“El toro no es un animal para nosotros; es muchísimo más: un símbolo, un tótem, una aspiración, una eucaristía con los de alrededor y los antepasados. Al toro lo pulimos, lo alimentamos, lo sacralizamos, lo picamos, lo banderilleamos, lo matamos, lo aplaudimos o pitamos tras su muerte, lo descuartizamos, nos lo comemos y lo poetizamos y lo pintamos y lo musicamos. Quítese el toro de aquí y veremos qué queda. ¿Nos reconoceríamos sin la pasión en su pro o en su contra?” Antonio Gala

sábado, 6 de junio de 2009

ESPLÁ EXPLICÓ EL TOREO

Eso es torear, lo que hizo Luis Francisco Esplá en la tarde de su despedida de Madrid, un 5 de junio de 2009, día que quedará grabado en los anales de la plaza de “Las Ventas” y de la historia del toreo. Eso es, ni más ni menos, torear. Un toro con toda la barba frente a un torero con el valor, el saber y los recursos suficientes para torearlo. Hay radica la fuerza y la grandeza del toreo, la que es capaz de poner de acuerdo, en un santiamén, a toda la gente que abarrotaba el coso madrileño y a los miles de espectadores que vimos la corrida por los diferentes medios de difusión que la ofrecieron. Ese es el poder y la magia del toreo que volvió loca a la concurrencia, público y aficionados sin distinción, y lo llevó, como antiguamente, ha saltar al ruedo -¿cuantos años hacia?- para izar en hombros al torero transmutado en héroe y sacarlo de la plaza por la puerta grande.

Luis Francisco Esplá se despedía de la plaza en donde mejor ha toreado y mayor reconocimiento ha tenido a lo largo de su carrera y, por suerte, le tocó un toro, "Beato", de la ganadería de Victoriano del Rio, su último toro en la plaza madrileña, que le permitió explicar, en una breve pero intensa y magistral lección, su torería. No voy a entrar en glosar su actuación porque, además de que muchos ya lo han hecho de forma pormenorizada, para quién lo vio no hace falta explicación alguna. En lo que hizo Esplá con ese cuarto toro, desde que salió al ruedo hasta que fue arrastrado por las mulillas, se resume el arte del toreo. Que gran lección para sus compañeros de escalafón, sobre todo para los más jóvenes, y para los miles de espectadores que, en la plaza o por la televisión, lo pudimos contemplar. Eso es, ni más ni menos, el arte del toreo.

Para los unos, sus compañeros de profesión, porque explicó en pocos minutos como se conquista la voluntad del público: toreando sin trampa ni cartón a un toro de verdad. Porque si no hay un toro íntegro y con poder que inspire respeto no es posible emoción alguna que, en definitiva, es el resorte que mueve la voluntad de la colectividad. En someter a la fiera con las armas del toreo está la razón y la fuerza de este juego sangriento, pero para eso debe de haber fiera que de miedo, el toro, y un torero capaz de dominarlo y torearlo como mandan los cánones, y si además ese día se tiene la gracia y se está tocado de la inspiración, hacer arte, o como decía Pepe Luis, hacer dibujos en el aire. Esplá lo hizo, y con su labor reivindicó el toro necesario para hacerlo, el toro íntegro y con poder que es el ingrediente fundamental de esta fiesta. De nada valen arrimones imposibles ni cientos de pases deslavazados ante toros moribundos, eso no genera emoción alguna, esa es la cruz del toreo moderno: que aburre. A Esplá le bastaron cuatro pases para poner la plaza boca abajo y encender la mecha de la pasión en los tendidos. Esa es la fuerza del toreo verdadero, ese su poder: que arrebata.

