“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

martes, 25 de noviembre de 2008

CUATRO PUNTALES - JUANITO VALDERRAMA

En 1947 Juanito Valderrama ya se había ganado un puesto importante entre los artistas preferidos del público y recorría, como los toreros, España entera de feria en feria. Aficionado a los toros, siempre que se lo permitía el horario de sus galas, acudía a las corridas. Muchas veces, sobre todo en sus años jóvenes, vestía traje corto en sus actuaciones y ese mismo año había estrenado un espectáculo de ambiente taurino, “Redondel”, en el que simulaba ser torero, un libreto de Antonio Quintero, con letras de Rafael de León y música del maestro Quiroga.

Ese año de 1947, y estando actuando en Córdoba, ocurrió la muerte de Manolete en la Plaza de Linares. Fue cuando un recitador de la compañía, Agustín Rivero, a instancias del empresario del teatro, le ofreció a Valderrama una letra que años antes había dedicado a Joselito. De ese germen, años más tarde, nacería esta canción que se convertiría en un auténtico homenaje a esos cuatro toreros andaluces que llenaron con su presencia la primera mitad del siglo pasado, a esos “Cuatro puntales” que sostienen la catedral del toreo: "Juan Belmonte, Joselito, Rafael Gallo hechicero, y un Manuel, Manuel Rodríguez Manolete, ¡que torero!".
En la historia de Juanito Valderrama no vamos a entrar, además es seguro que muchos de ustedes sepan más que nosotros de la vida y obra de este gran artista, triunfador de la copla fácil y dominador de todos los palos del cante, pero si queremos reflejar un suceso que tiene relación con su habitual asistencia a las corridas de toros de los pueblos y ciudades en los que actuaba. Ocurrió el 26 de septiembre de 1984, en Pozoblanco, Córdoba. Junto con su compañera Dolores Abril habían coincidido y departido cordialmente con Francisco Rivera Paquirri antes de la fatídica corrida, pocas horas después fueron testigos de la tragedia y presenciaron su muerte en directo. Seguramente Juanito Valderrama no olvidó jamás, durante los 20 años en los que siguió cantando en los escenarios, esos momentos. A los 88 años de edad, el 12 de abril de 2004, murió en su casa de Espartinas, Sevilla.


CUATRO PUNTALES
(Marcos Manuel - Valderrama)

Cuatro puntales sostienen la catedral del toreo,
cuatro torres andaluzas esculpidas por el genio:
Juan Belmonte, Joselito, Rafael Gallo hechicero,
y un Manuel, Manuel Rodríguez “Manolete”, ¡qué torero!
Los cuatro grandes del toro, ¡ay que pena de no verlos!
Cartel de feria exclusivo del empresario del cielo.

El que quiera ver toritos que suba al cielo,
que se han juntado lo mejor y más puro de los toreros.

Apoderado del llanto, ven a firmar el recuerdo,
que Juan, ciclón de Triana, el terremoto torero,
ha desdeñado la carne para hacerse monumento.

Apoderado del llanto, ven a firmar el recuerdo,
que José, aquel Joselito catedrático torero,
olvidó una asignatura y se hizo cartel eterno.

La afición ha perdido cuatro toreros, cuatro toreros,
de luto esta la tierra, de fiesta el cielo.
De fiesta el cielo, ¡madre!, porque en la gloria, porque en la gloria,
se juntó lo mas puro que dio la historia.

Apoderado del llanto, ven a firmar el recuerdo,
que se ha quitado la luna las nubes con un sombrero
para hacerle a Rafael un brujo quite flamenco.

No me firmes el recuerdo, ¡no me firmes el recuerdo!
que aquello que vi en Linares yo no concibo creerlo.

Dame por espada el rayo,
dame por muleta el trueno,
que quiero ver si consigo
matar la sombra de Islero.

“Torera”, José dijo a Rafael,
“Dale una larga torera”,
Y Juan le dijo a Manuel:
“En nuestra fuente hay solera
para el que quiera aprender".



Nota: Otra canción de Juanito Valderrama de temática taurina, ignorada por las recopilaciones discográficas, casi perdida en el baúl del olvido y que, en mi opinión, es una autentica joya, no sólo del repertorio del cantante jienense, sino de todo el repertorio de música de toros y toreros, es "Pena de Juan y José", en ella habla de dos de los toreros que aparecen en esta que hoy nos ocupa. Para los interesados en su escucha, y picando sobre el título, se enlaza con una de las primeras entradas de este Blog en la que se recoge el vídeo con la música y las imágenes de estos dos grandes toreros que fueron los actores principales de la denominada "edad de oro del toreo".

domingo, 23 de noviembre de 2008

DICE PEPE LUIS... SOBRE LA GENTE Y LOS AFICIONADOS

Reproduzco a continuación un breve pasaje de una entrevista realiza a Pepe Luis Vázquez, en 1966, por el periodista Vicente Zabala, en ella, además de muchas más cosas, habla con claridad meridiana de la gente y de los aficionados:

- No es la primera vez que te oigo hablar de 'gente' y de 'aficionados'.

- Como que ahí radica todo el quid de la cuestión. La Fiesta depende siempre de cuando manden los unos y los otros. Si el que lleva la batuta es el aficionado, el espectáculo mantiene firmes sus raíces; pero si las masas devoran a los aficionados, el toreo todo se tambalea.

- Pero los aficionados siempre han sido minoría, Pepe Luis.

- De acuerdo, pero esa minoría se imponía siempre. Entre otras cosas porque era mucho mayor que la de ahora. Los más respetaban a los menos. El que opinaba con sensatez en el tendido era escuchado por los que le rodeaban. Ahora, por el hecho de haber pagado una localidad se le lleva la contraria y se avasalla al que sabe de esto. Cosas de los tiempos y del aumento del nivel de vida.


Sin comentarios. Pepe Luis, además de un torero honrado a carta cabal en los ruedos, en el tendido ha sido un aficionado y cuando habla de toros y de su toreo es como un libro abierto. Hace tiempo, en este mismo blog, y bajo el titular "Dice Pepe Luis...", le dedicamos un breve espacio en donde nos explica su concepción del toreo.

martes, 18 de noviembre de 2008

POR UN REGLAMENTO TAURINO ÚNICO

El que cada comunidad autónoma tenga su propio Reglamento Taurino me parece un auténtico despropósito. Es la única disciplina competitiva del mundo que en vez de unir criterios para que tanto los participantes, ganaderos y toreros, como los espectadores, sepamos a lo que atenernos, se diversifica en cada espacio geográfico. Viene esto a cuento de la aprobación del Reglamento Taurino de Euskadi y que, inmediatamente, ha sido contestado por las agrupaciones profesionales de los toreros que se oponen a él y amenazan con no ir a torear a las plazas vascas si no se atienden sus reivindicaciones.

