Nosotros, mientras tanto, seguiremos hablando de toros y de los sitios en los que todavía se anuncian y se corren toros, con las dificultades que ello comporta en un tiempo en que las ganaderías que mantienen alguna pureza en sus encastes tienen dificultades para colocar sus productos en el mercado y, por ello, están amenazas con la desaparición. Más no podemos hacer, tan solo hablar de los sitios en los que los toros y su lidia ponen el interés en el ruedo y la emoción en los tendidos. Por ello enlazamos los tres reportajes de los tres desafíos ganaderos de la recién terminada Feria de la Magdalena de Castellón, un serial taurino que, prácticamente y con alevosía, ha pasado desapercibido para los medios de información taurina. Tres ganaderías de las que rehuyen los figuras y figurillas del escalafón -Victorino, Cuadri y Miura- midieron sus fuerzas en los tres últimos festejos de la citada Feria castellonense y que, contra pronóstico y de lo que hubieran preferido los que mandan en el negocio taurino y del secuestro informativo al que fue sometida, congregó a más espectadores de los esperados y, lo que es más positivo de todo, tanto el público como los aficionados que presenciaron estas tres CORRIDAS DE TOROS salieron contentos de la plaza, cosa que, en los tiempos que corren, no es poco. Hasta la fecha, y en nuestra opinión, es lo único reseñable de los que llevamos de temporada.
“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala
viernes, 30 de marzo de 2012
SOBRE LOS DESAFÍOS GANADEROS DE CASTELLÓN
Que el TORO es el único que puede poner remedio a la decadencia en la que se encuentra sumida la tauromaquia en el siglo XXI es algo de lo que se ha escrito en este Blog, desde su apertura en 2007, con reiteración, por activa y por pasiva. Es el tema del que más entradas se ocupan porque, siendo coherentes con lo que reza bajo el título del mismo, "nada tiene importancia sino hay toro". Pero, por lo visto en el comienzo de esta temporada -Valencia- y los planes para las próximas ferias de renombre -Sevilla y Madrid- , esto poco les importa a los que resultan ser los más beneficiados de este negocio. Siguen a lo suyo -el toro chico y el billete grande- aún a riesgo de que por ese camino vamos hacia la ruina total de la Fiesta, por la falta cada día más visible de espectadores en las plazas, aburridos de un espectáculo despojado de su argumento principal: la emoción. Al final de este viaje, si continúa por la dirección que le han marcado sus mandamases, ellos serán los que más pierdan. Los aficionados perderemos una de nuestras pasiones, quizás la más importante, pero ellos, los profesionales en todas las escalas del negocio taurino, perderán su empleo. Pero así están las cosas...
TOROS EN CASTELLÓN: MIURA & VICTORINO (19.03.2012)...
LcbTV · Video Noticias Taurinas ·: Toros en Castellón: Miura & Victorino (19.03.2012): Vídeo resumen del 3º "Desafío de Ganaderías" programado en la Feria de la Magdalena del 2012 de Castellón de la Plana. El lunes,19 de marzo, fueron los toros de las ganaderías de "Miura", que hicieron 1º, 2º y 3º del encierro; y "Victorino Martín", que se corrieron en 4º, 5º y 6º lugar, los que compitieron. Ante ellos se acartelaron: José Luis Moreno, ovación y silencio en su lote; Luis Bolivar, silencio en su primero y oreja en su segundo; y Paco Ramos, ovación y silencio. Reportaje elaborado por la revista "Aplausos", en donde se puede leer la crónica de los seis toros y enlazar con el reportaje fotográfico de Javier Arroyo. El vídeo, que incluye imágenes de los seis toros lidiados, está alojado en el canal"TierradeToros06".
TOROS EN CASTELLÓN: MIURA & CUADRI (18.03.2012)
LcbTV · Video Noticias Taurinas ·: Toros en Castellón: Miura & Cuadri (18.03.2012): Vídeo resumen del 2º "Desafío de Ganaderías" programado en la Feria de la Magdalena del 2012 de Castellón de la Plana. El domingo,18 de marzo, fueron los toros de las ganaderías de "Miura", que hicieron 1º, 2º y 3º del encierro; y "Herederos de don Celestino Cuadri", que se corrieron en 4º, 5º y 6º lugar, los que compitieron. Ante ellos se acartelaron: Rafaelillo, premiado con la oreja de su primero y silencio en su segundo; Javier Castaño, ovación y oreja en su lote; y Serafín Marín, silenciado en sus dos toros. Reportaje elaborado por la revista"Aplausos", en donde se puede leer la crónica de los seis toros y enlazar con el reportaje fotográfico de Javier Arroyo. El vídeo, que incluye imágenes de los seis toros lidiados, está alojado en el canal "TierradeToros06".
TOROS EN CASTELLÓN: VICTORINO & CUADRI (17.03.2012)
LcbTV · Video Noticias Taurinas ·: Toros en Castellón: Victorino & Cuadri (17.03.2012): Vídeo resumen del 1º "Desafío de Ganaderías" programado en la Feria de la Magdalena del 2012 de Castellón de la Plana. El sábado, 17 de marzo, fueron los toros de las ganaderías de "Victorino Martín", que hicieron 1º, 2º y 3º del encierro; y la de los "Herederos de don Celestino Cuadri", que se corrieron en 4º, 5º y 6º lugar, los que se enfrentaron. Ante ellos se acartelaron: Uceda Leal, premiado con la oreja de su primero y ovacionado en su segundo; Alberto Aguilar, premiado con una oreja en cada uno de sus toros; y Rubén Pinar con igual premio, una oreja en cada unos de sus toros. Reportaje elaborado por la revista "Aplausos", en donde se puede leer la crónica de los seis toros y enlazar con el reportaje fotográfico de Javier Arroyo. El vídeo, que incluye imágenes de los seis toros lidiados, está alojado en el canal "TierradeToros06".
miércoles, 28 de marzo de 2012
COPLAS A PEDRO ROMERO · CONCHA PIQUER
Nos hacemos eco de la nueva entrega del CANCIONERO TORERO, la que hace 100 de este "archivo interactivo de canciones de toros y toreros". En esta ocasión, y para celebrar la efemérides, nos brindan tres números uno: la gran "cuadrilla de la copla", Quintero, León y Quiroga, en la composición, doña Concha Piquer en la interpretación, y el legendario torero rondeño Pedro Romero como protagonista de la copla. Pasen y escuchen.
CANCIONERO TORERO: COPLAS A PEDRO ROMERO · CONCHA PIQUER: Con esta se cumple la entrada número 100 de este CANCIONERO TORERO y, como en estos tiempos que corren las efemérides se celebran a bombo y ...
