¡Toro!
Rey de la fiesta española.
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