No quiero entrar en si este reglamento es mejor o peor que otros, o en si defiende mejor los intereses de los que están en el ruedo o de los que se sitúan en los tendidos -aunque algo de esto debe de haber por la reacción inmediata de todos los sectores profesionales en su contra- porque pienso que lo que necesita la Fiesta de los Toros para su regeneración y para luchar contra el fraude de manera clara y contundente es un REGLAMENTO ÚNICO para todos los países en la que se celebran festejos taurinos. Vamos, ni más ni menos que lo que sucede en fútbol, en donde todas las competiciones de todos los países se rigen por un único reglamento. ¿Acaso no sería un despropósito que lo que es penalti en España no lo sea en Francia? ¿O lo que es fuera de juego en Zaragoza no lo sea en Madrid?

En la actualidad, con la proliferación de diferentes Reglamentos para cada comunidad autónoma, lo único que se ha conseguido es crear un auténtico galimatías, tanto para los profesionales, que van a tener que incorporar a sus cuadrillas un experto en leyes que los asesore sobre la particularidades de cada uno de los reglamentos vigentes en cada ciudad, como para los aficionados, pues lo que en unos sitios es válido en otros es rechazado. ¿A quién beneficia toda esta proliferación de Reglamentos? Seguro que a los aficionados y espectadores no, pues lo único que se genera con tanta norma distinta es confusión. A la Fiesta tampoco, porque en vez de atajar los diferentes problemas que se le presentan de frente y por derecho en base a una única norma clara y concreta, se diluyen en las procelosas aguas de las diferentes reglamentaciones y se abren resquicios legales por los que se cuele el fraude siempre acechante. A los profesionales, tanto toreros como ganaderos, tampoco debería de gustarles una reglamentación cambiante en cada comunidad o país, aunque nunca se sabe, pues como dice el refranero popular: “A río revuelto ganancia de pescadores”, y en este caso los pescadores, los que manejan y se benefician de la Fiesta, son precisamente ellos.

martes, 4 de noviembre de 2008

DEJACION DE FUNCIONES

Una par de noticias procedentes de Lima, Perú, hace que se activen mis resortes de reflexión, algo anquilosados tras la finalización de la temporada y un corto periodo vacacional. Varios aficionados, según documentación aportada por el Portal Taurino “Opinión y Toros”, y con anterioridad a la fecha del festejo, el 31 de octubre, enviaron diversos escritos al presidente de la corrida, que ya se celebró el pasado 2 de noviembre en la Plaza de Acho, solicitando que, a su cargo si fuera menester, se envíen a reconocimiento post-morten las astas de los toros que se lidien ese día. Otro aficionado, dando un paso más, denuncia al presidente de la corrida, ante el “Fiscal de Prevención del Delito”, por dejación de sus funciones en las labores de reconocimiento previas al festejo.

Tanto desde el citado portal taurino, como desde el Blog “Toro, Torero y Afición”, así como desde el “Blog del Manifiesto”, se puede acceder a dichos documentos. Pero más allá de la información, que por si misma ya es un arma, este movimiento por parte de distintos aficionados para defender sus derechos como consumidores de corridas de toros que, no debemos de olvidarlo, están sujetas, aquí y en Lima, a reglamentos que las regulan y que deben de hacer cumplir la autoridad designada para tal efecto, es preciso profundizar en la reflexión y denunciar que, ni aquí ni el Lima, se cumple con el reglamento y que los culpables directo de ello son, en primer lugar, los presidentes de las corridas, y en última instancia, los cargos públicos de los que dependen en los que recae la obligación de perseguir el fraude y velar por lo derechos de los consumidores que pagan una entrada para presenciar un espectáculo íntegro. Herramientas y leyes tienen para ello, si no lo hacen será posible pensar que esta dejación de funciones es, o por desinterés, o en provecho propio, y ambas cosas, en un estado de derecho, los debería incapacitar para desempeñar ese cargo.

Pero por desgracia las cosas no son así y parece ser que, ni aquí ni en Lima, la autoridad está por la labor de cumplir con su obligación y, ante esta dejación de funciones, es vergonzoso que deban de ser los propios aficionados los que se tengan que movilizar, ante instancias ajenas al mundo taurino, para defender sus derechos. ¿Por qué en otras disciplinas se exige el cumplimiento del reglamento estrictamente y en los toros no? ¿Cuál es la razón para que esta dejación de funciones se dé en un mundillo como el taurino, cerrado, opaco y dominado por el trapicheo y la picaresca? ¿A quién interesa, además de los profesionales del taurinismo, que todo siga igual? ¿No tienen los consumidores de festejos taurinos los mismos derechos que el resto de consumidores?

Aquí esta el principal cáncer de la Fiesta de los Toros. En esa dejación de funciones por parte de la autoridad, en esa falta de interés de los responsables públicos encargados de su control, mantenimiento y proyección hacia el futuro. De la misma forma que en otros ámbitos de la cultura se encomienda su gestión a cualificados personajes, en el de los toros parece quedar, dicho en lenguaje coloquial, para ‘el tonto de la clase’, y no debería de ser así, porque en el mundo de la política seguro que hay aficionados capacitados y dispuestos para ello… ¿Seguro?... Si de verdad quisieran los que pueden poco costaría poner en orden las cosas. Tan sólo con hacer que se cumpla estrictamente el reglamento se acabaría con la mayor parte de las tropelías. Hoy, con los medios de los que se dispone, se puede conseguir sanear el mundo del toro en poco tiempo, otra cosa es que eso atentaría contra todo el entramado de corrupción sobre el que se asienta el negocio de los taurinos actuales y pondría en la picota a la Fiesta misma, pero seguro que de ese trauma saldría reforzada la propia Fiesta. Hay que tener valor para dar ese paso, pero poder se puede… y quizás, a no mucho tardar, esa sea la única solución.