CANCIONERO TORERO: COPLAS A PEDRO ROMERO · CONCHA PIQUER: Con esta se cumple la entrada número 100 de este CANCIONERO TORERO y, como en estos tiempos que corren las efemérides se celebran a bombo y ...
lunes, 26 de marzo de 2012
NUEVA TERTULIA "EN EL CAFÉ DE CHINITAS"
Tras casi dos meses sin hacerlo, la Tertulia de Aficionados "En el Café de Chinitas" se reunió, el pasado 25 de marzo de 2012, para grabar un nuevo podcast, el nº 94. En la primera parte, las recién terminadas ferias de Valencia y Castellón han centrado el debate, destacando el interesante tramo final de la Feria de la Magdalena castellonense con los "desafíos" de las ganaderías de Cuadri, Miura y Victorino, que fueron del agrado de los aficionados y espectadores que los presenciaron y que registraron interesantes entradas. Tras los habituales minutos musicales, que en esta tertulia han sido protagonizados por "El Tio Caniyitas" y la Banda Municipal de Madrid, los rumores sobre los planes que la empresa "Serolo", nueva en nuestra plaza de "La Misericordia", tiene para el primer ciclo de la temporada zaragoza, que de confirmarse cuando se presenten los carteles -se supone que en breve- son más que preocupantes, han centrado la tertulia en su segunda parte. El podcast lo pueden escuchar en el reproductor que adjuntamos, o descargar para su posterior escucha en el enlace situado a su derecha.
sábado, 24 de marzo de 2012
CANCIONERO TORERO: EL RELICARIO · THE CLEVERS
CANCIONERO TORERO: EL RELICARIO · THE CLEVERS: El tema que presentamos hoy es uno de los clásicos del repertorio taurino, "El Relicario" , compuesto por José Padilla en el año 1914. Su e...
viernes, 27 de enero de 2012
Y NADIE SE PREGUNTA PORQUÉ LA GENTE ESTÁ DEJANDO DE IR A LOS TOROS
El invierno taurino siempre es una época de balance de lo pasado y conjeturas de lo por venir. El tema estrella de este año, que arrancó a finales de la pasada temporada, es el de los derechos de imagen de un grupo de toreros que, ante la retransmisión de las ferias más importantes por un canal privado, no estaban conformes con el reparto de los derechos generados por esa circunstancia. Los mandamases del escalafón, conocidos como el “G10”, decidieron que debían poner su imagen y sus intereses bajo el control de una agencia profesional dedicada a gestionársela. A raíz de esa decisión los cimientos del actual entramado taurino temblaron. Era un directo al estómago de los empresarios que, parece ser, eran los máximos beneficiarios de esas retransmisiones. Ello les suponían unos ingresos extraordinarios que, ante la cada vez menor asistencia de espectadores a los festejos taurinos, les servían para obtener un saldo positivo al final de la temporada. Pero sobre todo para el canal de televisión privado que, en vez de entenderse con el empresario, deberá hacerlo, además, con los toreros. Imagino que los colectivos de ganaderos y subalternos también llamaran a esa puerta lo que, sin duda, complicará todavía más las cosas. Pues eso, que el tema estrella de este invierno taurino ha sido este -como repartirse el pastel de los beneficios generados por las retransmisiones televisivas- y nadie ha pensado en el auténtico problema que aqueja a la Fiesta que es bien distinto y de un calado mucho más profundo.
Porque el gran problema que amenaza a la Fiesta de los Toros, visto lo visto la pasada temporada, es la escasez de público que asiste a los festejos, cada día más alarmante, y la reducción de los mismos pues, el pasado año, han sido más de mil los que han dejado de celebrarse. Ese es el auténtico debate que deberían emprender los que son máximos beneficiarios de este espectáculo: Los toreros del “G10”, la inmensa mayoría que no están en este selecto grupo, los subalternos, los ganaderos, los empresarios y, puesto que son los propietarios de la mayor parte de las plazas, los poderes públicos. Y no creo que no se lo planteen por desconocimiento, pues son los que los sufren en sus propias carnes y, de seguir así las cosas, esto conduce hacia la desaparición, más pronto que tarde, de la propia Fiesta. Más me parece una huida hacia adelante tratando de recoger las últimas migajas de un negocio que, por su propia desidia y en aras de la comodidad, se está agotando.
El auténtico debate de este tiempo de invierno debiera haber sido ese. ¿Porqué la gente está dejando de ir a los toros? Esa es la principal pregunta que hay que hacerse, pues si los festejos se reducen y la gente no acude a los que se programan, no hay derechos de imagen ni negocios que valgan nada. Pero parece ser que a nadie de los del negocio taurino les interesa hacerse esa pregunta y tratar de buscar la solución. Cada vez son más los aficionados que toman conciencia de que la Fiesta, tal como se produce en la actualidad, ha perdido su principal valor, la emoción, y se ha convertido en algo monótono, previsible y aburrido, justamente lo contrario de lo que debería ser. Pero si esto no preocupa a los taurinos pues, desde hace mucho tiempo, les da igual lo que digan sus principales clientes, tampoco son capaces de llenar los tendidos con público de aluvión y festivo. Esta gente, que generalmente acude a los toros con motivo de las fiesta patronales de su ciudad, aunque no son entendidos y solo buscan la fiesta y el reparto de trofeos a porrillo, se encuentran con un espectáculo tan descafeinado y vacío que tal como van saliendo de la plaza se van olvidado de los visto.
Hay excepciones. Recuerdo corridas de toros en que, a la salida, aficionados y espectadores, seguimos hablando de lo acontecido en la plaza. Suele ocurrir cuando, con más o menos trofeos concedidos, la emoción ronda por el ruedo. Es lo que tiene la emoción, que no deja indiferentes ni a unos ni a otros, pues la alteración del ánimo que produce en cada individuo, aficionado o profano, hace que sigas con interés y expectación todo cuanto acontece en el albero. Y la emoción en una corrida de toros solo puede venir de la mano de su protagonista principal, el toro. Para bien o para mal, solo el toro puede hacer que la lidia sea emocionante. Pero en los estamentos taurinos no quieren sacar las conclusiones que de esto se derivan, no les interesa, prefieren seguir tirando para adelante con el borrego al uso aún a sabiendas de que esa es la única solución para que la Fiesta de los Toros recupere su verdad y salga del profundo bache en el que se encuentra metida.