Para el público en general, que no olvide de cuando, como y porque se emocionaron de esa manera, que recuerden como se levantaron de los asientos, como impulsados por un resorte fuera de su control, y se desgañitaron gritando “olé” al unísono con otras veinticuatro mil personas, y se rompieron las manos aplaudiendo y vociferando como locos en aclamación del héroe, del triunfador, del torero que les había robado la voluntad, e incluso -hacía tantos años- muchos fueron los que se lanzaron al ruedo para llevarse en hombros al hombre que los había sacado de sus casillas. Fue una salida en hombros apoteósica, y más cuando, una vez traspasada la puerta grande, la masa enfervorizada se lanzaba hacia Luis Francisco para tocarlo, para quitarle los alamares de su chaquetilla, o para, como lo intentaron algunos insensatos, robarle el capote de paseo y la montera. ¿Cuanto tiempo hacía que no se producía una salida en hombros de la plaza de “Las Ventas” tan apoteósica? La locura desatada al finalizar la corrida es una prueba más de la fuerza intrínseca de esta fiesta, de la capacidad que tiene, si las cosas se hacen como tienen que hacerse, para autoregenerarse a sí misma, bastan un toro de verdad y con poder, y un torero con valor, saber y querer.

Luis Francisco Esplá, después de más de 30 años de alternativa y de no haber rehusado en ningún momento, hasta este año, las corridas más duras, se lo merecía, pero es que además de merecérselo se lo ganó. Se lo ganó dominando en todo momento a un señor toro que imponía respeto y tuvo poder. Simplemente toreo, pero eso, en estos tiempos de escasez que atravesamos, es casi un milagro. De ahí la locura colectiva que se desató y que, ojala, sirva de precedente y punto de partida para volver a valorar la diferencia entre lo que es torear y pegar pases.

Fue un éxito tan rotundo y definitivo que hubiera sido bonito pone punto y final a su carrera en ese mismo momento. Quedarse para siempre con el regusto y el recuerdo de Esplá saliendo de la plaza bamboleándose por encima de las cabezas de una muchedumbre apelotonada tratando de tocar al héroe para ser participes de su gloria. Imagino que no debe de haber un final más redondo para un torero. Por eso, desde el punto de vista de aficionado romántico, me atrevo a plantear esta sugerencia. No es que quiera jubilarlo antes de lo que él mismo tiene previsto y dejarle sin cobrar los emolumentos de los contratos que aún le quedan por cubrir. Lo hago por egoísmo, por no empañar la imagen que ha quedado grabada en mi memoria y porque, hace poco más de un mes, cuando estuvo toreando en “La Misericordia”, plaza en la que le vi tomar la alternativa un 26 de mayo de 1976 y que le ha querido como la que más desde su etapa novilleril, y teniendo material apropiado para el triunfo, pasó con más pena que gloria y dejó algo empañado su buen nombre. Por eso, porque es un torero que admiro y respeto, me atrevo a plantear, en esta hora del triunfo, mi humilde sugerencia: siga usted hasta el final si allá donde va explica su lección, como hizo en su último toro de su última corrida de Madrid, pero no se permita caer en la tentación de pasar por las plazas como lo hizo por la de Zaragoza el 26 de abril de este mismo año, sería en detrimento de su buen nombre.

Pero no es hora de reproches, lo que cuenta ahora es lo que ocurrió el pasado viernes, 5 de junio, en el madrileño coso de la calle de Alcalá, lo que quedará en la memoria de miles de aficionados y espectadores que lo vivieron en la plaza o lo vieron por la televisión, lo que se gravó en soportes digitales que podrán ser reproducidos cuantas veces se quiera, o la constatación de que todavía es posible enloquecer viendo a un torero cabal frenta un toro de verdad en el ruedo de una plaza. Todas esas cosas, y muchas más difuminadas en multitud de pequeños detalles, quedaron de manifiesto ese día, pero lo realmente importante, lo que generó esa locura colectiva e irrefrenable que se desató, fue la clarividencia de la última lección práctica y magistral sobre el arte del toreo que dictó, en el toro con el que se despedía de la plaza de “Las Ventas”, un catedrático del torero : Luis Francisco Esplá... ¡Torero!

Para ilustrar y complementar este artículo enlazo el video publicado por Rosa Jiménez Cano, en su Blog "Toros" de la comunidad de "El Pais", que recoge toda la faena.

2 comentarios:

  1. Yo no esperaba “este” triunfo, lo reconozco…, pero lo deseaba con todas mis fuerzas, porque se lo merece….
    La salida a hombros fue apoteósica, como en otros tiempos….

    Salud y suerte.

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  2. osea,ha sido el unico toro que le ha salido a espla en su vida taurina,¿no sera que no habra querido torear los toros buenos que le han salido en su vida ?
    o es que la ventas estaba en un momento de "corrimiento taurino"?

    cortinar

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