jueves, 30 de octubre de 2008

DE VUELTA

- Hola don Pepe.
- Hola don José.
- ¿Donde se ha metido usted que hace tiempo que no lo veo?
- ¿Y usted?... Que salió ‘escopetiau’ de la última corrida… ni se despidió...
- De vacaciones. Ya sabe, tenemos la costumbre de tomarnos unos días de descanso cuando acaban las fiestas y debíamos salir esa misma noche.
- Pues yo lo mismo… pero de vacaciones nada. Al pueblo a coger las almendras y darle una vuelta al vino…
- No creo que haya trabajado usted mucho. Seguro que ha pasado más tiempo en el bar con los amigotes que recogiendo almendras.
- Bueno, bueno, don José…que no va a ser todo trabajar en esta vida, además el tiempo no ha acompañado y...
- … Que mejor que echar la partidita.
- Venga ya… menos sorna, que seguro que usted no ha dado ni golpe…
- ¿Y para qué son las vacaciones sino…?
- Pues eso…
- ¿Y ahora qué, don Pepe? Otra vez el invierno, y sin toros.
- Toros, lo que se dice toros, bien pocos hemos visto en todo el año, y cuando por casualidad han salido, los toreros, por lo general, no han estado a la altura de las circunstancias. Y encima, cuando vuelvo, me encuentro con lo que dicen los propagandistas del ‘toreo moderno’ que, sin ningún gramo de objetividad y olvidando que los fracasos más sonados han sido los de las ‘ganaderías comerciales’, se lían a teorizar sobre el ‘fracaso del torismo’, cuando los pocos momentos de emoción que se han vivido esta temporada han sido los proporcionados por toros de esas ganaderías que vilipendian.
- ¡Toma ya! Y toda esa parrafada de tirón ¿Pero usted donde a estado, en el pueblo tumbado a la bartola, o en un seminario de adoctrinamiento?
- ¿Es qué acaso no tengo razón?... Usted mismo, don José, se emocionó y disfrutó como un niño el día de la concurso. Y el otro día, en la de los ‘miuras’, le vi pedir las orejas efusivamente para Millán, y partirse las manos aplaudiendo a “El Fundi” y “Rafaelillo”…
- Es que hubo emoción y eso el lo más importante de la Fiesta…
- Usted lo ha dicho: Emoción.
- Pero también la hubo en la de “El Juli” y “El Cid”.
- No vaya usted a comparar una cosa y la otra, don José… Y del gran triunfador de esa tarde, el que salió a hombros por la puerta grande, ni se acuerda usted, ni nadie.
- No se confunda usted, don Pepe, que a mí ese torero nunca me ha gustado ni me gustará. El arte lo puso el sevillano de Salteras, la mejor faena que ha realizado hasta el momento en “La Misericordia”, en esos instantes también me emocioné…
- Pero menos…
-¿Y usted qué sabe? Las emociones son íntimas y cada uno tiene la sensibilidad en un punto determinado y a mí me gusta el toreo artístico, el que convierte el vendaval de la embestida del toro en suave brisa marina.
- Pero para eso hace falta un toro que embista y, mire usted por donde, los que escogen estos ‘artistas del toreo’ suelen estar más parados que los toros de ‘Gisando’, y los que se mueven lo hacen porque tiene que pasar, pero sin ninguna gana de hacerlo. ¡Ah!, pero entonces sale el figurón de turno, el que se ha llevado el premio a la mejor faena de la feria, y se ‘inventa’ el toro y encima convence… ¡Venga ya!… Eso es un timo.
- Es usted un radical. Hay que ver las cosas buenas de una y otra visión de la Fiesta y ser positivos. No me puede negar usted que este año se han vivido momentos muy buenos de toreros jóvenes, y de ellos hemos hablado en otras ocasiones, y también han salido grandes toros, aunque es preciso reconocer que las ‘ganaderías de garantía’ han fallado más de lo habitual, pero hay que tener paciencia, una mala racha la tiene cualquiera…
- Pero esa benevolencia, don José, no se tiene cuando se trata de las ganaderías que llaman ‘toristas’. Para nada se valoran sus éxitos, es más, por parte de la prensa oficial se ignoran, ahora bien, cuando se trata de un ‘petardo’, sacan el cuchillo y a degüello…
- No se pase usted, don Pepe, que la cosa no es para tanto. La opinión es libre y….
- Y por eso mismo mantengo la mía. Para evitar malentendidos, y puesto que la brecha es cada día mayor, deberíamos llamar a las cosas por su nombre: Esa fiesta menor que promocionan estos profetas del taurinismo moderno, en la que el toro pasa a segundo plano y el torero adquiere el máximo protagonismo, debería denominarse, siendo benévolos, ‘Fiesta de los Toreros’, mientras que a las corridas en donde se corran toros íntegros y en plenitud de condiciones llamarlas por su auténtico nombre: ‘Fiesta de los Toros’. Así las cosas estarían más claras.

sábado, 18 de octubre de 2008

EL TORO INVENTADO

Esta entrada empezó a ser elaborada antes de la que le precede pero, porque las actividades durante las fiestas se amontonan, y por el interés de la corrida de "Miura", quedó aparcada a la espera de su conclusión. Pero mira por donde que, después de publicados los premios que las diferentes entidades otorgan a lo más destacado del ciclo pilarista, cobra de nuevo actualidad porque el destinado a la mejor faena de la Feria ha recaído, precisamente, en el torero, y en el toro, objeto de este artículo. Al día siguiente del festejo todas las crónicas coincidían en que Ponce se había inventado el toro. ¿Cuántas veces hemos escuchado las mismas o parecidas palabras refiriéndose a la labor de este diestro a lo largo de su dilatada y exitosa carrera? El mismo matador lo ha declarado en múltiples ocasiones después de sus faenas y, en sus más de quince años de máxima figura del toreo, muchos triunfos y muchos premios como este los ha conseguido de igual forma: inventándose el toro. Esa es la tauromaquia de Enrique Ponce, la tauromaquia de la apariencia, la tauromaquia sin toro.

El toro inventado es un animal con apariencia de toro bravo pero que ya no conserva casi ninguna de las características que lo hacen apto para la lidia. Dentro de su continente con apariencia de toro, imprescindible para poder llevar a cabo la simulación, ya no tienen cabida la bravura, ni la casta, ni el poder, ni la codicia, ni nada de lo que ha convertido al toro en el eje de esta Fiesta que lleva su nombre. Detrás de su fachada con apariencia de toro bravo se encierran una serie de características como la bobería, la nobleza y la docilidad que los convierte en material maleable, en obedientes marionetas que, en manos de diestros con el temple necesario para su manejo y la escenografía oportuna, parecen lo que no son: toros bravos.

Varios ejemplares de este tipo de toro amorfo salieron al ruedo de “La Misericordia” el pasado día 11 de octubre. Pertenecían a la ganadería de “El Torreón”: descastados, mansos o bravucones, nobles y colaboradores, con las fuerzas justas para simular una varita y un picotazo, con trapío y edad pero más que sospechosos de cuerna… vamos, como se dice en el moderno argot taurino, que servían. Aprovecharlos o no dependía de las capacidades artísticas o técnicas de sus matadores y, cosa cada vez más importante en el toreo moderno, de las ganas. De la terna actuante ese día sólo Ponce, porque sabe y quiso, lo consiguió. Sus dos acompañantes, Castella y Salvador Vega, lo intentaron y, en una u otra medida, y por una u otra razón, no lo consiguieron.

El diestro valenciano en su primero no quiso, vaya usted a saber porqué… Pero en el cuarto, un cinqueño con fachada pero demasiado flojo, cómodo, tan abrochado de cuerna que debería de haber sido desecho de tienta hace un par de años, noble, bobo y colaborador, Ponce desplegó su faena marca de la casa, la que lleva haciendo desde que está en esto… cuando quiere. La cosa consiste en no forzar al simulacro de toro bravo, que pase pero sin obligarle demasiado, no vaya a caerse, o a rajarse, como quiso hacer ese cuarto toro, y desentenderse de la simulación en la que está siendo utilizado antes de que suene el primer aviso, que en esta tauromaquia de la apariencia es como la señal para ir en busca del estoque. Hasta 7 avisos sonaron en el coso de “La Misericordia” esa tarde… ¡7 avisos!