lunes, 23 de enero de 2012
ENRIQUE ASÍN CORMÁN
Se ha muerto Enrique Asín. Se ha muerto un gran aficionado. Otro más. Un aficionado de los imprescindibles. Hacía tiempo, años, que ya no iba a los toros. Él, que había hecho de esta fiesta su pasión dentro y fuera de la plaza, con todo el dolor del mundo, dejó de renovar su abono en el Tendido 1 de “La Misericordia”, una localidad que había heredado de sus antepasados, por aburrimiento. Porque esta fiesta no era la que él quería, por la que él sentía pasión y a la que le dedicaba su tiempo y su dinero. Muchas veces le oí decir que aquí, en esta Fiesta nuestra, en estos tiempos, “lo que hace falta son cornadas”. Y no le faltaba razón al dictar esta metafórica sentencia porque, como cualquier aficionado cabal, no es que asistiera a la plaza para ver coger a los toreros pero, hace falta que en el ruedo haya peligro, miedo, y que eso, el peligro y el miedo, se sienta desde el tendido, que la emoción que ello produce te mantenga en vilo, pendiente en todo momento del juego del toro y del lidiador porque, esta Fiesta, sin peligro, sin poder en los toros para dar cornadas, no es la Fiesta grande que se ha mantenido en candelero, contra viento y marea, desde hace siglos. El arte, lo bello, lo te te conmueve, te pone los pelos de punta y te hace amar esta Fiesta por encima de todas se da si surge del peligro, de la tempestad del toro bravo y con poder. El toreo es grande y sublime cuando, como decía Domingo Ortega, el torero es capaz de convertir esa tempestad en brisa suave y acariciadora. Pero la Fiesta actual no es la que Enrique soñaba. Por eso se fue. Se refugió en su museo, en sus libros, en sus dibujos, en sus recuerdos, hasta que la vida, primero, le volvió la espalda, y luego se le empezó a marchar como si una cornada en la ingle le hubiera abierto un boquete imposible de cerrar.
Lo conocí en su “Museo Taurino”. Su afición era tanta que se dedicó ha invertir en cuantos objetos relacionados con los toros pudiera adquirir: trajes, carteles, utensilios de la lidia, libros, cabezas de toros, documentos, música, películas, revistas… Allí pasaba, como vulgarmente se dice, las horas muertas. Cada viernes al anochecer se reunía una tertulia de viejos y jóvenes aficionados, los unos ensañaban y los otros aprendíamos. Alguna vez acudía algún aficionado de renombre de la ciudad, de los que no eran habituales, o alguno que, por el motivo que fuese, pasaba por Zaragoza. Allí se hablaba de toros, se comía y se bebía hasta altas horas de la madrugada. Para los nuevos, era un escuela de lujo para conocer la grandeza de esta Fiesta y aficionarse a ella con sólidos fundamentos. En aquellos años de mitad de la década de los noventa, cuando junto con unos amigos empezamos a frecuentar la tertulia, Enrique, junto con otros aficionados, acaban de crear la “Unión de Abonados de Zaragoza”, que fue uno de los primero movimientos de los aficionados en defensa de la Fiesta de los Toros y los derechos de los aficionados. Entre otras actividades, publicaban una cuidada revista taurina de nombre “Kikiriki”. Allí se miraba con lupa lo que acontecía en la Fiesta y sus alrededores y, sobre todo, en nuestra plaza de “La Misericordia”. Fue un ejemplo a seguir y, de allí y entonces, surgimos un grupo de aficionados -lo que luego sería la A.C. “La Cabaña Brava”- dispuestos a seguir luchando para que esta Fiesta, la que nos enseñaron Enrique y demás tertulianos habituales, siguiera manteniéndose con toda su integridad y autenticidad.
Hoy, 23 de enero de 2012, cuando tan solo contaba 64 años de edad, ha muerto Enrique Asín Cormán. Demasiado joven para lo que todavía podía y tenía que vivir y enseñar. De lo veteranos aficionados que eran habituales en la tertulia de los viernes en su Museo Taurino, ya son varios los que nos han dejado. Así, a bote pronto, recuerdo a Anselmo, o a los que aparecen en esta fotografía, tomada en plena tertulia del Museo un viernes cualquiera, que son, de izquierda a derecha: José Manuel de la Cruz, Paco Civera y Javier Sarría, descendiente de la legendaria ganadería navarra de Zalduendo. Todos ellos aficionados cabales, íntegros e insustituibles, de los que nos harían falta en estos momentos de zozobra de la Fiesta. Los que aquí seguimos, aún a pesar del aburrimiento al que nos condena el lamentable estado del actual espectáculo taurino que -como a Enrique en su día- nos invita a marcharnos definitivamente de esta farsa, trataremos, en su memoria, de seguir la lucha por la recuperación de la Fiesta de los Toros que ellos nos enseñaron. Descanse en paz Enrique y que, allá donde sea, siga la Fiesta y la Tertulia con los que se marcharon antes.
miércoles, 11 de enero de 2012
BAILADOR
El toro más famoso con este nombre fue el que cogió a Joselito, un 20 de mayo de 1920, en Talavera de la Reina y, como consecuencia de dicha cogida, acabó con la vida del torero del que decían los críticos y aficionados de la época que era imposible que lo cogiese un toro. Pero no es este el “Bailador” al que le dedico este espacio, sino al que se lidió unos cuantos años antes, concretamente el 29 de agosto de 1883, en la plaza de Linares, Jaén, y le tocó en suerte a Rafael Molina “Lagartijo”. El motivo que me lleva a dedicárselo es la rareza que supone, en los tiempos actuales, que el matador y sus picadores feliciten al ganadero por la bravura que mostró el toro durante su lidia. A cuento de esto, y porque lo hemos recordado hace unos días en una tertulia de amigos, viene a mi memoria una frase que pronunció el ganadero de “Sepúlveda” cuando un periodista lo felicitó, una vez acabada la corrida, por la bravura de uno de sus toros y vino a contestarle que eso, que hubiera salido un toro bravo esa tarde, suponía la ruina para su ganadería... y así fue. Desde aquel momento -sucedió, creo recordar, a mitad de la década de los noventa- sus toros fueron vetados por las figuras, dejó de lidiar en las ferias importantes, donde antes se los rifaban para apuntarse con ellos, a consecuencia de esto entró en un profundo bache y en la actualidad lidia poco o nada. Esta es la tónica del momento y así le va a nuestra querida Fiesta de los Toros. Si por casualidad sale un toro bravo de las ganaderías solicitadas por los “figuras”, problemas y muy serios para esa ganadería -ejemplos de ello hay muchos-, porque enseguida pasan a ser esquivadas por los mismos que antes las exigían y se pelaban por matar sus pastueños animales con pinta de toros y eso es la ruina para el ganadero. Pero vayamos a lo que era la razón de esta entrada porque, contrariamente a lo que es habitual, hemos escrito la moraleja antes que la historia.
Según cuentan, “Bailador” fue un toro negro, bien puesto, de cinco años y medio, de la ganadería de don Andrés Fontecilla, que resultó de una bravura y un poder enormes. Tanto que “Lagartijo” y los picadores de su cuadrilla, José y Manuel Calderón, escribieron una carta al ganadero en la que le decían: «...toro buen mozo, divinamente encornado, fino y escaso de carnes, en las primeras varas demostró mucho poder, y cuando se quedó en los tercios, sin desafiar nunca y siempre natural en la suerte, tomó "veintiuna varas", y con decir que mató 13 caballos es suficiente para comprender que no dejó nada que desear, pues es toro que no puede olvidarse con facilidad y "que no ha" tenido en los tiempos que corremos compañero, pues ha sido un verdadero fenómeno. En este toro, del señor Fontecilla, nos sucedió una rareza, que fue la de tener que retirarnos a pie a la fonda. Que críe usted muchos y que podamos torearlos, es lo que desean sus afectísimos, que le aprecian: Rafael Molina, José Calderón y Manuel Calderón». Este toro era hijo de un semental de "Miura" pues, don Andrés Fontecilla, fue uno de los pocos ganaderos españoles que compró hembras y un semental de esta legendaria ganadería.
Según cuentan, “Bailador” fue un toro negro, bien puesto, de cinco años y medio, de la ganadería de don Andrés Fontecilla, que resultó de una bravura y un poder enormes. Tanto que “Lagartijo” y los picadores de su cuadrilla, José y Manuel Calderón, escribieron una carta al ganadero en la que le decían: «...toro buen mozo, divinamente encornado, fino y escaso de carnes, en las primeras varas demostró mucho poder, y cuando se quedó en los tercios, sin desafiar nunca y siempre natural en la suerte, tomó "veintiuna varas", y con decir que mató 13 caballos es suficiente para comprender que no dejó nada que desear, pues es toro que no puede olvidarse con facilidad y "que no ha" tenido en los tiempos que corremos compañero, pues ha sido un verdadero fenómeno. En este toro, del señor Fontecilla, nos sucedió una rareza, que fue la de tener que retirarnos a pie a la fonda. Que críe usted muchos y que podamos torearlos, es lo que desean sus afectísimos, que le aprecian: Rafael Molina, José Calderón y Manuel Calderón». Este toro era hijo de un semental de "Miura" pues, don Andrés Fontecilla, fue uno de los pocos ganaderos españoles que compró hembras y un semental de esta legendaria ganadería.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
FELICIDADES, PEPE LUIS
Pepe Luis Vázquez, el "Sócrates del Toreo", como se le apodó en su juventud por su sabiduría, cumple hoy 90 años. En su día ya publicamos en este Blog un par de artículos que recogían declaraciones suyas: "Pepe Luis dice... sobre la gente y los aficionados", en el que habla de las diferencia que existe entre el público que asiste a las corridas de toros y los aficionados, y "Pepe Luis dice...", en el que en unas pocas frases explica su tauromaquia. También quiero enlazar un extenso dossier subido por la web "Taurología" que bajo el título de: "Pepe Luis, 'armonía, belleza y gloria' del Arte del Toreo" recoge una selección de textos y entrevistas que abarcan desde el año 1972 hasta nuestros días. Por último, enlazamos un pequeño vídeo en donde puede verse a Pepe Luis vistiéndose para salir camino de la Plaza de "Las Ventas" y unos breves pasajes de su actuación ese mismo día. ¡¡¡Va por usted, maestro!!!
miércoles, 30 de noviembre de 2011
DIEGO PUERTA, UN TORERO VALIENTE Y HONRADO
Cuando de niño iba a buscar a mi padre a la salida de los toros y le preguntaba cómo había resultado la corrida, si había toreado Diego Puerta, y eran muchas las veces que toreaba en Zaragoza en aquellos años sesenta, siempre hablaba bien del torero sevillano: de su honradez, de su pundonor, de su entrega, de su coraje y, por encima de todo, de su valor. Tan reconocida era esta cualidad que un revistero de la época de sus primeros años le puso el acertado apodo de “Diego Valor”, que era el nombre de un personaje y de una serie de tebeos muy popular a finales de los años cincuenta. Yo no pude verlo de matador de toros porque se retiró pronto, en 1974, y nunca más volvió a vestir el traje de luces. Sí que lo vi en algún festival de Atades, que se celebraba todos los años a principios de la temporada en Zaragoza, o en alguno de los que se celebraban en la cercana localidad de Ricla. También, aunque no sea los mismo, en vídeo. Sin ser un torero profundo y de corte clásico, me gustaba su disposición y sus formas y alegría sevillana.
De novillero, según me han contado viejos aficionados zaragozanos, toreo mucho en Zaragoza, incluso pasaba aquí largas temporadas en compañía de su inseparable Paco Camino. Luego, una vez ya matador, tuvo y mantuvo un gran cartel y no faltaba ningún año a su cita con los aficionados de “La Misericordia” hasta su retirada. Como torero valiente tuvo que pagar el triunfo muchas veces con su sangre. Prueba de ello son las más de 50 cornadas que adornaban su cuerpo, la última de las cuales, tres días antes de su retirada en “La Maestranza” sevillana tuvo lugar, precisamente, en su querida Zaragoza. Cuando se cortó la coleta prometió no volver y no volvió. Se dedicó a cuidar de su ganadería, que había adquirido en 1963, y a torear festivales benéficos hasta que en 1989 colgó definitivamente los trastos. Casualmente, hace pocos días, viendo vídeos viejos de programas taurinos, aparecía en el callejón de la Plaza de Castellón de la que fue empresario allá por el año 1987, fecha del reportaje en cuestión. Hoy me he enterado que ayer por la noche falleció. En su memoria quiero enlazar un par de vídeos.
Este primer vídeo es una breve semblanza biográfica con imágenes de uno de sus triunfos en la madrileña plaza de “Las Ventas” de sus primeros años.