En esta tauromaquia de la simulación el toro deja de estar en el centro de la Fiesta, no interesa el toro bravo y encastado porque puede crear problemas imprevistos, hace falta un animal que se deje… Si el toro no pone lo que tiene que poner no importa, ya se encargará de ponerlo el torero. Cada vez es más corriente que faenas vulgares y pases despegados se rebocen con la parafernalia y el boato de algo trascendente: no son nada, son baratijas a precio de oro. Durante las ferias -con una mayoría de público en los tendidos ignorante de las reglas del toreo y de las condiciones requeridas al toro- todo vale, y todavía más si los profesionales del periodismo taurino, que por dignidad profesional tendrían que enseñar y orientar con imparcialidad a los potenciales nuevos aficionados que se acercan a la Fiesta en estos periodos feriales, se dedican a pontificar y elevar a los altares esta nueva tauromaquia de la simulación con un toro inventado. Enrique Ponce, con una técnica depurada y efectiva que ha ido perfeccionando año tras año -y a los premios conseguidos a lo largo de su carrera me remito- es el más consumado maestro de esta tauromaquia del toro inventado.

miércoles, 15 de octubre de 2008

UNA CORRIDA DE TOROS

La corrida de "Miura" que se lidió en Zaragoza el pasado 13 de octubre fue tan sólo eso: una corrida de toros. Ni más, ni menos. Una corrida de toros. Seis toros con poder, seis ecuaciones diferentes. Durante la lidia, presidida por la emoción que impone en el ruedo el toro íntegro y con poder, predominaron las ovaciones y los aplausos porque todo lo que se hacia delante de esos animales tenía el plus añadido de la verdad. La opinión generalizada de los aficionados, a la salida del festejo, era que se habían entretenido y que se les había hecho corto. Al final de la tarde sólo se había cortado una oreja -no vamos a entrar en debatir su justicia- aunque podrían haber sido varias, pero nadie se lamentaba por ello, incluso los 'espectadores de feria' que, en el día de la apoteosis 'nuñezcuvullista' se había roto las manos aplaudiendo las carreras alocadas de “El Fandi”, o las faenas más clásicas de “El Juli” y “El Cid”, también se las rompieron esa tarde de los “miuras” en la que se corrieron toros con poder a los que se enfrentaron hombres que, por el sólo hecho de enfrentarse a ellos, y si llamamos a las cosas por su nombre, deben recibir el nombre de toreros.

Si en una corrida como la de “Miura”, con todas las dificultades que conlleva su lidia y en donde antes que arte se precisa dominar la técnica de la lidia, los 'espectadores de feria' se rompen las manos de aplaudir, es que, en esa pelea entre el toro y el hombre, hay algo más importante que ponerse bonito y dar cientos de pases a un animal disminuido, previsible y colaborador. Porque ese es el verdadero problema de lo que se denomina como 'corridas comerciales', el toro que se exige para garantizar que los diestros desplieguen su arte es un toro soso y bobalicón, casi siempre afeitado y muy escaso de fuerzas, que no aporta ni una brizna de la emoción que la simple presencia de un toro con toda la barba impone en el ruedo, más bien ocurre todo lo contrario, que trae consigo el aburrimiento a las plazas y ese es el más peligroso enemigo de la Fiesta. Pretender construir una obra de arte con una piltrafa de toro, que es lo que ocurre la mayoría de las veces en las 'corridas de figuras', es una quimera y, salvo muy contadas excepciones, son un fiasco: ni aportan arte, ni emoción, ni nada de nada.

En la corrida de “Miura” de Zaragoza quizás no hubo muchas posibilidades de que cristalizara el arte, pero lo que no faltó fue la emoción y, a pesar de las dificultades de los toros de esta vacada, y eso fue lo más destacable de la corrida, los cuatro primeros ofrecieron posibilidades para el lucimiento. A punto estuvieron de conseguirlo “El Fundi”, en sus dos toros, y “Millán” en el que cortó la oreja, y al que pasaportó, por casualidad, con la estocada de la feria. Al primero de “Rafaelillo”, que apuntó buenas cosas de salida, le pegaron fuerte en el caballo, como a toda la corrida, y lo dejaron para el arrastre. No pudo ser… Enhorabuena para los tres toreros que lo intentaron y enhorabuena para el ganadero que trajo estos toros a Zaragoza… Gracias a los dos por habernos traído esos momentos de emoción a "La Misericordia".

En total: Los 'espectadores de feria' salieron contentos, no se habían concedido tantos trofeos pero las manos les dolían tanto o más que el día de la apoteosis; el tiempo, que se alarga perezosamente cuando cunde el aburrimiento, había pasado como una exhalación; y hasta es posible que alguno, o muchos, recuerden con más nitidez las sensaciones sentidas en esta corrida que en la otra. Los aficionados satisfechos porque, por fin, habíamos visto una corrida de toros, una simple corrida de toros. Ni mejor, ni peor. Seis toros íntegros y con poder que habían planteado seis ecuaciones diferentes a tres toreros dispuestos a resolverlas. Contemplar ese ejercicio y tratar de entender el porque de las cosas que se suceden en el ruedo es nuestra afición. Si además de eso se produce el arte… pues ni te cuento.

sábado, 11 de octubre de 2008

EL NOVILLO-TORO

Ponerse a escribir de la corrida de “Valdefresno” a estas alturas -cuando ya han desfilado por la Feria las de “Fuente Ymbro”, que defraudó a los aficionados, y la de “Núñez del Cuvillo”, con figuras, orejas y lleno en los tendidos- quizás no sea lo más apropiado, porque en las ferias taurinas el paso inapelable de los festejos va haciendo viejas las noticias de un día para otro. ¿Quién se acuerda de lo sucedido hace un par de días? ¿Para qué recordar algo que, además, resultó un aburrimiento? Y más cuando en el día de hoy, según he leído en alguna cibercrónica, han triunfado a lo grande toros y toreros. Nada puedo decir de estos dos festejos porque no he podido asistir a ellos, pero si quiero, ahora que tengo tiempo para hacerlo y aunque sea tarde, escribir algo sobre la corrida de “Valdefresno”.

No voy a perderme en descripciones sobre lo sucedido, otros lo han hecho con más puntualidad y acierto, pero sí quiero dejar algunas reflexiones sobre un dato que a veces pasa desapercibido pero que tiene una importancia capital. Me refiero a la edad de los toros. En la de “Valdefresno”, de siete toros que salieron al ruedo, incluido el sobrero, seis habían nacido en los meses de agosto y septiembre de 2004, por lo tanto tenían poco más de 4 años. Tres tenían la edad mínima que exige el reglamento aragonés que está situada en 4 años y 1 mes. El primero, manso de carreta, que contaba con 4 años y 7 meses, fue un toro rematado y bien presentado que sirvió para demostrar que a sus hermanos menores les faltaba un hervor, en otras palabras, una hierba más. Cuatro años y cinco hierbas. Esta corrida hubiera estado cuajada, rematada y lista para la lidia en las ferias de la próxima primavera, ahora, en Zaragoza, ha resultado 'anovillada' en todos los aspectos: remate, fuerza y comportamiento.