Nota: Pasados un par de días del fallecimiento de Diego Puerta leo unas declaraciones de Paco Camino, su gran rival en los ruedos y a la vez su mejor amigo fuera de ellos, que quiero que sean el colofón de este pequeño homenaje al torero del Barrio de San Bernardo:
“Un ejemplo de torero, un torero único. Tenía un valor como la copa de un pino, pero no todo se resumía en su valentía, pues aunaba todas las cualidades de los grandes. Empezamos juntos desde chicos y hemos compartido más de 360 paseíllos. En el toreo, con muchísima diferencia, ha sido mi mejor amigo. Pero en el ruedo eso se olvidaba. Había mucha rivalidad, salíamos a cara de perro, incluso hacíamos apuestas. Cuando toreaba con Diego pasaba más miedo por él que por mí. ¡Qué manera de arrimarse y entregarse! A veces llegaba a arrollar la razón y le cogían muchos toros. Pero tenía una gran inteligencia; era un fenómeno, como persona y como torero. En esa terna famosa entre Puerta, El Viti y yo, Diego no era el tercer hombre, sino el primero. Lástima que no se hayan enterado de lo que ha sido los que otorgan la Medalla de las Bellas Artes. ¿Dónde está su Medalla? Qué injusticia más grande... Él la merecía más que ninguno, bastante más que yo, que la devolví porque no quiero premios de golfos. En la vida no cuentan los homenajes ni los trofeos. En la vida cuentan los hechos. Y Diego Puerta, mi gran amigo, ha sido un auténtico fuera de serie, una parte inolvidable de la Historia del Toreo.”
De novillero, según me han contado viejos aficionados zaragozanos, toreo mucho en Zaragoza, incluso pasaba aquí largas temporadas en compañía de su inseparable Paco Camino. Luego, una vez ya matador, tuvo y mantuvo un gran cartel y no faltaba ningún año a su cita con los aficionados de “La Misericordia” hasta su retirada. Como torero valiente tuvo que pagar el triunfo muchas veces con su sangre. Prueba de ello son las más de 50 cornadas que adornaban su cuerpo, la última de las cuales, tres días antes de su retirada en “La Maestranza” sevillana tuvo lugar, precisamente, en su querida Zaragoza. Cuando se cortó la coleta prometió no volver y no volvió. Se dedicó a cuidar de su ganadería, que había adquirido en 1963, y a torear festivales benéficos hasta que en 1989 colgó definitivamente los trastos. Casualmente, hace pocos días, viendo vídeos viejos de programas taurinos, aparecía en el callejón de la Plaza de Castellón de la que fue empresario allá por el año 1987, fecha del reportaje en cuestión. Hoy me he enterado que ayer por la noche falleció. En su memoria quiero enlazar un par de vídeos.
Este primer vídeo es una breve semblanza biográfica con imágenes de uno de sus triunfos en la madrileña plaza de “Las Ventas” de sus primeros años.
Este segundo recoge pasajes de su actuación en Pamplona, ante un toro del “Conde de la Corte”, el que hacía 4º de la tarde, el día 9 de julio de los Sanfermines del año 1968.
“Un ejemplo de torero, un torero único. Tenía un valor como la copa de un pino, pero no todo se resumía en su valentía, pues aunaba todas las cualidades de los grandes. Empezamos juntos desde chicos y hemos compartido más de 360 paseíllos. En el toreo, con muchísima diferencia, ha sido mi mejor amigo. Pero en el ruedo eso se olvidaba. Había mucha rivalidad, salíamos a cara de perro, incluso hacíamos apuestas. Cuando toreaba con Diego pasaba más miedo por él que por mí. ¡Qué manera de arrimarse y entregarse! A veces llegaba a arrollar la razón y le cogían muchos toros. Pero tenía una gran inteligencia; era un fenómeno, como persona y como torero. En esa terna famosa entre Puerta, El Viti y yo, Diego no era el tercer hombre, sino el primero. Lástima que no se hayan enterado de lo que ha sido los que otorgan la Medalla de las Bellas Artes. ¿Dónde está su Medalla? Qué injusticia más grande... Él la merecía más que ninguno, bastante más que yo, que la devolví porque no quiero premios de golfos. En la vida no cuentan los homenajes ni los trofeos. En la vida cuentan los hechos. Y Diego Puerta, mi gran amigo, ha sido un auténtico fuera de serie, una parte inolvidable de la Historia del Toreo.”
lunes, 28 de noviembre de 2011
CASUALIDAD O MALDICIÓN
Al buscar información sobre la canción que hemos enlazado hoy en el CANCIONERO TORERO -"Pepete, mátelo usted", interpretada por Gracia de Triana- nos hemos encontrado con tres historias de tres toreros que utilizaban el mismo apodo, Pepete, y que tuvieron el mismo trágico final, la muerte del protagonista a consecuencia de las cornadas recibidas en el ruedo: José Dámaso Rodríguez, de Córdoba, José Rodríguez Davie, de San Fernando, Cádiz; y José Claro, de Sevilla. Los tres Pepetes murieron de cornadas tan severas que su agonía duró muy poco tiempo. En el primer caso, sólo tres minutos, tras una lesión en el corazón; en el segundo, unas horas, con herida en el muslo que le causó tremendos dolores; y en el tercero, luego de fugaces minutos, con plena conciencia del torero que por ese hoyo que hizo el pitón destrozando la femoral. Tres historias distintas con idéntico final que no sabríamos calificar como casualidad o maldición.
El primero, José Dámaso Rodríguez Pepete, nació en Córdoba, en 1824, y desde pequeño quiso ser torero. Se cuenta que cuando el novelista francés Alejandro Dumas visitó Córdoba, Pepete actuó como guía en una excursión por la Sierra Morena. Pronto consiguió fama por sus condiciones y valentía en las cuadrillas de José Redondo El Chiclanero y Antonio Luque Camará. Se doctoró en Madrid, de manos de Cayetano Sanz, matando al toro “Lagartijo” , de Gaviria. Su fama creció rápidamente y los públicos lo exigían en los carteles de más fuste. Alcanzó triunfos en Madrid, sobre todo en 1858, su año cumbre. Fue en 1862, cuando la empresa de Madrid lo contrató para torear el 20 de abril. En segundo lugar salió un berrendo en negro alunarado botinero y capirote y de cuerna corta, de la ganadería de Miura. El toro embistió al picador Antonio Calderón dándole un tumbo. Pepete saltó de inmediato la barrera para hacerle el quite al varilarguero. Para su mala suerte, el toro “Jocinero” lo enganchó por la cadera, causándole un puntazo sin importancia, pero quedó a su merced y el burel le lanzó dos asesinos derrotes, causándole una profunda herida en el pecho que le partió el corazón. El torero aún tuvo fortaleza para levantarse, llegar a la barrera y, pocos minutos antes de morir en la enfermería, preguntarle al médico de la plaza: "Doctor ¿Es algo?".
Cinco años después, nació en San Fernando, Cádiz, José Rodríguez Davie, Pepete, el 14 de mayo de 1867. Su trayectoria, como la de su antecesor, también fue vertiginosa. Su fama comenzó a despuntar en 1887 en la cuadrilla de Joaquín Rodríguez Punteret. Antes de tomar la alternativa toreo en Montevideo, Uruguay, y retornó a España para doctorarse en el Puerto de Santa María, el 30 de agosto de 1891, de manos de Luis Mazzantini. Estampa de torero presumía este Rodríguez Davie, de elegantes trazos, con valor y personalidad. Reunía empaque y con ese toreo de alta escuela lidió los años siguientes, realizando viajes a Sudamérica, hasta que llegó el trágico día del 12 de septiembre de 1899, en la plaza de Fitero, Navarra. El tercero de la tarde, “Cantinero”, de la ganadería navarra de Zalduendo. Al finalizar el segundo tercio persiguió a Pepete y al saltar la barrera, en el callejón, lo enganchó el toro, lo zarandeó como un muñeco de trapo y lo lanzó de nuevo al ruedo, dándole entonces una cornada grande en el muslo derecho, de dieciocho centímetros de profundidad y seis de anchura, a consecuencia de la cual murió al día siguiente.
Unos años antes había nacido en Sevilla, el 19 de marzo de 1883, José Claro, Pepete. En 1904 debutó en Sevilla y en Madrid. Ese mismo año, tomó la alternativa en la Real Maestranza de manos de Bonarillo, doctorado que confirmó dos años después en Madrid, el 27 de mayo de 1906. Se presentó en México, en la segunda corrida de la temporada en el coso del “El Toreo”, el 10 de noviembre de 1907, causando una buena impresión por sus hechuras de torero elegante y de calidad, lo que le valió para torear tres corridas más, dos de Piedras Negras y otra de Tepeyahualco. Su mejor temporada española fue la de 1908. Retornó a México en la campaña 1909-1910 y sumó seis corridas con buenos resultados. La tragedia le sobrevino el 7 de septiembre de 1910 en la plaza de Murcia. Toreaba mano a mano con Rafael González Machaquito, toros de Parladé. El primero de la tarde, “Estudiante” dio un tumbo al picador Majito y al acudir Pepete para hacerle el quite, el burel lo arrolló y le infirió un cornada en la ingle derecha con ruptura de la femoral. Minutos después moría en la enfermería, consciente de que por la herida se le escapaba la vida, y escuchando el gran triunfo que consiguió Machaquito con los buenos toros de Parladé que se habían lidiado en esa tarde tan negra para él.
domingo, 20 de noviembre de 2011
ANTOÑETE, EL TOREO PURO
Cuando "Antoñete" volvió a los ruedos, al comienzo de la década de los ochenta, trajo consigo el toreo puro. Fue un momento clave para el resurgimiento que experimentó la Fiesta de los Toros, casi arrasada por el fenómeno de “El Cordobés” en la década de los sesenta, que expulsó de los ruedos a buena parte de la afición. Los años setenta fueron un duro periodo de transición, los figuras de entonces, toreros que sabían torear, no consiguieron que los que habían abandonado volvieran, ni tampoco arrastrar a nuevos aficionados a los cosos taurinos y los tremendistas e imitadores del de Córdoba, no pasaron de eso, de simples imitadores. Los que seguían acudiendo a las plazas de toros, un mínimo cupo de aficionados cabales que no tenían la fuerza suficiente para imponer el criterio y la cordura del toreo clásico a los restos del aluvión de espectadores aportados por el cordobesísmo y sus formas heterodoxas que seguían buscando en las corridas el tremendismo y la excentricidad del de Córdoba. Fue una década difícil, de resaca, en donde el cemento de los tendidos era el invitado que más espacio ocupaba. En eso llego “Antoñete” con el toreo de siempre por bandera y explicó, ante el toro, lo que es torear.
Muchos no lo habían visto jamás, era la primera vez que veían que torear era eso tan fácil que hacía el veterano maestro madrileño, un hombre ya mayor y no muy sobrado de facultades físicas: encontrar la distancia del toro, citarlo, adelantar la muleta para embarcarlo, cargar la suerte y rematar el pase allá donde la espalda pierde su casto nombre y abajo. Y descubrieron que esa manera de torear, la clásica, la que interpretaba el maestro Chenel, llevaba implícita la bellaza más excelsa y la emoción más intensa. Durante esos gloriosos años de la década de los ochenta, hasta su primera retirada, tuvo la ocasión de explicar varias veces la lección y consiguió que los aficionados veteranos se reconciliaran con el arte del toreo, y que una buena parte de los espectadores que acudían a las corridas en las que se presentaban las condiciones para desarrollar su tauromaquia, y que nunca habían visto torear de esa forma, se aficionaran. Ese fue el gran mérito de “Antoñete”, como los artistas del Renacimiento, que descubrieron en las formas clásicas de la antigüedad el modelo ideal de belleza, y con ello abrieron un nuevo curso para la historia de la humanidad, su torería significó un renacimiento del arte clásico del toreo que se hallaba sepultado bajo los escombros del terremoto que supuso para la Fiesta el fenómeno cordobesista.
Eso queda demostrado en el vídeo enlazado en el apartado "LcbTV", en la columna situada a la izquierda de este artículo. Aunque es opinión generalizada que cuando se visiona una faena en el vídeo pierde intensidad y se ven los defectos, en este caso, y dada la perfección y grandiosidad de los momentos escogidos, los defectos no lo parecen tanto y la belleza de los lances hace que la intensidad siga estando presente. El reportaje, que recoge algunos de los momentos más brillantes de esa época en la que “Antoñete” bordó el toreo en su plaza de “Las Ventas“, está subrayando por la banda sonora de las opiniones de varios escritores y periodistas que explican lo que para ellos significó la irrupción del torero madrileño en el panorama taurino de la década de los ochenta en la que, por un corto espacio de tiempo, el arte de torear remontó el vuelo y muchos vieron por primera vez lo que es torear.