El nombre con el que debería de haberse anunciado esta corrida de “Valdefresno” es de 'novillos-toros', porque los animales que se corrieron estaban en ese limite en el que el novillo se hace toro, en donde la fuerza y agilidad conseguida hasta ese momento se consolida, se redondea, se cuaja, se remata y adquiere su plenitud. Aunque los modernos reglamentos autonómicos lo permitan, los aficionados debemos de exigir, sobre todo en las plazas de primera, el toro cuajado, como mínimo con 4 años y 5 hierbas, porque sabemos que no tiene el mismo mérito una cosa y la otra. Los que se sitúan en esa franja de transición entre la adolescencia y la madurez, y que no se puede determinar con el calendario porque cada toro tiene su propio ritmo de desarrollo, no es todavía un toro, es un 'novillo-toro' que debe rematarse para poder ser lidiado en una plaza con la categoría de “La Misericordia”. A las cosas hay que llamarlas por su nombre y los que se lidiaron ese día, tal y como mostró su presentación, no reunían el trapío exigible en una plaza y en una feria de primera, no eran todavía toros... eran 'novillos-toros'.

Destacar que hubo un 'novillo-toro' magnífico, el 5º, “Buscatodo”, negro, con 543 kilos, y 4 años y 1 mes de edad, que no fue castigado en varas y resultó un filón para la muleta. Se venía de lejos, metía la cara, tenia recorrido… se toreaba él solito… como vulgarmente se dice: “se le caían las orejas”. Tuvo la mala suerte de que su matador fuera Antonio Barrera…

jueves, 9 de octubre de 2008

EL TORO PARADO

En los archivos de audio que está publicando “La Cabaña Brava” durante esta Feria del Pilar 2008, recogiendo las opiniones de diversos aficionados a la salida de los festejos (que enlazo en la columna contigua), y refiriéndose a la corrida de “Adolfo Martín” recién terminada, dice uno de los entrevistados: “me ha parecido un calco de la de ayer”. La corrida “de ayer” a la que hace referencia era la del “Conde de la Corte”, de la cual ya dejé escrita mi opinión en la entrada titulada “El toro pasota”.

No le falta razón a este aficionado, en las dos corridas han salido cinco toros absolutamente descastados que, por esa condición, nunca debieron de haber llegado a la edad de toro -y eso hay que ponerlo en el debe del ganadero-, y uno aprovechable, noble, pastueño y con algunas dosis de bravura, y que fueron mejor o peor aprovechados por los matadores que les cayeron en suerte -o en desgracia-, pero si profundizamos un poco más en el análisis, si nos fijamos en los pequeños detalles, podemos apreciar alguna diferencia que no deja de tener su importancia.

Los ‘toros pasotas’ del “Conde de la Corte” se desentendían de la pelea pero se mostraban molestos ante los engaños que les presentaban y trataban, en su huida hacia espacios más tranquilos, de quitárselos de encima embistiendo con genio. Los ‘toros parados’ de “Adolfo Martín” ni se inmutaban, se quedaban allí, parados a escasa distancia de su matador, quietos, sin hacer nada, ni siquiera buscar la salida hacia espacios más despejados.

La corrida tuvo fachada, estuvo bien presentada, salvo un par ejemplares algo escurridos, con edad, leña en los pitones y el poder justo para aguantar, sin entregarse, un puyazo y un picotazo. Una vez pasado ese trámite los toros -cinco- se paraban, se desentendían de la lidia y entraban en un estado de quietud desesperante tanto para los toreros como para los sufridos espectadores que nos habíamos dado cita en “La Misericordia” con la ilusión de presenciar todo lo contrario de lo que estábamos viendo.

El ‘toro parado’ es así. Ni se quita las moscas cuando le molestan en su quietud. Hubo ocasión en que, mientras el matador de turno gesticulaba a poca distancia de su testuz tratando de fijar su atención, el toro miraba plácidamente a izquierda y derecha sin ninguna intención de moverse. El ‘toro parado’ es así: ni huye, ni embiste, ni se defiende, ni se queja, ni se molesta, se queda quieto y espera que pase el tiempo, alguno, como el último de la tarde, parecía que miraba al reloj de la plaza como cronometrando su propia lidia. El ‘toro parado’ es así: desesperante.

En la parte positiva de ambos festejos, el 2º del “Conde de la Corte” y el 5º de “Adolfo Martín”, también podemos encontrar alguna diferencia. El primero empujó en el caballo y en la muleta se venía de largo, metía la cara y tenía recorrido. Fue un toro noble que yo clasificaba en la categoría del ‘toro bobo’. El de “Adolfo Martín” también fue noble, demasiado dulce si tenemos en cuenta su procedencia, pero su pelea en el caballo estuvo por debajo, había que citarlo en corto y, aunque metía la cara, su embestida era más sosa y de menor recorrido.

Si la corrida de “Adolfo Martín” adoleció de poder, pues se saldó con seis varas suaves y seis picotazos leves, y ese debe ser un problema preocupante para el ganadero, lo más grave es el descastamiento que se adivina detrás del comportamiento de sus toros. Eso, aunque se le parezca en la forma, no es el toro bravo, no sirve para la lidia. El ganadero sabrá lo que busca y como lo busca, por la nobleza que todo el encierro mostró parece que sus intenciones van dirigidas hacía la dulcificación de sus productos, quizás en ese viaje en busca de la comodidad se aleje de las características esenciales que definen el encaste de su ganadería. Debe de tener en cuenta que puede ser un viaje sin retorno.

martes, 7 de octubre de 2008

EL TORO PASOTA

Según me han dicho los que la han visitado, la finca donde pastan los toros del Conde de la Corte es enorme. Eso me hace pensar que quizás los toros mayores, los que están en edad de ser lidiados, los que llevan más de cuatro años de convivencia en una finca tan grande, deben de tener algún rincón escondido en donde se escaquean de sus obligaciones como toro de lidia que, como los atletas que van a las Olimpiadas, deben de alcanzar su mejor estado de forma cuando les llega la hora de ser lidiados. En vez de eso se dedican al 'pasotismo'. Si no es así no me explico el comportamiento de cinco de los seis toros de ayer.

Lo digo porque los toros del Conde de la Corte que se corrieron en el ruedo de “La Misericordia” podríamos clasificarlos en el apartado del ‘toro pasota’. No eran ni mansos ni bravos, ni andaban sobrados de fuerza ni se caían, ni embestían ni dejaban de embestir… Se dejaban pegar en el caballo como para cumplir un trámite, estaban pero pasaban de estar, acudían a los engaños para quitárselos de encima, recelando, sin entregarse, enterándose de lo que se dejaban atrás pero sin interesarles la presa… pasaban del juego para el que habían sido requeridos y sólo buscaban el sitio en donde menos les molestaran.

Salían por la puerta de chiqueros recelando, quizás molestos por haber sido rota su tranquilidad en el chiquero, embestían para despejar su terreno, para tener una salida, una escapatoria hacia espacios más despoblados, para no comprometerse en ninguna pelea. Iban a la puerta de chiqueros cuando no había nadie allí, pero en cuanto alguien se acercaba a ese terreno huían hacia la otra punta del ruedo, donde no hubiera nadie. Acudían al caballo con la misma intención, sin emplearse en ningún momento, saliéndose de la suerte por su cuenta cuando comprobaban que era imposible mover aquella mole de su sitio, optando por retirarse hacia otros espacios más tranquilos. Y así fueron todos, todos menos uno, el segundo, que por su comportamiento parecía que, en vez de haber sido asiduo al rincón de los ‘pasotas’, lo había sido del de los ‘bobos’.