Muchos no lo habían visto jamás, era la primera vez que veían que torear era eso tan fácil que hacía el veterano maestro madrileño, un hombre ya mayor y no muy sobrado de facultades físicas: encontrar la distancia del toro, citarlo, adelantar la muleta para embarcarlo, cargar la suerte y rematar el pase allá donde la espalda pierde su casto nombre y abajo. Y descubrieron que esa manera de torear, la clásica, la que interpretaba el maestro Chenel, llevaba implícita la bellaza más excelsa y la emoción más intensa. Durante esos gloriosos años de la década de los ochenta, hasta su primera retirada, tuvo la ocasión de explicar varias veces la lección y consiguió que los aficionados veteranos se reconciliaran con el arte del toreo, y que una buena parte de los espectadores que acudían a las corridas en las que se presentaban las condiciones para desarrollar su tauromaquia, y que nunca habían visto torear de esa forma, se aficionaran. Ese fue el gran mérito de “Antoñete”, como los artistas del Renacimiento, que descubrieron en las formas clásicas de la antigüedad el modelo ideal de belleza, y con ello abrieron un nuevo curso para la historia de la humanidad, su torería significó un renacimiento del arte clásico del toreo que se hallaba sepultado bajo los escombros del terremoto que supuso para la Fiesta el fenómeno cordobesista.
Eso queda demostrado en el vídeo enlazado en el apartado "LcbTV", en la columna situada a la izquierda de este artículo. Aunque es opinión generalizada que cuando se visiona una faena en el vídeo pierde intensidad y se ven los defectos, en este caso, y dada la perfección y grandiosidad de los momentos escogidos, los defectos no lo parecen tanto y la belleza de los lances hace que la intensidad siga estando presente. El reportaje, que recoge algunos de los momentos más brillantes de esa época en la que “Antoñete” bordó el toreo en su plaza de “Las Ventas“, está subrayando por la banda sonora de las opiniones de varios escritores y periodistas que explican lo que para ellos significó la irrupción del torero madrileño en el panorama taurino de la década de los ochenta en la que, por un corto espacio de tiempo, el arte de torear remontó el vuelo y muchos vieron por primera vez lo que es torear.
lunes, 24 de octubre de 2011
EN MEMORIA DE ANTONIO CHENEL “ANTOÑETE”
Antoñete ha muerto. Con él desaparece una de las últimas referencias del toreo puro. Las lecciones que fue desparramando por los diversos ruedos en los que actuó después de su reaparición en los años ochenta, sirvieron para que no se olvidara ese arte, el del toreo clásico, arrinconado por los “pegapases” que mandaban entonces en el escalafón, y para que los aficionados nuevos, que empezaban a llenar otra vez las plazas después de la desbandada de aficionados que supuso el boom “cordobesista”, tuvieran referencias directa de lo que era “torear”, algo muy distinto que dar pases. No se trataba de estar diez minutos delante de la cara del toro haciendo que este pasara de un lado para otro sin ton ni son. No, eso no era toreo. Torear es otra cosa y “Antoñete”, con más de cincuenta años de edad y unas condiciones físicas limitadas, lo explicó claramente cuantas las condiciones y los toros se lo permitían. Explicó la teoría de las distancias, cada toro tiene la suya y, el deber y saber del torero es encontrarlas. La teoría de las medidas, cada toro dura lo que dura y el torero, por más a gusto que esté, tiene que saber cuando el toro le pide la muerte. La teoría de los terrenos, porque cada toro tiene un sitio en la plaza para ser toreado y el torero debe saber cuál es ese sitio. En la plaza, como en el campo de fútbol el balón -madridista acérrimo que era-, el que debe correr es el toro, por eso las condiciones físicas, si se sabe torear, pasan a segundo plano. Eso le permitió seguir toreando hasta más de los setenta años y continuar desgranando el repertorio de suertes fundamentales del toreo en su máxima pureza durante tanto tiempo.
El hombre ha muerto pero queda su obra. En su memoria, ¿qué mejor que recuperarla y mostrarla, pues los tiempos y las técnicas a nuestro alcance nos permiten hacerlo, para que el “Maestro Antoñete” siga dando lecciones después de muerto? Va aquí un primer vídeo. En su memoria, en la del gran torero que fue, las imágenes de una actuación en la Feria de Sevilla de 1985. Ese día, el 22 de mayo, no lo tenía fácil el torero madrileño, toreaba con el “Faraón” de Sevilla, con Curro Romero, y con Rafael de Paula. ¡Casi na! Chenel no se arredró, salió al albero de “La Maestranza” y explicó su lección. Gustó tanto su explicación, clara y escueta, que casi se lo llevan en volandas por la Puerta del Príncipe. No era un toro de triunfo, no era claro, no era de los bordar la filigrana del toreo, que tanto gusta por aquellos lares. El toro, como toda la corrida de Carlos Núñez, presentaba problemas que había que resolver, “Antoñete”, en ese cuarto toro los resolvió y dejó explicado, claramente, con concisión castellana, donde, como y cuanto. Pero par ser justos no debemos olvidarnos de los subalternos que acompañaban por entonces al maestro madrileño. Una cuadrilla es un equipo para la lidia de toros que debe funcionar compenetrado y con conocimiento de lo que se lleva entre manos. “Antoñete”, consciente de la importancia del equipo, supo rodearse de una cuadrilla que se sabía de memoria las técnicas y los recursos de la lidia y, ese día, sobre el albero maestrante, lo demostraron una vez más. En el vídeo puede verse a Martín Recio poniendo al toro en suerte, y a Manolo Montoliu -muerto años después en este mismo coso- en dos pares de aquellos que sólo el sabía poner. Tanto el uno como el otro, justo es reconocerlo, contribuyeron y dieron lustre a la explicación.
Pero cedamos la palabra a otro maestro, este de la palabra, del periodismo taurino comprometido con la verdad y la pureza del toreo, otra especie en extinción en el planeta taurino, don Joaquín Vidal -por desgracia, también muerto-. Que nos lo explique él que estuvo presente y lo contó, de la forma como sabía hacerlo, en su tribuna “La lidia” del diario “El País”, el 23 de abril de 1985.
“La Maestranza fue ayer cátedra para recibir una lección magistral de toreo puro. El catedrático, Antoñete. Mientras el torero de Madrid dictaba pausadamente los capítulos fundamentales de la tauromaquia, frente a aquel cuarto toro reservón que parecía inútil para el toreo de arte, la puerta del Príncipe se entreabría, una y otra vez se entreabría, e incluso estuvo de par en par, porque por allí tenía que salir a hombros el maestro, no podía ser de otra manera. Un pinchazo, sólo un pinchazo, cerró el portalón y fue también poquito a poco, con un lejano chirrido de pena.