¿Qué decir de lo sucedido? Que con el bobo que hizo segundo, que hasta empujó y estuvo a punto de derribar la mole de picar, Robleño estuvo bien, pero era tal la bobería del bovino que aquello no emocionaba a nadie, y si a eso le sumamos una estocada defectuosa, pues se esfumó el triunfo. Encabo, más puesto por más toreado, disimulo mejor el pasotismo de sus enemigos. Alberto Álvarez, que hacía su segundo paseíllo de la temporada y es un torero que no sabe disimular, estuvo como siempre… ni bien, ni mal… como siempre… sales de la plaza y ya no te acuerdas si ha toreado.

En total: 5 toros pasotas, 1 toro bobo y 2 horas de aburrimiento.

Notas:
1. Lo que yo llamo ‘pasotismo’ es, en el lenguaje taurino, ‘descastamiento’, y esa es la peor enfermedad que puede entrar en una ganadería.
2. Pueden escuchar un archivo de audio con las opiniones de diversos aficionados sobre el comportamiento de la corrida, recogidas al finalizar el festejo por “LcbRadio”, y que enlazo en la columna contigua.

domingo, 5 de octubre de 2008

MEDIA CORRIDA

La corrida que ha presentado Dolores Aguirre en la Feria del Pilar de Zaragoza ha sido media corrida. Tres y tres. Los tres primeros, por diferentes motivos, impresentables para una plaza de primera. Los tres últimos, con cuajo y leña en los pitones, marca de la casa. En general han resultado mansos, pero encastados y nobles.

El primero, que nunca tendría que haber salido al ruedo de "La Misericordia" porque lucía unos pitones más apropiados para el arte de la pintura de brocha gorda que para el arte del toreo, fue un toro con poder que, a pesar del fuerte castigo recibido en varas, se quedó crudo y desbordó a Mari Paz Vega en la faena de muleta, lo mató yéndose descaradamente por la tangente. El segundo fue un inválido. El tercero, cinqueño, fue el de más feas hechuras de la corrida, y con fundadas sospechas de haber pasado por la peluquería. Resultó un toro noble que en nada se pareció a sus hermanos, ni en el comportamiento, ni en los pitones, ni en el poder. Si no hubiese sido por la divisa que lucía podríamos haberlo confundido con uno de esos toros artistas que tanto abundan por nuestras plazas y que tanto gustan a las figuras. Aunque si apunta la ganadera por este lado, y consigue dotar a los toros como este de las hechuras de sus hermanos, quizá se le abran nuevos horizontes en un futuro no muy lejano.

Los que habían visto la corrida en los corrales decían que los tres últimos toros eran de aúpa, y así fue, porque estos tres toros si que estaban en el tipo de la ganadería: largos, hondos, con poder, con pitones y con esa mansedumbre encastada que hace que, como dice Félix, se mantengan en los medios si se les plantea la faena ahí.

El cuarto le debió de cambiar 'la color' a Mari Paz Vega en cuanto lo vio salir al ruedo. Se inhibió de la lidia y esta se convirtió en una capea de pueblo en la que el toro campaba por sus respetos. Fue masacrado en varas sin contemplaciones y llegó al último tercio herido de muerte. Aburrido del insulso trasteo de su matadora fue parándose hasta que se murió. No hubo ocasión de realizar la suerte suprema, de eso se habían encargado los picadores, y fue apuntillado.

El quinto toro recibió hasta ocho picotazos yendo de un caballo a otro y de un lado a otro del ruedo. Parecía un manso de libro, pero Iván Vicente le planteó la batalla en el tercio del tendido 3 y el toro allí la aceptó. El pitón bueno era el izquierdo y, sin dudarlo, después de sacar el toro de tablas, se echó la muleta a la izquierda y toreó al natural. Unos fueron mejores, otros peores, pero todos de verdad. No hubo una serie ligada ni rotunda y los tendidos no se calentaron del todo, pero había estado y lo había intentado, que no es poco.

El mejor toro de la corrida, en mi opinión, fue el sexto, "Burgalés" de nombre, negro mulato bragado, de 537 kilos y nacido en abril de 2004. En la primera vara, y empujando tan sólo con el pitón izquierdo, sacó al caballo hasta los medios, fue una vara larga y dura. La segunda que tomó también fue, además de trasera, fuerte. El tercio se cambio después de un leve picotazo. El toro quedó franco para la muleta y, a pesar del castigo recibido, con poder. Había que bajarle la mano, como a todos, y "Joselillo" se la bajó. Se lo llevó a los medios mandándole por bajo y el toro fue largo, codicioso y obediente, mejor por el pitón derecho, pero pecó de la misma enfermedad que su compañero, junto a muy buenos pases sueltos no hubo una serie ligada y vibrante que convirtiera los aplausos en ovaciones. En varios momentos de la faena estuvo en un 'tris' de conseguirlo, pero no pudo ser. Al final, el toro por encima del torero, aunque este no se arrugó y dejó buen sabor de boca.

viernes, 3 de octubre de 2008

LOS TOROS EN BREA DE ARAGON

El primer signo de la cercanía de las fiestas era la aparición de los tablones y pilares que iban a formar la plaza de toros y el recorrido del encierro. Solía ocurrir una semana antes del día señalado para el chupinazo. Esa semana para nosotros, los niños, ya eran días de fiesta. De repente, con urgencia, aparecían las astas que algunos padres habían comprado a sus hijos en la subasta de despojos de años anteriores y que durante casi un año habían permanecido olvidadas en algún rincón de la casa. Olían a podrido, pero era el juguete más deseado en aquellos momentos por todos nosotros. En la plaza, entre los tablones amontonados en el suelo, se formaban varias capeas a la vez, tantas como cornamentas había. Capas, muletas y trebejos para torear no faltaban: las batas de la escuela, las chaquetas, los pañuelos, un par de palos que hacían de banderillas, o servían para estaquillador y estoque… y venga toros.

A lo largo de la semana los operarios del ayuntamiento iban colocando cada tabla en su sitio para formar el esqueleto de la plaza. Luego, después de la subasta pública de los pilares, que era el espacio que compraban las peñas para montar sus tablados, la plaza se convertía en un hervidero. En un par de días había que dejarlo todo listo, si fuera posible antes del chupinazo del sábado, y todos los peñistas, con sus respectivos padres, tíos y abuelos, se ponían manos a la obra y, de golpe, se convertían en ingenieros, albañiles o carpinteros… Trasformar la plaza mayor del pueblo en plaza de toros se convertía en una urgente tarea colectiva: Carros, tableros, bidones llenos de tierra, puertas viejas, andamios, maderos, tablones, cuerdas, alambre, clavos, martillos, tenazas, sierras… y un trajinar constante de gente trayendo o llevando las más variopintas cosas y, todo ello, en medio de un griterío ensordecedor, acompañado por el ritmo intermitente de los martillazos y regado abundantemente con los primeros tragos.

Los toros eran el eje de la fiesta: desde el viaje para ir a comprarlos, punto de arranque del trabajo de la comisión de festejos que concluía en las fiestas patronales de la primera semana de octubre; o el trabajo para transformar la plaza, colectivo y desinteresado, donde cada uno aportaba sus mañas y conocimientos; o la ansiedad y curiosidad que iba creciendo conforme se acercaba la fecha y la hora de la llegada de los toros, y que sólo se calmaba cuando, de boca en boca, se corría la voz de que ya había llegada el ganado. A los toros entonces ya los traían en un camión, durante la madrugada del lunes, para ser corridos en el encierro al amanecer. La noche del lunes, en espera de la suelta de los toros, se perdía, no se dormía -los niños sí nos íbamos a la cama, pero con la firme promesa de que nos despertaran para el encierro, además mi casa estaba situada dentro del recorrido, con un balcón y una ventana en el granero que daban a la calle-. De madrugada, después del baile, se recenaba en las peñas, para recuperar fuerzas, y se daban los últimos tragos para combatir el frío o reunir el valor suficiente para correr delante de los toros. A las 8 en punto de la mañana, con los balcones, barreras y tablados llenos de mujeres y niños somnolientos y muertos de frío, se lanzaba el cohete que anunciaba la suelta de los toros.

Según me contaron los que lo vivieron, hasta finales de los años cuarenta los toros venían andando por el barranco de “El Juncal”, o por “Piedrabuena”. En aquellos tiempos solían ser tres toros, que correspondían a los kilos de carne que se habían comprometido a comprar los vecinos del pueblo. Los despojos de los animales eran subastados al día siguiente de su sacrificio en el salón de actos del ayuntamiento. Esta práctica llegó hasta la época de mi infancia y aún recuerdo con nitidez la escena, los despojos -cuernos, corazón, testículos, patas, morro, hígado, vejiga, aparato reproductor…- depositados en baldes en el salón de plenos del ayuntamiento; al lado del balde repleto de despojos, un encargado de mostrar la pieza subastada; en la mesa presidencial, con martillo en mano, el subastador y el salón lleno de compradores y curiosos. Que decir que para los niños el trofeo más preciado eran los cuernos, pero también eran los más solicitados y, por lo tanto, lo más caro y, en aquellos tiempos, no es que sobrara el dinero. Pero lo más curioso de la sesión eran los piques entre los compradores para quedarse con alguna víscera de su gusto, a veces ocurría que a unos les costaba más cara de lo normal, o bien, otros, por pasarse de listos y no parar a tiempo, se quedaban con una pieza que no querían y que, además, les había costado una buena cantidad de dinero.

El lunes por la tarde era el primer día de toros y, a su reclamo, además de maletillas que llegaban de los sitios más inverosímiles, acudían forasteros de los pueblos de alrededor, amigos y familiares, que en su día habían sido anfitriones en sus respectivas fiestas patronales. Era, sin duda, el día del año que más gente había en el pueblo. El jolgorio era grande, pero mayor era la expectación que se apoderaba de la gente que abarrotaba los tablados, tanto arriba como debajo, los balcones y ventanas que daban a la plaza y los más valientes que esperaban en el improvisado ruedo. El toro que se mataba ese día era el de mejor presencia de los comprados, y en el juego que ofreciera en la plaza se jugaba el honor de los breanos y el renombre de las Fiestas de su pueblo: Brea de Aragón.

martes, 30 de septiembre de 2008

DICEN... SOBRE LA FERIA DEL PILAR 2008

Después de publicada la conversación que mantuvieron don Pepe y don José sobre la Taurina Feria del Pilar 2008, ha sido colgado un vídeo, en la Web de "La Cabaña Brava", que recoge las opiniones de diversos aficionados zaragozanos sobre el ciclo pilarista. Por su interés, y porque complementa la conversación que mantuvieron ayer mismo los titulares de este Blog, lo enlazo a continuación.
El vídeo ha sido producido por "LcbTV".