Pocos toreros habrán tenido abierta la puerta del Príncipe con tanto derecho. El toro, ya se ha apuntado, era reservón, como toda la corrida; costó muchísimo llevarlo al caballo, esperaba en banderillas, buscaba tablas en la muleta. Mejoró porque lo lidia ron muy bien. No Antoñete, que no está para sudar la brega, sino un peón de la cuadrilla, Martín Recio que en cada intervención levantaba oleadas de ovaciones y, al término del primer tercio, el público, puesto en pie, pidió que saludara montera en mano. Y eso que en la brega Martín Recio no se pone bonito, sino feo, en corvado, se da un aire con Cuasimodo. Pero la eficacia de su capote, siempre abajo y templando la embestida, es de un valor que todo el mundo reconoce y hasta entusiasma, como ayer en la Maestranza. No saludó montera en mano y quien lo hizo fue, minutos más tarde, su compañero Bonichón. La Maestranza también era cátedra de banderilleros. Bonichón alborotó el tendido con dos pares de banderillas asombrosos; que de asombro era verle llegar a la cara del toro cobardón, despacito, relajado, bajos los palos, pisándole a la fiera los terrenos, y cuando ésta metía la cabezada, reuniendo entre los pitones y prendiendo el par en todo lo alto. Sabor de lo auténtico.
Y después, la lección magistral. También hubo de consentir Antoñete para encelar al toro tardo y reservón. Empezó con las dobladas, siguió con los redondos, ligaba con el pase de pecho. Todo tenía el sabor de lo auténtico y el ambiente era el de las grandes solemnidades. Pero todo quedó en pálido apunte cuando se echó la muleta a la izquierda y desgranó el joyel de los naturales, en tres tandas perfectas de ligazón y temple, abrochadas con el de pecho y con el ayudado. Abierta estaba para entonces la puerta del Príncipe, pañuelos flameaban en los tendidos y sólo faltaba el volapié para completar el monumento al arte de torear. No fue posible. Pero la lección magistral había empezado ya a enriquecer la añeja historia de la Maestranza.”
El hombre ha muerto pero queda su obra. En su memoria, ¿qué mejor que recuperarla y mostrarla, pues los tiempos y las técnicas a nuestro alcance nos permiten hacerlo, para que el “Maestro Antoñete” siga dando lecciones después de muerto? Va aquí un primer vídeo. En su memoria, en la del gran torero que fue, las imágenes de una actuación en la Feria de Sevilla de 1985. Ese día, el 22 de mayo, no lo tenía fácil el torero madrileño, toreaba con el “Faraón” de Sevilla, con Curro Romero, y con Rafael de Paula. ¡Casi na! Chenel no se arredró, salió al albero de “La Maestranza” y explicó su lección. Gustó tanto su explicación, clara y escueta, que casi se lo llevan en volandas por la Puerta del Príncipe. No era un toro de triunfo, no era claro, no era de los bordar la filigrana del toreo, que tanto gusta por aquellos lares. El toro, como toda la corrida de Carlos Núñez, presentaba problemas que había que resolver, “Antoñete”, en ese cuarto toro los resolvió y dejó explicado, claramente, con concisión castellana, donde, como y cuanto. Pero par ser justos no debemos olvidarnos de los subalternos que acompañaban por entonces al maestro madrileño. Una cuadrilla es un equipo para la lidia de toros que debe funcionar compenetrado y con conocimiento de lo que se lleva entre manos. “Antoñete”, consciente de la importancia del equipo, supo rodearse de una cuadrilla que se sabía de memoria las técnicas y los recursos de la lidia y, ese día, sobre el albero maestrante, lo demostraron una vez más. En el vídeo puede verse a Martín Recio poniendo al toro en suerte, y a Manolo Montoliu -muerto años después en este mismo coso- en dos pares de aquellos que sólo el sabía poner. Tanto el uno como el otro, justo es reconocerlo, contribuyeron y dieron lustre a la explicación.
Pero cedamos la palabra a otro maestro, este de la palabra, del periodismo taurino comprometido con la verdad y la pureza del toreo, otra especie en extinción en el planeta taurino, don Joaquín Vidal -por desgracia, también muerto-. Que nos lo explique él que estuvo presente y lo contó, de la forma como sabía hacerlo, en su tribuna “La lidia” del diario “El País”, el 23 de abril de 1985.
Lección magistral de Antoñete
“La Maestranza fue ayer cátedra para recibir una lección magistral de toreo puro. El catedrático, Antoñete. Mientras el torero de Madrid dictaba pausadamente los capítulos fundamentales de la tauromaquia, frente a aquel cuarto toro reservón que parecía inútil para el toreo de arte, la puerta del Príncipe se entreabría, una y otra vez se entreabría, e incluso estuvo de par en par, porque por allí tenía que salir a hombros el maestro, no podía ser de otra manera. Un pinchazo, sólo un pinchazo, cerró el portalón y fue también poquito a poco, con un lejano chirrido de pena.
Pocos toreros habrán tenido abierta la puerta del Príncipe con tanto derecho. El toro, ya se ha apuntado, era reservón, como toda la corrida; costó muchísimo llevarlo al caballo, esperaba en banderillas, buscaba tablas en la muleta. Mejoró porque lo lidia ron muy bien. No Antoñete, que no está para sudar la brega, sino un peón de la cuadrilla, Martín Recio que en cada intervención levantaba oleadas de ovaciones y, al término del primer tercio, el público, puesto en pie, pidió que saludara montera en mano. Y eso que en la brega Martín Recio no se pone bonito, sino feo, en corvado, se da un aire con Cuasimodo. Pero la eficacia de su capote, siempre abajo y templando la embestida, es de un valor que todo el mundo reconoce y hasta entusiasma, como ayer en la Maestranza. No saludó montera en mano y quien lo hizo fue, minutos más tarde, su compañero Bonichón. La Maestranza también era cátedra de banderilleros. Bonichón alborotó el tendido con dos pares de banderillas asombrosos; que de asombro era verle llegar a la cara del toro cobardón, despacito, relajado, bajos los palos, pisándole a la fiera los terrenos, y cuando ésta metía la cabezada, reuniendo entre los pitones y prendiendo el par en todo lo alto. Sabor de lo auténtico.
Y después, la lección magistral. También hubo de consentir Antoñete para encelar al toro tardo y reservón. Empezó con las dobladas, siguió con los redondos, ligaba con el pase de pecho. Todo tenía el sabor de lo auténtico y el ambiente era el de las grandes solemnidades. Pero todo quedó en pálido apunte cuando se echó la muleta a la izquierda y desgranó el joyel de los naturales, en tres tandas perfectas de ligazón y temple, abrochadas con el de pecho y con el ayudado. Abierta estaba para entonces la puerta del Príncipe, pañuelos flameaban en los tendidos y sólo faltaba el volapié para completar el monumento al arte de torear. No fue posible. Pero la lección magistral había empezado ya a enriquecer la añeja historia de la Maestranza.”
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