lunes, 29 de septiembre de 2008

LA FERIA DEL PILAR

- Hola don Pepe.
- Hola don José.
- ¡Ya pensaba que no llegaba usted! Llevo esperándole un buen rato, habíamos quedado a las…
- Los autobuses, ya sabe usted como funcionan. Llevo desde…
- Excusas… De los que vienen de su barrio han pasado unos cuantos.
- Es que…
- Déjelo, déjelo usted… Vamos a darnos un poco de prisa porque la fila debe de ser de órdago y no quiero estar aquí toda la mañana.
- ¡Y que prisa tiene usted!… Vamos a tomar un cafelito…
- Yo ya he desayunado, además prefiero acabar pronto y tomar un vermut antes de ir a comer.
- ¡Ah!... Entonces, de acuerdo, yo también pensaba en tomar un vermú... Quizás tenga usted razón y sea mejor ir a la fila rápidamente y acabar pronto este trámite, porque ya llevamos la mañana buena.
- Vamos pues, don Pepe, aunque este año, en mi opinión, los carteles de la feria dejan mucho que desear: mucho toro y poco torero.
- ¿Y por qué no cambia la letra de la canción, don José? Esa ya me la cantó usted el año pasado en parecidas circunstancias a las de hoy.
- No lo recuerdo… y me extraña porque la memoria, de momento, no me falla.
-Usted me dijo lo mismo que me iba decir ahora, si quiero se lo resumo y se ahorra de gastar saliva, porque me va a decir que es una feria barata, que faltan las figuras, que no hay ningún cartel rematado, que hay nombres de los anunciados que no tienen la categoría para estar en una feria de primera, que se echan en falta ganaderías comerciales, y de garantía, que colaboren y posibiliten el éxito y, por el contrario, me dirá usted que hay exceso de corridas duras y complicadas con las que no es posible realizar el toreo artístico, que…
- Pare… pare usted, don Pepe… y gracias por la exposición, pero es la pura verdad, es una feria vulgar, barata e indigna de la categoría de nuestra plaza de “La Misericordia”, y de lo que se merece la afición zaragozana. Y la culpa de esta lánguida programación la tiene el sr. empresario que no ha podido, o no ha sabido, jugar las bazas correctas para asegurarse, con antelación, unos carteles rematados para una de las ferias más importantes de España. Una plaza de primera se merece un empresario de primera y el que tenemos ahora tengo serias dudas de que lo sea. Quizás ese sea el problema.
- Puede que tenga usted razón, pero hay aficionados a los que no les disgusta la feria, y también hay que tener en cuenta su opinión. Yo no se si los carteles de la feria, en cuanto a toreros, están rematados o no, ni me importa. Sí le puedo decir que, junto a ganaderías comerciales y de garantía, como las llama usted, y que a mí me sobran todas, se anuncian otras que interesan al aficionado. Este simple detalle, comparándolo con la ruina que sale por los chiqueros en la mayoría de las plazas de primera, ya merece la pena. Después, día a día y toro a toro, ya veremos lo que sale al ruedo, cómo se comporta, qué y cómo se le hace y el juicio que nos merece.
- Pero que no venga Miguel Ángel Perera, indiscutible triunfador de la temporada; ni José Tomás, aunque lo de la televisión…; ni Manzanares, el torero más profundo del momento, aunque está aquejado de una rara enfermedad…; ni el elegante Cayetano, que está cogido…; ni… pues eso, que rebaja la categoría de la feria. Y si en vez de tantas corridas duras se hubieran programado otras más amables quizás alguno de los figuras que vienen a una tarde, como “El Cid”, Ponce o “El Juli”, podrían haber repetido y se hubieran maquillado un poco los carteles. Pues nada, alimañas y gladiadores, así se entiende que repita un torero vulgar como “El Fundi”…
- ¡Pare… pare las cabras, don José, que se están metiendo en un sembrao! Un respeto… Para empezar un respeto, porque este hombre, este torero, se ha ganado el puesto en la plaza, año tras año, matando toros, ¡toros! digo, no chotos amaestrados y afeitados hasta las trancas. Además esta temporada está sembrao y está triunfando en todas las plazas en las que torea, y por si esto fuera poco, este matador de toros es uno de los mejores y más puros estoqueadores del momento. Si alguien se merece una repetición en esta feria es precisamente “El Fundi”. De los demás que usted me nombra, esas figuras con las que se le llena la boca, me da lo mismo que no vengan si para que eso ocurra tiene que venir ese toro comercial y de garantías que tanto añora usted y que tanto aburrimiento trae consigo.
- Ya veremos… ya veremos como sale la cosa, don Pepe, yo no confío mucho. Menos mal que, por lo menos, el día de nuestra querida patrona esta Morante con seis toritos para el solo y quizás, en día tan señalado, surja la magia.
- Nunca mejor dicho, don José… Con seis toritos: to-ri-tos.
- Venga, don Pepe, que ya me entiende usted.
- Ya lo creo que lo entiendo. ¡Ah!... Y ojalá que surja la magia, aunque sean unas breves pinceladas, pero habremos de juzgar la categoría del trazo en relación a las cualidades y el trapío de su oponente. Aunque hubiera preferido ver a Morante en una corrida normal de tres matadores, y si quiere hacer una gesta que se anuncie con una ganadería de renombre y no con seis toritos rebuscados entre lo poco que queda en el campo bravo a estas alturas de la temporada para cumplir un mero trámite. Algo no me huele bien en…
- Deje de elucubrar y avance que ya estamos cerca de la taquilla, el próximo va usted, don Pepe. Aún tendremos tiempo de tomarnos un piscolabis.
- Pues no ha sido tanta larga la espera… Además yo conozco una taberna cerca de aquí que tiene unas…
- Calle y pida, que le toca ya.
- A la orden.
- Pues yo había pensado en una vinacoteca que está muy cerquita de aquí…
- Como vamos bien de tiempo, vamos a los dos y así no discutimos… ¿No le parece?... Y a propósito, don José, quería comentarle lo de ese profesor amigo suyo, Leandro Gado, creo que firma sus escritos. ¿Ese hombre esta fuera de sus casillas, o qué? Porque dice una cosas de lo más extravagantes y ridículas.
- Pues en esta ocasión parte de un análisis bastante certero de lo que ocurre con la suerte de varas en la actualidad. En algún punto incluso estoy de acuerdo con sus planteamientos, pero las conclusiones a las que llega son un poco exageradas.
- ¿Se acuerda de aquel artículo que publicó en nuestro Blog? Hablaba de un toro teledirigido o algo parecido. Aquello si que era una flipada.
- Pero a veces estos científicos visionistas tienen momentos de clarividencia…
- Es un chalao…
- Que no, don Pepe… Es una buena persona.
- No pongo en duda su condición como persona, don José, incluso me gusta que escriba sus chaladuras en nuestra página… pero me parece que está un poco tocado del ala.
- ¿Qué toma usted?
- Un Bitter Cinzano con alcohol.
- Que sean dos.
- Y unas anchoas.

viernes, 26 de septiembre de 2008

SUEÑO CON SERPIENTES

Cuando esta mañana estaba leyendo en “El Chofre” la entrada de Tony en la que comunica su “colorín colorado”, una canción, junto con una infinita tristeza, se ha ido enroscando en mi mente hasta convertirse en una necesidad. Con urgencia la he localizado y, mientras la escuchaba, he vuelto a releer tranquilamente el artículo en cuestión. Una y otra vez he escuchado la canción: mientras rumiaba sus palabras, mientras trataba de comprender su decisión, mientras imaginaba una respuesta, mientras intentaba inventar unas palabras, una frase de ánimo… La canción seguía estando presente en mi pensamiento como el mejor recuerdo, el mejor homenaje que se le puede dedicar a un hombre, como Juan Antonio Hernández, que lucha por una idea justa.

La canción es “Sueño con serpientes”, de Silvio Rodríguez.

Los momentos compartidos, que han sido pocos; las ilusiones concebidas, que han sido muchas; el trabajo invertido, que para bien o para mal ahí está; el amor a esta Fiesta que se nos muere irremediablemente, que “como el agua entre las manos se nos va”… Esos momentos, esas ilusiones, ese trabajo… me ofrecieron la posibilidad de conocerlo como aficionado y, lo que es mucho más importante, de apreciarlo como persona, y eso, por más que llueva, siempre quedará para mí.

Que más puedo decir. Podría componer un alegato, analizar las causas, ofrecer un poco de ánimo… Que más da, hoy es un día triste en este espacio y ya no tiene remedio. Sí quiero lamentar la perdida de un guerrero por una causa justa como es la defensa de una "Fiesta íntegra, auténtica y justa", uno de los de primera fila, como dice el poema de Bertolt Brecht que da comienzo a la canción que enlazo, uno de los imprescindibles. Aunque sea una pérdida importante sería de egoístas pedir que siguiera, porque antes que nada está la persona y, si Tony ha tomado esta decisión, sus razones tendrá.

Por eso me he refugiado en esta canción, no se como ni por qué, pero desde que me he enterado de la noticia esta mañana se ha convertido en mi banda sonora del día, quizás sea porque algunas canciones llegan mucho más hondo que las palabras, porque son más certeras al tocar fibras que sólo la música estimula, porque la voz -y la de Silvio Rodríguez en especial- es un vehículo privilegiado para trasportar emociones y sensaciones, porque canciones como esta son un bálsamo que ayuda a pasar el mal trago y, aunque sea egoísta, porque es otra forma de pedir que, porque es uno de los imprescindibles en esta lucha, “El Chofre” siga vivo.

Nota: Definitivamente hoy es un día triste. Cuando he entrado en el Blog para publicar este pequeño homenaje he leído que Betialai, en solidaridad con Tony, también abandona el barco. Ojalá sea un mal "sueño con serpientes" pasajero y despertéis, los dos, fortalecidos.
Va por los dos.